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Noruega descubre coches chinos grabando soldados y accesos militares

Un ejercicio militar en Oslo reveló que varios coches chinos de alquiler habían grabado soldados, desplazamientos y códigos de acceso sensibles.

Publicado

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Soldado de la armada noruega

Por PRT Meymaneh - “0109”, CC BY 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Varios coches chinos grabaron soldados y accesos durante unas maniobras
  • Las cámaras registraron rutas, pasajeros y códigos de seguridad militares
  • No hay pruebas de que las grabaciones fueran enviadas a China

Unos coches de alquiler utilizados por las Fuerzas Armadas de Noruega durante un ejercicio militar grabaron y almacenaron imágenes de soldados, desplazamientos y códigos de acceso introducidos en puertas e instalaciones militares. Al menos dos de los vehículos eran de la marca china Deepal. El hallazgo se produjo durante la Operación Hovedstad, unas maniobras celebradas en septiembre para ensayar la protección del aeropuerto de Oslo y de la capital en caso de guerra.

El incidente resulta especialmente delicado porque los militares comprobaron que el material almacenado permitía reconstruir bastante más que una simple ruta en coche: aparecían quién entraba y salía del vehículo, adónde se desplazaba, qué personas recogía y cuánto tiempo permanecía en determinados lugares. Las cámaras también captaron los códigos que los soldados tecleaban para abrir puertas y barreras. No existe, sin embargo, evidencia pública de que esas grabaciones fueran enviadas a China, entregadas a terceros o utilizadas deliberadamente para espionaje. Ese matiz importa. Y mucho.

Los soldados encontraron las grabaciones dentro de los coches

La anomalía fue descubierta por los propios miembros del Heimevernet, la fuerza territorial de reserva de Noruega, mientras utilizaban los vehículos alquilados durante las maniobras. Algunos soldados comprobaron que en los coches había vídeos almacenados de la actividad desarrollada durante el ejercicio.

No fue necesario piratear el vehículo ni desmontar una centralita. El material estaba allí. Los automóviles modernos llevan cámaras exteriores, sensores, navegación por GPS y sistemas conectados capaces de generar una cantidad considerable de información. En el uso cotidiano puede servir para aparcar, evitar una colisión o recordar un recorrido; dentro de una instalación militar, la misma tecnología adquiere otra dimensión.

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Las grabaciones fueron eliminadas de los vehículos después de las maniobras. Lo que las autoridades no han podido determinar públicamente es si los archivos permanecieron únicamente almacenados de forma local o si pudieron existir copias en otros sistemas. Tampoco se ha aclarado qué función concreta de los coches inició las grabaciones ni cuál era la configuración de software utilizada.

Los coches siguieron utilizándose pese al hallazgo

Hay un detalle particularmente incómodo para las Fuerzas Armadas noruegas: después de descubrir el problema, los vehículos siguieron circulando durante el ejercicio. La razón fue bastante menos sofisticada que cualquier película de espionaje: había pocas alternativas disponibles para sustituirlos sobre la marcha.

Las maniobras estaban diseñadas precisamente para preparar la defensa de Oslo y su aeropuerto ante una hipotética situación de guerra. Es decir, los coches no estaban grabando el trayecto doméstico entre un supermercado y una vivienda, sino movimientos realizados dentro de un escenario militar sensible cuyo funcionamiento interesa proteger.

Ahí reside buena parte de la gravedad. Un código aislado puede cambiarse. Una secuencia de imágenes, movimientos, horarios, personas y accesos permite algo distinto: dibujar rutinas y patrones de seguridad. Y en un entorno militar las rutinas pueden tener tanto valor como una contraseña.

Al menos dos vehículos eran de la marca china Deepal

Las informaciones conocidas en Noruega identifican al menos dos automóviles de Deepal, fabricante chino de vehículos eléctricos perteneciente a Changan Automobile. Los coches habían llegado a las Fuerzas Armadas mediante Hertz Norge, operada en el país por First Rent A Car Norway.

Conviene separar las piezas porque la estructura empresarial se presta a confusiones. First Rent A Car Norway es la compañía que explota Hertz en Noruega y está vinculada a Volvo Cars; la cadena de propiedad de Volvo conduce a Zhejiang Geely Holding Group. Deepal, por su parte, pertenece a Changan, otro grupo automovilístico chino distinto. Que las dos conexiones sean chinas no convierte a Deepal y Geely en la misma empresa.

La organización logística de las Fuerzas Armadas firmó en 2024 un acuerdo nacional de alquiler de vehículos que se extiende desde junio de ese año hasta mayo de 2028. Su valor máximo alcanza los 350 millones de coronas noruegas. Los automóviles alquilados se utilizan no solo en tareas rutinarias, sino también en ejercicios y actividades operativas.

Noruega ya conocía el riesgo de los coches conectados

La discusión tampoco apareció de la nada. Antes de conocerse estas grabaciones, el Gobierno noruego ya había tenido que responder en el Parlamento sobre los riesgos derivados del contrato de alquiler y de los vehículos permanentemente conectados.

El ministro de Defensa, Tore Onshuus Sandvik, explicó el 28 de septiembre que el contrato de 2024 había sido sometido a una evaluación de riesgos de seguridad. La estructura de propiedad del proveedor era conocida cuando se adjudicó el acuerdo y, según esa evaluación, no se consideró que impidiera utilizar los vehículos.

La posición oficial también reconoce algo más amplio: el problema no se limita a China. Cualquier automóvil moderno con cámaras, micrófonos, GPS y otros sensores puede recopilar información sensible. Por esa razón, las instalaciones militares noruegas pueden imponer restricciones locales a vehículos y dispositivos electrónicos cuando el nivel de protección lo requiera. Algunas unidades ya obligan a dejar vehículos privados fuera de determinados recintos.

Un coche moderno también es un ordenador con ruedas

La imagen tradicional del automóvil —motor, volante, cuatro ruedas— empieza a quedarse corta. Los modelos actuales funcionan como plataformas digitales móviles. Observan el entorno mediante cámaras, calculan posiciones, registran parámetros de conducción, reciben actualizaciones y, en muchos casos, intercambian datos con sistemas externos.

Las autoridades de seguridad noruegas llevan tiempo señalando los vehículos modernos como una nueva superficie de vulnerabilidad. El riesgo no exige necesariamente una operación clandestina diseñada desde Pekín, Moscú o cualquier otra capital. A veces basta con que un dispositivo comercial recopile información que nadie consideró sensible hasta colocarlo delante de una puerta militar.

Esa diferencia es esencial para entender el episodio. Lo confirmado es que hubo grabaciones y que contenían información militar potencialmente sensible. Lo que no está demostrado es que China recibiera los vídeos, que el fabricante accediera a ellos o que existiera una operación de espionaje. Confundir ambas cosas convertiría un problema real de seguridad tecnológica en una acusación sin pruebas.

El caso llega al Parlamento noruego

El descubrimiento ha provocado nuevas preguntas parlamentarias. El diputado Himanshu Gulati, del Partido del Progreso, reclamó al ministro de Defensa explicaciones sobre la utilización de automóviles chinos en misiones militares y sobre si las medidas de seguridad existentes habían impedido que se recogieran datos sensibles durante la Operación Hovedstad.

La cuestión seguía abierta el 14 de octubre de 2026. Otro diputado, Lars Lønberg Henriksen, pidió incluso detener temporalmente el uso de vehículos vinculados a China hasta descartar que puedan compartir información sensible con autoridades extranjeras.

Hasta el momento, las Fuerzas Armadas noruegas mantienen que no existe una prohibición general de coches fabricados por empresas de determinados países. Su enfoque pasa por evaluar el riesgo de la tecnología y aplicar restricciones según la instalación, la actividad y el nivel de sensibilidad.

Es una posición que probablemente tendrá que ser revisada después de lo ocurrido. No porque cada coche chino deba considerarse un espía con matrícula, una conclusión bastante cómoda y bastante pobre, sino porque una organización militar terminó introduciendo vehículos cargados de sensores en un entorno sensible sin impedir que acabaran almacenando precisamente la información que se pretendía proteger.

El verdadero problema está en los datos que dejamos alrededor

El episodio de Noruega deja una escena casi demasiado contemporánea: soldados entrenándose para proteger un aeropuerto frente a una posible guerra mientras el coche de alquiler registra parte del ejercicio. No hizo falta una antena escondida, un agente infiltrado ni una sofisticada intrusión informática. Bastaron cámaras comerciales y una configuración que nadie detectó a tiempo.

La nacionalidad de los fabricantes seguirá alimentando el debate político, sobre todo en Europa, donde la presencia de vehículos chinos crece rápidamente. Pero el problema de fondo es más ancho. Un Tesla, un BMW, un Volvo, un Deepal o cualquier otro coche conectado puede convertirse en un sensor ambulante cuando entra en un lugar sensible.

Noruega acaba de comprobarlo de una manera bastante gráfica. Las grabaciones existieron, los códigos quedaron registrados y los vehículos circularon dentro de un ejercicio militar. No hay pruebas de que esa información acabara en manos chinas. Sí las hay de algo quizá más incómodo: la frontera entre un coche y un dispositivo de recopilación de datos se ha vuelto tan fina que, a veces, solo se descubre cuando alguien abre la carpeta de vídeos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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