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Tecnología

HeliBoard, la alternativa privada a Gboard que funciona sin Internet

HeliBoard es un teclado Android de código abierto que funciona sin Internet y procesa de forma local las pulsaciones, correcciones y diccionarios.

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HeliBoard, el teclado Android

Resumen

  • HeliBoard funciona sin Internet y procesa la escritura dentro del móvil
  • Es de código abierto y ofrece predicción, diccionarios y personalización
  • Frente a Gboard, reduce la conectividad a cambio de algunas comodidades

Hay una aplicación que ve prácticamente todo lo que escribimos en el móvil antes que WhatsApp, el navegador, el correo electrónico o nuestra aplicación bancaria: el teclado. HeliBoard parte de una idea bastante sencilla para reducir esa exposición. Es un teclado de código abierto para Android que no dispone de permiso para acceder a Internet, de modo que las pulsaciones, las palabras aprendidas y las correcciones pueden procesarse dentro del propio teléfono.

No se trata de un teclado experimental condenado a escribir como en un Android de hace quince años. HeliBoard deriva de AOSP y OpenBoard, incorpora predicción, diccionarios, escritura gestual, personalización visual, portapapeles y búsqueda de emojis, y puede configurarse con una apariencia bastante cercana a la de Gboard. La diferencia importante ocurre bajo el capó: su arquitectura está pensada para trabajar sin conexión.

HeliBoard elimina Internet de una aplicación especialmente sensible

Un teclado ocupa un lugar extraño en el teléfono. Parece una herramienta secundaria, pero por él pasan búsquedas médicas, direcciones, conversaciones privadas, nombres, teléfonos y fragmentos de documentos. Android protege determinados campos sensibles —las contraseñas son el ejemplo evidente—, aunque el volumen de información que atraviesa un método de entrada sigue siendo enorme.

HeliBoard adopta aquí una solución casi brutal por su sencillez: no solicita el permiso de Internet. No promete que sus servidores sean respetuosos con la privacidad porque, sencillamente, el teclado no necesita comunicarse con ellos. El propio proyecto se presenta como un teclado diseñado para funcionar completamente offline.

Esa diferencia es más relevante que una larga política de privacidad escrita en letra pequeña. En Android, una aplicación que carece del permiso correspondiente no puede abrir alegremente una conexión a la Red por su cuenta. Para quien quiere minimizar la cantidad de componentes capaces de sacar información del móvil, reducir permisos es una defensa bastante tangible.

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Y hay otro ingrediente: el código es abierto. HeliBoard puede ser examinado, compilado y auditado por terceros. Eso no convierte automáticamente cualquier programa libre en seguro —el software no adquiere virtudes morales por publicar su código—, pero sí permite comprobar qué hace y discutir públicamente sus cambios.

Gboard no envía automáticamente todo lo que escribimos

No. Conviene hacer aquí una distinción importante porque la privacidad tecnológica suele acabar convertida, con demasiada facilidad, en una competición de titulares apocalípticos. Gboard no debe confundirse con un sistema que transmite automáticamente cada pulsación que realiza el usuario.

Google utiliza diferentes mecanismos para mejorar la escritura y el reconocimiento. Parte de la personalización se almacena en el propio dispositivo, mientras que también existen tecnologías como el aprendizaje federado, concebidas para mejorar modelos colectivos sin tener que centralizar necesariamente todo el contenido introducido por cada persona.

El dictado introduce otra variable. Los sistemas de reconocimiento de voz pueden necesitar servicios adicionales y algunas opciones relacionadas con la mejora de estos sistemas implican un tratamiento distinto de los datos. Es justamente aquí donde HeliBoard toma otro camino: su propuesta central consiste en que el teclado permanezca desconectado.

Así que presentar Gboard como una especie de aspiradora que transmite automáticamente cada contraseña y cada conversación sería incorrecto. La ventaja de HeliBoard es distinta y bastante más concreta: su teclado carece de conexión propia a Internet. Quien prefiere eliminar técnicamente esa vía de comunicación encuentra ahí una garantía más fácil de entender que una colección de interruptores de privacidad.

La experiencia se parece bastante más a Gboard de lo esperado

El problema histórico de muchas aplicaciones centradas en privacidad ha sido conocido: protegen estupendamente los datos mientras castigan un poco al propietario de esos datos. Interfaces ásperas, funciones desaparecidas, configuraciones para aficionados a pasar el domingo recompilando Android… HeliBoard intenta escapar de ese paisaje.

Su interfaz admite temas, colores, fondos y distintos diseños de teclado. También incorpora sugerencias, corrección ortográfica y diccionarios adicionales. La búsqueda de emojis puede funcionar mediante recursos específicos, manteniendo el procesamiento local.

Visualmente puede dejarse bastante cerca de Gboard, incluidas teclas redondeadas y una distribución familiar. Es importante: cambiar el teclado es una de esas modificaciones minúsculas que pueden irritar durante semanas cuando la memoria muscular empieza a buscar una coma donde ya no vive.

HeliBoard permite asimismo modificar elementos que los teclados comerciales suelen mantener más cerrados. Se pueden adaptar distribuciones, teclas especiales y diseños numéricos, algo especialmente interesante para usuarios bilingües, programadores o personas que simplemente no soportan que una aplicación decida por ellas dónde debe estar cada símbolo.

Los diccionarios siguen funcionando de forma local

Que HeliBoard permanezca desconectado no significa renunciar necesariamente a las sugerencias. El proyecto permite instalar diccionarios para predicción y corrección ortográfica, además de crear diccionarios propios.

Aquí aparece una de las diferencias frente a servicios alimentados continuamente desde la nube. La calidad de las sugerencias depende en mayor medida de los recursos instalados y puede variar según el idioma. Algunos diccionarios ofrecen resultados más afinados que otros, de manera que la experiencia no tiene por qué ser idéntica en castellano, inglés u otras lenguas.

A cambio, las correcciones no necesitan viajar de ida y vuelta por Internet. Para mucha gente será un intercambio razonable: quizá perder una pequeña parte de la magia predictiva a cambio de saber que el procesamiento permanece dentro del dispositivo.

HeliBoard sigue creciendo y no parece un proyecto abandonado

Otro temor razonable cuando se instala una aplicación de código abierto minoritaria es terminar con una pieza de arqueología digital. En este caso, HeliBoard continúa recibiendo desarrollo, con cambios relacionados con el funcionamiento del teclado, la interfaz y distintas herramientas incorporadas al proyecto.

La aplicación nació como evolución de OpenBoard, a su vez vinculada al teclado abierto de Android. No empezó desde cero: heredó una base madura y después fue incorporando opciones que el proyecto original no ofrecía o había dejado de desarrollar con suficiente ritmo.

Esa genealogía explica por qué el resultado resulta familiar. HeliBoard se comporta como un teclado Android convencional, no como una demostración tecnológica diseñada únicamente para entusiastas del software libre y la privacidad.

Lo que se gana en privacidad también tiene algún coste

Gboard posee una ventaja difícil de ignorar: detrás está Google, con enormes modelos lingüísticos, reconocimiento de voz, integración con Android y años de desarrollo destinados a perfeccionar predicciones. HeliBoard juega otra partida.

Algunas sugerencias pueden resultar menos afinadas, determinados idiomas dependen de diccionarios específicos y ciertas funciones conectadas, por definición, no pueden existir dentro de un teclado cuyo principal argumento es precisamente no conectarse a la Red.

El dictado es uno de los ejemplos donde la diferencia puede notarse más. Gboard ofrece una experiencia profundamente integrada con los servicios de reconocimiento de voz de Google. Quien dependa continuamente de esa función probablemente apreciará más la comodidad del ecosistema comercial.

Tampoco hay que confundir privacidad con invulnerabilidad. Instalar HeliBoard no convierte todo Android en una caja fuerte. Las aplicaciones en las que escribimos, el sistema operativo, los servicios de sincronización o el propio portapapeles pueden manejar información por otras vías. El teclado es una pieza del puzle, aunque una bastante singular porque está presente cada vez que nuestros dedos empiezan a contarle algo al teléfono.

Un pequeño cambio que revela hasta dónde llega el móvil

HeliBoard resulta interesante no tanto porque Gboard sea necesariamente un enemigo de la privacidad, sino porque plantea una cuestión bastante más incómoda: cuántas aplicaciones necesitan realmente estar conectadas permanentemente a Internet.

Durante años hemos dado por hecho que casi cualquier función del smartphone requiere una nube detrás, incluso aquellas que antes funcionaban perfectamente dentro del aparato. Un teclado demuestra lo contrario con particular claridad. Escribir, corregir una palabra, aprender un término o buscar un emoji pueden resolverse localmente.

Ahí está el atractivo de HeliBoard. No intenta reinventar la escritura táctil ni vender una revolución. Hace algo bastante menos espectacular y, precisamente por eso, interesante: corta la conexión de una de las aplicaciones que más información maneja y procura que apenas notemos el cambio.

En una época en la que cada producto parece desesperado por añadir una cuenta, una nube y alguna función supuestamente inteligente, un teclado que presume de no necesitar Internet tiene casi algo de anomalía. Una anomalía útil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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