Síguenos

Mundo

Rusia construye en seis semanas una gran base de drones en Rostov

Imágenes satelitales muestran una nueva base rusa junto a Millerovo, con ocho plataformas de lanzamiento y obras ejecutadas en apenas seis semanas.

Publicado

el

Militar ruso prepara un dron

Por Mil.ru, CC BY 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Rusia levanta en Rostov una base de drones de 0,9 kilómetros cuadrados
  • El complejo tiene ocho plataformas y está a 3,5 kilómetros de Millerovo
  • Los nuevos drones a reacción complican la defensa aérea de Ucrania

Rusia ha levantado en apenas seis semanas una gran instalación para lanzar drones de ataque en la región de Rostov, cerca de la frontera con Ucrania. Las imágenes comerciales de satélite muestran un complejo de unos 0,9 kilómetros cuadrados, con ocho plataformas de lanzamiento y unas obras suficientemente avanzadas como para que los especialistas consideren que podría entrar en servicio en un plazo relativamente corto.

El cambio sobre el terreno ha sido fulminante. El 31 de agosto apenas había unos vehículos en un campo próximo a Millerovo; a mediados de octubre, aquel espacio tenía ya el aspecto inequívoco de una instalación militar especializada. Dos de las plataformas disponían de rieles de lanzamiento instalados, otras dos estaban recibiéndolos y continuaban los trabajos en el resto del recinto. La guerra moderna, por si quedaba alguna duda, también avanza con hormigón, excavadoras y unas pocas semanas de margen.

Una base que apareció prácticamente desde cero

El complejo se encuentra a unos 3,5 kilómetros de la base aérea de Millerovo, en el suroeste de Rusia. Su superficie equivale aproximadamente a 126 campos de fútbol y las fotografías tomadas desde el espacio permiten seguir una transformación extraordinariamente rápida: de terreno prácticamente vacío a una infraestructura con plataformas de hormigón, vías y zonas de apoyo preparadas para una actividad militar sostenida.

La disposición observada encaja, según los especialistas que han analizado las imágenes, con instalaciones destinadas al lanzamiento de los Geran-4 y Geran-5, nuevos modelos rusos de drones impulsados por motores a reacción. No se trataría, por tanto, de una simple ampliación logística o de un almacén improvisado junto al frente, sino de una pieza concebida para alimentar la campaña rusa de ataques a larga distancia.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

El Ministerio de Defensa ruso no ha ofrecido una explicación pública detallada sobre el recinto ni sobre su funcionamiento. Las imágenes, sin embargo, dejan poco espacio para discutir el ritmo extraordinario de construcción. Rusia dispone de una red de emplazamientos fijos utilizados para lanzar drones contra Ucrania, y Millerovo ampliaría esa arquitectura con una instalación de dimensiones considerables.

Ocho plataformas y una capacidad potencial considerable

En el extremo occidental aparecen las ocho plataformas destinadas a los raíles de lanzamiento. Los cálculos de especialistas en sistemas no tripulados apuntan a que, dependiendo del suministro disponible, la organización de las operaciones y los objetivos asignados, el recinto podría permitir lanzar un número elevado de drones a reacción durante una jornada. Es una capacidad potencial, no una previsión de actividad cotidiana: las fuerzas rusas suelen repartir los lanzamientos en grupos y franjas horarias distintas.

Esa diferencia importa. Una capacidad máxima sobre el papel no significa que todos los aparatos despeguen simultáneamente. Munición, mantenimiento, producción industrial y selección de objetivos condicionan cualquier ritmo sostenido. Pero disponer de ocho líneas de lanzamiento sí ofrece una ventaja evidente: permite concentrar o escalonar oleadas y obliga a la defensa ucraniana a mantener medios disponibles durante periodos más largos.

Las plataformas de hormigón y los raíles visibles coinciden con sistemas empleados para la familia Geran. Hay, además, otro detalle menos espectacular pero quizá más significativo: construir una infraestructura de este tipo en tan poco tiempo refleja hasta qué punto Moscú está apostando por el ataque profundo con sistemas no tripulados como parte estable de su estrategia militar.

Millerovo no es un punto cualquiera del mapa

La elección del lugar tampoco parece casual. La cercana base aérea de Millerovo alberga unidades de aviación de combate rusas, y el nuevo complejo probablemente queda dentro de la cobertura proporcionada por los sistemas de defensa aérea desplegados alrededor del aeródromo. Para Ucrania, golpear el recinto podría resultar más complicado que atacar una plataforma aislada en mitad de un terreno abierto.

Es la lógica de las capas. Una pista, radares, cazas, defensas antiaéreas, depósitos y nuevas instalaciones de drones concentrados en una misma zona permiten aprovechar infraestructuras militares ya existentes. Para Rusia resulta más eficiente; para su adversario convierte el lugar en un objetivo evidente, sí, pero también bastante menos cómodo.

Millerovo está situado en la región rusa de Rostov, una de las áreas que funcionan como retaguardia inmediata de las operaciones contra Ucrania. La aparición de una instalación especializada allí reduce la distancia entre almacenamiento, preparación y lanzamiento de los aparatos y sus posibles zonas de operación.

Rusia acelera el salto hacia los drones a reacción

El nuevo recinto cobra especial importancia porque coincide con un cambio en la campaña aérea rusa. Durante buena parte de la guerra, los Shahed y Geran con hélice y motor de pistón se convirtieron en una imagen habitual: relativamente lentos, baratos frente a un misil de crucero y capaces de obligar al enemigo a gastar interceptores bastante más costosos.

Ucrania terminó desarrollando una respuesta cada vez más económica, incluidos drones interceptores preparados para perseguir aquellos aparatos más lentos. Moscú ha movido la pieza siguiente. Los nuevos modelos a reacción son mucho más veloces —algunos pueden aproximarse a los 600 kilómetros por hora— y complican parte de las soluciones diseñadas para la generación anterior.

Durante los últimos meses, Rusia ha incrementado el empleo de drones propulsados a reacción, con Kiev y su región entre las zonas sometidas a mayor presión. Ucrania trabaja en interceptores más veloces, misiles guiados y sistemas de detección capaces de adaptarse a una amenaza que vuelve a cambiar de ritmo.

Un problema de velocidad, pero también de costes

Aquí aparece una de las paradojas de esta guerra. Derribar un aparato relativamente barato con un misil antiaéreo sofisticado puede ser militarmente necesario y, al mismo tiempo, económicamente muy costoso. De ahí que Ucrania haya apostado por interceptores no tripulados más baratos. Frente a un dron lento funcionaban razonablemente bien; frente a otro que atraviesa el cielo a varios cientos de kilómetros por hora, la geometría cambia.

No basta con correr más. Hace falta detectar antes, anticipar la trayectoria, coordinar radares e interceptores y disponer de suficientes sistemas para responder a ataques simultáneos o prolongados. Una base con varias rampas especializadas amplía precisamente la posibilidad de generar esa clase de presión.

El desafío, por tanto, no reside exclusivamente en cada Geran individual. Está en la escala: miles de aparatos producidos industrialmente, nuevas variantes, infraestructura fija de lanzamiento y tácticas que evolucionan obligan a Ucrania a rediseñar defensas mientras continúa combatiendo. Una carrera tecnológica que no concede demasiadas pausas.

La nueva infraestructura también preocupa a la OTAN

La construcción en Rostov trasciende el frente ucraniano porque muestra la rapidez con la que Rusia puede desplegar infraestructura ofensiva para sistemas no tripulados. Esa capacidad supone un problema más amplio para países europeos que todavía no disponen de redes antidrón densas, extendidas y suficientemente baratas para responder a grandes cantidades de aparatos.

Eso no significa que el complejo de Millerovo esté destinado a operaciones contra territorio de la Alianza Atlántica. No hay pruebas que permitan afirmarlo. La preocupación es distinta y bastante más concreta: Rusia está demostrando que puede construir deprisa plataformas permanentes para una clase de armamento que ha adquirido un peso creciente en su doctrina militar.

Las defensas europeas fueron diseñadas durante décadas pensando principalmente en aviones tripulados, helicópteros, misiles y amenazas convencionales de mayor coste. Los drones han ensuciado esa ecuación. Derribar un enjambre de aparatos relativamente baratos con municiones que cuestan varias veces más plantea un serio problema de sostenibilidad militar y económica durante una campaña larga.

De un campo vacío a otra pieza de la guerra aérea

La instalación de Rostov condensa, en menos de un kilómetro cuadrado, buena parte de la transformación que ha experimentado la guerra desde 2022. Producción en serie, drones más rápidos, bases especializadas y ataques de largo alcance ocupan un espacio que antes pertenecía casi exclusivamente a la aviación tripulada y los misiles.

Las imágenes tomadas desde finales de agosto muestran además una capacidad rusa que quizá sea tan relevante como las ocho rampas: la velocidad para convertir un terreno vacío en infraestructura militar. Seis semanas. Poco más de un mes para pasar de unas máquinas sobre la tierra a una instalación que los especialistas consideran próxima a entrar en funcionamiento.

Para Ucrania, eso añade otro punto que vigilar y eventualmente neutralizar, protegido además por la estructura militar de Millerovo. Para Rusia supone una nueva plataforma desde la que sostener una campaña de drones cada vez más rápida y sofisticada. Y para Europa deja una advertencia bastante poco abstracta: la guerra de drones ya no consiste solo en fabricar aeronaves. También exige fábricas, depósitos, radares, defensas y lugares desde los que lanzarlas. Rusia está construyendo todo ese ecosistema.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído