España
Cinco detenidos y un policía herido tras los choques ultras en Sol
Cinco detenidos y un agente herido marcan la jornada más tensa de la acampada de Sol, rodeada por grupos ultras tras el desfile del 12-O en Madrid.
Por Popicinio_01 - Flickr, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Cinco personas fueron detenidas y un policía resultó herido en Sol
- Grupos ultras trataron de acercarse a la acampada por la vivienda
- La Policía separó a ambos grupos y evitó un choque mayor en la plaza
La Puerta del Sol vivió el 12 de octubre su jornada más tensa desde que comenzó la acampada por la vivienda. El balance conocido al terminar el día dejó al menos cinco personas detenidas y un agente de la Policía Nacional herido, después de horas de enfrentamientos, provocaciones y carreras por las calles que rodean la plaza. La tensión se disparó cuando grupos procedentes de la zona del desfile de la Fiesta Nacional se acercaron al campamento y comenzaron a increpar a los concentrados.
Los incidentes obligaron a desplegar un amplio dispositivo policial para mantener separados a ambos grupos y evitar que quienes llegaban a Sol accedieran al espacio ocupado por las tiendas. Hubo lanzamientos de objetos, insultos, cánticos políticos y momentos de contacto físico. Algunos de los recién llegados portaban banderas españolas junto a simbología franquista o falangista y se escuchó el Cara al sol. Los acampados respondieron con sus propias consignas mientras formaban cordones para proteger el campamento.
La tensión comenzó después del desfile del 12 de octubre
La mañana había transcurrido ya bajo una fuerte presión política en el centro de Madrid. Cuando terminó el desfile de la Fiesta Nacional, varios grupos se desplazaron hacia la Puerta del Sol, donde la protesta por el acceso a la vivienda llevaba instalada desde el 26 de septiembre.
El primer objetivo de los agentes fue sencillo sobre el papel y bastante menos sencillo sobre el adoquín: impedir que las dos concentraciones acabaran mezclándose. Se levantaron cordones policiales en los accesos a la plaza y se reforzó la presencia de antidisturbios a medida que llegaban más personas desde calles como Alcalá, Arenal, Preciados, Espoz y Mina o Carmen.
Entre los grupos que rodearon la acampada podían verse banderas con la cruz de Borgoña y enseñas vinculadas a organizaciones de extrema derecha. Hubo saludos fascistas y proclamas contra los acampados, contra el Gobierno y también contra periodistas que estaban trabajando en la zona. La protesta por la vivienda, durante unas horas, quedó casi sepultada bajo un paisaje muy distinto: banderas, policías, gritos y teléfonos grabándolo todo.
Carreras, botellas y una detención en la calle del Carmen
Uno de los momentos más delicados llegó poco antes de las seis de la tarde en la calle del Carmen. Varias carreras y lanzamientos de botellas obligaron a intervenir a los agentes, que practicaron allí una de las detenciones.
La Policía fue empujando a los grupos hacia posiciones cada vez más alejadas de la acampada, aunque los enfrentamientos verbales continuaron durante buena parte de la tarde. De un lado se escucharon consignas antifascistas; del otro, lemas de extrema derecha, algunos con referencias explícitas a la violencia política. El centro de Madrid adquirió por momentos ese sonido áspero de las jornadas en las que una manifestación deja de ser solo una manifestación.
El balance fue aumentando con el paso de las horas. Las primeras informaciones hablaban de dos detenidos, posteriormente de tres y, al cierre de la jornada, de al menos cinco. De ahí las diferencias entre algunas crónicas publicadas durante la tarde y las actualizaciones difundidas entrada la noche.
Un policía herido durante los altercados
La jornada dejó también un agente de la Policía Nacional herido. El policía recibió un golpe en la boca durante los incidentes y varias de las detenciones iniciales se produjeron en actuaciones relacionadas con atentado contra la autoridad. El número global de arrestados aumentó después hasta los cinco comunicados al finalizar la noche.
La presencia policial fue determinante para impedir un choque más amplio dentro de la propia plaza. Los efectivos mantuvieron separados a los dos grupos mientras los acampados establecían su propio cordón de seguridad alrededor de las tiendas.
La organización de la protesta llegó a pedir refuerzos entre sus simpatizantes a través de las redes sociales. El mensaje insistía en acudir de manera no violenta ante el temor de que nuevos grupos pudieran intentar entrar en el campamento. La situación fue perdiendo intensidad al avanzar la noche, aunque la vigilancia policial permaneció en la zona.
Una acampada que lleva en Sol desde el 26 de septiembre
Los incidentes ocurrieron en el día 17 de una movilización que ha vuelto a convertir la Puerta del Sol en escenario de protesta social. La acampada comenzó el 26 de septiembre para denunciar la crisis de acceso a la vivienda, un problema que atraviesa especialmente a jóvenes, inquilinos y hogares que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler.
El campamento había pasado días ocupando el centro del debate madrileño sin alcanzar un nivel de violencia comparable al vivido este 12 de octubre. Su presencia, además, obligó a modificar parte de la programación cultural prevista en Sol durante las celebraciones de la Hispanidad, incluidos conciertos trasladados a Madrid Río.
La propia acampada se ha convertido entretanto en un símbolo fácilmente apropiable por todos los discursos políticos. Para sus participantes representa la dificultad de acceder a una vivienda y el encarecimiento de los alquileres. Para sus detractores, la ocupación prolongada de una de las plazas más emblemáticas de Madrid plantea un problema de orden público y utilización del espacio.
El 12 de octubre añadió una tercera capa, bastante más incómoda: la aparición de grupos que no acudieron a discutir sobre alquileres, urbanismo o vivienda pública, sino a confrontar directamente con los acampados.
De la crisis de la vivienda a un choque político en plena calle
Ahí está una de las consecuencias más visibles de lo ocurrido. Una movilización nacida alrededor de la vivienda acabó durante varias horas convertida en una pelea simbólica entre identidades políticas enfrentadas.
Las imágenes mezclaron tiendas de campaña, banderas nacionales, símbolos franquistas, antidisturbios y jóvenes gritándose desde lados opuestos de un cordón policial. Una postal bastante precisa de la polarización española, aunque demasiado aparatosa para explicar el problema que originó la acampada: el acceso a una vivienda asequible.
También importa una precisión. Portar una bandera de España o haber asistido al desfile del 12 de octubre no convierte a nadie en integrante de un grupo ultra. Las crónicas distinguen entre los asistentes a los actos de la Fiesta Nacional y los grupos radicales que participaron en las provocaciones y altercados posteriores. Confundir ambos espacios sería tan inexacto como reducir toda la acampada a los comportamientos de alguno de sus participantes.
Esa separación resulta especialmente necesaria después de una jornada dominada por imágenes rápidas y vídeos recortados. En Sol hubo provocaciones de extrema derecha, respuestas de los acampados, intervenciones policiales y episodios violentos en las calles próximas. No todo el mundo que estaba allí hizo lo mismo, ni estuvo allí por la misma razón.
Sol vuelve a situar la vivienda en medio de la tensión política
La imagen que deja el 12 de octubre es paradójica. Los grupos que pretendían enfrentarse a la acampada consiguieron desplazar durante horas el foco desde la vivienda hacia los disturbios, pero terminaron dando todavía más visibilidad a una protesta que ya había ocupado durante más de dos semanas uno de los lugares más simbólicos del país.
El dato firme es el balance: cinco detenidos, un policía herido y la jornada más tensa en 17 días de acampada. La Policía evitó que el enfrentamiento se trasladara masivamente al interior del campamento y la situación acabó siendo controlada.
Sol amaneció después con las tiendas todavía allí. También con el debate de fondo intacto. Entre los alquileres imposibles y las banderas agitadas frente a un cordón de antidisturbios, la vivienda siguió siendo el asunto central que había llevado a aquella gente a plantar una tienda en el kilómetro cero. Todo lo demás, por estridente que sonara, llegó después.
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