Economía
Gran cosecha de aceite de oliva en España, pero el precio podría subir
España afronta una gran cosecha de aceite de oliva, pero la posible retirada de parte de la oferta puede frenar la bajada de precios al consumidor
Resumen
- España prevé 1,6 millones de toneladas de aceite de oliva
- Competencia alerta de que retirar oferta puede sostener o elevar precios
- Una gran cosecha no garantiza una botella más barata en el supermercado
España encara una campaña de aceite de oliva mucho más abundante, pero esa mejora de la cosecha no garantiza automáticamente una rebaja en el supermercado. La producción prevista para 2026/2027 alcanza los 1,60 millones de toneladas, un 23 % más que en la campaña anterior, mientras se debate una norma que permitiría retirar parte del aceite del mercado cuando exista una situación excepcional de exceso de oferta.
Ahí está la paradoja. Más aceituna, más aceite y, sobre el papel, mayor oferta. Lo normal sería pensar en precios más bajos. Sin embargo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia advierte de que limitar la cantidad disponible mediante una retirada obligatoria podría presionar los precios al alza, reducir la variedad y alterar la competencia. No significa que el aceite vaya a encarecerse necesariamente; significa que una gran cosecha ya no conduce, por sí sola, a una bajada clara de precios.
España espera 1,6 millones de toneladas de aceite
Las primeras estimaciones oficiales sitúan la producción española de aceite de oliva en 1.602.596 toneladas durante la campaña 2026/2027. Es una cosecha considerada media-alta y supera en un 23 % la de la temporada precedente.
Las lluvias y las temperaturas suaves durante buena parte de la primavera ayudaron a la floración y al cuajado de la aceituna. Después llegaron episodios de calor que rebajaron parte del potencial, pero el dibujo general sigue siendo favorable: hay más fruto y se espera bastante más aceite.
El corazón de la campaña vuelve a estar en Andalucía. La comunidad concentra una previsión de 1.261.200 toneladas, cerca del 79 % de toda la producción nacional y un 29,3 % más que la cosecha anterior. Jaén aparece, otra vez, como gigante del mapa oleícola con unas 575.000 toneladas; Córdoba alcanzaría las 339.700 y Sevilla, alrededor de 142.000.
No son cifras menores. Andalucía produciría por sí sola más aceite de oliva que países enteros con un peso considerable en el mercado mundial. Y ese volumen tiene consecuencias inmediatas sobre las expectativas de agricultores, cooperativas, envasadores y exportadores.
Por qué una buena cosecha no asegura aceite más barato
El precio del aceite no sale directamente del olivo con una etiqueta pegada. Entre la aceituna recogida y la botella colocada en el lineal hay existencias almacenadas, contratos, costes industriales, exportaciones y demanda internacional, además de los márgenes comerciales.
Una cosecha abundante suele ejercer una presión bajista sobre las cotizaciones porque aumenta el producto disponible. Ese mecanismo, sencillo sobre una pizarra, puede complicarse cuando se introduce una herramienta destinada precisamente a evitar que la oferta crezca demasiado deprisa.
El Ministerio de Agricultura trabaja con una norma de comercialización para la campaña 2026/2027 que permitiría intervenir en circunstancias extraordinarias. El propósito es proteger al sector de hundimientos bruscos del precio en origen, especialmente cuando una producción muy elevada pueda dejar a determinadas explotaciones vendiendo por debajo de niveles rentables.
La retirada podría alcanzar hasta el 20 %
El mecanismo no supone que vaya a desaparecer automáticamente una quinta parte de la cosecha. El 20 % es el límite máximo previsto para una eventual retirada de producto.
Para activar la medida, la suma de las existencias iniciales y la producción estimada tendría que alcanzar al menos el 120 % de la media de los dos niveles más altos de comercialización registrados durante las seis campañas anteriores. Solo entonces podría determinarse una retirada y su porcentaje tendría que estar debidamente justificado.
Dicho de otra manera: no basta con una cosecha buena. Tendría que existir una situación de oferta excepcionalmente elevada conforme a los parámetros establecidos.
Y aquí aparece esa pequeña broma de la economía agrícola que al consumidor le cuesta digerir. Si sobra aceite y una parte se mantiene fuera del mercado para evitar que los precios agrícolas se hundan, la abundancia deja de ejercer toda su fuerza sobre el precio final.
Competencia teme un efecto contrario para el consumidor
La CNMC ha puesto reparos importantes al proyecto. Su argumento central es bastante directo: restringir artificialmente la oferta tiene consecuencias.
Competencia considera que una retirada de producto puede afectar al precio, a la calidad y a la variedad disponible, además de modificar el funcionamiento normal de la cadena. También reclama que, antes de adoptar una medida de esta naturaleza, se cuantifique su impacto sobre agricultores, industria, distribución, exportaciones y consumidores, con especial atención a los hogares con menor renta.
El organismo no niega que puedan producirse desequilibrios graves en el mercado. Lo que cuestiona es que una retirada generalizada sea necesariamente la respuesta más eficiente. Por eso pide que cualquier actuación sea proporcionada, limitada y revisable, y que se aplique únicamente a las categorías en las que resulte verdaderamente necesaria.
La diferencia de enfoque es clara. Para una parte del campo, el peligro es que una cosecha enorme derrumbe el precio pagado al agricultor. Para Competencia, el riesgo está en corregir ese problema restringiendo la oferta hasta terminar trasladando el coste al comprador.
Agricultores e industria miran el mercado desde lados opuestos
Las principales organizaciones agrarias y Cooperativas Agro-alimentarias han reclamado la activación de la herramienta, mientras representantes de la industria y la exportación han mostrado sus reservas. Dcoop, uno de los grandes actores del sector, figura entre quienes defienden medidas que permitan contener fuertes desequilibrios cuando la producción se dispara.
El conflicto no es nuevo. El olivar español arrastra una enorme volatilidad: campañas cortas disparan los precios y campañas excepcionales pueden hundir las cotizaciones en origen. Entre ambos extremos queda un productor que necesita cubrir costes y un consumidor que, después de años de botellas especialmente caras, espera que una recuperación de las cosechas se note también al pasar por caja.
Ahí chocan dos intereses legítimos. Rentabilidad para el agricultor y precios razonables para el consumidor no siempre avanzan al mismo ritmo.
Qué puede ocurrir con el precio del aceite de oliva
Por ahora, no existe base para afirmar que el aceite vaya a subir necesariamente por la nueva cosecha. Tampoco para asegurar una fuerte bajada. La evolución dependerá de cuánto aceite llegue realmente al mercado y de cómo se comporten las ventas durante la campaña.
La producción prevista juega a favor de una mayor disponibilidad. España entra en campaña con un volumen sensiblemente superior al anterior y con capacidad suficiente para abastecer tanto el mercado interno como las exportaciones. Ese es el elemento que, en condiciones normales, debería relajar las tensiones sobre los precios.
La incógnita está en cuánto aceite terminará efectivamente llegando al mercado, cómo evolucionarán las ventas exteriores, qué volumen de existencias acompañará la campaña y, sobre todo, si finalmente llega a activarse el mecanismo de retirada.
Para quien compra una botella conviene distinguir también entre precio en origen y precio en tienda. Las cotizaciones del aceite a granel pueden moverse con rapidez; el lineal responde más despacio por los contratos, los inventarios y las políticas comerciales de cada cadena. Una bajada en origen no se reproduce de un día para otro con la misma intensidad en el supermercado.
Una cosecha enorme con el precio todavía abierto
La campaña 2026/2027 empieza con una fotografía que hace apenas unos años habría parecido estupenda: más de 1,6 millones de toneladas de aceite de oliva y una Andalucía que recupera músculo productivo después de temporadas castigadas por la sequía.
Pero cantidad y precio han dejado de viajar en línea recta. El debate sobre la retirada de producción introduce una variable capaz de moderar el efecto de esa abundancia y enfrenta dos maneras de entender la estabilidad del mercado.
Para los productores, evitar un desplome puede significar salvar la rentabilidad de miles de explotaciones. Para el consumidor, retirar aceite cuando hay una gran cosecha puede resultar difícil de comprender, sobre todo si la botella no baja como cabría esperar.
La cosecha, al menos sobre el papel, viene fuerte. El precio todavía no está escrito.
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