España
Abascal reúne a la cúpula de Vox y diseña su estrategia para el 29N
Vox reúne a su cúpula para preparar el 29N y ordenar una campaña marcada por la inmigración, la fiscalidad y su relación estratégica con el PP.
Por Gage Skidmore, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Abascal reúne a la cúpula de Vox para diseñar la campaña del 29N
- Vox llega a la cita electoral con mejores expectativas que en 2023
- El pulso con el PP y la inmigración marcarán buena parte de su estrategia
Santiago Abascal ha reunido este miércoles en Madrid a la dirección de Vox para diseñar la estrategia electoral del partido ante las elecciones generales del 29 de noviembre. La convocatoria, celebrada en la sede nacional de la formación, en la calle Bambú, reúne a los principales responsables orgánicos y políticos cuando falta mes y medio para unas elecciones en las que Vox aspira a aumentar de forma notable su representación parlamentaria.
A la reunión están convocados los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política y los portavoces de las distintas áreas sectoriales. No es, por tanto, una cita rutinaria de despacho: sobre la mesa están el discurso, la movilización electoral, las prioridades programáticas y la manera en que Vox administrará una posición especialmente delicada, la de partido que compite con el PP por una parte del electorado pero que podría resultar imprescindible para llevar a Alberto Núñez Feijóo a La Moncloa.
Vox pone toda su dirección a trabajar en el 29N
El Comité Ejecutivo Nacional es el máximo órgano de dirección de Vox entre asambleas generales y está presidido por Abascal. Junto a él figuran el vicepresidente y secretario general, Ignacio Garriga, y el tesorero y diputado Pablo Sáez, además de 16 vocales.
La estructura que prepara la campaña electoral
Entre esos dirigentes se encuentran nombres con un peso considerable en el día a día del partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, la portavoz parlamentaria Pepa Millán, José María Figaredo, Carlos Hernández Quero, la secretaria general adjunta Montserrat Lluis y Rosa Cuervas Mons. A ellos se suma el Comité de Acción Política, el núcleo más reducido encargado habitualmente de coordinar la estrategia política y orientar la actuación de los grupos parlamentarios y los cargos públicos.
La fotografía interna importa. Vox quiere llegar al comienzo formal de la campaña con el mensaje ordenado desde arriba y con pocas notas fuera del pentagrama. En unas generales donde cada punto porcentual puede acabar transformándose en varios escaños —o evaporarse entre circunscripciones pequeñas—, improvisar sale caro.
Abascal llega con unas encuestas muy distintas a las de 2023
La reunión se produce en un escenario bastante más favorable para Vox que el que encontró en las últimas elecciones generales. Las estimaciones conocidas en los últimos días sitúan de manera general al partido en torno al 18 % o el 19,5 % del voto, con proyecciones que rondan entre 65 y 68 diputados. Vox obtuvo 33 escaños en 2023.
Eso explica buena parte de la cautela de Abascal. El dirigente ha insistido en no convertir unas buenas encuestas en una victoria anticipada y ha pedido movilización a sus seguidores. Hay precedente: en 2023 las expectativas de la derecha fueron superiores al resultado final y la mayoría suficiente para cambiar el Gobierno no llegó. En política electoral, las encuestas sirven para medir la temperatura; todavía no meten una papeleta en la urna.
La posición de partida coloca a Vox, salvo vuelco, como tercera fuerza nacional y con una capacidad de influencia potencialmente mucho mayor que la de la legislatura anterior. Ya no se juega únicamente cuántos diputados obtiene. Se juega con qué fuerza podría sentarse a negociar después.
Inmigración, prioridad nacional y menos regulación
Abascal ya ha ido dibujando durante la precampaña los asuntos sobre los que pretende construir su oferta electoral. Entre los conceptos repetidos por la dirección aparecen la denominada “prioridad nacional”, la inmigración y la “remigración”, además de una reducción de la regulación administrativa y de la presión fiscal.
Vox plantea que los españoles tengan preferencia en determinadas políticas públicas y vincula parte de los problemas de acceso a la vivienda y de presión sobre los servicios públicos al crecimiento de la población inmigrante. En materia migratoria, defiende expulsiones de extranjeros en situación irregular y de aquellos que delincan, junto con políticas de retorno más amplias para determinados inmigrantes que, según la formulación empleada por el partido, no estén integrados o dependan de ayudas públicas.
Es uno de los terrenos donde Vox buscará diferenciarse con mayor claridad del resto de fuerzas. También donde cabe esperar algunos de los debates más ásperos de la campaña, porque detrás de palabras aparentemente compactas como “remigración” aparecen cuestiones jurídicas, constitucionales y europeas bastante más complejas que un lema de mitin.
El otro gran eje es económico. Vox quiere reducir burocracia, trabas administrativas y lo que considera gasto político o ideológico, al tiempo que defiende rebajas fiscales. Ese discurso intenta conectar con autónomos, pequeñas empresas y familias que han sufrido la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años, pero también ensanchar la base electoral más allá de los asuntos identitarios con los que suele asociarse al partido.
La relación con el PP cambia el tono de la campaña
Hay otro elemento que la dirección de Vox debe calibrar con cuidado: cómo competir contra el PP sin dinamitar un posible pacto posterior.
La relación entre ambas formaciones llega al 29N en un momento distinto al de 2023. Feijóo y Abascal han reducido durante las últimas semanas los ataques directos y las dos direcciones mantienen abiertas vías de comunicación. El PP tampoco insiste con la misma rotundidad en la idea de gobernar necesariamente en solitario, mientras Vox ha rebajado las críticas sistemáticas a los populares.
La lógica es bastante transparente. PP y Vox necesitan diferenciarse para disputar voto, pero un enfrentamiento excesivo podría desmovilizar parte de su electorado o complicar el día después. Los populares aspiran a concentrar el voto suficiente para liderar con margen una eventual mayoría; Vox necesita exactamente lo contrario: ser lo bastante fuerte como para condicionar ese Gobierno.
Ahí aparece una de las paradojas interesantes de la campaña. Abascal necesita que Feijóo tenga opciones de llegar a La Moncloa, pero también necesita que no pueda hacerlo sin Vox. Competencia y cooperación, casi en la misma frase.
El peso de Vox puede decidir cómo se forma el próximo Gobierno
El reparto final de escaños será mucho más importante que una décima arriba o abajo en porcentaje nacional. El sistema electoral español premia de forma desigual el voto dependiendo de la provincia y de la concentración territorial, de modo que pequeñas variaciones pueden alterar varios escaños.
Para Vox, alcanzar las proyecciones que manejan diversas encuestas supondría duplicar aproximadamente los 33 diputados logrados en 2023 y reforzar de manera drástica su posición negociadora. Si PP y Vox sumasen mayoría absoluta, la discusión política se trasladaría inmediatamente desde la campaña hacia la fórmula de Gobierno: apoyo parlamentario, acuerdo programático o coalición.
Abascal lleva tiempo dejando claro que pretende convertir los votos recibidos en capacidad efectiva de influencia. Feijóo, por su parte, ha abierto la puerta a entenderse con Vox si los números obligan. El grado de dependencia mutua lo dictarán las urnas; todo lo demás, por ahora, son posiciones de salida.
El 29N medirá cuánto poder puede convertir Vox en influencia
La reunión de la cúpula en Madrid marca así un momento relevante de la precampaña de Vox. El partido ya no afronta el 29N únicamente con el objetivo de recuperar terreno perdido o mejorar un resultado anterior. Las expectativas lo sitúan ante la posibilidad de obtener su mayor representación parlamentaria desde que irrumpió con fuerza en la política nacional.
Ese escenario obliga a Abascal a combinar mensajes duros en inmigración, identidad y fiscalidad con una estrategia suficientemente amplia como para captar nuevos votantes, movilizar a los propios y mantener abierta la puerta a un entendimiento con el PP.
La cita de Bambú sirve precisamente para eso: ordenar la maquinaria antes de que empiece la campaña de verdad. Quedan semanas, debates, encuestas y bastante ruido. Pero una cosa ya está clara: para Vox, el 29 de noviembre no determinará solamente cuántos diputados tendrá. Determinará cuánto poder político puede ejercer después.
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