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EEUU veta DeepSeek en agencias civiles federales por riesgo de datos

Las agencias civiles de EEUU deberán retirar DeepSeek y evitar nuevas compras de herramientas que incorporen tecnología de la firma china de IA.

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EEUU veta DeepSeek en agencias federales

Resumen

  • EEUU retira DeepSeek de los sistemas de sus agencias civiles federales
  • El veto alcanza a productos de terceros que integren sus modelos
  • Washington alega riesgos para datos sensibles y seguridad informática

Estados Unidos ha ordenado retirar DeepSeek de los sistemas informáticos de las agencias civiles federales y ha prohibido que estas administraciones vuelvan a contratar productos o servicios vinculados con la empresa china de inteligencia artificial. La decisión no se limita a la aplicación oficial: alcanza también a herramientas de terceros desarrolladas utilizando implementaciones de sus modelos.

El Departamento de Seguridad Nacional considera que la tecnología puede abrir varias vías de riesgo para información gubernamental estadounidense. Entre ellas cita la ubicación de servidores en China, la legislación del país sobre acceso estatal a infraestructuras privadas y la posibilidad de que datos introducidos por empleados o proveedores públicos terminen siendo procesados en sistemas bajo jurisdicción china.

La orden fue emitida el 24 de julio de 2026 y ha quedado publicada este 20 de octubre en el Registro Federal. Su alcance es importante: no supone una prohibición general de DeepSeek para ciudadanos o empresas de Estados Unidos, sino una restricción centrada en los sistemas y contrataciones de las agencias civiles federales.

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La orden va más allá de bloquear la aplicación de DeepSeek

Washington ha dibujado un perímetro bastante más ancho que el simple bloqueo de una página web o la desinstalación de una aplicación. Las agencias afectadas deben excluir de sus procesos de contratación a DeepSeek, sus entidades afiliadas y sus productos, además de retirar determinadas soluciones de otras compañías cuando estén desarrolladas mediante tecnología de la firma china.

El detalle no es menor. Los modelos de inteligencia artificial no siempre llegan al usuario con el nombre de su fabricante claramente visible. Una empresa puede integrar un modelo de DeepSeek dentro de su propio programa, asistente, plataforma empresarial o servicio en la nube. El Gobierno estadounidense pretende cortar también esa vía indirecta.

También afecta a herramientas desarrolladas por terceros

La orden obliga a sacar los productos afectados de los sistemas tecnológicos de las agencias y también de catálogos internos, mercados electrónicos y mecanismos utilizados para adquirir software, hardware y servicios informáticos. El veto a nuevas compras entra directamente en el terreno de la contratación pública federal.

La medida, sin embargo, no convierte DeepSeek en un servicio ilegal para cualquier estadounidense. Empresas privadas y particulares no están incluidos de forma general en esta orden. Tampoco debe confundirse su ámbito con las normas específicas que puedan aplicar el Departamento de Defensa, los organismos de inteligencia u otras estructuras con sus propios protocolos de seguridad.

Por qué EEUU considera que DeepSeek supone un riesgo

El documento oficial pone el foco, sobre todo, en los datos. Según el Departamento de Seguridad Nacional, los servidores utilizados por DeepSeek se encuentran en China y la legislación china concede a las autoridades amplias facultades relacionadas con la ciberseguridad, la inteligencia y determinadas infraestructuras empresariales.

Washington sostiene también que el proceso de creación de cuentas puede recopilar información personalmente identificable, mientras que algunas aplicaciones permiten generar una huella digital del usuario. La preocupación crece cuando quien utiliza el sistema es un funcionario y lo que introduce en una conversación no es una receta, sino información de trabajo que puede ser delicada.

Los asistentes de inteligencia artificial necesitan procesar el contenido que reciben para generar una respuesta. Ahí aparece el núcleo de la inquietud estadounidense: información aparentemente dispersa puede combinarse con datos públicos y terminar dibujando una imagen bastante más precisa de personas, organismos o programas gubernamentales. Una pieza aislada dice poco; miles juntas cuentan otra historia.

Servidores en China y posibles fugas de información

La Administración estadounidense añade una segunda capa de preocupación relacionada con la seguridad informática. El Departamento de Seguridad Nacional advierte de posibles vulnerabilidades en modelos y aplicaciones y contempla también el riesgo de que determinados productos puedan incorporar código malicioso o facilitar la extracción no autorizada de información.

Entre los antecedentes considerados aparecen investigaciones de seguridad sobre la aplicación de DeepSeek para iOS que identificaron fallos relevantes. Eso no equivale a demostrar que la empresa haya robado sistemáticamente datos de funcionarios estadounidenses. La distinción importa: Washington habla de un riesgo que considera suficiente para excluir la tecnología de sus sistemas, no de una prueba de espionaje generalizado.

La retirada es inmediata, aunque existen excepciones

Las agencias civiles tienen instrucciones de retirar los productos afectados o solicitar una excepción cuando exista una razón suficientemente justificada. El mecanismo permite pedir que una parte de la orden no se aplique, retrasar su cumplimiento o mantener temporalmente una tecnología determinada bajo condiciones especiales.

Las solicitudes deben explicar qué producto está afectado, qué excepción se reclama, por qué resulta necesaria y qué medidas alternativas servirán para reducir el riesgo. La Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad, conocida como CISA, participa en la evaluación técnica de estas peticiones.

Mientras termina la retirada, las administraciones pueden reforzar la vigilancia del tráfico de sus redes, ampliar los registros de actividad y aplicar controles frente a la extracción de datos o comportamientos anómalos. No basta, por tanto, con borrar un icono del escritorio. Hay que localizar dónde puede estar incrustada la tecnología, y en el ecosistema actual de la inteligencia artificial eso puede ser bastante menos evidente.

DeepSeek ya estaba bajo vigilancia en Estados Unidos

La decisión federal no nace de cero. Distintas instituciones estadounidenses habían restringido anteriormente el uso de DeepSeek en dispositivos oficiales, mientras varios estados adoptaron medidas similares ante las dudas sobre privacidad y seguridad. La nueva orden lleva esa cautela a un marco federal más amplio para las agencias civiles.

DeepSeek pasó en poco tiempo de ser una empresa conocida principalmente dentro del sector tecnológico a convertirse en uno de los símbolos de la competición mundial por la inteligencia artificial. Sus modelos, su estrategia de costes y la disponibilidad de parte de su tecnología demostraron que una compañía china podía disputar terreno a los grandes laboratorios estadounidenses.

Ahí cambió la conversación. Ya no se trata únicamente de determinar quién construye el modelo más potente o más barato. La discusión se ha desplazado hacia algo menos vistoso, aunque bastante más trascendente: quién controla la infraestructura, dónde viajan los datos y bajo qué legislación quedan almacenados.

La propia naturaleza de los modelos de DeepSeek complica cualquier restricción administrativa. Parte de su tecnología puede utilizarse mediante modelos distribuidos y herramientas desarrolladas sobre ellos, de modo que la misma base tecnológica puede reaparecer dentro de aplicaciones con otro nombre y otra interfaz. Precisamente por eso la orden estadounidense intenta abarcar también determinados productos de terceros.

China acusa a Washington de utilizar la seguridad como pretexto

Pekín ha rechazado las restricciones estadounidenses y acusa a Washington de ampliar excesivamente el concepto de seguridad nacional para limitar el crecimiento de empresas tecnológicas chinas. El Gobierno chino mantiene que protegerá los intereses legítimos de sus compañías frente a las medidas que considera discriminatorias.

La disputa sobre DeepSeek forma parte de una batalla tecnológica mucho mayor. Estados Unidos mantiene restricciones que dificultan el acceso chino a determinados semiconductores avanzados y equipos empleados para fabricarlos, mientras las dos potencias compiten por controlar piezas esenciales de la infraestructura digital, desde los chips hasta los centros de datos y los modelos de inteligencia artificial.

Washington también ha planteado durante los últimos años dudas sobre el uso de tecnologías extranjeras en redes, telecomunicaciones y organismos públicos. Antes fueron el 5G y los semiconductores; la nueva frontera está en los modelos capaces de recibir enormes cantidades de información, procesarla y devolver respuestas en cuestión de segundos.

La batalla por la IA también se libra en los datos

La retirada de DeepSeek muestra hasta qué punto un chatbot ha dejado de ser visto simplemente como una herramienta para redactar textos o resolver dudas. Cuando una inteligencia artificial entra en una administración pública, puede recibir documentos internos, consultas profesionales, instrucciones operativas y patrones de trabajo. El dato se convierte en infraestructura estratégica.

Por eso Estados Unidos ha decidido actuar no solo contra el producto visible de DeepSeek, sino también contra determinadas afiliadas y soluciones de terceros que utilicen su tecnología. Ese es uno de los elementos más relevantes de la orden: el Gobierno no pretende cerrar únicamente una aplicación, sino reducir las formas indirectas de acceso a sus sistemas.

El movimiento profundiza así la separación tecnológica entre Estados Unidos y China. Durante años el conflicto giró alrededor de Huawei, las redes 5G y los chips. La siguiente frontera está tomando forma delante de millones de pantallas: los modelos de inteligencia artificial y la información que pasa por ellos. DeepSeek acaba de quedar oficialmente dentro de esa disputa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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