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COPE emitió 17 anuncios de apuestas mientras el Papa habla de “plaga”

COPE emitió 17 anuncios de apuestas durante dos noches. El contraste llega después de que León XIV calificara el juego de azar como una “plaga”.

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Resumen

  • COPE emitió 17 anuncios de apuestas en dos madrugadas de septiembre
  • Ábside Media, impulsada por los obispos, posee el 75% de COPE
  • León XIV ha calificado el juego de azar como una “plaga” social

COPE emitió 17 inserciones publicitarias de juego online durante las madrugadas del 23 y 24 de septiembre de 2026, según un recuento de las emisiones de la cadena. Los anuncios correspondían a seis operadores y abarcaron apuestas deportivas, casino, póquer y máquinas de azar. Dos de las promociones adoptaron un formato especialmente integrado en el programa: las cuotas fueron leídas en directo por los propios presentadores.

La circunstancia tendría un interés limitado al negocio publicitario de la radio si no fuera por un detalle difícil de separar del asunto: Ábside Media posee el 75% de COPE y es la plataforma audiovisual impulsada por la Conferencia Episcopal Española. León XIV, por su parte, ha advertido sobre “la plaga del juego de azar”, un fenómeno que, en palabras del Papa, arruina familias y constituye un problema educativo, de salud mental y de confianza social. La contradicción no necesita demasiados adornos. Está ahí, sonando entre una cuota y otra.

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Diecisiete anuncios de apuestas en dos madrugadas

El recuento sitúa las emisiones principalmente dentro de la programación deportiva nocturna. Hubo cuñas convencionales, patrocinios de secciones y promociones introducidas por los locutores, una mezcla habitual en la radio deportiva española, donde la publicidad lleva décadas buscando precisamente eso: que el anuncio deje de parecer un anuncio y se funda con la conversación del estudio.

En las dos madrugadas analizadas aparecieron tres casas de apuestas deportivas, una plataforma que también ofrecía casino en vivo, una marca de póquer y máquinas de azar y otro operador que promocionaba una apuesta gratuita. El inventario incluye asimismo ofertas vinculadas a pérdidas, bonos y cuotas deportivas concretas. Durante las emisiones se escucharon también 16 mensajes de juego responsable.

La concentración fue notable. En determinados momentos se encadenaron varias promociones en apenas unos minutos. El oído pasaba de una casa de apuestas a otra, después al casino, luego a una oferta y de vuelta al deporte. Todo acompañado por la fórmula preventiva correspondiente: “juega con responsabilidad” y la advertencia para mayores de 18 años.

Cuando la publicidad entra en la conversación

Dos de las inserciones fueron más allá de la cuña grabada. Los presentadores repasaron cuotas relacionadas con encuentros de fútbol e introdujeron directamente las posibilidades de apuesta. Es una diferencia relevante porque la frontera entre contenido y publicidad se vuelve menos visible cuando la misma voz que comenta un partido recomienda segundos después un mercado concreto.

La regulación española exige que las comunicaciones comerciales de los operadores de juego sean claramente identificables como publicidad. También obliga a incorporar mensajes relacionados con el juego responsable y la prohibición de participación de menores, con requisitos específicos para la radio.

No es, por cierto, un fenómeno recién llegado. Antes de las restricciones aprobadas en 2020, las apuestas habían ocupado una porción importante de la publicidad de los grandes espacios deportivos radiofónicos. Un estudio universitario sobre emisiones de diciembre de 2018 contabilizó 136 comunicaciones de este tipo en Tiempo de Juego, de COPE, y 160 en Carrusel Deportivo, de la SER. La regulación cambió el paisaje; no borró el negocio.

La ley permite anunciar apuestas de madrugada

La cuestión jurídica conviene separarla del juicio ético. La publicidad de operadores de juego en radio y televisión puede emitirse, con carácter general, entre la 1:00 y las 5:00 de la madrugada, de acuerdo con el Real Decreto 958/2020. Esa franja se aplica también a determinadas comunicaciones comerciales durante retransmisiones deportivas en directo. Las inserciones descritas en COPE se sitúan precisamente en esas horas.

Eso significa que su mera emisión no permite sostener que fueran ilegales. La norma española decidió concentrar esta publicidad en la madrugada, una suerte de puerta estrecha que los operadores aprovechan y que encaja especialmente bien con determinados espacios deportivos nocturnos.

El marco, además, quedó menos restrictivo después de una sentencia del Tribunal Supremo de abril de 2024. El alto tribunal anuló varios apartados del decreto, entre ellos disposiciones sobre promociones y aparición de personas de notoriedad pública, al considerar que determinadas limitaciones carecían de cobertura legal suficiente. Permanecieron, sin embargo, las restricciones horarias.

Así que el centro de esta historia no está en una supuesta clandestinidad publicitaria. Está en otra parte. Una empresa puede cumplir escrupulosamente el reloj y, aun así, abrir un debate sobre qué publicidad acepta y qué relación guarda esa decisión comercial con los valores que proclama su propietario.

COPE y la Conferencia Episcopal: una relación empresarial directa

La Conferencia Episcopal Española creó Ábside Media en 2020 para integrar sus principales activos audiovisuales. En aquella reorganización, Ábside pasó a controlar el 75% de Radio Popular S.A.-COPE y prácticamente la totalidad de TRECE. COPE conserva su estructura societaria y sus propios órganos de administración, pero forma parte inequívoca del grupo de comunicación de la Iglesia española.

No se trata, por tanto, de una vinculación remota o meramente histórica. En 2025 las juntas de accionistas de Ábside Media y Radio Popular aprobaron las cuentas del grupo y ratificaron un plan estratégico hasta 2027. Radio Popular cerró 2024 con 134 millones de euros de cifra de negocio y 12,9 millones de beneficio antes de impuestos, en un momento de crecimiento de la compañía.

La publicidad forma parte, naturalmente, del modelo económico de una radio comercial. Y COPE vende espacios publicitarios como cualquier gran cadena privada. Su propia documentación comercial recoge incluso el derecho de la emisora a rechazar publicidad que considere improcedente. La ley marca el suelo; la empresa decide después qué anunciantes cruzan la puerta.

Ahí es donde la discusión deja de ser administrativa y entra en terreno institucional. La cuestión no es solo si una cuña cabe legalmente en la madrugada, sino la coherencia entre propiedad, valores y negocio cuando la empresa pertenece mayoritariamente a una organización que mantiene una posición crítica frente a los daños del juego.

León XIV: el juego de azar “arruina a muchas familias”

León XIV ha dedicado parte de sus intervenciones públicas a alertar sobre el crecimiento del juego y sus consecuencias. El Papa ha utilizado una expresión inequívoca, “la plaga del juego de azar”, y ha señalado que este fenómeno arruina a numerosas familias. También lo ha relacionado con problemas educativos, de salud mental y de confianza social.

No es una referencia lateral. La preocupación de la Iglesia sitúa el juego dentro de las formas de fragilidad y aislamiento que requieren una respuesta pública. El mensaje va bastante más allá de recordar que una persona adulta puede apostar legalmente: pone el foco en los daños que el hábito puede provocar en quien juega y en su entorno.

La Iglesia católica tampoco considera ilícito cualquier juego de azar por definición. La tradición moral distingue entre el entretenimiento ocasional y la conducta que acaba comprometiendo los recursos necesarios de una persona o su familia. Lo que ha cambiado en los últimos años es la escala: el casino ya no está necesariamente al otro lado de una puerta, con moqueta, luces y fichas. Cabe entero dentro de un teléfono móvil.

Y la publicidad acompaña ese salto. El mercado español de juego online alcanzó en 2024 los 1.454,59 millones de euros de margen bruto de juego, un 17,61% más que el año anterior. El gasto en marketing ascendió a 526,3 millones, con un crecimiento superior al 30%, mientras el número de jugadores activos rozó los dos millones.

El problema no es solo lo que permite el BOE

El contraste que deja el caso COPE es incómodo precisamente porque no necesita una ilegalidad para existir. Por un lado, una emisora vinculada empresarialmente a la Conferencia Episcopal explota una fuente de ingresos permitida por la regulación española. Por otro, el máximo responsable de la Iglesia católica describe ese mismo fenómeno como una plaga social capaz de destruir familias.

Las dos cosas pueden convivir jurídicamente. Otra cuestión es lo bien que conviven en el terreno de la coherencia. La distancia entre una norma que permite una actividad y una institución que la considera socialmente dañina es, en este caso, el verdadero centro del debate.

Hay incluso una ironía algo áspera en el ritual radiofónico: primero se invita a apostar y, segundos después, una voz recuerda que hay que hacerlo responsablemente. La advertencia es necesaria, sí, pero no neutraliza el objetivo comercial del mensaje anterior. Un anuncio de apuestas intenta que alguien apueste; para eso se paga.

España mantiene una regulación mucho más restrictiva que la existente antes de 2020, aunque parcialmente recortada por los tribunales. El propio marco legal justifica sus límites por la necesidad de prevenir conductas adictivas, proteger a menores y personas vulnerables y responder al crecimiento de la inversión publicitaria del sector.

Mientras tanto, el mercado continúa evolucionando. La Administración ha seguido trabajando en herramientas destinadas a detectar comportamientos de riesgo entre los jugadores, señal de que la preocupación regulatoria por la ludopatía y los patrones problemáticos de consumo está lejos de pertenecer al pasado.

Entre el micrófono y el púlpito

COPE no necesita compartir cada posición pastoral del Vaticano para operar como empresa, ni la Conferencia Episcopal gestiona necesariamente cada cuña que entra en antena. Pero la propiedad importa. Importa cuando una organización construye su identidad alrededor de unos valores y posee, al mismo tiempo, un medio que monetiza actividades sobre las que esa misma institución expresa reservas muy serias.

Las 17 inserciones de dos madrugadas no permiten medir cuánto dinero obtiene COPE de las casas de apuestas ni saber qué peso tiene ese sector dentro de su facturación publicitaria. Tampoco convierten por sí mismas a la emisora en responsable de la ludopatía. Sería una conclusión fácil y poco rigurosa. Lo que muestran es una contradicción empresarial e institucional suficientemente concreta como para merecer atención.

Sí dejan, en cambio, una fotografía bastante nítida de la distancia que puede abrirse entre doctrina y negocio. León XIV habla de una plaga; la radio vinculada a los obispos españoles vende espacio publicitario a empresas que viven del juego, dentro de la ley y con sus correspondientes avisos de responsabilidad. Todo correcto sobre el papel. El papel, a veces, aguanta contradicciones que el oído detecta a la primera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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