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Economía

Málaga levanta la acampada de la Constitución y mantiene las asambleas

Málaga desmonta la acampada por la vivienda tras dos semanas y mantiene la Plaza de la Constitución como punto de reunión hasta la huelga del 11-N.

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La acampada en Malaga 2026

Por Pedro J Pacheco - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Las tiendas dejan la Plaza de la Constitución tras casi dos semanas
  • Las asambleas seguirán en la plaza para preparar la huelga del 11-N
  • El movimiento cambia la acampada por comités, barrios y centros de trabajo

La acampada por el derecho a la vivienda de Málaga ya no ocupa la Plaza de la Constitución, pero la protesta no abandona el centro de la ciudad. Tras cerca de dos semanas de tiendas, asambleas y movilizaciones, los participantes desmontaron el domingo 11 de octubre el campamento y han trasladado el pulso a una nueva fase: organizar la huelga general por la vivienda del 11 de noviembre.

El siguiente movimiento llega casi sin descanso. Este lunes 12 de octubre está convocada en la misma Plaza de la Constitución la primera asamblea del comité de huelga de Málaga. La intención de los colectivos es mantener reuniones semanales allí hasta el paro de noviembre. Se retiran las tiendas, por tanto, pero no la plaza. Y esa diferencia explica buena parte de lo que está ocurriendo.

La Plaza de la Constitución cambia las tiendas por asambleas

Durante los últimos días, el corazón comercial y turístico de Málaga había adquirido un aspecto poco habitual. Entre terrazas, escaparates y el trasiego constante del centro aparecieron más de 150 tiendas de campaña, pancartas y reuniones abiertas vinculadas a la crisis de la vivienda. Una ocupación visible, imposible de ignorar para cualquiera que atravesara uno de los espacios más transitados de la capital.

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El desmontaje se produjo progresivamente durante el domingo. No fue una salida abrupta ni una retirada después de un desalojo policial, sino una decisión adoptada por los propios participantes para cambiar el formato de la protesta. Rosa Galindo, portavoz de Un Techo por Derecho, describió una jornada marcada por la normalidad y por la voluntad de conservar los vínculos creados durante la acampada.

Alrededor de 200 personas participaron en una comida colectiva en la plaza y la despedida incluyó actuaciones musicales, entre ellas las de María de Chambao y María Ruiz. Después, las tiendas fueron desapareciendo. La imagen del espacio recuperaba poco a poco su aspecto habitual, aunque solo en lo material: políticamente, seguirá funcionando como punto de encuentro del movimiento por la vivienda.

El comité de huelga empieza a trabajar este lunes

La cita del 12 de octubre marca el cambio de pantalla. El objetivo inmediato es constituir un comité de huelga capaz de coordinar las próximas semanas de movilización y preparar la jornada del 11 de noviembre.

La convocatoria fija la primera asamblea durante la tarde de este lunes en la Plaza de la Constitución. Después se prevén reuniones todos los lunes, una continuidad que permite entender por qué los organizadores rechazan presentar el desmontaje como el final de la protesta. La acampada era visible, incómoda incluso para una ciudad muy acostumbrada a vender su centro como escaparate. La estructura que pretende sustituirla es menos fotogénica, pero puede tener más recorrido: comités, centros de trabajo, barrios y organizaciones sindicales.

El 11 de noviembre sustituye a las tiendas como gran objetivo

La fecha que aparece escrita en prácticamente toda la hoja de ruta del movimiento es el 11 de noviembre de 2026. La huelga general por la vivienda ha pasado en pocos días de ser una aspiración defendida por colectivos de inquilinos a convertirse en una convocatoria respaldada por los grandes sindicatos, con CCOO y UGT entre sus principales impulsores.

El argumento central consiste en sacar el problema de la vivienda del cajón estrictamente inmobiliario y llevarlo también al terreno laboral. No es difícil entender la conexión. El precio del alquiler puede absorber una porción creciente de un salario; vivir cerca del trabajo se vuelve imposible para determinados empleados y aceptar un puesto en una ciudad cara puede dejar de compensar. La vivienda, en definitiva, entra en la nómina aunque no figure impresa en ella.

Ese salto explica también el interés por crear estructuras de huelga. Una acampada sirve para mantener un conflicto en el escaparate público. Un paro laboral exige otra maquinaria: coordinación, sindicatos, comités e información a los trabajadores, además de capacidad para extender la convocatoria mucho más allá de quienes han dormido en una plaza.

Dos semanas que colocaron la vivienda en el centro de Málaga

La acampada malagueña surgió dentro de una oleada de protestas por el acceso a la vivienda que ha recorrido distintas ciudades españolas. En Málaga, la movilización fue ganando tamaño y encontró combustible en una realidad especialmente sensible en la Costa del Sol: alquileres elevados, desahucios y dificultades para encontrar vivienda asequible en una ciudad sometida a una fuerte presión residencial y turística.

Uno de los episodios que más marcó esas jornadas fue el caso de Teresa Tirado, una mujer de 72 años que había sido desahuciada y acudía con frecuencia a la acampada. El Ayuntamiento de Málaga terminó adjudicándole una vivienda en régimen de alquiler dentro de un programa municipal destinado a familias en situación de vulnerabilidad. Pagará alrededor de 90 euros mensuales.

También tuvo enorme peso la muerte de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo desahucio en Madrid se había convertido en símbolo de las protestas por la vivienda. Su fallecimiento provocó concentraciones en distintas ciudades españolas y en Málaga se convocó un acto específico en su memoria en la propia Plaza de la Constitución.

Son historias distintas, naturalmente, y conviene no fundirlas en un único relato sentimental. Pero ambas explican por qué el movimiento ha conseguido que una discusión habitualmente repleta de estadísticas —precio por metro cuadrado, oferta, demanda, vivienda pública— termine teniendo nombres propios. Cuando el alquiler deja de ser una gráfica y aparece convertido en un desahucio, la política cambia de temperatura.

Granada también levanta su acampada y busca otra fase

Málaga no ha sido un caso aislado. El domingo también terminó la acampada instalada junto al Palacio de Congresos de Granada, después de aproximadamente dos semanas de movilización.

Los impulsores granadinos han presentado igualmente la retirada como un cambio de fase. Su intención es extender la organización hacia barrios, centros de trabajo y centros de estudio, con la huelga general como horizonte. La coincidencia entre ambas ciudades dibuja una estrategia bastante clara: reducir la ocupación permanente del espacio público y tratar de ampliar la base social de las protestas.

Eso no garantiza, claro está, que el movimiento conserve fuera de las acampadas la intensidad acumulada dentro de ellas. Esa será precisamente la prueba de las próximas semanas. Una tienda plantada en mitad de una plaza es visible desde lejos; una red de comités necesita personas, reuniones y continuidad. Menos lona, bastante más organización.

La vivienda sale de la plaza, pero entra de lleno en el calendario

El desmontaje de la Plaza de la Constitución podría parecer, visto deprisa, el final de una protesta. Es justo lo contrario de lo que pretenden sus organizadores. El campamento termina, pero la movilización continúa y adquiere una fecha concreta alrededor de la cual medir su fuerza.

Este lunes empieza esa transición en Málaga. La plaza que durante casi dos semanas estuvo cubierta de tiendas volverá a reunir a los colectivos de vivienda, esta vez para organizar el comité de huelga. Después llegarán nuevas reuniones semanales y, salvo cambios en la convocatoria, el 11 de noviembre será el examen decisivo.

La Plaza de la Constitución recupera así su suelo despejado, las terrazas y el tránsito cotidiano del centro malagueño. Pero el conflicto que llevó allí colchones, lonas y pancartas permanece intacto. El precio de vivir bajo techo, al contrario que las tiendas de campaña, no se desmonta en una mañana.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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