Cultura
«La bola negra» amenaza el dominio de «La odisea» en los Oscar 2027
La película de Los Javis entra de lleno en la carrera al Oscar tras Cannes y Toronto, aunque «La odisea» de Nolan continúa como gran favorita.
Resumen
- «La bola negra» irrumpe como rival serio de «La odisea» en los Oscar
- Los Javis llegan reforzados por Cannes, Toronto y la apuesta de Netflix
- Nolan sigue favorito, pero la película española ya altera las quinielas
La carrera por el Oscar a mejor película parecía diseñada para que Christopher Nolan avanzara con la tranquilidad de quien lleva un cíclope de guardaespaldas. «La odisea», su monumental adaptación de Homero, conserva la condición de favorita después de superar los 1.780 millones de dólares en taquilla mundial, convertirse en la película más lucrativa de la historia de Universal y firmar el mayor éxito comercial de la filmografía del director. Pero en ese trayecto aparentemente despejado ha aparecido una piedra española bastante incómoda: «La bola negra».
La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, Los Javis, ha pasado en pocos meses de ser una de las grandes apuestas del cine español a instalarse en las quinielas estadounidenses como una candidata capaz de discutir el premio principal. Variety la ha colocado entre las películas con argumentos para alterar el guion previsto de los Oscar 2027. No significa que haya adelantado a «La odisea», ni mucho menos. Significa algo quizá más interesante en octubre: Hollywood ha empezado a tomársela muy en serio.
Conviene colocar las palabras en su sitio. A 16 de octubre de 2026 todavía no existen nominaciones a los Oscar. La Academia anunciará los candidatos el 21 de enero de 2027 y entregará las estatuillas el 14 de marzo. Estamos en esa larga fase previa de festivales, estrenos, pases para académicos, crítica y campañas donde una película puede pasar de fenómeno local a aspirante internacional. «La bola negra» está recorriendo ese camino con una velocidad difícil de ignorar.
De Cannes a Toronto: la sorpresa dejó de ser una sorpresa
El primer aviso serio llegó en mayo. «La bola negra» compitió en el Festival de Cannes y Calvo y Ambrossi salieron de allí con el premio a mejor dirección, concedido ex aequo. No era un reconocimiento ornamental ni una palmadita amable al cine español: el filme había conseguido entrar por la puerta grande en uno de los escaparates más influyentes de la industria cinematográfica mundial.
Después llegó Toronto. Y ahí cambió la temperatura. «La bola negra» ganó el People’s Choice Award del Festival Internacional de Cine de Toronto, uno de esos galardones que cada otoño se miran en Hollywood con una atención casi bursátil. La película se convirtió además en la primera cinta de habla no inglesa desde 2011 en conquistar el principal premio del público del festival.
Toronto no entrega billetes directos hacia el Dolby Theatre, claro. Pero su historial explica la expectación: 14 de los 16 ganadores anteriores del premio del público terminaron nominados al Oscar a mejor película y cuatro acabaron ganándolo. No es magia, sino una señal bastante útil. El premio mide algo que una buena campaña publicitaria puede estimular, pero difícilmente fabricar desde cero: la conexión con espectadores muy diferentes entre sí.
Una película española con escala de gran producción
«La bola negra» tampoco se limita a cumplir el expediente del llamado cine de prestigio. Su historia atraviesa 1932, 1937 y 2017 para conectar las vidas de tres hombres marcados por el deseo, la exclusión, la memoria familiar y una España quebrada por la Guerra Civil y sus largas sombras posteriores. Federico García Lorca funciona como una presencia intelectual y emocional, con ecos de su obra inacabada y de «La piedra oscura», de Alberto Conejero.
El reparto combina nombres con reconocimiento internacional como Penélope Cruz y Glenn Close con Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes y Lola Dueñas. La fotografía de Gris Jordana, rodada en 35 milímetros, utiliza lenguajes visuales distintos para las tres épocas. Hay ambición formal, reconstrucción histórica y músculo cinematográfico, pero la película procura no convertirse en un museo de sí misma.
Ahí empieza a entenderse la comparación con Nolan. «La odisea» despliega ejércitos, mitología, grandes estrellas y un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares; «La bola negra» se habría levantado por alrededor de 15 millones. Una convierte el espectáculo en escala industrial. La otra intenta alcanzar una dimensión épica desde los cuerpos, la memoria, el deseo y todo aquello que una sociedad prefirió callar. Dos películas grandes. Solo que por caminos casi opuestos.
«La odisea» sigue siendo la película que hay que derrotar
Conviene no dejarse arrastrar por el entusiasmo patrio. Christopher Nolan continúa por delante en buena parte de los pronósticos. Su película no solo ha funcionado entre crítica y público: su recaudación mundial ronda los 1.800 millones de dólares y ha roto el techo histórico de Universal. Eso significa espectadores, prestigio, conversación cultural, una industria satisfecha y recursos de sobra para sostener una campaña de premios durante meses.
«La odisea» parte además con una posición formidable en terrenos especialmente queridos por la Academia: fotografía, montaje, sonido, diseño de producción, vestuario y efectos. Nolan llega con un espectáculo técnicamente descomunal y con la credibilidad adicional de haber convertido una adaptación de Homero en un acontecimiento popular. El barco, por decirlo suavemente, viene bien cargado.
Pero ser favorito en octubre tiene también su lado ingrato. A partir de ahí cada competidora nueva se compara contigo, cada premio perdido parece una grieta y cada victoria simplemente confirma aquello que todos daban por supuesto. «La bola negra» dispone de una ventaja psicológica bastante cómoda: todavía puede sorprender, mientras que a «La odisea» prácticamente se le exige ganar.
El presupuesto no cuenta toda la historia
La diferencia económica entre ambas producciones ha alimentado precisamente parte del interés estadounidense. «La bola negra» juega con una fracción del dinero de Nolan y, sin embargo, empieza a aparecer en las mismas conversaciones sobre mejor película y dirección, además de categorías de guion y apartados técnicos.
No es exactamente David contra Goliat. Detrás de su lanzamiento estadounidense está Netflix, una compañía a la que resultaría algo atrevido confundir con un pastor armado únicamente con una honda. Pero cinematográficamente la comparación tiene sentido: la película española reúne guerra, reconstrucción de época, música, romance y varias décadas de historia sin disponer de una maquinaria económica remotamente similar.
Ese contraste puede convertirse en parte de su atractivo durante la temporada de premios. La Academia ha demostrado muchas veces que el tamaño de una producción ayuda, pero no decide por sí solo. Una película necesita también generar la sensación de que representa algo singular dentro de su año. Cannes y Toronto han colocado a «La bola negra» precisamente ahí.
Netflix mueve ficha para conseguir el Oscar que se le resiste
Hay otra señal difícil de pasar por alto. Netflix ha preparado para «La bola negra» una ventana cinematográfica excepcionalmente larga para los estándares de la plataforma antes de su llegada al streaming. La estrategia estadounidense contempla cerca de siete semanas de recorrido exclusivo por salas, una decisión que habla tanto del potencial comercial de la película como de la importancia que la compañía concede a su campaña de premios.
La situación tiene una ironía bastante sabrosa. Una empresa que ayudó a dinamitar las viejas reglas entre cine y televisión descubre, cuando aparece una estatuilla importante en el horizonte, las virtudes románticas de una sala oscura, una pantalla enorme y varias semanas de taquilla. Hollywood cambia mucho, aunque a veces termina regresando al mismo vestíbulo.
La apuesta tiene lógica. Netflix acumula años de nominaciones y victorias individuales, pero sigue persiguiendo el Oscar a mejor película. «Roma», «El irlandés», «Mank» o «El poder del perro» se acercaron al gran trofeo sin rematar la operación. Que una producción española reciba ahora este tratamiento indica dónde la plataforma cree que puede estar una de sus mejores oportunidades de la temporada.
El recorrido estadounidense servirá también para comprobar algo que los festivales no pueden resolver del todo: hasta dónde llega el fenómeno fuera del público cinéfilo. Toronto demostró que la película conecta. Las salas dirán si consigue mantener conversación, asistencia y presencia cultural durante un otoño abarrotado de aspirantes a premios.
España juega dos carreras distintas hacia los Oscar
«La bola negra» tiene además una particularidad importante. La Academia de Cine la eligió el 16 de septiembre para representar a España en la categoría de mejor película internacional, por delante de «Los domingos», de Alauda Ruiz de Azúa, y «El ser querido», de Rodrigo Sorogoyen. Es el camino oficial de España hacia esa categoría, aunque todavía tendrá que superar las sucesivas cribas de la Academia de Hollywood.
Ese recorrido no impide que la película compita paralelamente por mejor película, dirección, guion, interpretación o apartados técnicos. Son carreras distintas. Una depende de la selección española y de las reglas de película internacional; la otra coloca al filme frente al conjunto de producciones elegibles de la temporada.
Ahí reside buena parte de lo extraordinario de su campaña. España no está enviando únicamente una película con posibilidades en la categoría internacional. Está enviando una obra que aparece simultáneamente en conversaciones sobre el premio principal de los Oscar. Todavía queda mucha temporada para separar candidaturas resistentes de entusiasmos otoñales, pero esa doble condición ya modifica el lugar desde el que compite.
El obstáculo histórico, por supuesto, es enorme. Ganar el Oscar principal con una película rodada mayoritariamente en una lengua distinta del inglés continúa siendo una rareza monumental. «Parásitos» derribó esa pared en 2020 y demostró que podía hacerse. Que una producción española entre seriamente en ese territorio significa, al menos, escapar del viejo cajón de «cine internacional» donde Hollywood guardó durante décadas buena parte de las películas que llegaban desde fuera de Estados Unidos.
Por qué «La bola negra» puede complicarle la noche a Nolan
Los premios no se deciden sumando casillas, pero «La bola negra» empieza a reunir unas cuantas especialmente valiosas: prestigio en Cannes, respaldo popular en Toronto, candidatura española y una potente distribución estadounidense. A eso se suma un relato creativo muy reconocible, el de dos directores que han llevado una historia profundamente vinculada a España hasta el centro de la conversación cinematográfica internacional.
También juega con un elemento difícil de medir. La temporada de premios necesita relatos nuevos. Nolan acaba de dominar los Oscar con «Oppenheimer» y su regreso con otra superproducción gigantesca ofrece una narrativa evidente: un cineasta en plena cima intentando repetir hazaña. «La bola negra», en cambio, representa la irrupción inesperada, el filme mucho más pequeño que empieza a ocupar una habitación diseñada para gigantes. Esa diferencia importa, aunque nadie entregue estatuillas por simpatía narrativa.
El desafío para Los Javis será sostener esa energía durante meses. El entusiasmo de un festival puede evaporarse rápidamente cuando aparecen nuevas películas, asociaciones de críticos, sindicatos, Globos de Oro y BAFTA. Las campañas de los Oscar son maratones donde octubre suele fabricar favoritos que febrero contempla con cierta melancolía.
«La odisea», por su parte, dispone de algo que ningún competidor puede copiar: un éxito comercial de dimensiones extraordinarias unido a una recepción crítica capaz de mantenerla en las categorías artísticas. Ese equilibrio entre taquilla y prestigio es quizá su mejor argumento. Si Nolan conserva esa combinación cuando empiecen las votaciones, seguirá siendo enormemente difícil de desplazar.
El favorito ya tiene compañía
«La bola negra» no ha destronado a «La odisea». Nolan sigue siendo el favorito y su película posee una combinación casi intimidatoria de prestigio, taquilla, espectacularidad y capacidad para acumular nominaciones. Presentar la carrera como si el filme de Los Javis estuviera a medio paso del Oscar sería confundir una temporada de premios con una carrera de cien metros.
Lo nuevo es otra cosa. Una película española, hablada mayoritariamente en castellano, construida alrededor de la memoria, el deseo, la Guerra Civil y la sombra de Lorca, ha conseguido entrar en el pequeño grupo de títulos a los que Hollywood concede posibilidades reales de alterar una victoria que parecía escrita con demasiada antelación. Cannes le dio prestigio; Toronto, público; España, su candidatura internacional; Netflix, una campaña de primer nivel.
El calendario pondrá pronto límites a cualquier euforia. Las listas cortas de los Oscar se anunciarán el 15 de diciembre, las nominaciones llegarán el 21 de enero y las estatuillas se entregarán el 14 de marzo de 2027. Entre medias habrá suficientes premios, derrotas inesperadas y cambios de favorita como para llenar otra «Odisea».
Pero el tablero ya no es el mismo. Hace unos meses, la conversación consistía en averiguar qué película podía acercarse a Christopher Nolan. «La bola negra» ha logrado que una parte de Hollywood mire hacia España antes de responder. En una carrera donde primero hay que conseguir que todos te vean, esa es una victoria nada pequeña.
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