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Djokovic resurge en Pekín y Roddick alerta del reto de los Grand Slam
Novak Djokovic conquista Pekín, alcanza 102 títulos y recibe una advertencia de Roddick sobre el riesgo de competir poco antes de los Grand Slam.
Por Carine06 from UK - Novak Djokovic, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Djokovic conquista Pekín y eleva a 102 los títulos de su carrera
- El serbio mantiene un balance perfecto de 34-0 en el China Open
- Roddick avisa del riesgo de competir poco antes de los Grand Slam
Novak Djokovic ha vuelto a hacer algo que, a estas alturas de su carrera, empieza a parecer rutinario pese a que no debería serlo: ganar cuando muchos ya estaban midiendo su declive. El serbio conquistó en Pekín su séptimo China Open, elevó a 34-0 su balance histórico en el torneo y sumó el título número 102 de su carrera. Tiene 39 años. Y sigue encontrando maneras de torcerle el brazo al calendario, al cuerpo y a rivales bastante más jóvenes.
Pero la victoria no ha disipado todas las dudas. Andy Roddick, ex número uno del mundo, ha puesto el foco precisamente en la contradicción que rodea al Djokovic actual: puede seguir derrotando a la élite en un torneo ATP 500, sí, pero su calendario cada vez más reducido podría dificultarle la misión que de verdad persigue, conquistar el 25.º Grand Slam de su carrera.
Djokovic sigue invicto en Pekín once años después
El regreso de Djokovic a Pekín tenía algo de experimento. No disputaba el China Open desde 2015 y llegaba después de varios meses incómodos, con problemas físicos, una derrota prematura en el US Open y síntomas que habían alimentado dudas sobre hasta dónde podía seguir exprimiendo una carrera que ya está mucho más allá de cualquier patrón convencional.
La respuesta apareció en la pista. Djokovic volvió a ganar el torneo y prolongó una estadística casi absurda: 34 partidos jugados en Pekín, 34 victorias.
Su séptimo título llegó en una final extraña ante Alex de Minaur. Djokovic se llevó el primer set por 7-6 (3), pero el australiano terminó retirándose al comienzo de la segunda manga por un problema físico. El marcador quedó en 7-6 (3), 0-1 cuando el partido terminó antes de tiempo.
La retirada de De Minaur puede restar épica a la final, pero no al torneo completo del serbio. Djokovic había llegado hasta allí enfrentándose a una sucesión de rivales exigentes y atravesando otra semana marcada por el desgaste físico.
Un título que pesa más por lo que había antes
Pekín apareció después de un tramo particularmente difícil. Djokovic reconoció durante el torneo que 2026 había sido una temporada muy complicada físicamente y que su equipo seguía intentando comprender algunos de los problemas que sufría durante los partidos.
No hablaba simplemente del desgaste normal de un jugador de 39 años. Había experimentado malestar, vómitos y molestias en distintas zonas del cuerpo durante los meses anteriores. En algunos encuentros, además, los síntomas aparecían pronto, algo que desconcertaba al propio jugador.
Por eso el título chino tiene un significado especial. No demuestra que esos problemas hayan desaparecido. Demuestra otra cosa: incluso conviviendo con ellos, Djokovic conserva una capacidad competitiva extraordinaria.
Roddick pone el foco en el calendario de Djokovic
Aquí entra Andy Roddick. El estadounidense no cuestiona que Djokovic pueda seguir ganando grandes partidos. De hecho, Pekín sirve precisamente como prueba de lo contrario.
Su advertencia tiene que ver con el modo en que Djokovic está gestionando la temporada.
El serbio ha reducido notablemente su calendario para reservar energías y preparar especialmente los Grand Slam. Sobre el papel parece lógico: menos semanas compitiendo, menos desgaste. Pero Roddick observa un problema. Competir también se entrena.
Un jugador puede trabajar durante semanas el servicio, la movilidad o la resistencia. Otra cosa es recuperar los automatismos de un torneo: jugar cada dos días, encadenar encuentros de máxima tensión, resolver puntos importantes cuando aparecen las dudas y volver a hacerlo 48 horas después.
Eso, según el antiguo número uno estadounidense, no se fabrica completamente en una pista de entrenamiento.
El problema no es ganar un partido, sino siete
La diferencia es fundamental cuando se habla de Djokovic.
A estas alturas nadie discute seriamente que el serbio pueda derrotar a Alexander Zverev, Daniil Medvedev o cualquier otro jugador destacado en un partido concreto. Pekín acaba de ofrecer otra demostración.
La cuestión cambia en los Grand Slam. Allí hay que ganar siete partidos al mejor de cinco sets durante dos semanas.
Y ahí aparece la inquietud planteada por Roddick: disputar pocos torneos antes de un grande puede ahorrar kilómetros en las piernas, pero también reducir ese ritmo competitivo que permite sobrevivir a un partido malo, a una tarde de calor, a cinco sets inesperados o a un rival que obliga a jugar cuatro horas.
En una carrera normal, ese problema sería secundario. En la de Djokovic, que persigue un récord histórico cuando está cerca de cumplir cuatro décadas, cada pequeño margen cuenta.
El cuerpo es ya el verdadero rival
Durante buena parte de su carrera, el debate sobre Djokovic giró alrededor de Federer, Nadal, Murray y después Alcaraz o Sinner. Ahora hay un adversario menos fotogénico y bastante más persistente: su propio organismo.
El serbio sigue manteniendo una técnica suficientemente limpia, una devolución de servicio excepcional y una lectura táctica que muy pocos jugadores pueden igualar. Nada de eso desaparece porque pase el tiempo.
Lo que cambia es la recuperación física.
Un partido duro puede ganarse. Recuperarse para repetirlo dos días después es otra historia.
Djokovic lo sabe y por eso su planificación se ha convertido en una especie de puzle. Ya no construye temporadas pensando en acumular torneos y puntos como durante sus años de dominio absoluto. Decide en función de cómo se siente, cuánto tarda en recuperarse y qué competición merece asumir el riesgo.
Los Grand Slam siguen siendo el centro de todo
Su objetivo deportivo está bastante claro. Djokovic tiene 24 títulos de Grand Slam y continúa buscando el número 25, una cifra que le permitiría superar definitivamente una frontera histórica del tenis.
El problema es que lleva tiempo persiguiéndolo.
Las nuevas generaciones han estrechado el espacio disponible. Carlos Alcaraz, Jannik Sinner y otros jugadores han convertido cada grande en una prueba mucho más física, rápida y agresiva.
Djokovic sigue teniendo respuestas. Pero el margen entre llegar fresco y llegar corto de competición es minúsculo.
Ese es exactamente el dilema que Roddick señala.
Pekín demuestra que todavía puede ganar a los mejores
Sería un error interpretar la advertencia como un certificado de decadencia. Pekín ofrece argumentos bastante sólidos en dirección contraria.
Djokovic no solo levantó el trofeo. Lo hizo después de regresar a un torneo que llevaba once años sin disputar y conservando un historial perfecto que parece sacado de otra época.
El título también prolonga una secuencia extraordinaria: ha ganado al menos un torneo individual durante 21 temporadas consecutivas.
Y el contador general ya marca 102 títulos ATP.
Son cifras que ayudan a entender por qué cualquier pronóstico sobre su final suele envejecer mal.
Hubo una época en que el debate consistía en decidir cuál de los tres gigantes —Federer, Nadal o Djokovic— terminaría con más Grand Slam. Federer se retiró. Nadal también cerró su etapa profesional. Djokovic sigue allí, peleando con jugadores que crecieron viéndolo ganar.
Entre los Juegos de 2028 y una retirada sin calendario
El futuro tampoco está escrito.
Djokovic ha dejado abierta la posibilidad de competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Llegaría con 41 años. En cualquier otro tenista sonaría más a ceremonia que a proyecto deportivo; tratándose de él, descartarlo demasiado pronto sería temerario.
El propio serbio ha reconocido que ya no planifica con tanta antelación como antes. Su calendario depende cada vez más de las sensaciones físicas y de la recuperación posterior a cada torneo.
Incluso su regreso a Pekín queda en el aire. Ha dicho que volverá a China, aunque no sabe todavía en qué condición ni si será para competir.
Hay también una pequeña ironía deportiva: abandonar el China Open sin regresar le permitiría conservar para siempre ese 34-0 perfecto. Una estadística impecable, casi de museo.
Djokovic gana tiempo mientras persigue la última frontera
El China Open no ha resuelto la gran incógnita sobre Novak Djokovic. La ha hecho todavía más interesante.
A los 39 años sigue siendo capaz de ganar títulos, derrotar a jugadores de primer nivel y competir bajo presión. Pekín lo ha demostrado con bastante contundencia. Pero los Grand Slam exigen una resistencia distinta y un volumen competitivo difícil de reproducir jugando pocas semanas al año.
Roddick ha señalado justo esa grieta: proteger el cuerpo puede ser imprescindible para prolongar la carrera, pero competir demasiado poco también tiene un precio.
Djokovic lleva años viviendo en ese equilibrio. Un poco menos de calendario, un poco más de recuperación, otra semana intentando engañar al reloj.
De momento, el reloj sigue perdiendo partidos.
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