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Baleares reduce la espera de dependencia y 6.131 siguen sin valoración

La lista de espera de dependencia baja en Baleares, pero 6.131 personas siguen pendientes de valoración y la demora media aún alcanza 192 días.

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la espera de dependencia

Resumen

  • Baleares tiene 6.131 personas pendientes de valoración de dependencia
  • La demora media baja de 222 a 192 días, aún por encima del plazo legal
  • El Govern refuerza personal y prestaciones ante una demanda que sigue creciendo

Baleares mantiene 6.131 personas pendientes de una valoración de dependencia, según el último balance detallado del Govern. La cifra ha bajado respecto a las 7.598 registradas al comienzo de la legislatura, pero continúa mostrando el tamaño de uno de los grandes atascos de los servicios sociales de las islas: miles de familias siguen esperando una resolución que determina a qué ayudas, servicios o prestaciones pueden acceder.

El dato actualiza, además, cifras anteriores que situaban la espera en torno a 5.400 personas. La demanda ha seguido creciendo y la fotografía más reciente eleva de nuevo el volumen de expedientes pendientes hasta 6.131, aunque la Administración ha conseguido reducir tanto el porcentaje de personas en espera como el tiempo medio necesario para resolverlos.

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La lista de espera baja un 19,3 %, pero sigue por encima de 6.000 personas

El Govern calcula que la lista de espera de dependencia ha descendido un 19,3 %, desde 7.598 hasta 6.131 personas. No es una reducción menor, especialmente porque se produce mientras entran más solicitudes en el sistema. Pero tampoco permite hablar todavía de un problema resuelto. Seis mil expedientes son seis mil hogares pendientes de saber qué grado de dependencia se reconoce y, a partir de ahí, qué respuesta pública corresponde.

La presión ha aumentado con fuerza. Las solicitudes contabilizadas han pasado de 41.760 a 51.818, un 24,1 % más, mientras las resoluciones han crecido un 29,6 %, hasta alcanzar las 50.305. Dicho de otra forma: la maquinaria administrativa corre más que hace unos años, aunque la cola continúa siendo larga porque también llega más gente a la ventanilla.

Hay un dato que ayuda a entender esa aparente contradicción. Baleares concede más prestaciones de dependencia y, simultáneamente, conserva una bolsa considerable de ciudadanos esperando valoración. No son fenómenos incompatibles. Un sistema puede acelerar el ritmo y aun así arrastrar atasco cuando la demanda crece casi al mismo tiempo que su capacidad de respuesta.

La demora media se queda en 192 días

El tiempo medio para resolver una valoración de dependencia ha bajado de 222 a 192 días, una reducción del 13,5 %. Son algo más de seis meses. El objetivo inmediato pasa por situarse de forma estable por debajo de los 180 días establecidos como referencia máxima para resolver el procedimiento.

La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero los promedios esconden historias bastante menos matemáticas. Para una persona mayor que ha perdido autonomía después de una caída, para quien necesita ayuda para asearse o comer, o para una familia que improvisa cuidados entre turnos de trabajo, cada semana adicional pesa. Se nota en la casa, en el bolsillo y, muchas veces, en quien termina convirtiéndose en cuidador sin haberlo previsto.

La demora balear se sitúa, aun así, claramente por debajo de la media nacional manejada en el último balance, situada en torno a los 309 días. La comparación territorial mejora, sí, aunque estar por debajo de la media no convierte automáticamente el tiempo de espera en corto. Esa es la pequeña piedra en el zapato estadístico.

Más prestaciones y más personas dentro del sistema

La expansión del sistema también se aprecia al otro lado de la lista de espera. Las prestaciones concedidas han aumentado alrededor de un 39 % desde el inicio de la legislatura y alcanzan las 60.812, mientras 35.834 personas reciben actualmente alguna prestación de dependencia en Baleares.

El volumen obliga a mirar la dependencia como algo bastante más amplio que una residencia. El sistema incluye teleasistencia, centros de día, ayuda domiciliaria, prestaciones económicas y diferentes fórmulas para que las personas puedan permanecer en su entorno. Esa última pieza resulta especialmente importante: vivir en casa suele ser la opción preferida, pero exige profesionales y horas de atención suficientes.

El Govern también ha reforzado los equipos encargados de valorar expedientes. El plan de choque incorporó 41 nuevos profesionales propios y un dispositivo extraordinario con 37 valoradores adicionales. A ese esfuerzo se suma la acreditación, durante el último año, de 149 profesionales capacitados para aplicar el baremo de valoración de la dependencia.

La atención domiciliaria se convierte en el gran cuello de botella

La propia Conselleria admite que el punto más delicado está actualmente en la atención domiciliaria. El problema no es únicamente presupuestario. Faltan profesionales capaces de prestar el servicio, una escasez que limita la posibilidad de extender las horas de atención aunque exista financiación disponible.

La consellera de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia, Sandra Fernández, ha reconocido que la falta de personal es una de las dificultades que más está costando resolver. La Administración ha incrementado recursos económicos, horas de asistencia y condiciones laborales, pero el número de trabajadores disponibles sigue condicionando hasta dónde puede llegar el servicio.

No es un detalle menor. Reconocer el derecho sobre un documento es solo una parte del recorrido; después hace falta que el servicio exista en la vida real. Una auxiliar que entra por la puerta, una plaza disponible en un centro, una teleasistencia instalada, alguien que pueda acompañar. La dependencia se mide en expedientes, pero se vive en horas de cuidados.

Más horas de atención y nuevas plazas sociosanitarias

El Ejecutivo autonómico sostiene que ha reforzado la atención en el domicilio con decenas de miles de horas adicionales de servicio. También mantiene en ejecución o planificación nuevas plazas destinadas a personas dependientes, dentro de una estrategia que pretende ampliar la capacidad residencial y sociosanitaria de las islas.

A ello se añaden inversiones para ampliar la teleasistencia y desarrollar fórmulas como la asistencia personal y las viviendas supervisadas. El movimiento apunta hacia un sistema menos concentrado exclusivamente en las residencias y con más recursos para mantener a la persona en su casa cuando resulte viable.

En Mallorca, el Servicio de Atención Integral a Domicilio ha alcanzado las 18.400 horas mensuales, frente a las 13.000 registradas en 2023. Son 5.400 horas adicionales cada mes, una cifra que conviene no confundir con las aproximadamente 5.400 personas que aparecían en estadísticas anteriores de espera. Dos números parecidos, dos realidades completamente distintas.

El reto ya no es solo resolver expedientes

La situación de la dependencia en Baleares ofrece una fotografía incómodamente doble. Los tiempos han mejorado, la lista se ha reducido en términos porcentuales y se conceden más prestaciones. A la vez, 6.131 personas continúan esperando una valoración, la demora media todavía ronda los seis meses y la falta de trabajadores dificulta convertir algunos derechos reconocidos en servicios efectivos.

El crecimiento de la demanda tampoco parece coyuntural. La población envejece, llegan más solicitudes y las familias reclaman fórmulas que permitan mantener a las personas dependientes en su entorno sin convertir el cuidado en una jornada invisible para los hogares. El sistema necesita correr para no quedarse quieto. Esa es, quizá, la mejor forma de describir lo que está ocurriendo.

Una mejora estadística que todavía se nota demasiado en casa

Baleares ha conseguido recortar parte del atasco y acercarse al plazo de seis meses, pero la dependencia no admite demasiados triunfalismos contables. Más de 6.000 personas pendientes siguen siendo una espera considerable en un ámbito donde el tiempo tiene una textura distinta: una ducha que ya no puede hacerse sin ayuda, unas escaleras que se vuelven imposibles, una hija que reduce su jornada, un matrimonio mayor que intenta apañarse unas semanas más.

La evolución es mejor que la de años anteriores, pero el examen definitivo no estará en cuántos expedientes se tramitan, sino en cuánto tarda una persona en recibir el apoyo que necesita. Los números empiezan a moverse. La vida de las familias exige que lo hagan un poco más deprisa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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