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Lucía Montejo deja Podemos tras 13 años y carga contra Irene Montero

La exdiputada asturiana Lucía Montejo abandona Podemos tras 13 años y critica la estrategia electoral de Irene Montero y la dirección del partido.

Publicado

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Lucía Montejo

Imagen: Facebook.

Resumen

  • Lucía Montejo abandona Podemos después de 13 años de militancia
  • Critica a la dirección y cuestiona la estrategia electoral de Irene Montero
  • La ruptura llega tras fracasar un nuevo intento de unidad de la izquierda

Lucía Montejo ha abandonado Podemos después de 13 años de militancia y lo ha hecho con una crítica especialmente dura contra la dirección del partido y su estrategia para las elecciones generales del 29 de noviembre. La exdiputada asturiana acusa a la formación de haber antepuesto intereses personales al proyecto político y señala directamente la candidatura de Irene Montero, cuyo rumbo electoral considera equivocado.

No es una despedida discreta ni de esas que se resuelven con un agradecimiento, dos fotografías antiguas y un «hasta siempre». Montejo habla de «bochorno», considera que llamar «circo» a lo ocurrido en los últimos días se queda corto y describe la apuesta de Podemos como una estrategia «suicida». Su ruptura llega, además, cuando la izquierda situada a la izquierda del PSOE acaba de fracasar en el intento de concurrir unida a unas elecciones que pueden resultar decisivas para la gobernabilidad de España.

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Montejo rompe con Podemos después de 13 años

La decisión tiene un peso que va más allá de una baja de militancia. Montejo no era una afiliada recién llegada ni una figura periférica que hubiese pasado fugazmente por el partido. Formó parte de la candidatura de Podemos a las elecciones europeas de 2014 y fue elegida diputada de Podemos Asturies en la Junta General del Principado en 2015, donde desarrolló buena parte de su actividad política en materias como educación, cultura, igualdad y patrimonio.

Su nombre aparece, por tanto, en aquella primera generación del partido que irrumpió en las instituciones cuando Podemos todavía olía a asambleas, círculos, documentos colaborativos y promesas de abrir ventanas en una política que parecía llevar años respirando el mismo aire. Trece años después, la fotografía que dibuja Montejo es muy distinta.

La exdiputada asegura que llevaba tiempo viviendo una especie de duelo político hasta tomar finalmente la decisión de desafiliarse. «Trece años dan para mucho», explica en su despedida. También para comprobar, viene a decir, cuándo un proyecto en el que se ha creído deja de representar aquello por lo que uno entró.

El reproche más duro apunta a Irene Montero

El núcleo de sus críticas está en la estrategia seguida por Podemos alrededor de Irene Montero, candidata de la formación morada para las elecciones generales. Montejo utiliza una expresión particularmente gráfica para describirla: habla de una operación para «salvar a la soldado Montero» y acusa a la dirección de proteger posiciones personales antes que buscar la opción electoral con mayores posibilidades para el conjunto de la izquierda.

La acusación no es menor. Montejo sostiene que, ante un escenario en el que PP y Vox pueden alcanzar el Gobierno, Podemos habría preferido asegurar su propia representación antes que asumir los costes de una candidatura unitaria. Es su interpretación, claro, y forma parte de una ruptura política cargada de decepción personal. Pero toca precisamente el nervio que ha atravesado durante semanas las negociaciones entre las distintas familias de la izquierda.

El intento de construir una candidatura amplia terminó sin acuerdo estatal. Frente Amplio y Podemos concurrirán separados en circunscripciones decisivas, mientras la formación morada ha estrechado su alianza con ERC y Gabriel Rufián. El sistema electoral español, con circunscripciones provinciales y reparto mediante la fórmula D’Hondt, puede castigar especialmente la fragmentación del voto allí donde se reparten pocos escaños.

El fracaso de la unidad abre una herida conocida

Aquí aparece una vieja paradoja de la izquierda española: pocas palabras han sido pronunciadas tantas veces como unidad, y pocas han demostrado tanta facilidad para acabar en una mesa de negociación rodeadas de vetos, puestos de salida, siglas y reproches.

Las conversaciones entre Podemos y el Frente Amplio naufragaron después de días de negociaciones sobre candidaturas, primarias y el peso de cada formación. Frente Amplio llegó a ofrecer posiciones de salida a Podemos en Madrid y Cataluña, mientras los morados reclamaban un esquema diferente y defendían su entendimiento electoral con ERC. El resultado es una izquierda alternativa fragmentada a poco más de un mes de las urnas.

Montejo coloca precisamente ahí su reproche. A su juicio, el interés colectivo ha quedado subordinado a la supervivencia de determinadas figuras políticas. Es una crítica severa, pero no inédita dentro de un espacio que desde su nacimiento ha sufrido escisiones, salidas de dirigentes, enfrentamientos orgánicos y sucesivas recomposiciones.

Del Podemos de 2014 al «club de fans»

Hay una expresión especialmente amarga en el comunicado de Montejo. La exparlamentaria sostiene que, tras la marcha de buena parte del capital político acumulado por Podemos durante estos años, lo que queda es un «club de fans».

La frase resume quizá mejor que ninguna otra la naturaleza de su ruptura. No discute únicamente una candidatura ni una negociación electoral concreta; cuestiona la evolución completa del partido.

Podemos nació en 2014 como una organización que pretendía desbordar las estructuras tradicionales de la izquierda. En aquellas primeras elecciones europeas obtuvo cinco eurodiputados y abrió un nuevo ciclo político que pocos meses antes habría parecido improbable. Montejo ya formaba parte de aquella candidatura, en el puesto 36 de una lista encabezada por Pablo Iglesias.

Después llegaron los grandes resultados electorales, la alianza con Izquierda Unida, la entrada en el primer Gobierno de coalición de la democracia reciente, la ruptura con Sumar y, paralelamente, una pérdida considerable de implantación territorial. En marzo de 2026, por ejemplo, Podemos quedó fuera de las Cortes de Castilla y León, ampliando la lista de parlamentos autonómicos en los que había perdido representación.

El viaje ha sido largo. Y bastante más accidentado de lo que sugerían aquellas primeras noches electorales.

La alianza de Montero y Rufián sigue adelante

La salida de Montejo no altera, por ahora, la hoja de ruta de Podemos. Irene Montero y Gabriel Rufián preparan su primer gran acto conjunto de precampaña para el 24 de octubre en Barcelona, dentro de la alianza electoral alcanzada entre Podemos y ERC tras el fracaso de las conversaciones con el Frente Amplio.

Podemos defiende precisamente lo contrario de lo que reprocha Montejo: considera que el tándem Montero-Rufián puede ofrecer una alternativa política capaz de movilizar a un electorado desencantado y plantar cara a la derecha. Tras cerrarse sin éxito la negociación más amplia, la formación ha reivindicado esa alianza como su principal baza electoral.

Rufián, por su parte, ha reconocido públicamente el fracaso del intento de construir una candidatura unitaria de toda la izquierda alternativa. El dirigente de ERC llegó a calificar de «ridículo» el desenlace de las negociaciones y asumió parte de la responsabilidad. La autocrítica existe; la candidatura conjunta, no.

Una baja que retrata un problema mayor

La marcha de Lucía Montejo no determinará por sí sola el futuro electoral de Podemos. Sería exagerado atribuir a una desafiliación ese peso. Pero resulta políticamente significativa porque procede de alguien vinculado al proyecto desde sus primeros compases y porque verbaliza una crítica que acompaña a la izquierda alternativa desde hace años: cuánto queda de proyecto colectivo cuando la disputa acaba concentrándose en nombres, listas y liderazgos.

Montejo se marcha diciendo sentir vergüenza, decepción y rabia. Sus palabras pertenecen a una dirigente que rompe con su antiguo partido y deben leerse como tales, no como una descripción neutral de las intenciones de Podemos. Pero el contexto les da recorrido: llegan después de otro intento fallido de reunificación y cuando cada voto puede tener consecuencias muy distintas dependiendo de la provincia en la que caiga.

Para Podemos, el desafío será demostrar que su apuesta por Irene Montero y la alianza con Rufián tiene detrás algo más que resistencia orgánica. Para sus antiguos compañeros críticos, el daño está hecho. Montejo ha necesitado 13 años para cruzar esa puerta. Y, esta vez, la ha cerrado haciendo bastante ruido.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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