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Los aficionados del City admiten culpa y ponen el foco en Guardiola

Parte de la afición del Manchester City admite la culpa del club, mientras crecen las sospechas sobre Guardiola y sigue abierta la apelación.

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Pep Guardiola en rueda de prensa

Por Steffen Prößdorf, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Seguidores del City asumen la culpa del club por las infracciones financieras
  • Algunos sospechan que Guardiola sabía algo, pero no existe prueba contra él
  • El club ha recurrido el fallo mientras espera una sanción todavía pendiente

Hay frases que pesan más cuando salen de dentro. Mientras el Manchester City combate en los despachos el fallo que lo declara culpable de graves infracciones de las normas financieras de la Premier League, algunos de sus propios aficionados empiezan a asumir públicamente una responsabilidad que el club continúa negando. Una de las declaraciones recogidas alrededor del último partido dejó pocas zonas grises: «Somos culpables al 100%». Y añadió una sospecha mucho más delicada: que Pep Guardiola probablemente sabía algo.

Conviene separar las dos cosas. El Manchester City ha sido declarado culpable de 114 infracciones relacionadas con las reglas financieras de la Premier y ha recurrido la decisión. Guardiola, en cambio, no ha sido declarado culpable ni acusado personalmente de participar en esas irregularidades. La insinuación sobre su conocimiento procede de aficionados y no constituye una conclusión de la investigación.

Los propios aficionados del City empiezan a asumir la culpa

La escena tiene algo de extraño para un club acostumbrado durante más de una década a discutir casi exclusivamente de títulos, récords y noches europeas. El debate ha saltado del césped a las cuentas, de las alineaciones a los contratos comerciales. Y, en mitad de ese ruido, aparecen seguidores que ya no defienden una inocencia absoluta.

Uno de ellos fue especialmente contundente al asumir que el club era «culpable al 100%», mientras otro planteaba la posibilidad de un castigo deportivo limitado, como una restricción para fichar. También surgieron voces que separan a la propiedad del vínculo sentimental con el equipo: reconocen las irregularidades, pero recuerdan el crecimiento deportivo y social vivido por el City durante estos años.

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Ahí está la grieta. Se puede seguir queriendo al escudo y, al mismo tiempo, admitir que algo se hizo mal. El fútbol suele exigir adhesiones sin matices —conmigo o contra mí—, pero la realidad casi nunca funciona así. La reacción de estos seguidores refleja hasta qué punto el fallo financiero ha penetrado ya en la conversación interna de la propia afición.

La sombra que algunos proyectan sobre Guardiola

El nombre de Pep Guardiola aparece inevitablemente porque buena parte del periodo más brillante del Manchester City lleva su firma. El técnico catalán llegó en 2016 y permaneció en el club hasta 2026, mientras que las infracciones examinadas afectan principalmente a operaciones y ejercicios comprendidos entre las temporadas 2009-10 y 2017-18. Por tanto, una parte del periodo investigado coincide con sus primeros años en Manchester.

Eso explica la sospecha de algunos aficionados. No la demuestra. La diferencia es sustancial. Las conclusiones conocidas se centran en contratos comerciales, financiación, contabilidad y cooperación con la Premier League, no en decisiones tácticas de Guardiola ni en una participación personal del entrenador en la construcción de esas operaciones financieras.

Convertir una coincidencia temporal en culpabilidad sería dar un salto que las pruebas conocidas no permiten. Guardiola estaba al frente del equipo durante una parte del periodo examinado, sí, pero eso no convierte automáticamente al entrenador en responsable de la arquitectura financiera del club.

Guardiola siempre defendió al Manchester City

Su vinculación emocional con la entidad tampoco ayuda a enfriar el debate. Guardiola defendió durante años a la dirección del City y llegó a decir que abandonaría el club si descubría que sus responsables le habían mentido. Tras conocerse el fallo, lejos de romper con su antiguo equipo, volvió a mostrar públicamente su respaldo al Manchester City.

Ese apoyo puede interpretarse de muchas maneras. No prueba conocimiento previo de las irregularidades. Sí demuestra que Guardiola continúa profundamente unido al club incluso después de dejar el banquillo, una relación que inevitablemente vuelve a situarlo bajo los focos cada vez que avanza el caso.

Anfield convirtió el escándalo financiero en un partido de fútbol

El primer gran desplazamiento del City después del fallo fue a Anfield y aquello tuvo poco de partido convencional. Los aficionados del Liverpool recibieron al equipo con abucheos, pancartas acusándolo de hacer trampas y cánticos sobre un posible descenso. La vieja rivalidad deportiva había adquirido de repente otra textura, bastante más áspera. El caso financiero del City había saltado definitivamente a la grada.

Había razones emocionales evidentes. Liverpool perdió algunas de las grandes batallas ligueras de la era Guardiola por márgenes mínimos y ahora una parte de su afición contempla aquellos campeonatos bajo una luz diferente. El ruido alrededor de las 114 infracciones ha reabierto debates que parecían enterrados por la clasificación y el paso de las temporadas.

El City respondió donde mejor sabe: jugando. Ganó 0-3 en Anfield, con goles de Erling Haaland, Jérémy Doku y Rayan Cherki, en un encuentro condicionado también por la expulsión de Ryan Gravenberch en la segunda mitad. La paradoja fue casi demasiado perfecta: fuera del césped, un club sometido al mayor juicio reputacional de su historia reciente; dentro, un equipo capaz de silenciar uno de los estadios más hostiles de Inglaterra.

Qué ha determinado realmente el caso del Manchester City

La comisión independiente concluyó que el club había vulnerado repetidamente las reglas financieras durante varios ejercicios. Entre los elementos examinados aparecen contratos comerciales, ingresos considerados artificialmente inflados y una insuficiente cooperación con la investigación. El City niega las irregularidades, cuestiona el procedimiento y ha activado la vía de apelación.

Ese detalle es importante porque el proceso todavía no ha terminado. El fallo ha cambiado radicalmente la posición pública del club, pero la batalla jurídica continúa y la sanción definitiva sigue pendiente. Entre las posibilidades debatidas alrededor del caso figuran multas, deducciones de puntos y castigos deportivos de mayor alcance, aunque ninguno debe darse por aplicado mientras el procedimiento siga abierto.

La cuestión de los títulos conquistados durante aquellos años es todavía más explosiva. Algunas figuras del fútbol inglés han reclamado que se revisen los trofeos obtenidos en el periodo investigado, pero esa posibilidad forma parte del debate sobre las consecuencias del fallo, no de una retirada automática de campeonatos.

El legado de Guardiola entra en una zona incómoda

Aquí está probablemente el daño más difícil de medir. Guardiola construyó en Manchester uno de los equipos más dominantes del fútbol europeo contemporáneo. Ganó ligas, levantó la Champions y convirtió al City en una máquina reconocible incluso antes de que el balón echara a rodar. Eso ocurrió sobre el césped y nadie necesita borrarlo para entender la magnitud del problema financiero.

Pero los grandes ciclos deportivos no viven aislados de las estructuras que los sostienen. Si un club dispuso de una capacidad económica obtenida vulnerando reglas que sus rivales estaban obligados a cumplir, el debate sobre la legitimidad competitiva aparece inevitablemente. Es ahí donde el caso toca directamente la memoria deportiva de la era Guardiola.

Otra cosa es trasladar esa responsabilidad automáticamente al entrenador. Guardiola trabajaba dentro de la institución y una parte del periodo investigado coincidió con su etapa, pero hasta el momento no existe una conclusión que lo responsabilice personalmente de las infracciones financieras.

Precisamente por eso resulta tan llamativa la reacción de ciertos seguidores del City. Han pasado de defender al club frente a las acusaciones a reconocer la culpa institucional y, algunos, a preguntarse cuánto podía conocer el hombre que dirigía el vestuario. La sospecha existe en la grada; la prueba contra Guardiola, no.

Un City ganador en el campo y herido fuera de él

La victoria en Liverpool demuestra que el equipo puede seguir funcionando bajo una presión enorme. No resuelve nada de lo demás. El Manchester City pelea simultáneamente por puntos y por reputación, dos campeonatos completamente distintos y con reglamentos todavía más distintos. En uno manda el balón; en el otro, la apelación y sus consecuencias.

La frase de sus aficionados resume bien el momento: la culpa empieza a asumirse incluso dentro de la grada, pero la búsqueda de responsabilidades individuales exige bastante más que intuiciones. Guardiola seguirá apareciendo en la conversación porque representa la época dorada del City y porque su fidelidad al club permanece intacta.

De ahí a afirmar que conocía las irregularidades hay un trecho. Y en un caso de esta dimensión, ese trecho no puede rellenarse con sospechas, por muy sugerentes que resulten. El Manchester City afronta una batalla que puede alterar su reputación durante años; Guardiola, de momento, permanece en el debate, no entre los responsables acreditados.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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