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Serbia vota con Vučić y los estudiantes en un pulso electoral incierto

Los sondeos dejan abiertas las elecciones de Serbia entre Vučić y los estudiantes, mientras una mayor participación puede decidir el resultado.

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Serbia vota con Vučić

Imagen: European Union / CC BY 4.0.

Resumen

  • Los sondeos dejan abierto el duelo entre Vučić y la Lista Estudiantil
  • La participación puede superar el 60% y alterar el reparto de escaños
  • El movimiento surgido tras Novi Sad desafía una década de poder del SNS

Serbia llega a las elecciones parlamentarias anticipadas del 25 de octubre con un escenario que hace apenas dos años habría parecido improbable: Aleksandar Vučić y el bloque político que domina el país desde hace más de una década afrontan una disputa real por el poder frente a una candidatura nacida de las protestas universitarias. Los últimos sondeos dibujan una carrera muy ajustada, aunque ni siquiera coinciden en quién parte por delante. Sí comparten algo bastante más concreto: la participación podría superar el 60%, un nivel desconocido en unas parlamentarias serbias desde hace alrededor de dos décadas.

La fotografía demoscópica, de hecho, parece tomada con varios objetivos distintos. El instituto NSPM sitúa a la Lista Estudiantil ligeramente por delante, con un 44,4% frente al 42,7% de la candidatura encabezada por Vučić. Faktor Plus, considerado próximo al entorno gubernamental, invierte el paisaje y concede a Serbia Unida un 48,6%, frente al 37,1% de los estudiantes. CRTA ha situado a los universitarios en el 44,9% y al bloque de Vučić en el 35,7%, mientras otros modelos ponderados vuelven a colocar al antiguo presidente por delante. No es una pequeña desviación estadística: son mapas políticos diferentes para un mismo país.

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Los sondeos convierten Serbia en una elección sin favorito claro

La última encuesta de NSPM, realizada sobre 1.050 personas entre finales de septiembre y comienzos de octubre, otorga a la lista estudiantil alrededor del 44,4% de los votos decididos, frente al 42,7% de Aleksandar Vučić-Serbia Unida. La distancia es mínima y, por supuesto, insuficiente para proclamar nada tres días antes de las urnas. Otro estudio independiente, Birodi, había llegado a situar a los estudiantes cerca del 48,5% y a Serbia Unida en el 38,6%.

Faktor Plus cuenta otra historia. Su estimación concede el 48,6% al bloque de Vučić y el 37,1% a la candidatura estudiantil. La distancia entre unas encuestas y otras supera ampliamente lo que puede explicarse mediante el habitual margen de error. Intervienen las fechas del trabajo de campo, las metodologías, la forma de tratar a los indecisos y, en un país profundamente polarizado, también la confianza que despierta cada instituto.

Hasta los agregadores discrepan. PolitPro situaba el 21 de octubre al SNS y sus aliados principales en torno al 45%, unos 2,5 puntos por encima de la Lista Estudiantil, con una probabilidad mayor de terminar como primera fuerza. Otro modelo basado en encuestas recientes, Election Monitor, calculaba este jueves 117 diputados para Serbia Unida y 112 para los estudiantes, dejando a ambos lejos de los 126 necesarios para gobernar solos. Es decir: quien busque una encuesta que confirme su intuición probablemente la encontrará. La democracia, por fortuna, todavía conserva la mala costumbre de exigir urnas.

Una participación superior al 60% puede alterar todos los cálculos

Aquí las estimaciones son bastante más uniformes. Los institutos esperan un aumento significativo de la participación respecto a las parlamentarias de diciembre de 2023, cuando acudió a votar aproximadamente el 58,8% del electorado. Algunos cálculos sitúan la movilización claramente por encima del 60%; Vučić ha llegado a pronosticar entre el 63% y el 64%.

El dato importa porque la candidatura estudiantil ha construido precisamente su campaña alrededor de la movilización de ciudadanos que anteriormente se quedaban fuera de la política organizada. Marchas, recorridos en bicicleta, asambleas universitarias y actos locales han sustituido en buena medida a la estructura clásica de partido. Miles de estudiantes han llegado esta semana caminando a Belgrado para el acto final de campaña en la plaza Slavija, uno de los escenarios históricos de las protestas serbias.

No existe, sin embargo, una fórmula matemática sencilla según la cual una participación elevada beneficie automáticamente a los estudiantes. El propio Vučić sostiene justo lo contrario y asegura que una mayor afluencia consolidará su ventaja. Ese es uno de los grandes interrogantes del domingo: quién ha conseguido ampliar realmente su electorado y quién simplemente ha movilizado a quienes ya estaban convencidos.

De las protestas de Novi Sad a una candidatura nacional

La Lista Estudiantil no procede de una escisión parlamentaria ni del despacho de algún veterano dirigente opositor. Su origen está en la enorme oleada de protestas desencadenada después de la tragedia de la estación ferroviaria de Novi Sad, donde el derrumbe de una marquesina en noviembre de 2024 causó 16 muertos. Las movilizaciones señalaron la corrupción, la opacidad administrativa y la falta de responsabilidades como causas políticas de un desastre que terminó convirtiéndose en símbolo nacional.

Lo que empezó como una demanda de justicia fue ensanchándose. Durante casi dos años, estudiantes universitarios organizaron bloqueos, marchas y concentraciones por toda Serbia. El movimiento sobrevivió a detenciones, campañas de descrédito y acusaciones gubernamentales de actuar contra el Estado. Y, algo menos habitual, consiguió evitar durante mucho tiempo el destino clásico de tantas protestas: desinflarse cuando las cámaras se marchan.

Su estructura explica parte de esa resistencia. No funciona alrededor de un dirigente carismático. Las decisiones importantes se discuten en asambleas o plenos universitarios, una fórmula deliberadamente opuesta al modelo personalista que ha caracterizado la política serbia durante los años de Vučić. La lista electoral resultante incluye profesores, académicos, especialistas, agricultores, artistas y otras figuras procedentes de fuera de los aparatos tradicionales.

Esa ausencia de liderazgo individual es fortaleza y debilidad al mismo tiempo. Dificulta concentrar los ataques sobre una sola figura, pero también deja abiertas preguntas sobre cómo gobernaría un movimiento concebido originalmente para protestar. La gestión económica, Kosovo, las relaciones con Rusia o el encaje definitivo de Serbia en la Unión Europea exigen algo más que pancartas y voluntad regeneradora. El domingo medirá hasta qué punto una sociedad acepta cambiar certezas conocidas por una opción todavía en construcción.

Vučić vuelve a jugarse el poder, esta vez desde fuera de la Presidencia

Aleksandar Vučić ya no concurre como presidente de Serbia. Tras convocarse las elecciones anticipadas, renunció a la Presidencia en septiembre para encabezar la candidatura de Serbia Unida y aspirar de nuevo al puesto de primer ministro, cargo que ya ocupó antes de convertirse en jefe del Estado. Su objetivo es prolongar una hegemonía política construida durante más de una década alrededor del Partido Progresista Serbio, SNS.

Vučić mantiene una implantación territorial formidable, un aparato político muy superior al de sus adversarios y una base electoral acostumbrada a identificar estabilidad con continuidad. En campaña ha asegurado que vencerá y ha acusado repetidamente a sus rivales de recibir apoyo extranjero y preparar maniobras para cuestionar el resultado.

El problema para el antiguo presidente es que esta vez no se enfrenta a una oposición convencional, fragmentada entre siglas que llevan años compitiendo entre ellas. La candidatura estudiantil se ha convertido en un recipiente para votantes muy distintos unidos por una idea más elemental: terminar con el sistema de poder construido alrededor de Vučić. Ese carácter transversal explica buena parte de su crecimiento, aunque también hace más difícil prever qué ocurriría después de una eventual victoria.

Los 250 escaños convierten unas décimas en una cuestión decisiva

La Asamblea Nacional de Serbia cuenta con 250 diputados y la mayoría absoluta se alcanza con 126. Las listas ordinarias necesitan obtener al menos el 3% de los votos para participar en el reparto de escaños, mientras que las candidaturas de minorías nacionales disfrutan de reglas específicas. Los mandatos se distribuyen mediante el método D’Hondt.

Este detalle aparentemente técnico importa mucho. No hace falta superar el 50% del voto popular para lograr una mayoría parlamentaria. Si varias fuerzas quedan por debajo del umbral del 3%, una candidatura situada en torno al 45% puede recibir una proporción de escaños bastante mayor que su porcentaje de sufragios.

Por eso algunas proyecciones conceden una posible mayoría al bloque gubernamental aunque ningún sondeo sitúe necesariamente a Vučić por encima de la mitad de los votos. PolitPro calculaba recientemente 129 escaños para las fuerzas vinculadas a la mayoría saliente, mientras Election Monitor situaba ese mismo espacio político alrededor de 135 diputados sumando sus distintas listas y aliados. Son modelos, no resultados, pero explican por qué el combate por los partidos pequeños puede acabar siendo tan importante como el duelo principal.

Una campaña vigilada por Europa y marcada por la tensión

La incertidumbre electoral llega acompañada de un clima político áspero. La policía serbia detuvo esta semana a seis personas acusadas de preparar actos violentos durante la jornada electoral. Cinco fueron arrestadas en Novi Sad y una sexta en Belgrado; la Fiscalía sostiene que se estaban organizando grupos destinados a enfrentamientos con agentes y adversarios políticos.

Al mismo tiempo, organizaciones de observación electoral y sectores de la oposición denuncian intimidaciones, vigilancia y un terreno de juego desigual. CRTA aseguró a comienzos de octubre haber documentado 49 incidentes durante las tres primeras semanas de campaña y expresó preocupación por actuaciones policiales, presuntas escuchas y dificultades para que algunos ciudadanos residentes en el extranjero pudieran votar.

La OSCE ha desplegado una misión internacional de observación con expertos y observadores de largo plazo y prevé centenares de observadores para la jornada electoral. También participarán representantes de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo. Su evaluación no se limitará al recuento: analizará el registro de votantes, la financiación electoral, el comportamiento de los medios, el uso de recursos públicos y la resolución de posibles reclamaciones.

Serbia es candidata a entrar en la Unión Europea, de modo que la limpieza del proceso tiene una dimensión que va mucho más allá de Belgrado. Durante años, Bruselas ha intentado mantener un equilibrio incómodo entre la estabilidad regional que representa Vučić y las críticas al deterioro de los contrapesos democráticos. Las elecciones del domingo pondrán ese equilibrio bajo una luz bastante poco indulgente.

El domingo medirá algo más que la fuerza de Vučić

Reducir estas elecciones a un duelo entre un veterano dirigente y un grupo de universitarios sería tentador, pero engañoso. Serbia está midiendo hasta dónde puede transformarse una movilización social en poder electoral efectivo y hasta qué punto sigue funcionando la formidable maquinaria política construida alrededor del SNS.

Las encuestas permiten defender casi cualquier pronóstico razonable. NSPM coloca a los estudiantes por delante. Faktor Plus da una ventaja amplia a Vučić. CRTA ha mostrado una ventaja estudiantil mayor. Los agregadores vuelven a estrechar el margen. Hay demasiada dispersión entre sondeos para presentar una cifra como si fuese un oráculo y demasiados indecisos para creer que la campaña ha terminado antes de tiempo.

Lo verdaderamente nuevo está en otra parte. Hace dos años, una candidatura estudiantil capaz de discutir la primera posición al bloque dominante sencillamente no existía. Este domingo puede convertirse en la fuerza más votada, quedar segunda por un margen estrecho o comprobar que las grandes manifestaciones no siempre se traducen en papeletas. Cualquiera de esos escenarios dejará una Serbia políticamente distinta.

Y una cifra, probablemente, contará buena parte de la historia antes incluso de conocer el reparto de escaños: cuántos serbios acudan a votar. Si la participación rompe claramente el techo de 2023, el movimiento nacido en las calles habrá logrado ya algo que durante años pareció mucho más difícil que organizar una protesta multitudinaria: volver competitiva una elección que parecía escrita de antemano.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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