Naturaleza
Nacen seis torillos andaluces en Jerez, una especie extinta en España
El Zoobotánico de Jerez logra el nacimiento de seis torillos andaluces, una especie extinta en España y amenazada en su último refugio de Marruecos.
Imagen: Francesco Veronesi / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Jerez ha logrado criar seis pollos de torillo andaluz
- La especie está extinta en España y solo sobrevive en libertad en Marruecos
- El programa busca crear una población estable y preparar su regreso a Andalucía
El Zoobotánico de Jerez ha conseguido el nacimiento de seis pollos de torillo andaluz, un ave desaparecida de España cuya última población conocida en libertad sobrevive en un pequeño enclave de la costa atlántica de Marruecos. Las crías forman parte del programa impulsado para crear una población reproductora estable y abrir, a medio plazo, la posibilidad de devolver la especie al litoral andaluz.
Los seis ejemplares nacieron entre la madrugada del 11 de octubre y la tarde del día 12, después de la puesta realizada por dos hembras llegadas desde Marruecos apenas unas semanas antes. Un séptimo huevo continúa en incubación con evolución favorable. El resultado tiene un peso considerable: el proyecto acaba prácticamente de arrancar y ya ha superado una de sus primeras pruebas delicadas, conseguir reproducción viable bajo cuidados humanos.
Seis nacimientos apenas un mes después de llegar a Jerez
El punto de partida está en los 18 torillos andaluces trasladados desde Marruecos a Andalucía en septiembre. Llegaron al Puerto de Algeciras el día 9 y fueron llevados al Centro de Conservación de la Biodiversidad Zoobotánico Jerez, donde comenzó el programa de reproducción fuera de su hábitat natural.
La respuesta de las aves fue rápida. En aproximadamente mes y medio, dos de las hembras realizaron sus primeras puestas: cuatro huevos en una instalación y otros tres en una segunda. Los siete fueron trasladados a incubación artificial, con temperatura y humedad controladas y revisiones periódicas mediante ovoscopia, una técnica que permite comprobar el desarrollo del embrión observando el interior del huevo mediante luz.
Se tomaron también medidas de cada huevo y muestras destinadas a futuros estudios. Parece una minucia administrativa —pesar, medir, apuntar—, pero en conservación de especies al borde del abismo esos cuadernos acaban siendo casi tan importantes como las incubadoras.
Los seis primeros huevos eclosionaron sin intervención humana. Después, los pollos pasaron a una nacedora donde los especialistas controlan cuidadosamente las condiciones ambientales y reducen la temperatura de forma progresiva, alrededor de medio grado centígrado diario, según su edad y evolución.
Pollos alimentados cada 30 minutos y vigilados uno a uno
La rutina de las crías tiene poco de bucólica. Durante estos primeros días reciben alimento cada media hora, principalmente pequeñas larvas de tenebrio y grillos. Los cuidadores anotan cuánto consume cada pollo para detectar posibles problemas y seguir con precisión su crecimiento.
Conforme se desarrollen, la dieta se irá haciendo más variada e incorporará semillas, alimento preparado para aves insectívoras, zanahoria, vegetales de hoja verde y mijo. Cada ejemplar lleva, además, una anilla de identificación individual.
La genética será decisiva para que el proyecto funcione
Esas anillas no sirven únicamente para distinguir un pollo de otro. El objetivo es reconstruir con precisión el parentesco de cada ave y decidir qué parejas pueden reproducirse en el futuro sin aumentar peligrosamente la consanguinidad.
Cuando se trabaja con una población tan pequeña, la cantidad importa, pero la diversidad genética importa casi más. Una población cautiva puede crecer numéricamente y, sin embargo, convertirse en un callejón genético si demasiados ejemplares comparten antepasados cercanos.
Por eso el proyecto prevé realizar al menos cuatro nuevas campañas en Marruecos durante los próximos años. La incorporación de nuevos individuos permitiría ensanchar la base genética de la población y formar un núcleo reproductor suficientemente sólido.
Jerez llevará el libro genealógico de la población cautiva
El programa no se limita a Andalucía. En el Parque Zoológico de Aïn Sebaâ, en Casablanca, se ha creado otro núcleo de conservación que funcionará coordinadamente con el de Jerez.
El denominado studbook, el libro genealógico de los torillos mantenidos en cautividad, estará centralizado en el centro jerezano. Allí se registrarán parentescos, reproducción y evolución de los diferentes ejemplares, información fundamental para decidir futuros cruces y movimientos entre instalaciones.
Un ave que desapareció mientras cambiaba el paisaje mediterráneo
El torillo andaluz, Turnix sylvaticus sylvaticus, tuvo antiguamente una distribución mucho mayor alrededor del Mediterráneo occidental. Su presencia histórica alcanzó territorios europeos y norteafricanos, pero fue desapareciendo hasta quedar reducida a una población relicta en Marruecos.
En España terminó considerándose extinto, después de que desaparecieran sus últimas poblaciones conocidas. La transformación del litoral, la urbanización y la intensificación agrícola durante los siglos XIX y XX figuran entre las causas que explican el declive.
No fue una desaparición espectacular. No hubo un día concreto en que el último torillo cerrara la puerta al salir. Suele ocurrir así: parcelas que cambian, cultivos tradicionales que desaparecen, carreteras, urbanizaciones, hábitats cada vez más pequeños. Y un animal discreto que deja de verse hasta que un día se comprende que lleva demasiado tiempo sin aparecer.
La única población silvestre confirmada permanece actualmente en cultivos y huertas tradicionales de la costa atlántica marroquí. Se calcula que está formada por apenas unos cientos de individuos y los últimos registros apuntan a una tendencia descendente.
El objetivo no es llenar jaulas, sino devolverlos al campo
La reproducción en cautividad es una población de seguridad, no el destino final del programa. El propósito declarado es consolidar primero un grupo reproductor sano en Jerez y, cuando existan garantías suficientes, emplear sus descendientes en proyectos de conservación dentro del medio natural.
Eso implica estudiar qué zonas del litoral andaluz podrían volver a ofrecer las condiciones necesarias para el torillo. No existe todavía una fecha anunciada para su liberación, ni estos seis nacimientos significan que la especie haya regresado a la naturaleza española. Son cosas distintas y conviene no confundirlas.
Crear animales en cautividad es una parte del trabajo; lograr que una población sobreviva, se reproduzca y mantenga diversidad genética por sí misma en el campo es bastante más complicado. El precedente del lince ibérico demuestra que los programas de reproducción pueden ser herramientas extraordinariamente eficaces, aunque necesitan años de seguimiento, financiación y recuperación del hábitat.
Las aves de Jerez servirán también para obtener información sobre fisiología, reproducción y comportamiento de un animal del que todavía existen importantes lagunas de conocimiento. Los adultos son observados diariamente y algunos recintos cuentan con cámaras que permiten seguir su comportamiento, mientras que las instalaciones ofrecen refugios, zonas de sol y sombra y fuentes de calor durante la noche.
Marruecos conserva la última pieza de un patrimonio compartido
El proyecto depende necesariamente de la cooperación con Marruecos. Allí está la última población silvestre conocida y de ella proceden los ejemplares fundadores que han permitido iniciar el programa español.
La operación tiene, por tanto, una doble vertiente. Se intenta crear una población de seguridad y estudiar una futura reintroducción del torillo en Andalucía, pero también reducir el riesgo que soporta la población marroquí. Concentrar toda una subespecie en un único enclave geográfico es una apuesta incómodamente frágil: una transformación rápida del territorio, una enfermedad o varios años malos pueden tener consecuencias desproporcionadas.
El núcleo de Casablanca y el de Jerez buscan repartir ese riesgo y, al mismo tiempo, preservar suficiente variabilidad genética. Es una especie de copia de seguridad biológica, aunque aquí no basta con pulsar un botón para restaurarla.
Seis pollos que cambian el punto de partida
Por ahora hay seis pequeñas aves nacidas en Jerez, un séptimo huevo que continúa desarrollándose y un programa que apenas ha empezado a recorrer un camino largo. No significa que el torillo andaluz haya dejado de estar amenazado ni que su regreso a los campos españoles esté garantizado.
Sí significa algo bastante concreto: los ejemplares traídos de Marruecos se han adaptado, dos hembras han puesto huevos y seis de ellos han producido crías viables en las primeras semanas del proyecto. Para una especie cuya presencia española pertenece desde hace años a los libros de historia natural, no es precisamente un detalle menor.
El desafío llegará después, cuando esos números tengan que convertirse en una población estable y genéticamente sana, capaz algún día de vivir fuera de una instalación de conservación. De momento, tras décadas de ausencia, el torillo andaluz vuelve a criar en suelo español. Esta vez bajo techo, termómetros y vigilancia constante. Pero vuelve a criar.
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