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Moscú denuncia 630 drones: dos heridos y cuatro aeropuertos cerrados
Moscú denuncia el lanzamiento de 630 drones contra la capital rusa, con dos heridos, cierres aeroportuarios y nuevas alertas en varias regiones.
Imagen: Mos.ru / CC BY 4.0.
Resumen
- Moscú denuncia el lanzamiento de 630 drones durante la madrugada
- Dos personas resultaron heridas y cuatro aeropuertos suspendieron vuelos
- Las defensas rusas aseguran haber neutralizado gran parte de la oleada
Moscú vivió una de sus noches más intensas desde el comienzo de la guerra en Ucrania. Las autoridades rusas aseguran que 630 drones se dirigieron hacia la región de la capital entre las 20:30 del miércoles 21 de octubre y las 04:00 del jueves 22, en una ofensiva que dejó al menos dos personas heridas y obligó a restringir temporalmente las operaciones en los principales aeropuertos moscovitas.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, afirmó que la mayor parte de los aparatos fue interceptada por las defensas aéreas antes de alcanzar la ciudad. Según su balance, 163 drones fueron neutralizados en las proximidades de Moscú. Los dos heridos se encontraban en la zona de Vorónovo, dentro de los distritos administrativos de Troitski y Novomoskovski, donde también trabajaron los servicios de emergencia tras la caída de restos de los aparatos.
Hay, con todo, una cautela imprescindible. Las cifras proceden de las autoridades rusas y no pueden verificarse de forma independiente mientras continúa la guerra. Ucrania no había confirmado oficialmente su participación en esta operación en las primeras informaciones disponibles. En un conflicto donde cada bando cuenta los drones derribados casi como quien cuenta tantos en un marcador, conviene mantener esa frontera entre lo comunicado y lo comprobado.
Cuatro aeropuertos de Moscú suspendieron operaciones
La ofensiva tuvo un efecto inmediato mucho más allá de las explosiones escuchadas alrededor de la capital. Los aeropuertos de Vnúkovo, Sheremétievo, Domodédovo y Zhukovski suspendieron temporalmente sus operaciones por razones de seguridad durante la alerta aérea.
Las interrupciones provocaron retrasos y alteraciones tanto en rutas nacionales como internacionales. Durante la mañana se contabilizaban alrededor de un centenar de vuelos afectados entre llegadas y salidas. Es una consecuencia que se repite cada vez con más frecuencia: aunque un dron no alcance su objetivo, basta su aproximación para cerrar durante horas enormes corredores aéreos y trastocar la actividad de una metrópoli de más de 13 millones de habitantes.
Moscú dispone de una densa red de defensa antiaérea, reforzada desde que los ataques de largo alcance comenzaron a penetrar con mayor frecuencia en territorio ruso. Pero oleadas de cientos de aparatos plantean un problema distinto. No se trata únicamente de destruir cada objetivo, sino de detectarlo, clasificarlo y decidir con qué sistema interceptarlo sin vaciar las baterías defensivas. La cantidad, en estas operaciones, es parte del arma.
Un ataque enorme, aunque no sería un récord
Los 630 drones denunciados por Moscú colocan la ofensiva entre las mayores dirigidas contra la capital rusa durante la guerra, aunque no sería un récord absoluto según los propios balances difundidos anteriormente por Rusia.
El 18 de agosto, Sobianin aseguró que 637 drones habían sido lanzados hacia Moscú y su región. Aquella oleada también provocó fuertes alteraciones aeroportuarias y fue considerada una de las mayores operaciones de largo alcance desde la invasión rusa iniciada en febrero de 2022. Dicho de otra manera: ataques que hace dos años habrían parecido excepcionales empiezan a formar una categoría propia dentro de la guerra.
La tendencia refleja la rápida transformación del campo de batalla. Los drones de largo alcance permiten atacar instalaciones situadas a cientos de kilómetros del frente con un coste muy inferior al de un misil de crucero convencional. También obligan al adversario a gastar recursos caros para interceptarlos. Cuando llegan por centenares, la aritmética se vuelve incómoda incluso para sistemas antiaéreos sofisticados.
Un posible objetivo militar cerca de Serpújov
Durante la noche también circularon imágenes de explosiones en Serpújov, al sur de Moscú. El análisis de vídeos difundidos por testigos apuntaba a un posible impacto en las proximidades del llamado 75.º Arsenal, una instalación militar dedicada al almacenamiento, mantenimiento y reparación de armamento.
La información no estaba confirmada de manera independiente a primera hora del jueves. La instalación ha trabajado con sistemas de defensa aérea como los Buk-M1, Buk-M2 y S-300V. Si finalmente se confirma el impacto, el episodio adquiriría un significado militar superior al de una simple incursión destinada a tensionar las defensas de Moscú. Por el momento, ese extremo permanece abierto.
Los ataques alcanzaron otras regiones de Rusia
Moscú no fue el único punto bajo presión. También se registraron ataques en otras zonas rusas durante la misma noche. En Lipetsk, unos 400 kilómetros al sur de la capital, un hombre resultó herido y varios edificios residenciales sufrieron daños.
Las autoridades locales informaron asimismo de desperfectos en un centro médico. En otras regiones, entre ellas Tula y Vorónezh, los gobernadores comunicaron nuevas interceptaciones y daños en viviendas o infraestructuras. Como ocurre con el balance de Moscú, buena parte de estas cifras depende de comunicados oficiales rusos y debe manejarse con prudencia.
La extensión geográfica de las incursiones es, de hecho, uno de los aspectos que más condicionan a Rusia. Defender únicamente Moscú sería relativamente sencillo comparado con la tarea actual: proteger simultáneamente aeropuertos, refinerías, depósitos de combustible e instalaciones militares repartidas por miles de kilómetros.
Rusia golpea Kiev durante la misma madrugada
La enorme oleada sobre Moscú coincidió con nuevos ataques rusos contra Ucrania, de modo que la madrugada volvió a convertirse en un intercambio de golpes a gran distancia.
Misiles rusos alcanzaron Kiev y dañaron, entre otras instalaciones, parte de la infraestructura del metro situada en el puente Sur sobre el río Dniéper. Las autoridades ucranianas comunicaron inicialmente al menos 15 heridos, entre ellos menores, mientras los equipos de emergencia seguían evaluando los daños. Rusia también atacó la región de Járkov, donde las autoridades locales informaron de la muerte de una mujer y de otros cuatro heridos.
Un dron alcanzó además infraestructura energética en el área de Kremenchuk, una importante ciudad industrial de la región de Poltava que alberga una de las principales refinerías ucranianas. La infraestructura energética continúa siendo uno de los terrenos más castigados de la guerra, especialmente a medida que se acerca el invierno.
No hay aquí dos guerras distintas. La presión sobre Moscú y los bombardeos sobre Kiev forman parte del mismo ciclo: ataques cada vez más lejanos, represalias y saturación de las defensas. La línea del frente continúa siendo el núcleo militar del conflicto, pero hace tiempo que dejó de ser su límite geográfico.
La escalada coincide con nuevos movimientos diplomáticos
La nueva noche de ataques resulta especialmente llamativa porque coincide con otro intento de reactivar la vía diplomática. El enviado estadounidense Steve Witkoff había mantenido conversaciones esta semana con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y con el presidente ruso, Vladímir Putin.
Zelenski ha respaldado la posibilidad de nuevas conversaciones trilaterales entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos, mientras el Kremlin ha expresado su disposición a retomar las negociaciones mediadas por Washington. El contraste es bastante crudo: las cancillerías vuelven a hablar de mesas de negociación mientras sobre las dos capitales vuelan centenares de aparatos explosivos.
No es necesariamente una contradicción. Las guerras suelen negociar mientras combaten, y cada parte intenta llegar a cualquier conversación con una posición militar algo menos mala que la víspera. Los ataques de largo alcance sirven también para eso: demostrar capacidad, señalar vulnerabilidades y elevar el coste de prolongar el conflicto.
Moscú descubre que la retaguardia queda cada vez más lejos
La ofensiva del 22 de octubre vuelve a dejar una evidencia que se ha ido consolidando durante 2026: Moscú ya no puede considerarse una retaguardia completamente protegida. La defensa aérea rusa conserva una enorme capacidad de interceptación, pero la repetición y el volumen de las oleadas obligan a mantener en alerta aeropuertos, servicios de emergencia y sistemas militares situados a cientos de kilómetros del frente.
Los dos heridos comunicados por las autoridades rusas representan, por ahora, el balance humano directo en la región de Moscú. Pero la dimensión militar del episodio va bastante más allá. 630 drones en siete horas y media equivalen, de media, a un aparato dirigido hacia la región aproximadamente cada 43 segundos. Incluso si la mayoría fue derribada, como sostiene Rusia, esa cifra explica el verdadero objetivo de una operación de saturación: no hace falta que todo atraviese el escudo. Basta con obligarlo a trabajar sin descanso.
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