Economía
Red Eléctrica activa el SRAD dos veces y moviliza toda su reserva
Red Eléctrica activó dos veces el SRAD en 18 minutos y llegó a movilizar 1.775 MW, toda la reserva contratada, para estabilizar la red española
Resumen
- Red Eléctrica activó dos veces el SRAD en solo 18 minutos
- La segunda orden movilizó los 1.775 MW disponibles
- No hubo apagón: el mecanismo se usó para reforzar la seguridad de la red
Red Eléctrica recurrió este martes 6 de octubre en dos ocasiones, separadas por apenas 18 minutos, al Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, el SRAD, el mecanismo que permite reducir temporalmente el consumo de grandes usuarios cuando el sistema necesita recuperar margen de seguridad. La primera activación, alrededor de las 19:30 horas, alcanzó 843 MW; la segunda, a las 19:48, movilizó 1.775 MW, toda la potencia adjudicada actualmente al servicio.
La intervención fue importante, pero conviene medir bien las palabras: activar el SRAD no significa que España estuviera a segundos de sufrir un apagón. Precisamente existe para evitar que un desequilibrio entre generación, demanda y reservas escale hasta convertirse en un problema de suministro. Lo excepcional esta vez no es tanto que se utilizara, sino la intensidad y la frecuencia con que Red Eléctrica está recurriendo a una herramienta concebida para situaciones puntuales.
Dos activaciones de Red Eléctrica en apenas 18 minutos
La primera orden llegó sobre las 19:30. Red Eléctrica solicitó una reducción de 843 megavatios de demanda. Poco después, a las 19:48, el volumen requerido alcanzó los 1.775 MW, equivalente a la totalidad de la capacidad SRAD contratada para este segundo semestre de 2026. No hubo un apagón general ni cortes domésticos asociados a la actuación: fueron consumidores adheridos voluntariamente al mecanismo quienes redujeron su demanda.
Dicho de una forma menos eléctrica y más de andar por casa: cuando el margen se estrecha, el operador puede pedir a determinadas industrias y otros participantes que dejen de consumir una parte de la electricidad que tenían previsto utilizar. Esa demanda desaparece durante un tiempo y el sistema gana aire. Una especie de válvula de alivio, aunque detrás haya algoritmos, mercados de balance y bastante más cobre del que sugiere la metáfora.
Red Eléctrica había adjudicado para el periodo comprendido entre julio y diciembre 1.775 MW de potencia SRAD, frente a los 1.725 MW disponibles durante el primer semestre. La cantidad contratada representa aproximadamente el 76% de los 2.339 MW que el operador había considerado necesarios en la convocatoria.
Qué es exactamente el SRAD y para qué sirve
El Servicio de Respuesta Activa de la Demanda funciona desde 2022 y forma parte de los mecanismos de balance del sistema eléctrico peninsular. Es voluntario y retribuido: los consumidores que participan cobran por mantener determinada potencia disponible para reducir su consumo cuando Red Eléctrica se lo solicita.
No se activa porque falte físicamente electricidad en todo el país. Su función técnica es más precisa. Entra en juego cuando el operador detecta una insuficiencia de reserva de regulación terciaria a subir, es decir, cuando necesita capacidad adicional para responder con rapidez a desviaciones entre lo que se esperaba generar y consumir y lo que realmente está ocurriendo en la red. La normativa establece actualmente un tiempo de activación de 12,5 minutos.
Ese matiz importa. En una red eléctrica, generación y consumo tienen que permanecer equilibrados prácticamente instante a instante. Si cae de repente la producción eólica, una central queda indisponible o la demanda se separa de lo previsto, alguien tiene que cubrir la diferencia. Puede hacerse aumentando generación disponible, usando almacenamiento, modificando intercambios o, como en este caso, mediante una reducción temporal del consumo.
El dato que llama la atención es la frecuencia
Una activación aislada del SRAD entra dentro de la caja de herramientas normal del operador. Lo que llama la atención en 2026 es cuántas veces está siendo necesario abrir esa caja.
El mecanismo ya se utilizó el 28 de enero y volvió a adquirir protagonismo durante el verano. Hubo actuaciones el 15 y 22 de julio, 11 y 20 de agosto, 4 y 28 de septiembre, antes de las nuevas órdenes del 6 de octubre. Varias jornadas incluyeron activaciones escalonadas. En 2024 se había recurrido al SRAD cuatro veces y durante 2025 no fue necesario activarlo.
El 28 de septiembre, apenas ocho días antes del episodio más reciente, Red Eléctrica movilizó 943 MW, aproximadamente el 53% de la capacidad contratada para este semestre. Entonces volvieron a coincidir desviaciones de generación respecto a las previsiones y necesidad de reforzar las reservas. Esta vez se ha llegado hasta el máximo contratado.
No significa que el sistema eléctrico español esté permanentemente al borde del colapso. Sí revela que la gestión en determinados momentos es más exigente, especialmente cuando varias variables se desvían al mismo tiempo. Y eso convierte un mecanismo técnico desconocido para casi todo el mundo hace unos años en un invitado cada vez menos ocasional.
La sombra del apagón del 28 de abril sigue presente
Cualquier incidente en la red española se lee inevitablemente bajo la luz —o, mejor dicho, la oscuridad— del apagón del 28 de abril de 2025, cuando el sistema peninsular sufrió un cero eléctrico de una magnitud inédita. Desde entonces, Red Eléctrica opera con medidas reforzadas y el debate sobre reservas, control de tensión, generación síncrona y estabilidad ha abandonado los despachos técnicos para entrar en la conversación pública.
Tras aquel episodio se implantó una denominada programación reforzada, que implica disponer de mayores recursos para mantener la seguridad de la operación. Red Eléctrica cifra su coste en menos de 275 millones de euros entre enero y septiembre de 2026, aproximadamente dos céntimos diarios para un consumidor medio acogido al PVPC, según sus propios cálculos.
Los servicios de ajuste en conjunto tienen un peso mucho mayor. Entre enero y septiembre sumaron 4.219 millones de euros, incluyendo restricciones técnicas, SRAD y reserva de regulación secundaria. Red Eléctrica sostiene que no deben considerarse un simple sobrecoste, sino parte del funcionamiento ordinario de un sistema que ha cambiado mucho con la entrada masiva de renovables y autoconsumo.
Más renovables, pero también una red más compleja
España ha incorporado en pocos años decenas de gigavatios de generación renovable. Es electricidad más limpia y, muchas horas, también más barata. Pero sol y viento no obedecen a un interruptor. La producción puede separarse rápidamente de la previsión y obliga a disponer de flexibilidad, almacenamiento y reservas suficientes.
El problema no son las renovables por sí mismas, simplificación bastante cómoda pero técnicamente pobre. Una red moderna tiene que combinar generación variable, centrales gestionables, baterías, bombeo e interconexiones, respuesta de la demanda y una infraestructura de transporte capaz de mover la energía donde hace falta.
De ahí que reducir consumo industrial durante unos minutos o unas horas pueda ser tan útil como arrancar generación adicional. El consumidor deja de ser una figura pasiva al final del cable y se convierte, cuando está preparado para ello, en otro instrumento para estabilizar la red.
Las empresas cobran por estar disponibles y reducir consumo
El SRAD tampoco consiste en ordenar unilateralmente a las fábricas que apaguen máquinas. Las empresas y consumidores participantes se presentan voluntariamente y reciben una remuneración por reservar potencia para el sistema.
En la subasta correspondiente al segundo semestre de 2026, el precio marginal quedó fijado en 42,62 euros por MW y hora de disponibilidad. Cuando el servicio se activa, la energía efectivamente reducida recibe además la remuneración vinculada a la regulación terciaria del momento.
Desde 2026 pueden participar también instalaciones de menor tamaño de forma agregada, siempre que conjuntamente alcancen el mínimo exigido. Es una evolución relevante: la flexibilidad de la demanda deja de estar reservada exclusivamente a unas pocas grandes industrias y puede incorporar grupos de consumidores capaces de comportarse, a efectos del sistema, como un único bloque.
España no sufrió otro apagón, pero el episodio merece atención
Lo sucedido el 6 de octubre no fue un nuevo apagón ni demuestra por sí solo que uno fuese inminente. El mecanismo funcionó precisamente como protección: Red Eléctrica detectó la necesidad de aumentar su margen operativo y redujo demanda contratada para hacerlo.
Pero tampoco sería sensato despacharlo como una anécdota técnica. Dos actuaciones en 18 minutos y el uso de toda la potencia SRAD disponible llegan después de varios episodios similares durante el verano y comienzos del otoño. Ahí está la noticia.
La red española continúa funcionando y dispone de herramientas para absorber desviaciones. Lo que está cambiando es la frecuencia con la que algunas de esas herramientas deben intervenir. En electricidad, el éxito casi siempre resulta poco cinematográfico: que no ocurra nada, que las luces sigan encendidas y que millones de personas ni siquiera sepan que, durante unos minutos de la tarde, el sistema tuvo que tirar con fuerza de uno de sus cinturones de seguridad.
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