España
La Guardia Civil de Tráfico ofrece 160 plazas y recibe 51 aspirantes
La Agrupación de Tráfico afronta falta de aspirantes, una plantilla insuficiente y vehículos envejecidos en una especialidad cada vez menos atractiva.
Fuente de la imagen: Ministerio del Interior
Resumen
- Tráfico ofrece 160 plazas para guardias motoristas y solo reúne 51 aspirantes
- Para 60 plazas de cabos motoristas se ha presentado un único candidato
- Las asociaciones señalan falta de personal, incentivos y medios envejecidos
La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil tiene un problema que ya no cabe esconder detrás de una estadística administrativa: convoca plazas y faltan agentes dispuestos a ocuparlas. En uno de los próximos procesos para guardias civiles motoristas hay 160 plazas y apenas 51 aspirantes. Para 60 plazas de cabos motoristas, el número resulta todavía más llamativo: se presenta un solo agente.
La situación se repite en otras modalidades. Para 20 plazas de Atestados B hay dos candidatos y para 40 plazas destinadas a cabos de Atestados C concurren cuatro. En otra convocatoria de 80 plazas para guardias civiles vinculada a esta modalidad se han contabilizado 37 aspirantes. El problema, por tanto, no consiste únicamente en disponer de pocas plazas. En varios casos ni siquiera hay suficientes candidatos para llenarlas.
Detrás aparece un deterioro más profundo del atractivo de una especialidad que durante décadas fue uno de los destinos más reconocibles —y codiciados— de la Guardia Civil. Trabajo en carretera, noches, calor, frío, accidentes, motocicleta durante horas y una exposición al riesgo que no desaparece porque el cuadrante diga que toca servicio ordinario. La compensación económica, sostienen representantes de los agentes, ha dejado de marcar la diferencia de antaño.
La convocatoria deja decenas de plazas sin candidatos
Los números llaman la atención precisamente porque no se trata de un examen abierto a cualquier ciudadano que quiera ingresar en la Guardia Civil. Son procesos relacionados con la especialización dentro del cuerpo, de modo que el desinterés procede de agentes que pueden valorar otros destinos y condiciones laborales.
La Asociación Española de Guardias Civiles calcula que la Agrupación actualmente no llega a 9.000 efectivos, frente a los 11.000 que considera necesarios. AUGC manejó en junio una referencia algo distinta: situó la plantilla en torno a 9.000 agentes, equivalente al 83 % de una plantilla objetivo de 10.445 efectivos. Las dos organizaciones difieren en el tamaño que consideran adecuado, pero coinciden en lo esencial: faltan guardias civiles en Tráfico.
La cifra de aspirantes convierte ese déficit en algo más incómodo. Una Administración puede publicar vacantes, organizar cursos y convocar exámenes; bastante más difícil es cubrir un puesto cuando quienes pueden solicitarlo prefieren no hacerlo. El papel, como suele ocurrir, admite plantillas estupendas. La carretera es algo menos comprensiva. El verdadero problema es la falta de candidatos.
Atestados y motoristas sufren el mismo problema
La escasez no se concentra únicamente en los tradicionales motoristas que patrullan autovías y carreteras secundarias. También afecta a Atestados, una modalidad particularmente especializada dentro de Tráfico.
Estos agentes intervienen en la investigación de siniestros viales, elaboran diligencias e informes, realizan actuaciones relacionadas con infracciones administrativas y penales y mantienen contacto, cuando corresponde, con autoridades judiciales, fiscales o médicos forenses. No son precisamente tareas accesorias. Cuando ocurre un accidente grave, una investigación rigurosa depende en buena medida de ese conocimiento técnico y de la experiencia acumulada.
Que 20 plazas reciban dos aspirantes o que 40 plazas para cabos atraigan a cuatro candidatos no demuestra por sí solo que la especialidad esté condenada, pero sí dibuja una capacidad de reposición muy débil si la tendencia se mantiene.
De un destino codiciado a una diferencia de unos 100 euros
Fernando García, guardia civil de Tráfico y portavoz de AEGC, sitúa buena parte del problema en las condiciones económicas. Según su explicación, hace años trabajar en esta especialidad podía representar una diferencia mensual cercana a 500 euros respecto a determinados destinos de Seguridad Ciudadana. Esa ventaja habría quedado reducida actualmente a unos 100 o 120 euros.
La comparación importa porque el servicio tiene peculiaridades difíciles de maquillar. Un motorista puede pasar buena parte de su jornada expuesto directamente al frío, lluvia o temperaturas muy elevadas; las patrullas atienden accidentes y trabajan junto al tráfico abierto, donde unos metros separan el arcén de vehículos que circulan a alta velocidad. A eso se añaden nocturnidad, disponibilidad y destinos alejados del lugar de residencia.
Con una diferencia salarial reducida, otros puestos dentro de la propia Guardia Civil comienzan a resultar más atractivos. No hace falta una teoría sociológica especialmente sofisticada: más riesgo y peor conciliación necesitan algún incentivo que compense la balanza.
El problema económico tampoco se limita al sueldo mensual. AUGC señaló que la actualización de determinadas productividades seguía pendiente después de sucesivas propuestas y que había unidades todavía fuera del sistema de turnos. La asociación contabilizaba entonces 15 unidades en lista de espera para incorporarse a ese modelo de organización del servicio.
Motos con 200.000 kilómetros y coches con 500.000
A la falta de personal se une otra denuncia que ha hecho especialmente visible el malestar: el envejecimiento de parte de los medios. Fernando García asegura que algunos agentes se encuentran con motocicletas que acumulan 200.000 kilómetros y coches que pueden alcanzar los 500.000 kilómetros.
AEGC sostiene que años atrás la renovación era más frecuente y que también se ha reducido la dotación de determinados equipos personales. García pone como ejemplos cascos, trajes y prendas de servicio. La imagen tiene algo de paradoja española: pedir máxima seguridad vial a quien pasa ocho horas sobre una máquina que lleva recorrida una distancia equivalente a dar cinco vueltas al planeta. El envejecimiento de los vehículos se ha convertido así en otra de las quejas de fondo.
Conviene, sin embargo, añadir el otro lado del cuadro. La renovación no está completamente paralizada. AUGC informó de que 657 vehículos estaban en fase de equipamiento, con previsión de entrega entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Es una inversión relevante, aunque su efecto dependerá de cómo se distribuya el material y de hasta qué punto permita retirar vehículos especialmente castigados por kilómetros y horas de servicio.
Menos agentes significa una presencia más difícil de mantener
La Agrupación de Tráfico realiza vigilancia, regulación y auxilio en carretera, controla infracciones y participa en la investigación de accidentes. Reducir efectivos no significa automáticamente que desaparezcan esas tareas; significa que hay menos personal para repartirlas.
AEGC sostiene que esa pérdida ya puede percibirse en la menor presencia de patrullas en determinados recorridos. Su portavoz utiliza como ejemplo un viaje entre Madrid y Alicante en el que puede no encontrarse ninguna patrulla de Tráfico cuando años atrás era habitual coincidir con varias. Se trata de una apreciación del representante asociativo, no de una medición estadística general de todas las carreteras españolas, pero encaja con el déficit de plantilla denunciado por distintas asociaciones.
La organización también relaciona una menor vigilancia visible con una pérdida del efecto disuasorio frente al teléfono móvil, la velocidad u otras infracciones. Establecer que esa circunstancia provoca por sí sola un aumento de la siniestralidad exigiría datos más amplios; la seguridad vial depende de numerosos factores. Lo que sí resulta difícil discutir es que una patrulla que no existe no puede vigilar, auxiliar ni intervenir.
Y ahí está la parte menos vistosa de esta crisis. No hablamos únicamente de cubrir casillas en una relación de puestos de trabajo. Tráfico actúa muchas veces cuando la carretera se convierte de golpe en otra cosa: un coche cruzado, cristales sobre el asfalto, una familia esperando junto al guardarraíl, luces azules bajo la lluvia. En esos minutos, la plantilla deja de ser una cifra.
El reto ya no es convocar plazas, sino conseguir aspirantes
La situación de la Agrupación de Tráfico apunta a un problema de fondo: la especialidad está perdiendo capacidad para atraer a los propios guardias civiles. Los 51 aspirantes para 160 plazas y el único candidato para 60 plazas de cabos motoristas son síntomas especialmente visibles, pero detrás aparecen retribuciones consideradas insuficientes, dificultades de conciliación, exposición al riesgo y quejas sobre medios materiales.
Hay movimientos para renovar vehículos y debates internos sobre productividad y turnos, pero las convocatorias ofrecen una fotografía bastante cruda. Durante años, entrar en Tráfico suponía acceder a una especialidad con prestigio, buenos medios y una compensación que justificaba sus servidumbres. Si ese equilibrio se rompe, publicar más plazas arregla poco.
La carretera exige agentes formados, experiencia y presencia constante. Y por mucho radar inteligente, cámara o sistema automatizado que se instale, todavía hay trabajos que empiezan cuando alguien aparca una motocicleta en el arcén, se baja y se acerca al accidente. Para eso hace falta gente.
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