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Ciencia

Varios barrancos agravaron la dana de Valencia de 2024, según la UPV

La UPV concluye que varias crecidas casi simultáneas, los sedimentos y la urbanización agravaron la inundación de l’Horta Sud en Valencia en 2024

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Las crecidas de varios barrancos

Resumen

  • La UPV atribuye la gravedad a crecidas casi simultáneas de varios barrancos
  • Los picos de caudal coincidieron en apenas 80 minutos en l’Horta Sud
  • Sedimentos y urbanización agravaron la expansión y fuerza de la riada

La inundación que arrasó buena parte de l’Horta Sud el 29 de octubre de 2024 no fue consecuencia de un único cauce desbordado. Una investigación de la Universitat Politècnica de València (UPV) reconstruye el episodio y concluye que la gravedad de la riada estuvo marcada por la crecida casi simultánea de varios barrancos, la enorme cantidad de agua acumulada en pocas horas, el arrastre de sedimentos y la forma en que esa masa de agua encontró un territorio densamente urbanizado.

El dato que cambia la perspectiva es el tiempo. La mayoría de los cauces estudiados alcanzó sus máximos entre las 18:30 y las 19:50 horas. En apenas 80 minutos confluyeron aportaciones procedentes de diferentes cuencas y las simulaciones calculan un flujo conjunto equivalente a unos 7.000 metros cúbicos por segundo antes de los principales desbordamientos. No era el caudal de un solo barranco, sino la suma de un sistema entero reaccionando casi a la vez.

El trabajo, elaborado por investigadores del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la UPV y publicado en Journal of Hydrology: Regional Studies, llega poco antes del segundo aniversario de una catástrofe que ha dejado 233 víctimas mortales reconocidas en la provincia de Valencia. La reconstrucción científica aporta algo más que una fotografía retrospectiva: permite entender cómo una lluvia extrema acaba transformándose, río abajo, en una inundación de una violencia extraordinaria.

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Una riada que no salió de un solo barranco

Durante mucho tiempo, el relato de la inundación quedó inevitablemente asociado al barranco del Poyo, convertido en símbolo de la tragedia por las imágenes de Paiporta, Picanya, Catarroja y otros municipios devastados. El nuevo estudio obliga a ampliar el foco. El Poyo fue fundamental, sí, pero no actuó solo.

La investigación reconstruye el comportamiento de distintas cuencas mediante datos de precipitación, modelos hidrológicos y simulaciones hidráulicas. El resultado muestra una respuesta extraordinariamente sincronizada: varios tributarios alcanzaron sus puntas de caudal en una franja temporal muy estrecha y descargaron enormes volúmenes hacia la misma llanura.

Ese detalle es decisivo. Una crecida aislada puede encontrar aguas abajo cierta capacidad de almacenamiento o evacuación. Cuando llegan varias casi juntas, el margen desaparece. El agua que todavía ocupa el terreno se encuentra con la siguiente oleada; los cauces pierden capacidad y las zonas inundables empiezan a comunicarse entre ellas.

La estimación de unos 7.000 metros cúbicos por segundo debe entenderse precisamente así. No corresponde a una medición realizada en un punto concreto del barranco del Poyo, sino a la aportación conjunta de los diferentes cauces antes de que parte del agua quedara almacenada temporalmente en la llanura de inundación. Se trata de una magnitud excepcional, superior a los máximos documentados hasta ahora en los registros instrumentales españoles.

La mañana dejó preparado el terreno

La catástrofe tampoco comenzó cuando las calles empezaron a llenarse de agua. Horas antes ya se estaba construyendo el escenario hidrológico que haría mucho más peligrosa la tormenta de la tarde. Las precipitaciones de la mañana habían humedecido las cuencas y reducido la capacidad del suelo para absorber más agua.

Cuando llegaron las lluvias extraordinariamente intensas de las horas siguientes, una proporción mayor del agua pasó directamente a escorrentía: corrió por laderas, campos y ramblas hacia los cauces. En cuencas mediterráneas relativamente pequeñas, la respuesta hidrológica puede ser muy rápida. No hace falta imaginar un río creciendo lentamente durante una jornada. Aquí la escala puede medirse en minutos.

El agua llegó desde varios puntos casi al mismo tiempo

Investigaciones anteriores del propio IIAMA ya habían observado que los primeros desbordamientos registrados en Paiporta no procedieron directamente del cauce principal de la rambla del Poyo, sino de las aportaciones de la Horteta y el Gallego. También situaron al barranco de Picassent entre los primeros en introducir agua en la zona inundable de l’Horta Sud aquella tarde.

La nueva reconstrucción integra esas piezas en una imagen más amplia. No hubo una sola pared de agua avanzando por un único corredor. Hubo diferentes respuestas hidrológicas que terminaron coincidiendo en un intervalo extraordinariamente corto.

Ese matiz puede parecer académico, pero cambia bastante la interpretación del desastre. La amenaza no dependía únicamente de vigilar un punto de aforo o un barranco especialmente conocido. El comportamiento conjunto de varias cuencas era capaz de multiplicar el peligro aguas abajo.

Los sedimentos hicieron más pesada la avenida

El agua tampoco bajaba limpia. Transportaba tierra, piedras, barro y otros materiales arrancados por la escorrentía. El estudio calcula que los sedimentos representaron alrededor del 7 % del volumen total de la avenida y que su proporción llegó aproximadamente al 19 % durante los momentos de máximo caudal.

Es una cantidad considerable. Una corriente cargada de sedimentos no se comporta igual que el agua limpia: aumenta la resistencia al flujo y puede reducir la capacidad efectiva de evacuación de determinados tramos. A eso se sumaron restos vegetales, vehículos y materiales arrastrados durante la inundación, obstáculos capaces de alterar el movimiento del agua sobre el terreno.

El barro que después quedó adherido a fachadas, garajes y carreteras fue, por tanto, algo más que la huella visible de la riada. Había formado parte de su propia dinámica. Las simulaciones consiguen reproducir de manera coherente tanto la extensión general de la inundación como los niveles observados sobre el terreno, incluida la elevada resistencia hidráulica asociada a una avenida cargada de materiales.

El territorio también decidió por dónde avanzó el agua

La lluvia explica el origen. Los barrancos, la velocidad. Pero para comprender los daños hay que mirar igualmente aquello que había construido el ser humano en el camino. L’Horta Sud es un territorio atravesado por municipios densamente poblados, carreteras, vías ferroviarias, polígonos industriales y otras infraestructuras asentadas sobre la llanura.

El estudio concluye que edificios, carreteras y barreras artificiales modificaron los recorridos de la inundación y condicionaron las profundidades alcanzadas. El agua no avanzó sobre un tablero vacío: encontró pasos estrechos, terraplenes, estructuras y zonas urbanizadas que podían desviarla, frenarla o concentrarla.

Ahí aparece una de las conclusiones más incómodas y, a la vez, más útiles. Una inundación extrema no depende exclusivamente de cuánto llueve. Depende también de qué encuentra esa lluvia cuando se convierte en una masa de agua que intenta ocupar las cotas bajas. La ocupación del territorio forma parte del riesgo.

La investigación destaca igualmente el papel del Pla de Quart como zona de laminación, es decir, como un espacio donde parte del volumen de la crecida pudo extenderse y almacenarse temporalmente antes de continuar aguas abajo. La conexión entre cauces y llanuras inundables resulta esencial para explicar la propagación real del episodio.

Una reconstrucción de la dana casi minuto a minuto

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores combinaron registros de precipitación de alta resolución con el modelo hidrológico TETIS, desarrollado en el propio IIAMA, y simulaciones hidráulicas bidimensionales.

La lluvia fue reconstruida con escalas temporales de hasta 10 minutos. Después se calculó cómo esa precipitación se transformaba en escorrentía, cómo evolucionaban los caudales, cuánto sedimento era movilizado y cómo el agua se expandía finalmente por la llanura.

El interés del método está precisamente en conectar procesos que a menudo se estudian por separado. No basta con saber cuánto llovió en un observatorio; importa dónde cayó cada núcleo de precipitación, sobre qué cuenca, en qué momento y con qué humedad acumulada en el terreno. Después viene otra película: cuánto tarda esa agua en llegar al cauce y qué ocurre cuando sale de él.

Los autores reconocen límites. Ningún modelo puede incorporar con exactitud cada coche desplazado, cada muro derrumbado o cada obstáculo temporal creado durante una inundación tan caótica. Pero la coincidencia entre las zonas simuladas y las realmente inundadas permite considerar consistente la reconstrucción general del episodio.

Un mapa más completo de lo que ocurrió en l’Horta Sud

Dos años después, la ciencia va rellenando espacios que aquella tarde quedaron ocultos bajo el barro y la velocidad de los acontecimientos. La imagen que emerge es menos sencilla que la de un barranco que se desborda después de una tormenta excepcional. Hubo lluvias extremas, suelo húmedo y varias cuencas respondiendo casi de manera simultánea.

A esa combinación se sumaron una enorme carga de sedimentos y una llanura densamente ocupada por viviendas e infraestructuras. Cada factor empujó al siguiente. Esa suma explica mejor la dimensión alcanzada por la inundación y por qué el desastre se propagó con tanta rapidez por distintos municipios.

La principal aportación del estudio de la UPV está ahí: entender la dana de Valencia como un fenómeno hidrológico conectado. El Poyo sigue ocupando un lugar central, pero ya no puede observarse aislado de la Horteta, el Gallego, Picassent y el resto del sistema de cauces que desemboca en l’Horta Sud.

En las inundaciones repentinas mediterráneas, unos pocos minutos y varios barrancos secundarios pueden cambiar por completo el escenario. La dana de 2024 mostró hasta qué punto esa coincidencia, sumada a la configuración del territorio, puede convertir una lluvia extraordinaria en una catástrofe de dimensiones históricas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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