Economía
China crece un 4,5% en el tercer trimestre con la industria al alza
El PIB de China crece un 4,5% interanual entre julio y septiembre, con una industria fuerte y nuevas señales de debilidad en consumo y vivienda.
Resumen
- China creció un 4,5% interanual en el tercer trimestre de 2026
- La producción industrial avanzó un 5,5% interanual en septiembre
- El consumo y la vivienda siguen siendo los puntos débiles de la economía
La economía de China creció un 4,5% interanual en el tercer trimestre de 2026, una décima más de lo esperado por el consenso del mercado y por encima del 4,3% registrado entre abril y junio. El dato devuelve algo de aire a Pekín tras varios meses marcados por las dudas sobre el consumo interno, la crisis inmobiliaria y una inversión que continúa mostrando síntomas bastante menos saludables que las grandes fábricas del país. En comparación con el trimestre anterior, el PIB avanzó un 1,2%.
La otra fotografía relevante llega desde las chimeneas —o, cada vez más, desde las líneas de montaje de baterías, robots y componentes electrónicos—. La producción industrial aumentó un 5,5% interanual en septiembre, acelerándose tres décimas respecto a agosto. Es una economía que sigue encontrando buena parte de su fuerza en producir y exportar, mientras el consumo interno avanza bastante más despacio.
El PIB chino mejora tras el frenazo del segundo trimestre
Los datos del tercer trimestre dibujan una trayectoria irregular, aunque sin ruptura. China comenzó 2026 con un crecimiento del 5% en el primer trimestre, bajó al 4,3% en el segundo y recuperó terreno hasta el 4,5% entre julio y septiembre. En el conjunto de los nueve primeros meses, la economía avanzó un 4,6% interanual.
El resultado coloca al país relativamente bien encaminado para acercarse al objetivo oficial de crecimiento de entre el 4,5% y el 5% para 2026. Llegar a esa banda, sin embargo, no significa que todas las piezas del motor funcionen igual de bien. La mejora reduce, al menos de momento, la presión para desplegar estímulos mucho más agresivos.
Ahí aparece la peculiar anatomía de la economía china actual. Las exportaciones y la manufactura sostienen buena parte del edificio; el consumo, la inversión privada y, sobre todo, la vivienda se mueven por plantas bastante más bajas.
La industria vuelve a tirar con fuerza
La producción de las grandes empresas industriales creció un 5,3% entre enero y septiembre y un 5,5% únicamente en septiembre. Dentro de esa cifra hay sectores que corren mucho más deprisa: la fabricación de equipos aumentó un 10,2% en los nueve primeros meses y la industria de alta tecnología, un contundente 14,3%.
Algunos productos muestran hasta qué punto Pekín está desplazando el centro de gravedad hacia sectores tecnológicos. La fabricación de dispositivos de impresión 3D aumentó un 62,5%, la de baterías de ion-litio un 39,5% y la de robots industriales un 29,1%. La producción de equipos informáticos, electrónicos y de comunicaciones creció un 16,4% solamente en septiembre. No es exactamente la vieja China de textiles baratos y juguetes de plástico.
También hubo una pequeña señal psicológica: el índice PMI manufacturero se situó en 50,1 puntos en septiembre, ligeramente por encima de la frontera de 50 que separa, en términos generales, la expansión de la contracción de la actividad industrial.
Las exportaciones ayudan a mantener el pulso
El sector exterior está jugando un papel especialmente importante. Las exportaciones de bienes acumuladas entre enero y septiembre crecieron un 16,4% interanual, mientras las importaciones aumentaron un 22,3%. En septiembre, las exportaciones avanzaron un 29,6% frente al mismo mes de 2025.
La resistencia exportadora explica una parte importante del crecimiento del tercer trimestre. Vehículos eléctricos, electrónica y maquinaria continúan encontrando compradores fuera del país, aunque ese mismo éxito está alimentando tensiones comerciales con otros grandes mercados, especialmente en sectores donde los fabricantes chinos han ganado cuota con rapidez.
El consumo continúa siendo la pieza más frágil
La diferencia entre fábricas y tiendas sigue siendo llamativa. Las ventas minoristas de bienes de consumo crecieron apenas un 1,1% interanual en septiembre, aunque el ritmo mejoró siete décimas respecto al mes anterior. En los nueve primeros meses también avanzaron un 1,1%. El consumo de servicios tuvo mejor comportamiento, con un aumento del 5% en el conjunto del periodo.
Las compras por internet mantienen algo más de dinamismo: las ventas digitales de bienes y servicios aumentaron un 4,4% entre enero y septiembre. Algunos nichos sobresalen claramente, como los equipos de comunicaciones, cuyas ventas crecieron un 18,1%.
Es una divergencia importante. China produce tecnología avanzada a ritmos de dos dígitos, exporta con fuerza y, sin embargo, el consumidor doméstico continúa midiendo bastante más cada yuan que sale del bolsillo. El prolongado ajuste inmobiliario ayuda a explicar esa prudencia: para millones de familias, la vivienda ha sido durante décadas no solo un techo, sino también la principal reserva de patrimonio.
La vivienda sigue siendo el gran agujero
El sector inmobiliario permanece como uno de los puntos más débiles del cuadro económico. La inversión en promoción inmobiliaria cayó un 20,6% interanual entre enero y septiembre. La superficie vendida de edificios comerciales de nueva construcción descendió un 13,2% y el valor de esas ventas, un 13,9%.
No es una corrección menor ni un tropiezo de unos meses. La crisis de la vivienda lleva años pesando sobre promotores, gobiernos locales, entidades financieras y hogares. La consecuencia se filtra después al resto de la economía: menos construcción, menor demanda de materiales, cautela entre las familias y menos apetito por invertir.
La inversión total en activos fijos también ofrece una lectura incómoda. En los nueve primeros meses del año retrocedió un 7,2%, mientras la inversión privada cayó un 10,4%. Incluso excluyendo el sector inmobiliario, la inversión permaneció en negativo.
Tecnología y propiedad avanzan en direcciones opuestas
El contraste es casi una radiografía del cambio económico que busca Pekín. Mientras la inversión inmobiliaria se hunde, la destinada a productos de propiedad intelectual avanzó un 9,3% y la inversión en industrias de alta tecnología creció un 4,9%.
China intenta sustituir ladrillo por innovación, por decirlo de manera sencilla. Software, inteligencia artificial, automatización, vehículos eléctricos y semiconductores ocupan cada vez más espacio en la política económica. La transición, sin embargo, no ocurre pulsando un interruptor: el peso acumulado durante décadas por la vivienda y la construcción todavía es demasiado grande para desaparecer sin dejar corriente de aire.
El empleo aguanta y los ingresos continúan creciendo
El mercado laboral ofrece por ahora una imagen más estable. La tasa de desempleo urbano se situó en el 5,2% en septiembre, una décima menos que en agosto y exactamente en el promedio de los nueve primeros meses.
La renta disponible por habitante alcanzó los 34.230 yuanes entre enero y septiembre, un 5,3% más en términos nominales y un 4,4% descontando el efecto de los precios. Los ingresos rurales crecieron con mayor rapidez que los urbanos: un 6,3% nominal frente al 4,5%.
Son cifras relevantes porque el gran desafío económico chino ya no consiste únicamente en fabricar más. Pekín necesita que una mayor parte de esa renta termine convirtiéndose en demanda doméstica sostenida, reduciendo la dependencia de la inversión industrial y del mercado exterior.
Una economía que crece, pero a dos velocidades
El 4,5% del tercer trimestre aleja el escenario de un frenazo brusco y mejora las expectativas inmediatas para la segunda mayor economía del mundo. También confirma que la maquinaria industrial china conserva una capacidad notable para producir, exportar y avanzar hacia manufacturas cada vez más sofisticadas.
Pero debajo del dato principal permanece una economía partida casi en dos. Industria, tecnología y exportaciones avanzan con energía; vivienda, inversión y consumo doméstico ofrecen una imagen mucho más apagada. Esa distancia probablemente será más importante durante los próximos meses que una décima arriba o abajo en el PIB.
China sigue creciendo. No poco, además, para una economía de semejante tamaño. La cuestión que deja el tercer trimestre está en la composición de ese avance: por ahora, mucho músculo industrial y tecnológico, contenedores rumbo al exterior y bastante menos entusiasmo delante de los escaparates y las promociones inmobiliarias.
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