Historia
1933, el año en que las mujeres españolas votaron por primera vez
El sufragio femenino se reconoció en 1931, pero las españolas no votaron hasta 1933: primero en municipales y después en elecciones generales.
Imagen: Indalecio Ojanguren / Gipuzkoako Foru Aldundia / CC BY-SA 3.0.
Resumen
- Las mujeres españolas empezaron a votar en 1933
- El sufragio femenino había sido reconocido en la Constitución de 1931
- El 19 de noviembre votaron por primera vez en unas elecciones generales
Las mujeres españolas empezaron a votar en 1933. La fecha suele confundirse con 1931, pero ambos años señalan momentos distintos de la misma conquista democrática: en 1931 se reconoció constitucionalmente el sufragio femenino y en 1933 las españolas pudieron ejercerlo realmente en las urnas.
La primera ocasión llegó el 23 de abril de 1933, durante unas elecciones municipales parciales celebradas en numerosos municipios españoles. El gran salto nacional se produjo unos meses después, el 19 de noviembre de 1933, cuando las mujeres participaron por primera vez en unas elecciones generales en España. Dos fechas, un mismo año y una transformación política de enorme alcance.
1931: el derecho al voto llegó antes que las urnas
Para entender por qué las mujeres no votaron hasta 1933 hay que retroceder a la proclamación de la Segunda República. En las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 se produjo una paradoja que hoy resulta difícil de pasar por alto: una mujer podía presentarse como candidata y ser elegida diputada, pero todavía no podía votar como electora.
Así llegaron al Congreso figuras como Clara Campoamor y Victoria Kent. Podían ocupar un escaño, participar en la elaboración de las leyes y discutir la futura Constitución, mientras millones de mujeres continuaban fuera del cuerpo electoral. Elegibles, sí. Electoras, todavía no.
La nueva Constitución cambió aquella situación. Su artículo 36 estableció que los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de 23 años tendrían los mismos derechos electorales conforme a las leyes. Aquellas pocas líneas modificaban algo mucho más grande que el censo: reconocían a las mujeres como ciudadanas con plena capacidad política.
Clara Campoamor y Victoria Kent, el gran debate del sufragio
El debate parlamentario sobre el sufragio femenino quedó asociado para siempre a Clara Campoamor y Victoria Kent, aunque reducirlo a un simple enfrentamiento personal sería empobrecer lo ocurrido. Campoamor defendía el reconocimiento inmediato del voto como una cuestión elemental de igualdad y ciudadanía.
Kent compartía el principio de igualdad, pero consideraba conveniente aplazar el sufragio. Temía que una parte importante de las mujeres, en una sociedad todavía muy marcada por estructuras tradicionales y por la influencia de la Iglesia, apoyara mayoritariamente a las fuerzas conservadoras y debilitara políticamente a la República.
Campoamor se negó a aceptar ese cálculo. Su argumento golpeaba en el centro del problema: un derecho democrático no podía depender de que las ciudadanas votaran de la manera que otros políticos considerasen conveniente. El 1 de octubre de 1931, la igualdad electoral entre hombres y mujeres salió adelante por 161 votos frente a 121.
La discusión, por cierto, no terminó aquella tarde. Todavía hubo intentos de retrasar la aplicación efectiva del sufragio, pero finalmente el derecho quedó incorporado a la Constitución de 1931, aprobada el 9 de diciembre. Campoamor había ganado una batalla política que acabaría marcando su carrera y también la historia democrática española.
23 de abril de 1933: las primeras españolas llegan a las urnas
Aquí aparece uno de esos detalles históricos que se pierden cuando todo se cuenta demasiado deprisa. Las mujeres españolas no estrenaron realmente el voto en noviembre de 1933, sino varios meses antes, durante unas elecciones municipales parciales.
El 23 de abril de 1933 se celebraron comicios en cerca de 2.500 municipios donde habían quedado pendientes las elecciones locales. Por primera vez desde el reconocimiento constitucional del sufragio femenino, las mujeres incluidas en el censo pudieron acercarse a una mesa electoral y depositar su papeleta.
No participaron todas las españolas, porque aquellas elecciones afectaban únicamente a determinados municipios. Esa circunstancia explica que este episodio haya quedado algo eclipsado por los comicios generales celebrados después. Pero, en términos estrictamente históricos, aquel domingo de abril marca el primer voto efectivo de mujeres españolas bajo el nuevo marco democrático.
19 de noviembre de 1933: el voto femenino llega a las generales
El 19 de noviembre de 1933 llegó la jornada que terminaría instalada en la memoria colectiva. Las españolas participaron por primera vez en unas elecciones generales, convirtiéndose plenamente en electoras de una competición política de ámbito nacional.
El cambio era enorme. Durante décadas se había utilizado la expresión sufragio universal para describir sistemas electorales que dejaban fuera a aproximadamente la mitad adulta de la población. En 1933, el concepto empezó por fin a parecerse bastante más a su significado literal.
Aquellas elecciones dieron una clara ventaja a las fuerzas de centro y derecha, y durante años se popularizó la idea de que las mujeres habían provocado el giro conservador. La explicación resulta demasiado simple. En el resultado influyeron la división de la izquierda, las alianzas electorales, el sistema de reparto de escaños, el desgaste del Gobierno anterior y, naturalmente, las preferencias de millones de nuevos votantes.
Las mujeres tampoco constituían un bloque político uniforme, aunque parte de la discusión pública de la época pareciera asumir lo contrario. Culpar al sufragio femenino del resultado servía, de paso, para dar retrospectivamente la razón a quienes habían querido aplazarlo. La paradoja era notable: aceptar la democracia únicamente cuando el ciudadano vota como uno espera.
El precedente de 1924 no cambia la fecha del primer voto
Existe un episodio anterior que suele provocar cierta confusión. Durante la dictadura de Primo de Rivera, el Estatuto Municipal de 1924 introdujo la posibilidad de incluir en el censo electoral local a determinadas mujeres, aunque sometidas a restricciones relacionadas con su situación jurídica y familiar.
Aquel sistema estaba muy lejos del sufragio femenino universal reconocido durante la Segunda República y, además, las elecciones municipales previstas bajo ese marco no llegaron a celebrarse. Fue un precedente legislativo relevante, pero no el momento en que las españolas comenzaron efectivamente a votar en unas elecciones políticas.
Por esa razón, 1924 no sustituye a 1933 como respuesta histórica. Ayuda a comprender que la ampliación de los derechos electorales tuvo antecedentes y tanteos previos, pero la ciudadanía política plena llegó con la Constitución republicana y comenzó a ejercerse en las urnas nueve años después de aquel Estatuto.
De las elecciones de 1936 a la recuperación democrática de 1977
Las mujeres volvieron a participar en las elecciones generales de febrero de 1936. Pocos meses más tarde comenzó la Guerra Civil y, tras la victoria franquista, desapareció el sistema de elecciones libres, competitivas y plurales que había existido durante la República.
Durante la dictadura se celebraron consultas y existieron diferentes fórmulas de representación, pero no eran equivalentes a unas elecciones democráticas entre partidos. El voto como instrumento para escoger entre alternativas políticas quedó interrumpido durante décadas.
La participación electoral democrática de las mujeres se recuperó plenamente durante la Transición. El 15 de junio de 1977, españolas y españoles acudieron a las primeras elecciones generales democráticas celebradas después de la dictadura, en una jornada con una participación cercana al 79%.
Esas elecciones abrieron una etapa decisiva, pero no fueron el nacimiento del voto femenino en España. Ese hito pertenecía a una generación anterior y tenía una fecha mucho más temprana: 1933.
1933, el año que cambió quién podía decidir en España
Cuando se busca en qué año empezaron a votar las mujeres españolas, la respuesta es 1933. El derecho había sido reconocido constitucionalmente en 1931 después de una intensa batalla política encabezada por Clara Campoamor, pero fueron necesarias las elecciones municipales parciales del 23 de abril para verlo materializado por primera vez.
El 19 de noviembre de 1933 completó aquel cambio al llevar el voto femenino a unas elecciones generales. Una papeleta, una urna, un gesto cotidiano visto desde el presente. Entonces significaba bastante más: que la ciudadanía española dejaba de estar escrita, por fin, exclusivamente en masculino.
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