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Trump y Putin pactan gasóleo ruso y EEUU busca una tregua en Ucrania

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plutin dando la mano a trump

Por Presidential Press and Information Office / Kremlin.ru, CC BY 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Trump anuncia más gasóleo ruso tras una conversación con Putin
  • EEUU negocia en Miami una nueva propuesta de tregua para Ucrania
  • Europa y Kiev participan en unas conversaciones marcadas por el invierno

Donald Trump ha anunciado un acuerdo con Vladimir Putin para que Rusia aumente de inmediato el suministro de gasóleo a Estados Unidos y al mercado internacional, una decisión que devuelve la energía al centro de la relación entre Washington y Moscú justo cuando negociadores estadounidenses, ucranianos y europeos intentan construir en Miami una nueva propuesta para frenar la guerra de Ucrania.

Según Trump, Rusia entregará inicialmente más de 300.000 toneladas de gasóleo, añadirá otras 500.000 durante noviembre y posteriormente un millón de toneladas más. El presidente estadounidense sostiene que Moscú podría aportar después otros tres millones de toneladas, en función de la capacidad disponible de sus refinerías. El anuncio llegó tras una conversación telefónica con Putin que Trump calificó de muy satisfactoria.

La coincidencia resulta difícil de separar del tablero político. Mientras Washington abre una ventana para que vuelva a circular combustible ruso, Steve Witkoff y Jared Kushner reciben en Florida a representantes de Kiev y de varios aliados europeos. Sobre la mesa está una fórmula que todavía no puede llamarse paz y quizá tampoco tregua en sentido pleno, pero que pretende encontrar un terreno común antes del invierno.

Trump y Putin reabren una puerta energética que parecía cerrada

El acuerdo sobre el gasóleo tiene una dimensión económica inmediata. Trump asegura que pretende contener unos precios del combustible que se han convertido en un problema doméstico para su Administración, especialmente entre transportistas, agricultores y otros sectores muy dependientes del diésel. Y ocurre, detalle nada menor, a pocas semanas de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.

Pero también tiene una lectura geopolítica bastante más incómoda. Estados Unidos llevaba años utilizando las restricciones energéticas como una de las principales herramientas de presión contra Moscú por la invasión de Ucrania. El propio Trump había firmado recientemente una nueva legislación de sanciones contra Rusia. Ahora, mientras intenta abaratar el combustible, su Gobierno permite que gasóleo ruso vuelva al mercado internacional. La diplomacia tiene estas curvas: a veces la sanción y la excepción caben en el mismo despacho.

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El Departamento del Tesoro estadounidense ha emitido una licencia temporal que facilita las operaciones necesarias para colocar ese diésel ruso en el mercado. Por el momento no se han detallado todas las condiciones comerciales del acuerdo, quién asumirá exactamente las compras ni el calendario definitivo de las entregas posteriores.

El primer envío será de más de 300.000 toneladas

Las cantidades anunciadas son considerables. El esquema presentado por Trump empieza con más de 300.000 toneladas inmediatas, continúa con 500.000 en noviembre y suma un millón poco después. A eso se añadirían hasta tres millones de toneladas adicionales si las refinerías rusas pueden producirlas y exportarlas.

El presidente estadounidense vincula directamente esa entrada de combustible con una reducción de los precios internacionales. Es una apuesta económica, pero también política: mostrar que puede hablar con Putin, obtener una concesión tangible y, al mismo tiempo, presentarse como mediador de una guerra que continúa sin una salida clara.

Esa doble vía —negocio energético y negociación diplomática— es precisamente lo que hace relevante la conversación entre Trump y Putin. No se trata solo de una operación comercial aislada. Se produce mientras Washington intenta desbloquear unas conversaciones de paz que hasta ahora han avanzado bastante menos de lo que la Casa Blanca pretendía.

Miami se convierte en el nuevo centro de las conversaciones sobre Ucrania

A unos miles de kilómetros de Moscú y Kiev, Miami concentra durante dos días buena parte del esfuerzo diplomático estadounidense. Witkoff y Kushner tienen previsto trabajar con la delegación ucraniana en lo que se describe como nuevas ideas y propuestas desarrolladas después de los últimos contactos de los enviados estadounidenses con rusos y ucranianos.

Por parte de Kiev participan figuras de primer nivel, entre ellas Kyrylo Budanov, Rustem Umerov y David Arakhamia. Estados Unidos también ha incorporado a representantes de su Consejo de Seguridad Nacional y del Departamento del Tesoro. La intención es evitar que la negociación vuelva a ser un diálogo entre Washington y Moscú en el que Ucrania y Europa reciban después el menú ya cocinado.

También han sido invitados asesores de seguridad de Reino Unido, Francia y Alemania, además de representantes de la OTAN y la Unión Europea. El formato revela hasta qué punto Washington necesita elaborar una posición mínimamente compartida antes de volver a sentarse con el Kremlin.

Una tregua parcial sobre energía y exportaciones de grano

Entre las posibilidades estudiadas aparece una fórmula de alto el fuego limitado, centrada inicialmente en dos ámbitos especialmente sensibles: los ataques contra infraestructuras energéticas y las operaciones que amenazan a los barcos encargados de transportar cereal.

La lógica es bastante concreta. Ucrania se aproxima a otro invierno con una red eléctrica castigada por ataques rusos, mientras que el tráfico comercial en el mar Negro sigue teniendo implicaciones que desbordan la región. Una suspensión de esos ataques no terminaría la guerra, pero reduciría daños civiles, presión económica y riesgo de escalada.

También se discuten las garantías de seguridad que reclama Kiev y un eventual programa económico para la etapa posterior a la guerra. Representantes europeos han trasladado igualmente a Washington su preocupación por el coste energético y financiero de un conflicto que vuelve a entrar en los meses fríos sin una salida política consolidada.

Moscú no quiere una tregua que solo congele la guerra

Ahí aparece una de las principales grietas. Rusia ha rechazado repetidamente las treguas parciales o temporales cuando considera que pueden permitir a Ucrania reorganizar sus fuerzas sin resolver las cuestiones políticas y territoriales que Moscú plantea como condiciones para terminar la guerra.

El Kremlin sostiene que busca un acuerdo duradero, no una pausa. Esa formulación suena impecable sobre el papel; el problema, como casi siempre en esta guerra, empieza cuando cada parte define qué significa exactamente un acuerdo duradero y qué tendría que entregar la otra para alcanzarlo.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, había asegurado antes de la conversación entre los presidentes que Putin estaba dispuesto a mantener nuevos contactos con Washington y que Witkoff y Kushner serían bien recibidos de nuevo en Moscú. Rusia conserva así abierta la vía estadounidense, aunque continúa mostrando reservas ante un alto el fuego fragmentado.

Washington habla de un conflicto peligrosamente estancado

La nueva ofensiva diplomática llega después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, describiera la situación como un estancamiento peligroso, acompañado de un riesgo creciente de escalada. La posición estadounidense parte de una conclusión cada vez más explícita: Washington no considera que exista una solución estrictamente militar capaz de cerrar el conflicto.

No significa que las posiciones de Rusia y Ucrania estén próximas. Todo lo contrario. Persisten diferencias profundas sobre territorios ocupados, garantías militares, sanciones y reconstrucción, además de la relación futura de Ucrania con Occidente. Una eventual suspensión de los ataques contra la infraestructura energética sería, en ese paisaje, apenas un primer tablón sobre un río muy ancho.

Y entretanto siguen los bombardeos. Ucrania ha sufrido nuevos ataques contra su sistema energético, centros logísticos e instalaciones vinculadas al mar Negro. El deterioro de la red eléctrica convierte el calendario en otro actor de la negociación: el invierno presiona donde la diplomacia no alcanza.

El gasóleo añade una incógnita a la presión sobre Rusia

El giro energético de Trump introduce, además, una cuestión delicada para sus propios negociadores. Las sanciones sirven precisamente porque imponen un coste económico. Si Washington flexibiliza parte de esa presión para introducir combustible ruso en los mercados, Moscú obtiene ingresos y recupera parcialmente un canal comercial en un momento en que Estados Unidos pretende conseguir concesiones sobre Ucrania.

Eso no significa necesariamente que Trump haya abandonado las sanciones ni que el acuerdo energético determine el resultado de las conversaciones. Sí muestra una política más transaccional: presionar a Putin por un lado y negociar con él por otro, utilizando comercio, energía y diplomacia como piezas de una misma partida.

La Casa Blanca tampoco ha precisado todavía todos los detalles de las importaciones ni hasta qué punto el combustible llegará directamente a Estados Unidos o será colocado más ampliamente en los mercados mundiales. Estados Unidos no importaba petróleo o gas ruso desde 2022, después de las restricciones adoptadas tras la invasión a gran escala de Ucrania.

Dos acuerdos distintos que pueden terminar cruzándose

Por el momento hay dos movimientos paralelos, no un gran acuerdo conjunto. Uno es concreto y cuantificable: millones de toneladas potenciales de gasóleo ruso regresando al mercado con autorización estadounidense. El otro sigue siendo mucho más frágil: construir en Miami una propuesta de tregua que Kiev, Moscú, Washington y las principales capitales europeas puedan aceptar.

La primera operación puede empezar a ejecutarse con barcos, contratos y licencias. La segunda depende de territorios, garantías de seguridad, intereses estratégicos y una guerra que lleva demasiado tiempo demostrando que una palabra escrita en un borrador diplomático pesa bastante menos que un misil.

Trump ha conseguido, al menos, reabrir de forma visible el canal directo con Putin. El gasóleo ofrece un resultado inmediato que puede vender políticamente en casa; la tregua de Ucrania continúa siendo la prueba mucho más difícil. Miami dirá hasta dónde puede llegar el nuevo intento estadounidense y, sobre todo, si Moscú está dispuesto a convertir el diálogo con Washington en algo más que combustible barato y conversaciones abiertas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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