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Naturaleza

La foca monje y el drago de Gran Canaria, en peligro crítico en España

Foca monje y drago de Gran Canaria figuran entre las especies en peligro crítico de España, según la nueva evaluación nacional de biodiversidad.

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la foca monje

Foto: Vasilis drosakis, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • España sitúa a 93 especies en peligro crítico en su Lista Roja Nacional
  • La foca monje carece de una población reproductora conocida en España
  • El drago de Gran Canaria sobrevive en una población ínfima y fragmentada

España estrena una radiografía mucho más precisa —y bastante incómoda— de su biodiversidad. La Lista Roja Nacional de España sitúa a 93 especies en la categoría de peligro crítico, el escalón de mayor riesgo antes de la desaparición en estado silvestre. Entre ellas aparecen dos nombres especialmente reconocibles: la foca monje del Mediterráneo y el drago de Gran Canaria.

No es una alarma retórica. En el caso de la foca monje, España carece de una población reproductora conocida y su presencia funcional es tan reducida que la propia evaluación admite que, bajo una interpretación estricta, podría considerarse extinta regionalmente. El drago canario, por su parte, sobrevive en una población ínfima, fragmentada y concentrada en enclaves muy concretos del suroeste de Gran Canaria. Dos especies muy distintas, un mamífero marino y un árbol insular, unidas por una misma palabra poco tranquilizadora: crítico.

Una Lista Roja con 1.937 especies evaluadas

La nueva Lista Roja aplica en España la metodología de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el sistema de referencia utilizado internacionalmente para medir el riesgo de extinción. Su fotografía actual reúne 1.937 especies evaluadas, de las que 544 quedan encuadradas dentro de las categorías consideradas amenazadas.

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El reparto permite hacerse una idea de la magnitud del problema: 93 especies están en peligro crítico, 213 en peligro y 238 son vulnerables. Otras 331 aparecen como casi amenazadas, 801 quedan en preocupación menor y en 254 casos los datos disponibles todavía son insuficientes para determinar con seguridad su estado. La lista también recoge cinco especies extintas y dos desaparecidas a escala regional.

Hay otro dato que rompe cierta visión de postal de la conservación. De las especies estudiadas, 1.456 son invertebrados, principalmente insectos y moluscos. Es decir, el deterioro de la biodiversidad española no se limita a osos, linces, lobos o grandes animales capaces de ocupar una portada. Buena parte ocurre a ras de suelo, debajo de una piedra o en un pequeño humedal. Menos fotogénico, quizá. No menos importante.

La foca monje: de las costas españolas a una ausencia casi total

La situación de la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) resulta especialmente extrema. La evaluación nacional considera que en España debe clasificarse como En Peligro Crítico, posiblemente extinta, debido a un desplome poblacional próximo al 100 % en menos de un siglo, un área de ocupación actual nula o insignificante y, sobre todo, la inexistencia de una población reproductora conocida.

No siempre fue así. La especie estuvo históricamente distribuida por buena parte del Mediterráneo español, Baleares, el sureste de la Península, las islas Chafarinas y las Canarias orientales. El último registro reproductor conocido en la Península se produjo en Altea en 1951, mientras que en Baleares se documentó reproducción en Cala Santanyí en 1958. Después vino el silencio.

La desaparición tuvo causas muy humanas. Durante siglos fue cazada por su piel y su grasa; más tarde soportó una persecución directa ligada a los conflictos con la pesca, hasta el punto de que durante parte del siglo XX se fomentó oficialmente su eliminación. A ello se sumaron las capturas accidentales en artes pesqueras y otras presiones sobre el litoral. La foca no abandonó simplemente España: fue empujada fuera de ella.

Peligro crítico no significa que haya desaparecido del planeta

Conviene afinar el lenguaje. La consideración de peligro crítico corresponde aquí a su situación dentro del ámbito español, no a una extinción mundial. La foca monje mantiene poblaciones reproductoras fuera de España, especialmente en el Mediterráneo oriental y en áreas atlánticas como Cabo Blanco, entre Marruecos y Mauritania, y las islas Desertas de Madeira.

En aguas españolas se han registrado indicios mediante ADN ambiental, una técnica capaz de detectar material genético dejado por un animal en el medio aunque nadie lo haya observado directamente. Esas señales apuntan a incursiones ocasionales, pero no bastan para afirmar que exista una población residente ni una recolonización natural efectiva. Una foca que pasa no equivale a una colonia que vuelve.

Una especie legalmente protegida desde hace años

La gravedad reflejada por la Lista Roja tampoco parte de cero. La foca monje figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción y cuenta con distintos niveles de protección nacional y europea. La nueva clasificación no sustituye automáticamente esos instrumentos legales: aporta una evaluación científica homogénea del riesgo, que es otra cosa y, precisamente por eso, resulta útil para orientar prioridades de conservación.

El drago de Gran Canaria resiste en unos pocos enclaves

A varios cientos de kilómetros del territorio peninsular, la situación cambia de escenario pero no de gravedad. El drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae) es una especie exclusiva de la isla, localizada principalmente en riscos y laderas del sector suroccidental, aproximadamente entre los 400 y los 900 metros de altitud. Su población es muy pequeña y está severamente fragmentada.

Sus principales núcleos se distribuyen desde el entorno del barranco de Fataga hasta el sistema Tejeda-La Aldea, con dos subpoblaciones relevantes en Rampa de Tauro y Fataga-Vicentillos, además de individuos aislados. No estamos ante el drago canario más conocido en términos generales, sino ante una especie propia de Gran Canaria, descrita científicamente como Dracaena tamaranae y ligada a un territorio extraordinariamente reducido.

La fragmentación no es un detalle menor. Cuando quedan pocos individuos separados entre sí, cualquier episodio local —una sequía dura, un desprendimiento, lluvias torrenciales, problemas reproductivos— puede tener un efecto desproporcionado. Entre sus amenazas figuran precisamente la reducción y fragmentación poblacional severa y diversos fenómenos ambientales capaces de golpear poblaciones ya muy pequeñas.

Canarias activa un plan para llevar la población a 300 ejemplares

La situación del drago ha provocado una respuesta institucional concreta. El Gobierno de Canarias aprobó en marzo de 2026 su Plan de Recuperación, dotado con algo más de 1,09 millones de euros y con un objetivo cuantificable: elevar la población hasta, al menos, 300 ejemplares, proteger su hábitat y conservar su material genético.

El programa contempla aumentar el número de individuos, mejorar la continuidad entre poblaciones, favorecer la producción de semillas, controlar los factores de amenaza y mantener ejemplares y material genético fuera de su hábitat natural como respaldo. No es una operación ornamental. Con poblaciones minúsculas, disponer de semillas, plantas cultivadas y diversidad genética conservada puede funcionar como una especie de póliza de seguro biológica.

El drago de Gran Canaria ya estaba catalogado legalmente como “en peligro de extinción” tanto en el ámbito estatal como en el canario. Su entrada entre las especies en peligro crítico de la Lista Roja añade, sin embargo, una lectura científica más severa sobre el riesgo real que afronta en la naturaleza.

Una lista que también revela cuánto falta por conocer

La primera Lista Roja Nacional tampoco pretende ser una fotografía terminada. De las 1.937 evaluaciones actuales, 1.732 proceden directamente de evaluaciones de la Lista Roja internacional de la UICN y otras 205 han sido homologadas a partir del trabajo de grupos especialistas. Hay todavía evaluaciones pendientes de moluscos, mariposas, anfibios y arañas, entre otros grupos.

Eso explica por qué la cifra cambiará. La propia Lista Roja se define como un instrumento dinámico, sujeto a nuevas evaluaciones y revisiones cuando aparece mejor información. Que una especie no figure entre las 93 en peligro crítico no significa necesariamente que esté a salvo; algunas simplemente están peor estudiadas. Los 254 casos clasificados con datos insuficientes son un recordatorio bastante prosaico de ello. A veces ni siquiera sabemos con precisión qué estamos perdiendo.

Dos especies distintas, la misma señal de alarma

La foca monje y el drago de Gran Canaria cuentan dos historias distintas de la biodiversidad española. Una habla de un animal que llegó a ocupar numerosas costas y terminó prácticamente borrado del mapa nacional después de décadas de persecución y presión humana. La otra, de una planta insular que nunca tuvo un mundo demasiado grande y que sobrevive en pequeños refugios del paisaje grancanario.

La Lista Roja no certifica que ambas vayan a desaparecer mañana. Tampoco es una sentencia irreversible. Indica algo más concreto: su riesgo es excepcionalmente alto y existe base científica suficiente para situarlas entre las especies que requieren mayor atención. En conservación, ese matiz importa. Peligro crítico no significa inevitable, pero sí que el margen para equivocarse se ha vuelto peligrosamente estrecho.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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