Síguenos

Cultura

Glenn Close aceptó ‘La bola negra’ con una condición: hablar español

Glenn Close aceptó participar en La bola negra y pidió interpretar su papel en español, convirtiendo una breve aparición en un desafío personal

Publicado

el

La bola negra premio en Cannes

Imagen: Kevin Payravi / WikiPortraits / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Glenn Close aceptó La bola negra, pero pidió interpretar su papel en español
  • Los Javis adaptaron para ella un personaje que originalmente era masculino
  • Su vínculo nació después de que la actriz quedara fascinada por La Mesías

Glenn Close aceptó trabajar con Javier Calvo y Javier Ambrossi en La bola negra prácticamente sin pensárselo, pero puso una condición bastante menos habitual que las que suelen acompañar a una estrella de Hollywood: quería interpretar su papel en español. La actriz no dominaba el idioma. Precisamente por eso lo eligió. «Lo hago sí o sí, los dioses del cine están de nuestro lado. Pero lo haré en español porque necesito un reto», recordaron Los Javis que les dijo.

La decisión convirtió una participación relativamente breve en una pequeña aventura dentro de una película que ha situado de nuevo a sus directores en el centro del cine español. Close interpreta a Isabelle, una hispanista especializada en Federico García Lorca, dentro de una historia que cruza distintas generaciones y habla de deseo, represión, memoria y heridas que no terminan de quedarse encerradas en los libros de Historia.

La frase tiene algo más que la gracia de escuchar a una leyenda de Hollywood pidiendo que le compliquen el rodaje. Close podía haber trabajado en inglés sin demasiadas explicaciones: su personaje es extranjero y su trayectoria no necesita precisamente exámenes. Prefirió lo contrario. El castellano se convirtió en parte de su interpretación y, de paso, en una de las historias más singulares alrededor de La bola negra.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Glenn Close quiso enfrentarse al castellano de verdad

Hollywood suele producir condiciones contractuales bastante más aparatosas. Camerinos, agendas, vuelos, cláusulas. Glenn Close escogió verbos, pronunciación y acento. La actriz decidió que Isabelle debía hablar castellano y asumió el trabajo lingüístico necesario para conseguirlo.

Los Javis organizaron su preparación con ayuda especializada mientras Close compaginaba el aprendizaje con otros compromisos profesionales. La intérprete fue trabajando sus diálogos y separatas antes del rodaje, una preparación especialmente delicada porque no bastaba con memorizar sonidos: debía interpretar en un idioma que no dominaba y conseguir que las frases conservaran intención, ritmo y emoción.

Eso se vuelve particularmente relevante en un personaje relacionado con Federico García Lorca y la memoria española. No son diálogos neutros que puedan despacharse fonéticamente. Hay nombres, referencias culturales y una carga histórica que exigían algo más que repetir palabras correctamente.

El resultado da a su aparición una cualidad bastante particular: una gran actriz estadounidense hablando desde dentro de la cultura española sobre uno de sus grandes símbolos literarios. Y sin buscar un atajo. Close convirtió la dificultad en parte del trabajo, casi como quien decide subir las escaleras cuando tiene un ascensor perfectamente disponible.

El personaje de Close iba a ser un hombre

Cuando Javier Calvo, Javier Ambrossi y Alberto Conejero trabajaban en el guion, el personaje era inicialmente un historiador masculino. A los directores aquella figura les parecía demasiado fría para la función que debía cumplir dentro de la película. Necesitaban alguien capaz de introducir una corriente emocional bajo un texto inevitablemente intelectual.

Entonces apareció un nombre: Glenn Close. Los Javis reformularon el personaje pensando en ella y le enviaron la propuesta. La actriz aceptó rápidamente. La paradoja tiene cierto encanto: una intérprete llegada de Hollywood terminó haciendo suyo un papel originalmente masculino y decidió complicárselo todavía más al exigir interpretarlo en una lengua que no hablaba con fluidez.

Su Isabelle estudia a Federico García Lorca y funciona en la película como una mirada extranjera sobre uno de los grandes nudos culturales e históricos de España. El personaje ha provocado comparaciones con el hispanista Ian Gibson por su relación con el universo lorquiano, aunque no está planteado como un retrato literal de una figura concreta.

Todo empezó con un correo sobre ‘La Mesías’ a las tres de la mañana

La historia entre Glenn Close y Los Javis había comenzado antes de La bola negra, y de una manera bastante improbable. Close vio La Mesías, la serie de Calvo y Ambrossi, quedó profundamente impresionada y decidió escribirles.

Los directores han contado que recibieron alrededor de las tres de la madrugada un correo firmado por Glenn Close acompañado de un documento de varias páginas dedicado a la serie. Durante unos segundos pensaron que aquello debía de ser una broma. No lo era.

Respondieron y acabaron invitados a casa de la actriz en Nueva York. De aquella reunión nació primero una idea completamente distinta: Close quería que dirigieran una adaptación cinematográfica de Sunset Boulevard, el musical inspirado en El crepúsculo de los dioses, la película de Billy Wilder.

Los Javis estudiaron la propuesta durante meses y terminaron rechazándola. Consideraban que intentar mejorar la película de Wilder era entrar en una habitación donde probablemente resultaba sensato no tocar los muebles. La relación con Close, sin embargo, sobrevivió perfectamente al «no».

Tiempo después, mientras escribían La bola negra, apareció aquel historiador que no terminaba de funcionar. Recordaron a Glenn Close. El círculo se cerró con Isabelle: un personaje rehecho para ella dentro de una película profundamente vinculada a la historia y la cultura españolas.

De una colaboración improbable a ‘La bola negra’

La anécdota del castellano vuelve a circular cuando La bola negra ha multiplicado la atención alrededor de Los Javis y de un reparto en el que el nombre de Close funciona inevitablemente como uno de los grandes reclamos internacionales.

La película es un proyecto ambicioso que mezcla memoria histórica, deseo, represión y el universo de Lorca a través de distintas épocas y personajes. No es exactamente la clase de producción que parece diseñada después de una tarde tranquila mirando hojas de cálculo. Su apuesta está precisamente en otro sitio: personajes, tiempo, heridas familiares y una España que cambia sin conseguir desprenderse del todo de aquello que arrastra.

Para Close, ese terreno también explica buena parte del atractivo del proyecto. Su personaje permite observar desde fuera una historia muy española y, al mismo tiempo, entrar en ella. La mirada extranjera no actúa como decoración, sino como una forma de interrogar el pasado y la manera en que acaba filtrándose hacia generaciones posteriores.

El respaldo de Close va bastante más allá de su papel

Glenn Close tampoco ha limitado su entusiasmo a cumplir con el rodaje y la promoción. La actriz ha elogiado abiertamente a Javier Calvo y Javier Ambrossi y ha mostrado una admiración poco disimulada por su trabajo, nacida mucho antes de que existiera su personaje en La bola negra.

Close ha relacionado además el sentido de la película con la necesidad de regresar a los traumas históricos para comprenderlos. El filme utiliza sus personajes y sus distintas épocas para explorar heridas que permanecen bajo la superficie mucho después de que desaparezcan quienes las provocaron.

Ese respaldo tiene un peso particular viniendo de una intérprete cuya carrera atraviesa varias décadas de Hollywood. Close no llegó al proyecto atraída por un gran papel protagonista diseñado alrededor de su nombre. Fue exactamente al revés: ella buscó primero a Los Javis, ellos encontraron después un lugar para ella y finalmente la actriz decidió convertir unas pocas escenas en un reto personal.

Una estrella de Hollywood que prefirió ponerse difícil el papel

Hay algo revelador en la elección de Glenn Close. Podría haber interpretado sus escenas en inglés y nadie habría levantado una ceja. Su personaje era extranjero, la producción podía justificarlo y su prestigio hacía innecesario demostrar prácticamente nada a estas alturas. Eligió el camino contrario.

Aprendió sus diálogos en castellano, trabajó la pronunciación y apareció finalmente ante la cámara hablando de Federico García Lorca dentro de una obra profundamente española. No necesitaba el reto para justificar su carrera; lo buscó porque precisamente ahí estaba el atractivo del trabajo.

Quizá por eso aquella condición ha terminado convirtiéndose en una de las historias más llamativas alrededor de La bola negra. Entre nombres conocidos, promoción y expectativas, queda una escena bastante más pequeña y bastante más humana: Glenn Close estudiando español porque una película de Los Javis le había dado una buena razón para volver a empezar desde un lugar incómodo.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído