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Economía

EE. UU. dispara sus exportaciones a Cuba pese a las sanciones de Trump

Estados Unidos ya exporta a Cuba más que en todo 2025: 876,5 millones de dólares en ocho meses, con el combustible como gran motor del récord.

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exportaciones a Cuba

Resumen

  • EE. UU. exportó a Cuba 876,5 millones de dólares entre enero y agosto
  • El combustible se ha convertido en uno de los grandes motores del récord
  • Las sanciones siguen vigentes, pero permiten operaciones con el sector privado

Estados Unidos está vendiendo a Cuba más mercancías que nunca en plena etapa de endurecimiento político de Washington contra La Habana. Entre enero y agosto de 2026, las exportaciones estadounidenses a la isla alcanzaron los 876,5 millones de dólares, una cifra récord que incluso supera todo lo vendido durante 2025, cuando el total anual fue de 809,6 millones. Agosto, con 202,5 millones, marcó también el mayor registro mensual de la serie.

La aparente contradicción tiene explicación. La Administración de Donald Trump mantiene y ha reforzado restricciones dirigidas al Estado cubano, sus empresas y estructuras vinculadas al aparato militar, pero al mismo tiempo permite determinadas operaciones con el sector privado cubano. El resultado es bastante peculiar: presión política por un lado, comercio estadounidense en máximos por el otro. Y en medio, un producto que ha cambiado por completo la fotografía de los intercambios: el combustible.

EE. UU. vende en ocho meses más que en todo 2025

La velocidad del crecimiento ayuda a entender la magnitud del cambio. En enero de 2026, Estados Unidos exportó bienes a Cuba por 64,9 millones de dólares. En abril fueron 91,4 millones; en junio, 117,6 millones; en julio, 148,9 millones. Agosto terminó rompiendo el techo con 202,5 millones de dólares.

Sumados los primeros ocho meses, el volumen alcanza esos 876,5 millones. Durante el mismo periodo de 2025 habían sido aproximadamente 506,2 millones, de modo que el incremento interanual del comercio total ronda realmente el 73%. A falta todavía de cuatro meses de estadísticas, 2026 ya supera en más de un 8% todo el ejercicio anterior.

Hay aquí una precisión importante. El dato del 210% difundido inicialmente en algunos titulares no corresponde al aumento interanual del conjunto de las exportaciones estadounidenses. La cifra se refiere al crecimiento de los envíos de combustible entre enero y agosto de este mismo año. Mezclar ambos porcentajes transforma una noticia sorprendente en otra distinta.

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El combustible cambia por completo el comercio con Cuba

Durante décadas, pensar en exportaciones estadounidenses a Cuba llevaba casi automáticamente a alimentos, especialmente productos agrícolas y carne. Ese dibujo está cambiando deprisa. Gasolina y otros derivados del petróleo se han convertido en una de las grandes partidas de 2026.

Las ventas estadounidenses de combustibles alcanzaron aproximadamente 231,7 millones de dólares entre enero y agosto. Solo en agosto sumaron cerca de 74,8 millones, por encima incluso del valor de los alimentos y productos agrícolas enviados durante ese mes.

El salto resulta todavía más llamativo al observar los volúmenes físicos. Los envíos de productos petrolíferos pasaron de apenas 1.000 barriles en enero a 19.000 en febrero, 190.000 en marzo, 476.000 en mayo y 778.000 en junio.

Julio llevó los envíos hasta 3,2 millones de barriles

Luego llegó julio. Estados Unidos exportó a Cuba 3,22 millones de barriles de productos petrolíferos, el mayor volumen mensual registrado en la serie disponible. En pocos meses, una corriente comercial prácticamente anecdótica se convirtió en una pieza relevante para una isla castigada por la escasez energética y los apagones.

Detrás del combustible aparecen otras partidas: donaciones y mercancías de carácter humanitario, carnes, vehículos, productos lácteos, equipos eléctricos y tecnología vinculada a la generación solar. El comercio se ha diversificado. También se ha hecho mucho más difícil de resumir con la vieja imagen de un embargo que simplemente impide comprar productos estadounidenses.

Por qué el embargo permite estas exportaciones

El embargo continúa existiendo, pero nunca ha significado una prohibición absoluta de cualquier mercancía estadounidense destinada a Cuba. Hay licencias, excepciones y categorías autorizadas, algunas de ellas vinculadas históricamente a alimentos, medicinas y necesidades humanitarias.

En 2026 se abrió además una vía especialmente relevante. La normativa estadounidense contempla que determinados productos de gas y petróleo de origen estadounidense puedan exportarse bajo la excepción conocida como Support for the Cuban People, siempre que tengan como destinatarios entidades privadas cubanas elegibles o consumidores particulares y se cumplan las condiciones establecidas por Washington.

Ahí está buena parte de la explicación. Trump puede reforzar simultáneamente la presión contra las estructuras estatales cubanas y permitir que empresas estadounidenses vendan combustible a actores privados de la isla. Parece una contradicción solo hasta que se observa a quién intenta cerrar la puerta Washington y a quién pretende dejársela entreabierta.

El propio marco financiero se ha endurecido. Desde marzo, la excepción estadounidense dejó de estar disponible para determinadas operaciones que implicasen depositar fondos extranjeros en bancos propiedad del Estado cubano, precisamente por el riesgo señalado por Washington de beneficiar al Gobierno, sus Fuerzas Armadas o los servicios de inteligencia.

Trump aprieta al Estado cubano, pero protege el canal privado

La política estadounidense hacia Cuba durante 2026 ha sido cualquier cosa menos una relajación general. En enero, Trump declaró una emergencia nacional relacionada con el Gobierno cubano y planteó un mecanismo para castigar mediante aranceles a países que suministrasen petróleo a la isla. La parte arancelaria de aquella medida dejó posteriormente de estar en vigor en febrero, aunque la emergencia y otras acciones asociadas permanecieron.

Más tarde, en junio, Washington sancionó a Unión Cuba-Petróleo (Cupet), la gran empresa petrolera estatal cubana. Y desde el 30 de septiembre amplió también el alcance de las restricciones sobre transacciones directas e indirectas con entidades incluidas en la Cuba Restricted List, vinculadas a los servicios militares, de inteligencia o seguridad.

El mensaje político de Washington es bastante transparente: dificultar al máximo el acceso del Estado cubano a divisas, combustible y circuitos financieros mientras se intenta mantener una vía comercial para empresas privadas y ciudadanos.

El problema empieza cuando esa frontera, tan limpia sobre un documento oficial, llega a las calles de Cuba.

La gran duda es quién acaba usando el combustible

El desarrollo del sector privado cubano ha creado nuevos importadores capaces de adquirir mercancías directamente en Estados Unidos. Pero la economía de la isla sigue profundamente entrelazada con infraestructuras estatales: puertos, almacenamiento, distribución energética, bancos, estaciones de servicio. Separar con bisturí ambas esferas no siempre resulta sencillo.

De ahí la vigilancia estadounidense sobre el destino final de determinadas operaciones. A comienzos de octubre, las autoridades de Estados Unidos anunciaron la incautación de 90 cargamentos de biodiésel, valorados en cerca de tres millones de dólares, que según Washington iban dirigidos a una empresa energética estatal cubana sancionada. El Gobierno cubano negó posteriormente haber contratado esos envíos.

Ese episodio muestra el punto débil del modelo. Autorizar combustible para empresas privadas es relativamente sencillo sobre el papel; garantizar que ni el producto ni los ingresos asociados terminan beneficiando de alguna forma a estructuras estatales resulta bastante más complicado.

Washington sostiene que su política busca favorecer a empresarios independientes y particulares frente al Estado. La Habana, por su parte, denuncia desde hace décadas que las sanciones estadounidenses asfixian al conjunto de la economía. Entre ambas posiciones hay una realidad menos elegante: los circuitos público y privado cubanos se rozan constantemente, y en ocasiones se superponen.

Cuba compra más mientras sigue viviendo entre apagones

El récord comercial tampoco significa que la crisis energética cubana haya desaparecido. La isla continúa sufriendo escasez de combustible, alimentos y medicamentos, junto con cortes eléctricos frecuentes. La entrada de millones de barriles estadounidenses alivia una parte del problema, pero no recompone por sí sola un sistema eléctrico envejecido ni sustituye todos los suministros que Cuba ha perdido o visto reducirse desde otros países.

La ironía resulta difícil de ignorar. Estados Unidos mantiene uno de los entramados de sanciones más antiguos del mundo contra Cuba y, al mismo tiempo, está camino de registrar su mayor año exportador hacia la isla desde que existen las actuales estadísticas comerciales.

No es que el embargo haya desaparecido. Ha cambiado el terreno sobre el que opera. Washington intenta cerrar las tuberías que conducen al Estado cubano mientras abre otras hacia consumidores y empresas privadas; La Habana necesita importaciones casi venga de donde venga el barco. En ese estrecho pasillo comercial, los negocios estadounidenses han encontrado un mercado enorme.

Una relación económica mucho menos simple de lo que parece

Los 876,5 millones de dólares acumulados hasta agosto desmontan una idea demasiado cómoda: sanciones y comercio no son necesariamente fuerzas opuestas. En el caso cubano de 2026, pueden crecer al mismo tiempo porque no apuntan exactamente a los mismos actores.

Estados Unidos está presionando al Gobierno de Cuba, sancionando empresas estatales y restringiendo operaciones financieras, mientras sus compañías venden cantidades récord de combustible, alimentos, vehículos y otros bienes permitidos. La política se endurece; el intercambio comercial también engorda.

Y esa es la fotografía más reveladora: seis décadas después del comienzo del embargo, la relación económica entre Washington y La Habana sigue llena de puertas cerradas. Pero algunas, por estrechas que parezcan, están moviendo cientos de millones de dólares.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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