España
Las últimas encuestas dan a PP y Vox más de 200 escaños para el 29-N
El promedio de sondeos da 137 escaños al PP y 65 a Vox, mientras el PSOE cae a 104 y la izquierda alternativa afronta un escenario complicado.
Foto: Contando Estrelas, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- El PP ganaría con 137 escaños y Vox subiría hasta 65
- Juntos superarían los 200 diputados, lejos de los 176 necesarios
- El PSOE bajaría a 104 escaños y la izquierda alternativa se debilita
Las últimas encuestas de las elecciones generales colocan al Partido Popular como favorito para ganar los comicios del 29 de noviembre y dibujan, a estas alturas, una mayoría bastante holgada del bloque formado por PP y Vox. El promedio de sondeos sitúa a los populares alrededor de los 137 diputados y a Vox cerca de los 65, una suma superior a los 200 escaños y claramente por encima de los 176 necesarios para controlar el Congreso.
El PSOE aparece segundo y con una distancia apreciable respecto al PP. En el promedio demoscópico se mueve alrededor de los 104 escaños, mientras la izquierda alternativa llega a las elecciones debilitada y fragmentada. Dicho de otra forma: si las urnas reprodujeran exactamente la fotografía de las encuestas, Alberto Núñez Feijóo tendría una vía bastante despejada hacia La Moncloa, pero dependería de Santiago Abascal. Y ahí está una de las grandes historias de estas elecciones.
El PP ganaría, pero Vox tendría buena parte de las llaves
El promedio de encuestas elaborado tras la convocatoria electoral concede al PP aproximadamente un tercio de los votos. No supone una ola azul ni un crecimiento espectacular respecto a las anteriores generales. De hecho, el gran desplazamiento político se está produciendo a su derecha, donde Vox concentra buena parte del avance.
Vox ronda el 18% del voto en varios de los sondeos más recientes y aparece bastante por encima del resultado que obtuvo en 2023. Esa subida permite que PP y Vox compensen el desgaste o estancamiento del partido de Feijóo y formen un bloque muy superior al que representan actualmente PSOE y las fuerzas estatales situadas a su izquierda.
En términos parlamentarios, la diferencia es enorme. Una estimación de 137 diputados para el PP y 65 para Vox llevaría la suma hasta 202. La mayoría absoluta está en 176. Habría, por tanto, margen incluso para perder bastantes escaños respecto a esa proyección y seguir conservando una mayoría suficiente para una investidura.
No significa necesariamente que vaya a existir un Gobierno de coalición. Esa sería otra discusión. Pero sí que, con estos números, Vox resultaría prácticamente imprescindible para Feijóo salvo que el PP consiguiera crecer mucho durante la campaña o aparecieran apoyos alternativos, algo que las cifras actuales no hacen especialmente probable.
El PSOE parte por detrás y necesita una remontada considerable
El escenario socialista es bastante más incómodo. El PSOE se sitúa alrededor del 26% del voto en el promedio de los estudios recientes, varios puntos por debajo del Partido Popular. En escaños, la estimación lo coloca cerca de los 104 diputados, frente a los 121 obtenidos en julio de 2023.
La distancia no sería irreversible —las campañas electorales españolas han dado unas cuantas sorpresas—, pero tampoco pequeña. Pedro Sánchez necesitaría recuperar voto propio, movilizar a una izquierda que aparece menos activada y reducir una diferencia que en este momento supera varios puntos. Bastantes piezas por mover en pocas semanas.
Hay otro problema. El bloque que permitió la investidura de Sánchez en 2023 aparece ahora claramente por debajo de los números necesarios para repetir aquella operación. Incluso sumando socialistas, izquierda alternativa y varios partidos nacionalistas y regionalistas, las estimaciones actuales dejan una distancia notable respecto a los 176 diputados.
Y las matemáticas electorales son poco sentimentales. Se puede negociar mucho después de unas elecciones; lo que no se puede negociar es un escaño que no existe.
Vox es el partido que más cambia el tablero
La gran diferencia respecto a 2023 no está tanto en el PP como en Vox. El partido de Santiago Abascal obtuvo entonces 33 diputados y un 12,4% de los votos. Los últimos sondeos lo sitúan en torno al 17%-19%, con proyecciones que prácticamente duplicarían su representación parlamentaria.
El promedio de encuestas sitúa a Vox en torno al 18,7%, mientras el PP se mueve alrededor del 32,5% y el PSOE del 26,3%. Sumar queda bastante más abajo, cerca del 6%, y Podemos se mantiene también en cifras reducidas. La fotografía resulta especialmente significativa porque muestra algo más profundo que una transferencia de décimas: la derecha mantiene aproximadamente la mitad del voto aunque parte del electorado popular se desplace hacia Vox.
También resulta llamativa la fidelidad. El electorado de Abascal figura entre los más sólidos, mientras el espacio situado a la izquierda del PSOE atraviesa mayores dificultades. Esa diferencia importa mucho cuando unas elecciones se celebran con alta polarización y una bolsa relevante de indecisos.
La fuga del PP hacia Vox explica parte del fenómeno
Una parte del crecimiento de Vox procede directamente del PP. Los estudios de transferencia de voto muestran un flujo apreciable de antiguos votantes populares hacia Abascal, mientras el movimiento contrario es menor. No es una hemorragia que destruya al bloque conservador: sencillamente, redistribuye sus fuerzas.
Eso introduce una paradoja. Feijóo puede perder votos hacia Vox y, pese a ello, encontrarse más cerca de gobernar España, porque la caída no sale del bloque. Cambia de bolsillo, por así decirlo.
Para el PP, el dilema de campaña será evidente: intentar recuperar a esos votantes sin espantar al electorado más moderado. Para Vox, casi lo contrario: conservar el voto que ha captado y presentarse como socio necesario, pero no subordinado.
El CIS vuelve a ofrecer una fotografía completamente distinta
Hay una excepción importante en el panorama demoscópico: el Centro de Investigaciones Sociológicas. Su último barómetro disponible daba al PSOE un 31% de estimación de voto, frente al 25,5% del PP y el 16,6% de Vox.
Es una divergencia enorme respecto a las empresas privadas. Mientras numerosos institutos demoscópicos sitúan habitualmente al PP en primera posición, el CIS coloca a los socialistas con una ventaja considerable.
No es una pequeña discusión estadística. Son dos escenarios políticos distintos.
Los promedios que combinan diferentes casas demoscópicas intentan suavizar esos saltos. El agregado de sondeos incorpora también el CIS, pero limita el peso de las muestras especialmente grandes para evitar que una sola encuesta altere desproporcionadamente la serie. Incluso así, el resultado conjunto continúa favoreciendo al PP.
Por qué conviene mirar promedios y no una sola encuesta
Una encuesta electoral no es una predicción meteorológica con una nubecita sobre Madrid. Es una estimación construida a partir de una muestra, una metodología y una determinada cocina estadística. Puede captar tendencias muy bien y equivocarse en varios puntos al mismo tiempo.
Por eso es más útil observar la convergencia entre sondeos. Y ahí aparece el dato verdaderamente relevante: exceptuando el CIS, la mayoría de las encuestas recientes coloca al PP por delante del PSOE y a Vox considerablemente más fuerte que en las últimas generales.
Los porcentajes concretos varían. La dirección, bastante menos.
La izquierda alternativa llega debilitada y dividida
Más delicado todavía es el escenario situado a la izquierda del PSOE. Sumar y Podemos acumulan conjuntamente alrededor del 10% del voto en el promedio, por debajo del 12,3% obtenido por la candidatura de Sumar en 2023, cuando Podemos formaba parte de ella.
La fragmentación añade un problema que suele pasar desapercibido cuando solo se comparan porcentajes nacionales. España no reparte los 350 diputados mediante una única circunscripción. Los escaños se distribuyen por provincias y, en las pequeñas, quedarse por debajo de ciertos niveles de voto puede equivaler directamente a desaparecer del reparto.
Dos candidaturas progresistas con apoyos separados pueden obtener bastante menos representación que una candidatura conjunta con un porcentaje equivalente. No es magia electoral; es el efecto de la ley D’Hondt combinada con circunscripciones pequeñas.
Ese factor puede ampliar la distancia entre bloques incluso aunque el número total de votos no cambie demasiado. Y explica por qué las negociaciones dentro de la izquierda alternativa tienen tanta relevancia antes del 29-N.
Lo que todavía puede cambiar durante la campaña
Las elecciones llegan después de una legislatura políticamente agotada y con la vivienda instalada en el centro del debate. Pedro Sánchez adelantó los comicios tras el fracaso parlamentario de sus últimos decretos en esta materia, trasladando a las urnas una discusión social que ha ganado peso político.
El asunto puede alterar prioridades. La vivienda presenta una particularidad incómoda para los partidos: el malestar atraviesa ideologías. El precio del alquiler, la dificultad para emanciparse y la escasez de vivienda accesible afectan también a votantes del PP y Vox. No pertenece limpiamente a ningún bloque.
Pero una cosa es respaldar determinadas medidas sobre vivienda y otra convertir ese respaldo en voto. La campaña mezclará economía, inmigración, corrupción, servicios públicos, liderazgo y cansancio político. Todo junto, como suele ocurrir cuando llega una urna.
También habrá que observar la movilización. Las encuestas detectan diferencias importantes en la fidelidad del electorado y Vox presenta una base especialmente movilizada. Una variación de participación puede modificar varios escaños decisivos en provincias donde el último diputado se decide por pocos miles de votos.
El 29-N arranca con ventaja clara del bloque de derechas
La foto de partida es bastante nítida: el PP ganaría las elecciones generales, el PSOE quedaría segundo y Vox protagonizaría el avance más importante entre las grandes fuerzas. La suma PP-Vox supera ampliamente la mayoría absoluta en los principales agregados y se sitúa alrededor de los 200 diputados.
No existe, sin embargo, una urna dentro de una encuesta. Quedan semanas de campaña, debates, movimientos entre partidos, posibles errores y millones de electores que todavía pueden cambiar de opinión o simplemente decidir si van a votar.
Pero el terreno sobre el que comienza la carrera sí está definido. Feijóo llega primero, Sánchez necesita remontar y Abascal ocupa una posición que hace tres años parecía mucho más lejana: la de actor potencialmente decisivo para determinar quién gobierna España después del 29 de noviembre.
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