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Abascal ofrece al PP un pacto para frenar a la izquierda en el Senado

Abascal plantea un entendimiento con el PP para el Senado después del pacto de la izquierda, con el reparto de poder institucional en juego.

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Abascal ofrece al PP un pacto

Resumen

  • Abascal abre la puerta a un pacto con el PP para el Senado
  • Vox estudia ceder terreno si así evita una mayoría de izquierdas
  • El reparto de escaños puede decidir mayorías institucionales clave

Santiago Abascal ha abierto este lunes la puerta a negociar con el PP un acuerdo electoral para el Senado ante la candidatura conjunta impulsada por el PSOE, Frente Amplio y otras fuerzas de izquierda para las elecciones generales del 29 de noviembre. El presidente de Vox sostiene que la nueva estrategia progresista obliga a los partidos de la oposición a asumir «sacrificios» y ha expresado su disposición a alcanzar «algún entendimiento» con los populares.

Por el momento no existe un pacto cerrado ni Abascal ha concretado públicamente su fórmula. La cuestión que se negocia —o, al menos, que ya está encima de la mesa— es cómo evitar que la división del voto entre PP y Vox facilite a las candidaturas progresistas hacerse con más senadores. Entre las posibilidades examinadas durante los últimos días figura que Vox renuncie a competir en determinadas circunscripciones donde tiene pocas opciones de obtener representación, concentrando así el voto conservador alrededor del PP.

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Abascal mueve ficha tras la alianza de la izquierda

La declaración del líder de Vox llega después de que el PSOE y distintas fuerzas del espacio progresista acordaran concurrir conjuntamente a la Cámara Alta mediante la candidatura Senado de Progreso, diseñada precisamente para reducir la dispersión del voto.

El cálculo es sencillo sobre el papel, aunque bastante menos cuando aparecen las urnas. Al presentar una candidatura común, la izquierda pretende aumentar sus posibilidades de superar al PP en aquellas provincias donde la distancia entre bloques sea estrecha y evitar que varias papeletas compitan por el mismo electorado progresista.

Abascal considera que ese movimiento cambia el tablero y exige una respuesta de la oposición. Tras la reunión del Comité Ejecutivo Nacional de Vox, afirmó que su partido mantiene la voluntad de buscar un entendimiento que permita proteger el Senado frente a la estrategia electoral del PSOE y sus socios. No detalló, sin embargo, qué estaría dispuesto a ceder Vox ni qué tendría que ofrecer el PP a cambio.

Vox deja abierta la fórmula del acuerdo con el PP

Ahí está, precisamente, la parte políticamente delicada. Vox puede favorecer al PP retirando candidatos en algunas provincias, apoyar expresamente sus papeletas o explorar fórmulas que permitan incorporar nombres de ambas formaciones. Las hipótesis han circulado durante los últimos días, pero ninguna ha sido confirmada como acuerdo definitivo.

La renuncia de Vox tendría un coste evidente. Significaría pedir a parte de sus votantes que, al abrir la papeleta del Senado, marcasen candidatos del Partido Popular. No es un detalle menor para una formación que lleva años intentando crecer a costa del propio PP. Pero la aritmética de la Cámara Alta pesa más que los gestos de orgullo partidista cuando unos pocos miles de votos pueden alterar varios escaños.

En las elecciones de 2023, Vox reunió más de 2,7 millones de votos para el Senado sin conseguir senadores de elección directa. Esa experiencia explica buena parte del dilema: competir proporciona votos, visibilidad y músculo electoral, pero no necesariamente representación.

Por qué el Senado se ha convertido en una batalla decisiva

La Cámara Alta ha pasado de secundaria habitual de la política española a ocupar uno de los primeros planos de la campaña del 29-N. No porque los partidos hayan descubierto de pronto un amor inesperado por el bicameralismo, sino porque su composición puede condicionar decisiones institucionales de largo alcance.

Las elecciones generales se celebrarán el domingo 29 de noviembre de 2026. En las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores por circunscripción, mientras que las islas y las ciudades autónomas tienen reglas específicas.

En las provincias donde se eligen cuatro representantes, cada elector puede votar hasta tres candidatos. Esa característica suele favorecer a la candidatura más votada: si un bloque concentra sus apoyos mientras el otro los divide entre dos partidos, unos pocos miles de votos pueden modificar de manera considerable el reparto final.

La concentración del voto cambia las cuentas

El sistema explica tanto la maniobra de PSOE y sus aliados como la reacción de Vox. Congreso y Senado se votan el mismo día, pero no se reparten igual. La lógica proporcional que domina las elecciones a la Cámara Baja no funciona del mismo modo en la Alta.

De ahí que una candidatura conjunta pueda tener un efecto particularmente importante en provincias ajustadas. El PSOE intenta evitar que sus votos y los de las fuerzas situadas a su izquierda se separen; Vox estudia exactamente el movimiento contrario respecto al PP: retirarse en determinadas circunscripciones si esa decisión mejora las posibilidades del bloque conservador.

Es política electoral casi en estado puro. Dos bloques que pasan buena parte de la legislatura reprochándose mutuamente sus alianzas descubren, ante una calculadora, las bondades de sumar. El Senado tiene estas cosas.

El control de la Cámara Alta va mucho más allá de las leyes

El interés tampoco termina en sacar adelante o bloquear iniciativas legislativas. La composición del Senado influye en nombramientos de órganos constitucionales y en decisiones que requieren mayorías reforzadas.

Uno de los grandes objetivos es la mayoría de tres quintos. Con una Cámara de 267 senadores, esa barrera se sitúa en 161 votos y resulta especialmente relevante para determinados nombramientos institucionales, incluidos los correspondientes al Tribunal Constitucional.

La Cámara Alta también interviene en otros mecanismos constitucionales de enorme alcance. Esa capacidad explica por qué el acuerdo progresista ha provocado una reacción tan rápida en Vox y por qué el PP observa la operación con bastante más atención de la que tradicionalmente despiertan las papeletas del Senado.

Durante la legislatura que acaba de terminar, el PP ya había utilizado su mayoría en esta Cámara como contrapeso político al Gobierno, impulsando comisiones de investigación y otras iniciativas. Perder ese dominio significaría modificar uno de los principales centros de poder institucional de la oposición.

El pacto obligaría a PP y Vox a medir sus propias fuerzas

La paradoja es que un acuerdo pensado para maximizar escaños puede tener consecuencias también en la batalla que PP y Vox mantienen entre ellos. Una retirada de candidaturas de Vox favorecería objetivamente a los populares en el Senado, mientras Abascal tendría que explicar a sus votantes por qué sacrifica representación propia en nombre de un objetivo común.

Para Alberto Núñez Feijóo tampoco es completamente gratis. Aceptar una coordinación electoral con Vox reforzaría la idea de que las dos formaciones pueden colaborar después del 29-N, una perspectiva que ya forma parte de la campaña mientras ambos partidos compiten por buena parte del mismo electorado.

La diferencia respecto a 2023 resulta notable. Entonces PP y Vox llegaron a unas elecciones generales después de semanas de tensiones por sus pactos autonómicos. En esta ocasión, las direcciones de ambos partidos intentan limitar el desgaste mutuo. Un eventual acuerdo para el Senado sería el paso más concreto en esa dirección.

El Senado inaugura la política de bloques del 29-N

La oferta de Abascal todavía es eso: una oferta, no un pacto. Vox ha manifestado públicamente su disposición a negociar y el PP tendrá que decidir hasta dónde le interesa aceptar una coordinación que puede mejorar sus opciones en la Cámara Alta, pero que también concede a su competidor un papel decisivo en la estrategia electoral.

Mientras tanto, el acuerdo de la izquierda ya ha alterado una campaña que inicialmente parecía concentrada casi por completo en quién gobernará España después del 29 de noviembre. El Senado ha irrumpido por la puerta grande. Allí cada voto dividido puede costar varios escaños y cada pacto provincial cuenta.

El movimiento de Abascal confirma algo más profundo: la batalla electoral no se libra únicamente por ganar el Congreso, sino también por controlar las palancas institucionales que permanecerán durante toda la próxima legislatura. Y en esa pelea, PP y Vox empiezan a asumir que competir entre ellos tiene límites cuando enfrente aparece una izquierda que ha decidido concentrar sus fuerzas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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