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Naturaleza

Cinco ríos y un estero se desbordan en tres provincias de Ecuador

Las lluvias dejan cinco ríos y un estero desbordados en Ecuador. Miles de personas siguen afectadas y persisten las alertas por nuevas crecidas.

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desbordan cinco ríos y un estero en Ecuador

By Ministerio de Defensa del Perú - Flickr, CC BY 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Cinco ríos y un estero se han desbordado en tres provincias de Ecuador
  • Las lluvias dejan 17.142 afectados y cerca de 4.900 viviendas dañadas
  • El INAMHI mantiene avisos por nuevas crecidas, tormentas e inundaciones

Las fuertes lluvias que golpean Ecuador han provocado el desbordamiento de cinco ríos y un estero en las provincias de Guayas, El Oro y Los Ríos, mientras el país sigue acumulando daños por un episodio de precipitaciones que ya afecta a buena parte de su territorio. Los cauces desbordados son los ríos Babahoyo, Balao, San Rafael, Chico y Caluguro, además del Estero Hondo.

La emergencia va bastante más allá de esas seis crecidas. Desde que Ecuador declaró la alerta roja por el fenómeno de El Niño, el 29 de agosto, las autoridades han contabilizado 17.142 personas afectadas, 1.354 damnificadas y un fallecido. Cerca de 4.900 viviendas presentan algún tipo de daño y se han registrado 349 eventos adversos en 22 de las 24 provincias del país.

Guayas, El Oro y Los Ríos concentran los nuevos desbordamientos

El último seguimiento nacional de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos sitúa dos desbordamientos en cada una de las tres provincias afectadas por este episodio. El agua vuelve así a marcar el ritmo de varias zonas del país, con cauces fuera de su nivel habitual y comunidades pendientes de la evolución de las precipitaciones.

En Los Ríos, el agua salió de su cauce en el Estero Hondo, dentro del cantón de Puebloviejo, y en el río Babahoyo, a su paso por el cantón del mismo nombre. El término estero, habitual en buena parte de América Latina, designa en este caso un cauce o brazo de agua cuyo nivel puede crecer rápidamente durante periodos de precipitaciones intensas.

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En Guayas, los problemas se concentran en el río Balao, que afecta al cantón de Balao, y en el río San Rafael, dentro de General Antonio Elizalde, conocido como Bucay. Son zonas donde la combinación de lluvias persistentes, suelos saturados y aumento de caudales deja poco margen cuando el agua empieza a subir.

La tercera provincia es El Oro, fronteriza con Perú. Allí se han desbordado los ríos Chico y Caluguro, ambos en el cantón de Santa Rosa. La zona permanece especialmente vigilada ante la posibilidad de que continúen las precipitaciones y vuelvan a crecer los cursos de agua.

Más de 17.000 personas afectadas desde finales de agosto

Las cifras acumuladas dibujan una emergencia extendida. No se trata de una inundación aislada ni de una tormenta especialmente violenta que pasa y desaparece del mapa. El problema se arrastra desde finales de agosto y ha ido cambiando de provincia, dejando carreteras anegadas, viviendas dañadas y comunidades aisladas o con dificultades de acceso.

La Secretaría de Riesgos contabiliza 17.142 afectados y 1.354 damnificados. La diferencia no es menor: se considera afectada a una persona que ha sufrido consecuencias por el episodio, mientras que la categoría de damnificado suele reservarse para quienes han padecido daños graves o pérdidas que comprometen directamente sus condiciones de vida.

Las provincias donde el impacto sobre la población ha sido mayor incluyen Esmeraldas, Guayas, Manabí y Los Ríos, en la costa; Orellana, en la Amazonía; e Imbabura y Pichincha, en la región andina. El agua, en otras palabras, no está respetando demasiado las cómodas divisiones del mapa.

Esmeraldas ya había sufrido graves inundaciones

La situación llega después de semanas especialmente complicadas en Esmeraldas. A comienzos de octubre, varios ríos se desbordaron en esta provincia y numerosas comunidades quedaron inundadas o parcialmente aisladas. Muisne estuvo entre los cantones más golpeados, con cientos de familias afectadas y viviendas dañadas por la fuerza de las corrientes.

Ese precedente ayuda a entender por qué las autoridades mantienen la vigilancia incluso donde el nivel de los ríos comienza a descender. Con el terreno empapado, una nueva tormenta necesita menos tiempo para convertirse en un problema serio. El suelo deja de absorber agua, las quebradas responden con mayor rapidez y aumenta el riesgo de desprendimientos en las carreteras de montaña.

El Niño mantiene alterado el patrón de lluvias

Detrás de este episodio está la influencia de El Niño, que permanece activo en el Pacífico oriental. El calentamiento anómalo del océano altera la circulación atmosférica y puede favorecer episodios de lluvias intensas en diferentes regiones de Ecuador, especialmente en el Litoral.

La peculiaridad de 2026 es también el calendario. Algunas de las zonas afectadas han recibido precipitaciones fuertes en meses habitualmente más secos. En Balao, por ejemplo, los problemas comenzaron a hacerse especialmente visibles desde finales de septiembre, cuando las crecidas volvieron a inundar sectores urbanos y rurales.

No significa que cada tormenta pueda atribuirse automáticamente a El Niño —el clima rara vez funciona con semejante pulcritud—, pero el fenómeno crea un escenario mucho más favorable para precipitaciones persistentes, crecidas e inundaciones.

El INAMHI advierte de nuevas crecidas y tormentas

La emergencia todavía puede evolucionar. El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología mantiene avisos por lluvias y tormentas eléctricas, con especial vigilancia en áreas del Litoral y de la vertiente occidental de los Andes.

Entre los efectos previstos figuran acumulaciones de agua en viviendas y carreteras, problemas de circulación por inundaciones o caída de árboles, ráfagas de viento y nuevas crecidas de ríos. El riesgo hidrológico alcanza zonas de Esmeraldas, Santo Domingo de los Tsáchilas, Manabí, Guayas, El Oro y Los Ríos, además de sectores occidentales de Cañar, Azuay y Pichincha.

En algunas áreas de Azuay y El Oro el aviso meteorológico alcanza un nivel severo. Las autoridades siguen observando los caudales porque, después de varios días de lluvia, el comportamiento de un río puede cambiar con rapidez incluso aunque deje de llover durante unas horas.

Carreteras y laderas, el otro frente de la emergencia

Los ríos son la parte más visible, pero no la única. Las precipitaciones también incrementan el riesgo de deslizamientos de tierra y desprendimientos, especialmente en los corredores que comunican la Costa con la Sierra.

El terreno saturado pierde estabilidad y una ladera aparentemente intacta puede ceder. Es uno de los efectos secundarios habituales de estos episodios y, a menudo, el que termina complicando el acceso de los servicios de emergencia a poblaciones pequeñas o zonas rurales.

Las tormentas eléctricas añaden otro ingrediente. El INAMHI contempla episodios acompañados por ráfagas fuertes de viento, mientras las acumulaciones de agua pueden deteriorar rápidamente carreteras secundarias y caminos no asfaltados.

Una emergencia que todavía no da tregua

Ecuador llega a mediados de octubre con cinco ríos y un estero desbordados, miles de viviendas afectadas y una emergencia que ya ha alcanzado prácticamente todo el país. Guayas, El Oro y Los Ríos concentran los últimos desbordamientos, pero el balance acumulado muestra un escenario mucho más amplio.

Los próximos episodios de lluvia serán determinantes. Con los cauces elevados y amplias zonas del terreno saturadas, no hace falta una precipitación extraordinaria para provocar nuevas inundaciones. Ahí está, precisamente, el problema: después de semanas de agua, cada tormenta cae sobre un territorio con bastante menos capacidad para absorberla.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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