Historia
9 de Octubre: qué hizo Jaume I y por qué Valencia celebra esta fecha
El 9 de Octubre conmemora la entrada de Jaume I en Valencia en 1238 y el nacimiento del Reino de Valencia, una fecha clave de su historia política
Foto: Diego Delso, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- Jaume I entró en Valencia el 9 de octubre de 1238 tras la capitulación
- La fecha simboliza el origen del Reino de Valencia y su derecho propio
- La Reial Senyera y Sant Donís mantienen viva una tradición de siglos
El 9 de octubre de 1238, Jaume I entró solemnemente en Valencia después de la capitulación de la ciudad musulmana. Aquel episodio no fue una simple sustitución de gobernantes. La conquista abrió un cambio político, jurídico, religioso y demográfico profundo y dio paso a la configuración del Reino de Valencia, con instituciones y un derecho propio dentro de la Corona de Aragón. Por eso, casi ocho siglos después, la fecha es el Día de la Comunitat Valenciana.
Hay, eso sí, un matiz importante que suele perderse cuando la historia se comprime en una frase. Jaume I no conquistó Valencia exactamente el 9 de octubre. La capitulación se firmó el 28 de septiembre de 1238, en Russafa, entre el monarca y Zayyan ibn Mardanish. El 9 de octubre fue la jornada de la entrada solemne del rey y sus tropas en la ciudad. Es ese momento, cargado de fuerza simbólica, el que terminó convirtiéndose en la fecha de referencia.
En 2026 la celebración tiene, además, un componente especial: se cumplen 750 años de la muerte de Jaume I, fallecido en 1276. València ha incorporado su espada a los actos del Nou d’Octubre junto a la Reial Senyera, dos objetos capaces de condensar siglos de historia en unos pocos metros de procesión.
Qué hizo realmente Jaume I en Valencia
Jaume I, conocido como el Conqueridor, era rey de Aragón y conde de Barcelona. Durante el siglo XIII dirigió una expansión territorial de gran alcance por el Mediterráneo occidental. Había conquistado Mallorca y después dirigió sus esfuerzos hacia las tierras valencianas, entonces integradas en el espacio político andalusí.
La conquista no consistió en una cabalgada repentina sobre Valencia. Fue un proceso militar de años, con avances, pactos, asedios y ocupaciones sucesivas. La posición de El Puig resultó decisiva para acercarse a la capital y, en 1238, el cerco terminó asfixiando a la ciudad. La capitulación quedó acordada el 28 de septiembre. Once días más tarde, el 9 de octubre, Jaume I realizó su entrada solemne.
Ahí está el núcleo histórico del 9 de octubre y Jaume I: se recuerda la incorporación de Valencia al dominio cristiano del monarca y el inicio de un orden político distinto. Aquella Balansiya andalusí, una ciudad próspera cuya historia islámica se extendía durante siglos, pasó a integrarse en una nueva estructura de poder.
La transformación fue enorme. Cambiaron propietarios, autoridades y centros religiosos; llegaron pobladores cristianos procedentes de distintos territorios y una parte de la población musulmana sufrió desplazamientos o expulsiones, aunque numerosas comunidades mudéjares continuaron viviendo durante mucho tiempo en el territorio valenciano. La Edad Media, como casi siempre, fue bastante menos limpia y ordenada que las estampas de caballeros que llegaron después.
Por qué el 9 de octubre dio origen al Reino de Valencia
La importancia de Jaume I para la historia valenciana va mucho más allá de haber ganado una guerra. Tras la conquista se fue articulando un territorio con personalidad política propia dentro de la Corona de Aragón. No se convirtió simplemente en una prolongación administrativa de Aragón o de Cataluña.
Jaume I otorgó a Valencia la Costum, un cuerpo jurídico inicial que regulaba la nueva sociedad surgida después de la conquista. Ese derecho fue desarrollándose hasta desembocar en los Furs de València, aprobados como derecho general del reino en 1261. Los fueros acabarían siendo uno de los pilares institucionales de la Valencia medieval y moderna.
La diferencia importa. La Corona de Aragón no funcionaba como un Estado centralizado contemporáneo. Estaba formada por territorios que compartían monarca, pero mantenían leyes, instituciones y tradiciones políticas propias. El Reino de Valencia adquirió las suyas y consolidó progresivamente una identidad institucional diferenciada.
Por eso el 9 d’Octubre ha terminado interpretándose como una fecha fundacional valenciana. No porque una sociedad apareciera mágicamente aquella mañana —las identidades colectivas nunca nacen al sonar una campana—, sino porque 1238 marcó una ruptura política a partir de la cual empezó a tomar forma el reino histórico que acabaría vertebrando buena parte del territorio valenciano.
Por qué Valencia celebra precisamente el 9 de octubre
Podría parecer extraño que se celebre el 9 de octubre cuando la capitulación había sido firmada días antes. La explicación está en el valor ceremonial de la entrada de Jaume I en Valencia.
La rendición militar podía fecharse documentalmente el 28 de septiembre, pero la entrada pública del monarca representaba algo mucho más visible: el poder había cambiado de manos. El 9 de octubre quedó así grabado en la memoria política de la ciudad y terminó desplazando a otras fechas posibles.
La tradición conmemorativa tampoco nació inmediatamente. Fue en 1338, durante el primer centenario de la conquista, cuando se instituyó la celebración del Nou d’Octubre. Durante siglos se mantuvo con distintas formas, interrupciones y reinterpretaciones, especialmente tras la abolición de los fueros valencianos mediante los Decretos de Nueva Planta de comienzos del siglo XVIII.
Esa larga trayectoria explica por qué la jornada tiene varias capas. Es una fiesta institucional contemporánea, pero también una celebración medieval reinventada una y otra vez. Ha sido religiosa, monárquica, cívica, identitaria, política y popular. A veces, varias cosas simultáneamente.
La Reial Senyera y una tradición que viene de la Edad Media
El gran símbolo de la jornada en la ciudad de València es la Reial Senyera. Cada 9 de octubre sale del Ayuntamiento para participar en la Procesión Cívica y recibir los honores correspondientes.
Uno de los detalles más llamativos tiene siglos detrás: la Senyera se baja verticalmente desde el balcón consistorial porque, de acuerdo con la tradición derivada de un privilegio concedido por Pedro el Ceremonioso en 1365, no debe inclinarse ante nadie. Sacarla por una puerta obligaría a ladearla; de ahí ese descenso mediante cuerdas que cada año convierte la fachada municipal en una de las escenas más reconocibles de la fiesta.
La Procesión Cívica del Nou d’Octubre está declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial desde 2016. Su recorrido conduce tradicionalmente la enseña por el centro de Valencia y hasta el entorno del Parterre, donde se rinde homenaje a la figura de Jaume I.
En 2026 la ceremonia adquiere un significado añadido por el aniversario del monarca. El programa municipal prevé el 9 de octubre la salida de la Reial Senyera y la espada de Jaume I, la procesión desde la plaza del Ayuntamiento, el paso por la Catedral y la posterior ofrenda floral ante la estatua del rey.
Sant Donís, mazapán y la otra cara del 9 de octubre
El Nou d’Octubre no vive únicamente entre documentos medievales, instituciones y banderas. Hay una versión bastante más dulce de la historia. El 9 de octubre coincide con Sant Donís, considerado popularmente el día de los enamorados valencianos.
La tradición de la mocadorà consiste en regalar dulces de mazapán —pequeñas frutas y hortalizas de colores, junto a las tradicionales piuleta y tronador— envueltos en un pañuelo. El nombre procede precisamente de mocador, pañuelo en valenciano.
Las vitrinas de las pastelerías valencianas se llenan esos días de naranjas diminutas, berenjenas, limones y tomates de mazapán. Una huerta en miniatura y con bastante más azúcar que la original.
La tradición se relaciona con las antiguas celebraciones populares del 9 de octubre y con los dulces que representaban elementos pirotécnicos. Con el paso del tiempo acabó convirtiéndose también en un gesto amoroso. En 2026 el Ayuntamiento de València ha vuelto a dedicar una campaña específica a Sant Donís y a la costumbre de compartir la mocadorà, prueba de que este pequeño ritual doméstico continúa muy vivo junto a los grandes actos institucionales.
Jaume I, entre la figura histórica y el símbolo
Más de siete siglos después resulta difícil separar completamente al Jaume I histórico del personaje construido por la memoria colectiva. Fue un monarca medieval, con las ambiciones, guerras, pactos y criterios de poder propios de su época. La conquista de Valencia supuso una victoria para unos y una derrota traumática para otros; produjo nuevas instituciones, pero también desplazamientos, expropiaciones y conflictos.
Reducir aquella historia a una postal heroica sería tan pobre como describirla únicamente mediante categorías políticas actuales. Valencia era una sociedad andalusí antes de 1238 y se convirtió progresivamente en el núcleo de un nuevo reino cristiano después de la conquista. Ambas realidades forman parte de su historia.
Lo que convierte a Jaume I en una figura central para los valencianos es, sobre todo, lo que vino después de la victoria militar: la construcción de un territorio políticamente diferenciado, el desarrollo de un derecho propio y la consolidación del Reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón.
Una fecha medieval que sigue explicando Valencia
Ahí reside la fuerza que conserva el 9 de Octubre. El ruido de la pólvora, la Senyera descendiendo lentamente por la fachada del Ayuntamiento, el mazapán de Sant Donís y la estatua ecuestre de Jaume I pertenecen a épocas muy distintas, pero terminan hablando de lo mismo: de cómo una fecha medieval se convirtió, siglo tras siglo, en una de las grandes referencias de la identidad valenciana.
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