Tecnología
Ubuntu 26.10 ya disponible con GNOME 51, Linux 7.3 y más seguridad
Ubuntu 26.10 renueva el escritorio con GNOME 51 y Linux 7.3, refuerza la seguridad y mejora el soporte para equipos y hardware más recientes.
Resumen
- Ubuntu 26.10 llega con GNOME 51, Linux 7.3 y nueve meses de soporte
- Refuerza la seguridad con Rust, TPM y criptografía poscuántica
- Myna añade dictado local y el soporte de hardware da otro salto
Ubuntu 26.10 ya está disponible desde este 15 de octubre de 2026. La nueva versión del sistema operativo de Canonical, bautizada como Stonking Stingray, llega con GNOME 51, el kernel Linux 7.3, mejoras importantes en seguridad y cifrado, una tienda de aplicaciones más coherente y el estreno de Myna, un sistema de dictado que procesa la voz directamente en el ordenador. Es una versión intermedia, no LTS, y tendrá nueve meses de soporte, hasta julio de 2027.
Hay, sin embargo, un detalle técnico poco habitual que conviene dejar claro desde el principio: Ubuntu 26.10 incorpora Linux 7.3, pero la imagen publicada utiliza el kernel 7.3.0-9.9 basado en Linux 7.3-rc6, porque la versión estable definitiva del kernel todavía no había sido publicada cuando Canonical cerró la distribución. Las actualizaciones llevarán posteriormente el sistema a la rama estable. No es una beta de Ubuntu, pero sí una fotografía muy reciente —casi húmeda de imprenta— del desarrollo del kernel.
GNOME 51 cambia más cosas de las que se ven a primera vista
La cara visible de Ubuntu 26.10 es GNOME 51, una actualización que no pretende rediseñar el escritorio de arriba abajo, sino limar pequeñas asperezas. Y eso, para un sistema que millones de personas utilizan para trabajar, suele ser bastante más importante que mover tres iconos y cambiarles el color.
La gestión gráfica recibe ajustes para ofrecer animaciones más fluidas bajo carga, recordar el brillo de los monitores después de reinicios y cambios HDR y organizar mejor configuraciones con varias pantallas. Los ajustes del sistema incorporan bloqueo de orientación, rotación automática en dispositivos compatibles, una opción para desconectar el panel táctil al utilizar un ratón y una interfaz mejorada para registrar huellas dactilares.
También se han retocado aplicaciones cotidianas. El gestor de archivos muestra cuántos elementos se están arrastrando y responde mejor en determinadas operaciones; Calendar reduce el consumo de datos durante la sincronización; el visor de documentos Papers permite añadir firmas visuales a los PDF, aunque son anotaciones gráficas y no firmas criptográficas capaces de certificar la autenticidad de un documento.
Una de las novedades más visibles aparece al mover ventanas. Ubuntu incorpora un nuevo selector de distribuciones en mosaico: al arrastrar una ventana hacia la zona superior aparecen distintas configuraciones para repartir rápidamente el espacio de pantalla. Algo parecido a lo que otros escritorios llevan tiempo explotando y que aquí llega integrado de forma bastante natural.
App Center acerca los paquetes Snap y DEB
Canonical también ha trabajado en uno de los puntos tradicionalmente más confusos para el usuario menos técnico: instalar programas. El App Center reúne en una misma ficha información de aplicaciones disponibles como paquetes Snap y DEB, mostrando editor, permisos, versión, tamaño, valoraciones y otros datos antes de instalar.
La tienda añade además una sección específica para controladores gráficos, incluidos los distintos drivers de NVIDIA cuando el equipo los necesita. Los códecs multimedia que falten para reproducir determinados archivos también pueden instalarse bajo demanda desde la propia interfaz. Es una mejora pequeña sobre el papel, pero evita ese clásico viaje por menús y terminales que durante años hizo que reproducir un vídeo concreto en Linux pareciera, a ratos, una oposición administrativa.
Linux 7.3 amplía el soporte para el hardware más reciente
Debajo del escritorio, Ubuntu 26.10 apuesta por Linux 7.3 para acelerar la compatibilidad con plataformas recientes. Canonical destaca avances para nuevo hardware de Intel, AMD y NVIDIA y un soporte inicial ampliado para ordenadores basados en Snapdragon, incluidos equipos con Snapdragon X2 Elite.
La distribución incorpora compatibilidad mejorada con diferentes portátiles Snapdragon X Elite y X Plus, incluidas cámaras integradas que hasta hace poco podían convertirse en una pieza decorativa bajo Linux. También aparecen cambios en sistemas de archivos, administración de memoria, gráficos y virtualización. El kernel suma mejoras de endurecimiento en mecanismos como Landlock y AppArmor, junto con SELinux, Smack y correcciones relacionadas con TPM y el verificador BPF.
No todo está pulido. Las notas de lanzamiento reconocen problemas conocidos con algunos adaptadores Intel Wi-Fi 6E AX211, cámaras Intel IPU6 e IPU7 y determinados portátiles Snapdragon X2 Elite, donde una regresión puede incluso impedir que funcione correctamente el teclado integrado. Es precisamente la contrapartida de instalar una versión intermedia recién salida: hardware nuevo, software nuevo y alguna esquina todavía con la pintura fresca.
Ubuntu 26.10 estrena además una imagen específica amd64v3, optimizada para procesadores x86-64 relativamente modernos, y lleva por primera vez imágenes oficiales de escritorio a determinadas plataformas RISC-V. Esta última arquitectura sigue claramente en terreno experimental para escritorio, pero el movimiento es significativo: RISC-V empieza a abandonar el laboratorio para acercarse poco a poco a máquinas de uso convencional.
Más seguridad con Rust, TPM y criptografía poscuántica
El apartado más profundo de Ubuntu 26.10 quizá no esté en el escritorio sino mucho más abajo. Canonical ha completado la migración de las utilidades básicas del sistema hacia uutils coreutils escritos en Rust. Ubuntu 26.04 LTS ya había realizado buena parte del cambio, pero conservaba implementaciones GNU para comandos fundamentales como cp, mv y rm. En 26.10 también esos comandos pasan al nuevo conjunto.
Rust no convierte mágicamente un programa en invulnerable. Su ventaja está en impedir por diseño determinadas clases de errores de memoria, entre ellas accesos fuera de límites o ciertos fallos use-after-free. Son problemas especialmente delicados cuando aparecen en herramientas que operan continuamente sobre archivos y pueden ejecutarse con privilegios elevados.
La distribución incorpora asimismo OpenSSL 4.0 y OpenSSH 10.5, prolongando el trabajo iniciado para preparar comunicaciones y firmas ante futuros ataques basados en computación cuántica. Los algoritmos poscuánticos no responden a una amenaza cotidiana para el usuario doméstico de 2026, pero sí a una preocupación bastante concreta: información cifrada y almacenada en el presente podría conservarse durante años a la espera de disponer de máquinas capaces de romper los algoritmos utilizados originalmente.
Ubuntu 26.10 introduce además verificación de firmas de repositorios APT mediante Sequoia PGP, desarrollado en Rust, dentro de la transición hacia firmas de paquetes preparadas para criptografía poscuántica. Paralelamente se amplía el soporte de cifrado completo del disco respaldado por TPM, incluso en ordenadores sin una raíz de confianza de hardware; en esos casos se exige un PIN o una frase de contraseña para mantener protección frente a manipulaciones del firmware.
Un GRUB más pequeño reduce la superficie de ataque
Hay otro cambio menos vistoso, pero importante para instalaciones poco convencionales. Canonical ha reducido los componentes incluidos en la versión firmada de GRUB utilizada con Secure Boot. Cuantos menos parsers y formatos se procesan antes de arrancar el kernel, menor es, en principio, la superficie disponible para explotar vulnerabilidades durante una fase especialmente sensible del arranque.
La contrapartida es que algunas configuraciones de /boot dejan de estar contempladas dentro de esa ruta firmada. Se mantiene soporte para ext4, FAT e ISO9660, pero desaparecen determinados controladores y escenarios menos habituales de la compilación firmada. Los usuarios con arranques personalizados, cifrado de /boot, RAID complejo o sistemas de archivos poco comunes tienen más motivos que el resto para revisar la compatibilidad antes de actualizar.
Myna lleva el dictado al escritorio sin enviar el audio a la nube
Ubuntu 26.10 sirve también de escaparate para Myna, el proyecto de reconocimiento de voz de Canonical. Su funcionamiento es sencillo: se configura una tecla, se mantiene pulsada, se habla y el texto aparece en la aplicación que tenga el foco.
Lo interesante está detrás. El reconocimiento se ejecuta localmente en el equipo y, una vez descargado el modelo necesario, no requiere conexión a internet para transcribir. El audio se procesa en memoria y no se envía a un servicio remoto. El proyecto admite motores como Parakeet, Whisper y FunASR, con distintos requisitos de hardware y cobertura de idiomas.
Conviene no confundir estreno con madurez: Myna es todavía una vista previa tecnológica y no viene preinstalado. Canonical lo plantea como uno de los primeros pasos de una integración más profunda entre inteligencia artificial, accesibilidad y escritorio, con la intención de seguir desarrollándolo durante los próximos ciclos. La prudencia aquí no sobra; convertir cada menú en una excusa para meter un chatbot tampoco habría sido precisamente una revolución industrial.
Ubuntu 26.10 frente a 26.04 LTS: para quién compensa el salto
Ubuntu 26.10 es una versión intermedia. Se publicó el 15 de octubre de 2026 y recibirá actualizaciones durante nueve meses, hasta julio de 2027. Ubuntu 26.04, en cambio, es una edición LTS y mantiene un ciclo de soporte mucho más largo. Son productos destinados a perfiles distintos y esa diferencia pesa más que cualquier novedad vistosa.
Para quien necesita GNOME 51, compatibilidad con hardware muy reciente, Linux 7.3, las nuevas optimizaciones amd64v3 o quiere seguir de cerca los cambios técnicos que acabarán madurando en futuras versiones de Ubuntu, 26.10 es la edición más avanzada disponible. Para un ordenador de trabajo donde prima la estabilidad durante años, Ubuntu 26.04 LTS continúa teniendo una lógica evidente.
Hay además una excepción relevante: en el momento del lanzamiento, los sistemas Ubuntu 26.04 que utilizan determinado cifrado completo de disco respaldado por TPM no pueden actualizar directamente a 26.10 mediante el mecanismo previsto. Canonical espera habilitar esa posibilidad durante el ciclo de vida de la nueva versión.
Ubuntu 26.10 no obliga a reaprender dónde está cada botón. El escritorio sigue siendo reconocible. El cambio relevante ocurre un poco más abajo: más código en Rust, un arranque endurecido, criptografía renovada, mejor protección del disco y un kernel extremadamente reciente, acompañado de un GNOME más afinado y de una gestión de aplicaciones algo menos fragmentada.
Es también una edición deliberadamente de transición. Canonical utiliza estas versiones de nueve meses para introducir tecnologías que después pueden llegar con mayor recorrido a las ediciones LTS. Stonking Stingray encaja perfectamente en ese papel: trae novedades suficientes para interesar a quien quiere lo último de Ubuntu, pero conserva el pequeño cartel invisible de toda versión intermedia recién estrenada: innovación delante, estabilidad a largo plazo detrás.
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