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EEUU sanciona al BICSA cubano por operar con el banco iraní Karafarin

El BICSA entra en el régimen de sanciones de Washington por su relación con Karafarin, con efectos para bancos y entidades que sigan operando.

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EEUU sanciona al BICSA de Cuba

Resumen

  • EEUU sanciona al BICSA por sus servicios al banco iraní Karafarin
  • Las entidades extranjeras tienen hasta el 14 de noviembre para salir
  • Washington endurece a la vez su presión financiera sobre Cuba e Irán

Estados Unidos ha sancionado al Banco Internacional de Comercio S.A. (BICSA), una entidad estatal cubana, por haber prestado servicios financieros al banco iraní Karafarin, incluido desde hace años en el régimen estadounidense de sanciones contra Irán. Washington sostiene que la relación entre ambas entidades se remonta, al menos, a 2022.

La medida, anunciada este 15 de octubre por el secretario de Estado, Marco Rubio, coloca a BICSA bajo el marco de sanciones aprobado este año para ampliar la presión financiera sobre Cuba. La consecuencia no se queda en una declaración política: los bienes e intereses de la entidad sometidos a jurisdicción estadounidense quedan afectados y las instituciones financieras extranjeras que mantengan determinados negocios con el banco afrontan un nuevo riesgo regulatorio.

Por qué Estados Unidos sanciona al banco cubano BICSA

El argumento central de Washington es la relación de BICSA con Karafarin Bank, una institución financiera con sede en Teherán que figura en la lista estadounidense de entidades sancionadas bajo los programas relacionados con Irán.

El Departamento del Tesoro sostiene que el banco cubano ha proporcionado servicios a Karafarin desde, como mínimo, 2022. La designación de BICSA se produce además dentro de una ofensiva más amplia contra los canales financieros que Estados Unidos acusa a Irán de utilizar para mover divisas y sortear restricciones internacionales.

No se trata, por tanto, de una sanción presentada por Washington como un episodio exclusivamente cubano. BICSA aparece dentro de una operación de mayor alcance contra las redes financieras iraníes, donde entran bancos, intermediarios, sociedades instrumentales y operadores situados en distintos países.

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Rubio fue particularmente duro. Acusó al Gobierno cubano de servir de plataforma para actores hostiles a Estados Unidos y vinculó la actuación contra BICSA con la política de la Administración de Donald Trump hacia Cuba e Irán. Son acusaciones del Ejecutivo estadounidense, no hechos establecidos por una sentencia judicial; una diferencia que conviene mantener clara en un terreno donde diplomacia, seguridad nacional y propaganda acostumbran a caminar bastante juntas.

Las entidades extranjeras tienen hasta el 14 de noviembre

Hay una fecha especialmente relevante para bancos y empresas que mantengan relaciones con BICSA: el 14 de noviembre de 2026.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos, conocida como OFAC, ha establecido un periodo para que personas e instituciones financieras extranjeras puedan realizar las operaciones ordinariamente necesarias para desprenderse de inversiones o cerrar determinadas relaciones con BICSA y algunas entidades vinculadas.

Ese margen no es indefinido. Una vez expirado el plazo, las instituciones que continúen realizando determinadas operaciones con una parte sancionada pueden quedar expuestas a un mayor riesgo de sanciones estadounidenses. Para cualquier banco internacional con acceso al dólar o intereses en Estados Unidos, no es precisamente un detalle menor.

Qué ocurre con las operaciones vinculadas a Estados Unidos

Para las personas y empresas sometidas directamente a jurisdicción estadounidense, el escenario es todavía más restrictivo. Las operaciones con entidades cubanas ya estaban condicionadas por el amplio entramado de sanciones económicas sobre Cuba, salvo aquellas autorizadas expresamente mediante excepciones o licencias.

El plazo de noviembre no equivale, por tanto, a una autorización general para operar libremente con BICSA. Su función es facilitar la salida ordenada de determinados actores extranjeros que necesiten cerrar posiciones, contratos o relaciones financieras antes de que el nuevo marco despliegue plenamente sus efectos.

Siguen existiendo autorizaciones para determinadas actividades, incluidas algunas de carácter humanitario o diplomático. Pero el mensaje para el sector financiero es bastante nítido: Washington pretende reducir el espacio internacional disponible para el banco cubano.

BICSA, un banco orientado al comercio exterior y las divisas

El Banco Internacional de Comercio S.A. fue constituido en 1993 y desarrolla buena parte de su actividad en el ámbito corporativo, el comercio exterior y las operaciones financieras en divisas.

Su licencia bancaria le permite realizar operaciones como recibir depósitos, conceder financiación, trabajar con monedas y valores y participar en negocios con otras personas jurídicas. Ese perfil explica por qué una sanción contra un banco tiene una dimensión distinta a la dirigida contra una persona concreta.

Los bancos son, al final, las tuberías del comercio internacional. Conectan pagos, crédito, divisas y empresas. Cuando una entidad entra en el perímetro de sanciones estadounidenses, el efecto puede extenderse mucho más allá de sus propias oficinas porque las contrapartes internacionales empiezan a medir no solo qué está estrictamente prohibido, sino qué riesgo están dispuestas a asumir.

Ahí reside buena parte de la fuerza de las sanciones financieras de Washington. El peso internacional del dólar y del sistema bancario estadounidense empuja a numerosas entidades extranjeras a evitar operaciones potencialmente conflictivas aunque no tengan sede en Estados Unidos. No hace falta bajar físicamente la persiana de un banco para aislarlo; a veces basta con que los demás prefieran mantenerse a varios metros de distancia.

La conexión con la ofensiva financiera contra Irán

La sanción contra BICSA coincide con una nueva fase de la campaña estadounidense destinada a perseguir las vías utilizadas por Teherán para obtener divisas, mover fondos y mantener operaciones fuera del sistema financiero iraní.

Estados Unidos ha adoptado durante los últimos meses nuevas medidas contra bancos, intermediarios y estructuras empresariales que, según el Tesoro, facilitan el acceso de Irán a moneda extranjera mediante sociedades interpuestas y redes internacionales.

Karafarin Bank se encuentra dentro de ese perímetro de sanciones. Esa es precisamente la razón por la que los servicios que Washington atribuye a BICSA adquieren mayor relevancia: conectan directamente una entidad estatal cubana con una institución financiera iraní previamente señalada por las autoridades estadounidenses.

La lógica de estas medidas no se limita a congelar activos. El objetivo es también elevar el coste de mantener relaciones con las entidades designadas, dificultar sus operaciones internacionales y convencer a terceros bancos de que cualquier negocio con ellas puede acabar resultando demasiado incómodo.

Washington endurece también el cerco financiero sobre Cuba

La decisión sobre BICSA no llega de forma aislada. Estados Unidos ha reforzado durante 2026 su política de sanciones sobre sectores cubanos considerados estratégicos, entre ellos los servicios financieros, la energía y la seguridad.

Desde entonces, Washington ha ido ampliando las restricciones sobre determinadas entidades de la isla y sobre terceros que mantienen relaciones económicas con ellas. El alcance extraterritorial es una de las piezas centrales de esa política: no basta con limitar la actividad de empresas estadounidenses, también se pretende condicionar las decisiones de bancos extranjeros.

Para La Habana, esta política forma parte del embargo económico y financiero que denuncia desde hace décadas y que continúa siendo uno de los principales focos de enfrentamiento entre los dos países.

El ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, había vuelto a cargar este mismo 15 de octubre contra la Administración estadounidense por su estrategia hacia la isla, en vísperas de una nueva votación en Naciones Unidas sobre el embargo. No era una respuesta específica a la sanción contra BICSA, pero la coincidencia retrata bien el clima entre ambos gobiernos: distensión, precisamente, no es la palabra.

Una sanción que puede sentirse fuera de Cuba

La designación de BICSA reúne en una sola decisión dos de los frentes financieros que Washington ha endurecido durante 2026: la presión económica sobre Cuba y el intento de cortar las redes internacionales que permiten a Irán mover dinero fuera de sus fronteras.

El punto decisivo llegará cuando expire el periodo establecido para el 14 de noviembre. Hasta entonces, determinadas instituciones extranjeras disponen de margen para cerrar operaciones y reducir su exposición al banco cubano. Después, mantener ciertas relaciones puede resultar mucho más delicado desde el punto de vista regulatorio.

Ese es, en realidad, el alcance más profundo de la medida. No solo lo que Estados Unidos pueda bloquear directamente, sino el efecto dominó sobre terceros bancos que tengan que elegir entre conservar operaciones con BICSA o proteger su acceso al sistema financiero estadounidense. Cuando entra el dólar en la ecuación, las cuentas suelen resolverse bastante rápido.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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