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China acusa a EE. UU. de romper el pacto Xi-Trump al vetar DeepSeek

Pekín acusa a Washington de romper el entendimiento entre Xi y Trump tras prohibir DeepSeek en los sistemas informáticos de agencias federales.

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Lupa sobre China

Resumen

  • EE. UU. veta DeepSeek en los sistemas de sus agencias civiles federales
  • China acusa a Washington de romper el entendimiento entre Xi y Trump
  • Pekín exige retirar unas medidas que considera discriminatorias

China ha acusado a Estados Unidos de ignorar el entendimiento alcanzado entre Xi Jinping y Donald Trump después de que Washington prohibiera el uso de productos de DeepSeek en los sistemas informáticos de las agencias civiles del Gobierno federal. Pekín reclama que la medida sea retirada y la considera una restricción discriminatoria contra las empresas tecnológicas chinas.

La prohibición estadounidense tiene, eso sí, un alcance concreto. No supone la expulsión de DeepSeek de Estados Unidos ni impide de forma general que particulares o empresas privadas utilicen sus modelos. La orden se concentra en los sistemas de las agencias civiles federales y alcanza tanto a productos de DeepSeek como a determinados servicios de terceros que incorporen su tecnología.

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China acusa a Washington de romper el entendimiento Xi-Trump

El Ministerio de Comercio chino ha elevado el tono al asegurar que Estados Unidos está pasando por alto el consenso alcanzado por Xi y Trump y utiliza la seguridad nacional para limitar a compañías del país asiático. Pekín sostiene que Washington está convirtiendo una disputa tecnológica en una barrera política y comercial contra sus empresas.

La respuesta incluye una petición explícita para que Estados Unidos retire las denominadas “medidas restrictivas discriminatorias”. El Gobierno chino también ha advertido de que adoptará las medidas que considere necesarias para defender los intereses legítimos de sus compañías si Washington mantiene la decisión.

La acusación tiene un evidente componente político. Pekín presenta el veto como incompatible con la voluntad de estabilizar las relaciones entre las dos potencias y con los canales de diálogo abiertos alrededor de la inteligencia artificial. Washington, en cambio, coloca la discusión en otro terreno: seguridad de los datos, vulnerabilidades informáticas y protección de los sistemas públicos.

Por qué Estados Unidos ha vetado DeepSeek en sus agencias

La explicación estadounidense gira alrededor de los riesgos de seguridad informática asociados al uso del modelo chino dentro de redes gubernamentales. Las autoridades temen que determinados datos procesados mediante servicios vinculados a DeepSeek puedan quedar expuestos, transferirse a infraestructuras situadas en China o terminar disponibles para actores vinculados al país.

El Departamento de Seguridad Nacional ha señalado diferentes posibles vectores de amenaza, desde la gestión de información sensible hasta el riesgo de vulnerabilidades incorporadas en productos que utilicen los modelos. La orden pretende impedir que funcionarios, contratistas o proveedores introduzcan esta tecnología dentro de entornos federales considerados delicados.

La decisión tampoco apareció de improviso. La directiva administrativa se remonta a julio, aunque su alcance ha adquirido mayor visibilidad tras hacerse pública. Washington ya llevaba meses endureciendo su posición sobre determinadas tecnologías chinas consideradas sensibles para las comunicaciones, las infraestructuras públicas y la inteligencia artificial.

El veto también alcanza a productos de terceros

Uno de los aspectos más relevantes es que una agencia federal no puede sortear la prohibición simplemente contratando una aplicación diferente que utilice DeepSeek en segundo plano. Los servicios de terceros construidos sobre sus modelos también pueden quedar afectados, lo que amplía considerablemente el perímetro de la medida.

Es una consecuencia de cómo funciona la industria actual de la IA. Muchas compañías no desarrollan desde cero un modelo propio, sino que conectan sus productos con tecnología ajena mediante interfaces, componentes de código abierto o servicios externos. El nombre de DeepSeek puede no aparecer en la pantalla y, aun así, estar debajo del capó. Ahí empieza la parte complicada.

Precisamente esa arquitectura hace más difícil aplicar la prohibición. Los modelos abiertos de DeepSeek tienen una circulación mucho mayor que una aplicación convencional y pueden integrarse en numerosos productos, de manera que identificar toda la cadena tecnológica exige revisar proveedores, software y servicios utilizados por cada organismo.

DeepSeek vuelve al centro de la batalla tecnológica

La compañía china se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo de la inteligencia artificial generativa. Su crecimiento ha demostrado que las empresas chinas pueden desarrollar modelos competitivos incluso bajo las restricciones estadounidenses que dificultan el acceso a determinados semiconductores avanzados.

Washington lleva años limitando la llegada a China de algunos de los procesadores más sofisticados para inteligencia artificial y de maquinaria empleada en la producción de chips. Pekín, mientras tanto, también estudia un mayor control sobre la exportación de tecnologías avanzadas de IA. El espejo devuelve una escena bastante conocida: cada potencia invoca la seguridad nacional mientras protege aquello que considera estratégico.

No es solamente una disputa por aplicaciones capaces de generar textos, imágenes o código. Los modelos avanzados tienen aplicaciones en ciberseguridad, industria, defensa e investigación científica, además del análisis de enormes cantidades de información. La competición tecnológica empieza así a parecerse menos a una simple guerra comercial y más a una carrera por controlar infraestructuras fundamentales.

El diálogo sobre inteligencia artificial queda bajo presión

El episodio llega mientras Washington y Pekín mantienen abiertos mecanismos para discutir los riesgos relacionados con la inteligencia artificial. Esa voluntad de diálogo convive, sin demasiada comodidad, con las restricciones cruzadas y con una desconfianza tecnológica creciente entre ambos gobiernos.

No existe una tregua tecnológica entre las dos potencias. Estados Unidos mantiene restricciones importantes sobre tecnología avanzada y China tampoco renuncia a proteger sectores estratégicos. Los canales bilaterales sirven, más bien, para evitar que cada incidente termine convertido en una crisis mayor. El veto a DeepSeek demuestra hasta qué punto ese margen puede ser estrecho.

Cooperar mientras se levantan nuevas barreras

Cooperación y rivalidad avanzan casi en paralelo. Washington y Pekín pueden discutir normas para una inteligencia artificial más segura mientras, al mismo tiempo, restringen el acceso de empresas del otro país a mercados, componentes o sistemas públicos. No es una contradicción menor; es, en buena medida, la nueva normalidad de la relación entre ambos.

DeepSeek resulta especialmente incómoda para Estados Unidos porque combina capacidad tecnológica china y distribución abierta. Una prohibición dentro de la Administración puede cerrar la puerta de los sistemas oficiales, pero no elimina la presencia de sus modelos en universidades, empresas privadas, desarrolladores independientes o aplicaciones creadas sobre código accesible públicamente.

Una disputa que va mucho más allá de DeepSeek

El choque tampoco se limita a una sola empresa. China ha protestado también contra las sanciones estadounidenses a varias entidades chinas relacionadas con un caso de supuesto robo de secretos comerciales de inteligencia artificial. Washington sostiene que determinadas compañías se beneficiaron de tecnología obtenida ilegalmente; Pekín rechaza esa lectura y atribuye los avances del sector a inversión, investigación e innovación propia.

La batalla por DeepSeek se inserta así en una discusión mucho mayor sobre chips, propiedad intelectual, datos, exportaciones y soberanía tecnológica. Estados Unidos intenta reducir la presencia de determinadas tecnologías chinas en infraestructuras consideradas sensibles; China interpreta parte de esas restricciones como una política diseñada para contener el ascenso de sus empresas.

Entre ambos queda el diálogo bilateral sobre inteligencia artificial, sometido a una prueba temprana. El reto no consiste únicamente en decidir qué modelos pueden entrar en los ordenadores de una administración pública, sino en establecer hasta dónde puede llegar la interdependencia tecnológica cuando dos países compiten abiertamente por dominar el mismo sector.

El veto abre otra grieta entre las dos grandes potencias

Por el momento, el alcance de la decisión estadounidense sigue estando acotado a los sistemas federales afectados y no equivale a una prohibición general de DeepSeek en Estados Unidos. Es una diferencia importante para usuarios y empresas: el modelo chino no desaparece del mercado estadounidense por esta orden.

La consecuencia política, sin embargo, tiene más recorrido. Pekín presenta el veto como una ruptura del entendimiento entre Xi y Trump, mientras Washington lo defiende como una cuestión de seguridad. DeepSeek queda en medio, convertida en algo más que una empresa de inteligencia artificial: otro terreno donde China y Estados Unidos miden hasta dónde están dispuestos a confiar el uno en el otro.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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