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Feijóo pide enviar la Armada a Ceuta por las incursiones marroquíes

Feijóo eleva la presión sobre el Gobierno por Ceuta: pide la Armada, convocar a la embajadora de Marruecos y llamar a consultas al embajador español

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desplegar la Armada

Resumen

  • Feijóo pide desplegar la Armada en Ceuta ante las incursiones marroquíes
  • También reclama convocar a la embajadora de Marruecos en España
  • El PP exige llamar a consultas al embajador español en Rabat

Alberto Núñez Feijóo ha reclamado este viernes al Gobierno que despliegue la Armada en Ceuta y eleve la respuesta diplomática ante Marruecos después de las sucesivas informaciones sobre la presencia de embarcaciones militares marroquíes en aguas españolas. El líder del PP pide, además, convocar a la embajadora de Marruecos en España y llamar a consultas al embajador español en Rabat.

El dirigente popular sostiene que ya no puede hablarse de un episodio aislado. Su posición endurece la presión sobre Pedro Sánchez en un asunto especialmente delicado: la soberanía de Ceuta, la relación estratégica con Rabat y la gestión de una crisis que comenzó con la llegada masiva de migrantes de finales de julio y que, casi tres meses después, continúa dejando capítulos políticos y diplomáticos abiertos.

Feijóo reclama una respuesta firme ante Marruecos

La nueva petición del presidente del PP llega después de publicarse que una patrullera marroquí permaneció durante horas en aguas de Ceuta tras la reciente visita de los reyes Felipe VI y Letizia a la ciudad autónoma. Según las informaciones conocidas, la Guardia Civil terminó enviando una patrullera a la zona.

Para Feijóo, este episodio reforzaría la idea de que las incursiones no pueden considerarse simplemente un incidente puntual. El líder de la oposición habla de una “agresión reiterada” y reclama una respuesta que combine la presencia de la Armada con medidas diplomáticas frente a Rabat.

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No es la primera vez que plantea elevar el tono. Durante los últimos días había exigido explicaciones al presidente del Gobierno sobre la entrada de buques militares marroquíes en aguas españolas coincidiendo con la crisis migratoria del 30 y 31 de julio. También ha defendido que las Fuerzas Armadas deberían haberse desplegado entonces para garantizar la integridad territorial.

Ahora da un paso más: presencia naval en Ceuta, convocatoria de la embajadora marroquí y llamada a consultas del representante español en Marruecos. Tres medidas distintas, pero con un mensaje político común: elevar el coste diplomático de cualquier nuevo episodio que el PP considere una vulneración de la soberanía española.

Qué supondría llamar a consultas al embajador español

La medida tiene un significado diplomático preciso. Una llamada a consultas supone que el Gobierno reclama temporalmente el regreso de su embajador para analizar la relación bilateral y enviar, al mismo tiempo, una señal pública de malestar al otro país. No equivale por sí sola a romper relaciones diplomáticas, pero tampoco es un gesto rutinario.

Feijóo plantea que el representante español en Rabat regrese a Madrid para evaluar la situación mientras el Gobierno convoca a la embajadora de Marruecos en España y reclama explicaciones a las autoridades marroquíes.

Convocar a la embajadora elevaría la protesta diplomática

La convocatoria de un embajador extranjero tiene otro matiz. En diplomacia se utiliza para trasladar formalmente una protesta, solicitar aclaraciones o advertir de posibles medidas posteriores. En este caso, el PP pretende que el Ejecutivo eleve el episodio marítimo al máximo nivel político con Marruecos.

El resultado dibujaría una imagen poco habitual en una relación bilateral que Madrid y Rabat llevan años administrando con extremo cuidado: barcos, soberanía y embajadores entrando al mismo tiempo en la conversación. Un terreno donde cada palabra pesa bastante más de lo que parece.

El precedente de los buques marroquíes durante la crisis de julio

La controversia arranca en los días 30 y 31 de julio, cuando una llegada masiva de migrantes desde Marruecos convirtió Ceuta en el epicentro de una grave crisis fronteriza y humanitaria. Posteriormente trascendió que buques de la Marina Real marroquí habían entrado también en aguas españolas durante aquellos días.

España terminó reforzando su presencia naval en la zona. El episodio adquirió una dimensión política mucho mayor cuando Pedro Sánchez confirmó públicamente la entrada de embarcaciones militares marroquíes, una circunstancia que abrió un nuevo frente entre el Gobierno y la oposición.

El Ejecutivo ha defendido que se trató de un hecho puntual, gestionado mediante la interlocución entre ambos países y resuelto con normalidad. Esa explicación es precisamente la que Feijóo rechaza.

El choque, por tanto, no gira solo alrededor de si hubo barcos marroquíes en aguas españolas, sino sobre cómo interpretar lo sucedido: un incidente controlado dentro de una situación excepcional, según el Gobierno, o una vulneración reiterada de la soberanía que exige una reacción más contundente, según el PP.

La Armada ya reforzó su presencia en la zona

Durante aquella crisis España movilizó medios militares y reforzó el dispositivo de seguridad en Ceuta. También hubo presencia de la Armada española frente a las costas de la ciudad después de detectarse movimientos de unidades marroquíes.

Ese precedente explica por qué la petición de Feijóo de desplegar ahora la Armada no aparece de la nada. La discusión es otra: si existe en este momento una situación que justifique mantener o incrementar esa presencia y qué consecuencias tendría sobre una relación estratégica con Marruecos de enorme importancia para España.

Rabat es un socio fundamental en control migratorio, lucha antiterrorista, narcotráfico, comercio y seguridad en el Estrecho. Precisamente por eso, cualquier choque bilateral tiene una geometría incómoda. España necesita cooperación; al mismo tiempo, la soberanía sobre Ceuta no admite zonas grises desde la posición oficial española.

Ahí está el nudo: combinar la defensa de la integridad territorial con una relación bilateral de la que dependen intereses políticos, económicos y de seguridad a ambos lados del Estrecho.

El Gobierno mantiene la vía del diálogo con Rabat

El Gobierno ha defendido hasta ahora que los problemas con Marruecos deben resolverse mediante diálogo y canales diplomáticos, evitando una escalada que pueda deteriorar la cooperación entre ambos países. El Ejecutivo ha sostenido que las incursiones conocidas se resolvieron con normalidad y dentro de las relaciones de buena vecindad.

Pedro Sánchez también ha insistido en la importancia estratégica de mantener una relación constructiva con Rabat, especialmente después de la crisis migratoria, porque Marruecos ocupa una posición central en asuntos como los retornos migratorios y el control fronterizo.

La discrepancia con Feijóo es, así, de fondo. El Gobierno considera que preservar los canales de cooperación protege mejor los intereses españoles; el PP cree que esa política ha transmitido demasiada permisividad frente a comportamientos que afectan directamente a la integridad territorial.

Ceuta vuelve al centro de la relación entre España y Marruecos

La tensión llega, además, pocos días después de la visita de Felipe VI y Letizia a Ceuta, una estancia de enorme carga institucional tras la crisis del verano. El viaje volvió a colocar la españolidad de Ceuta y la integridad territorial en el centro de la escena política.

En ese contexto, las nuevas informaciones sobre movimientos de embarcaciones marroquíes han aumentado la presión sobre el Ejecutivo. Feijóo ha anunciado también que, si llega a la Moncloa tras las elecciones generales del 29 de noviembre, promoverá una investigación sobre lo ocurrido durante la crisis de julio y sobre la actuación de los buques marroquíes.

El asunto ha dejado de ser únicamente migratorio. Se cruzan Ceuta, la Armada, Marruecos, la soberanía española y la diplomacia, precisamente los ingredientes que cualquier Gobierno preferiría administrar con bisturí antes que con martillo.

Una disputa sobre hasta dónde debe responder España

Feijóo pide lo contrario a la política de contención seguida hasta ahora: hacer visible la respuesta. Desplegar la Armada, convocar a la embajadora marroquí y llamar a consultas al representante español en Rabat. La decisión, en cualquier caso, corresponde al Gobierno.

La verdadera disputa política queda así bastante definida. No gira sobre la pertenencia de Ceuta a España, sino sobre hasta dónde debe llegar la respuesta ante Marruecos cuando se considera vulnerada la soberanía: mantener la interlocución y rebajar la tensión o acompañar la diplomacia con una señal militar más visible en las aguas de la ciudad autónoma.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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