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Economía

Borrell advierte en Cartagena: Europa importa el 60% de su defensa

Borrell alerta en Cartagena de la dependencia militar europea: Europa importa el 60% de su defensa y necesita reforzar su industria nacional.

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Borrell alerta de que Europa importa el 60% de su defensa

Resumen

  • Borrell alerta de que Europa importa el 60% de lo que necesita en defensa
  • La dependencia exterior limita la autonomía militar del continente
  • Cartagena reivindica más industria, tecnología y capacidad propia

Josep Borrell ha lanzado desde Cartagena una advertencia incómoda sobre la seguridad europea: el continente sigue dependiendo en gran medida de proveedores extranjeros para equipar su defensa. El ex alto representante de la Unión Europea sostuvo que Europa importa alrededor del 60% de lo que necesita para su defensa y reclamó una mayor autonomía industrial y militar.

La cuestión, según Borrell, no es simplemente cuánto dinero gastan los países europeos, sino qué pueden fabricar por sí mismos cuando llega una crisis. Su diagnóstico fue especialmente crudo: si quienes suministran armamento a Europa decidieran dejar de hacerlo, el continente tendría serias dificultades para cubrir sus necesidades. Una vulnerabilidad que durante años pudo parecer una discusión para especialistas y que las guerras de Ucrania y Oriente Próximo han colocado en mitad de la mesa.

Borrell pone el foco en la dependencia militar de Europa

Borrell realizó estas declaraciones durante una reunión del Consejo Asesor del Clúster de la Industria de Defensa celebrada en el Club Naval de Oficiales de Cartagena, un escenario especialmente simbólico por el peso de la ciudad en la industria naval española y por su relación con programas estratégicos como los submarinos S-80.

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Su mensaje central fue directo: Europa necesita ser más autónoma porque sigue comprando fuera una parte demasiado importante de los equipos y capacidades necesarios para su defensa. No es un debate nuevo, aunque el contexto internacional lo ha convertido en algo bastante menos teórico.

Durante años, numerosos países europeos aprovecharon el llamado dividendo de la paz posterior a la Guerra Fría. Se redujeron capacidades industriales, se compró material en el exterior y buena parte de la arquitectura de seguridad continental descansó sobre Estados Unidos y la OTAN. Funcionaba. Hasta que dejó de parecer tan seguro que funcionaría siempre.

La dependencia exterior de la Unión ha sido señalada también en distintos análisis institucionales. Las cifras varían según el periodo, el tipo de material contabilizado y la metodología utilizada, pero el problema de fondo permanece: Europa produce menos material militar del que necesita y conserva una elevada exposición a fabricantes extranjeros, especialmente estadounidenses.

El aviso más gráfico: si dejan de vender armas

Borrell llevó esa dependencia a un escenario sencillo de entender. Europa, explicó, carece de suficiente armamento propio para responder a determinadas emergencias y una interrupción del suministro exterior tendría consecuencias inmediatas. Dicho de otra manera: disponer de presupuesto no sirve de mucho si la fábrica está al otro lado del Atlántico y el proveedor decide cambiar sus prioridades.

El antiguo jefe de la diplomacia europea vinculó esa situación con el cambio de actitud estadounidense respecto a la seguridad del continente. Washington lleva años reclamando a sus aliados europeos un mayor esfuerzo militar, tanto financiero como industrial. La discusión ya no gira únicamente alrededor del porcentaje del PIB dedicado a defensa. Importa también dónde se compra, quién fabrica, cuánto tarda una planta europea en aumentar la producción y qué ocurre cuando varios países necesitan el mismo material al mismo tiempo.

Ahí aparece una de las paradojas de la defensa europea. Los presupuestos pueden crecer con rapidez sobre el papel; una fábrica de munición, una cadena de componentes electrónicos o un astillero militar no aparecen de la noche a la mañana. La autonomía estratégica se construye con industria, ingenieros, tecnología, proveedores y años de inversión sostenida.

Alemania acelera mientras Europa avanza a distintas velocidades

Borrell señaló también las diferencias entre los propios Estados europeos y destacó especialmente el esfuerzo realizado por Alemania, cuyo rearme ha ampliado la distancia respecto a otros socios de la Unión Europea.

El problema es conocido en Bruselas. Europa puede aumentar el gasto agregado en defensa y, al mismo tiempo, mantener un sistema fragmentado en el que los Estados compran equipos diferentes, desarrollan programas nacionales paralelos y compiten por contratos. Esa fragmentación industrial y militar encarece la producción y dificulta alcanzar economías de escala comparables a las estadounidenses.

No basta, por tanto, con gastar más. Para Borrell, Europa necesita coordinar mejor sus capacidades y producir una proporción mayor de su propio equipamiento. La diferencia parece semántica, pero no lo es. Comprar más armas fabricadas fuera aumenta las capacidades disponibles a corto plazo; fabricar más dentro de Europa refuerza también la independencia industrial a largo plazo.

El ejército europeo que Borrell sigue viendo lejano

El expresidente del Parlamento Europeo recuperó durante su intervención otro viejo asunto comunitario: la posibilidad de desarrollar una verdadera capacidad militar europea.

Borrell recordó que durante su etapa como vicepresidente de la Comisión y alto representante impulsó una fuerza de unos 5.000 efectivos capaz de responder a situaciones de emergencia. La idea de una capacidad europea de despliegue rápido ha formado parte durante años del debate comunitario, pero las diferencias políticas y militares entre los Estados han limitado su desarrollo efectivo.

Su lectura es pesimista respecto a un auténtico ejército europeo. Sin una estructura común suficientemente desarrollada y con las competencias fundamentales de defensa todavía en manos de los gobiernos nacionales, esa posibilidad continúa lejos de parecer una fuerza armada convencional comparable a la de un Estado.

Europa tiene política de defensa, fondos comunes, cooperación industrial y mecanismos militares compartidos. Tiene también 27 gobiernos con prioridades estratégicas distintas. Y ese pequeño detalle —pequeño solo sobre el papel— explica buena parte de sus dificultades.

Cartagena, escaparate de una industria que quiere crecer

Que este debate se celebrase en Cartagena tampoco resulta casual. La ciudad constituye uno de los principales polos españoles de la industria naval militar y alberga instalaciones estratégicas de la Armada. El programa S-80 de Navantia es quizá su símbolo más visible: el S-81 Isaac Peral se encuentra en servicio mientras el S-82 Narciso Monturiol ha avanzado durante 2026 en sus pruebas de mar.

El Clúster de la Industria de Defensa reúne a más de 150 empresas, centros de investigación y entidades públicas y privadas. Su objetivo pasa precisamente por reforzar la base tecnológica e industrial española y facilitar la incorporación de nuevas compañías al sector.

En la reunión, el presidente del Consejo Asesor del CID y exjefe de Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez, defendió una mayor participación de las pequeñas y medianas empresas y la creación de una red industrial capaz de proporcionar al Estado las capacidades militares que necesita.

No se trata únicamente de grandes contratistas. Alrededor de ellos gravitan proveedores especializados en electrónica, software, comunicaciones, ingeniería, materiales avanzados y componentes que rara vez aparecen en una fotografía oficial, aunque resultan imprescindibles para que un sistema militar moderno funcione.

La falta de profesionales también amenaza el crecimiento

Cartagena intenta alimentar ese ecosistema con formación. El Ayuntamiento y Navantia han impulsado un centro destinado a preparar profesionales para los sectores naval, industrial, offshore y de defensa, precisamente cuando la escasez de perfiles técnicos aparece como uno de los principales cuellos de botella del crecimiento industrial.

Construir autonomía militar europea implica fabricar más, pero también disponer de soldadores especializados, ingenieros, técnicos electrónicos, desarrolladores y profesionales capaces de mantener sistemas cada vez más complejos. El dinero ayuda; el conocimiento industrial no se compra con la misma rapidez.

La autonomía europea ya no es una discusión abstracta

Borrell lleva tiempo insistiendo en la misma idea. En diferentes intervenciones ha advertido sobre la vulnerabilidad geopolítica europea, marcada por la dependencia de Estados Unidos, el peso industrial de China y las divisiones internas de la propia Unión.

Su posición actual tiene además una perspectiva distinta a la que mantenía mientras dirigía la política exterior comunitaria entre 2019 y 2024. Borrell preside actualmente el Barcelona Centre for International Affairs y continúa participando activamente en el debate sobre seguridad, defensa y política internacional.

La discusión sobre la defensa europea suele reducirse a cifras de gasto, porcentajes del PIB y compromisos dentro de la OTAN. La advertencia planteada en Cartagena apunta a otra parte del tablero, quizá menos vistosa pero decisiva: quién fabrica las armas cuando realmente hacen falta.

El verdadero desafío está en las fábricas europeas

Europa puede disponer del presupuesto para comprar material militar y, aun así, depender de fábricas situadas a miles de kilómetros. Esa es la contradicción que Borrell quiere colocar en primer plano. Entre tener dinero para adquirir una capacidad y ser capaz de producirla dentro de Europa existe una distancia enorme.

La guerra de Ucrania, el nuevo escenario geopolítico y las dudas sobre el grado de implicación futura de Estados Unidos han convertido esa distancia en un problema estratégico. El debate ya no consiste únicamente en cuánto debe gastar Europa en defensa, sino en cuánto de ese esfuerzo puede transformar en tecnología, producción y autonomía propias. Ahí, más que en los discursos, se jugará buena parte de su independencia militar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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