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El Pentágono emitirá en directo el fusilamiento del autor de Fort Hood
EE.UU. prepara el fusilamiento de Nidal Hasan en Fort Hood y su retransmisión en directo, una decisión que reabre el debate sobre la pena de muerte.
Foto: United States Army, dominio público.
Resumen
- El Pentágono prevé emitir en directo el fusilamiento de Nidal Hasan
- La ejecución está fijada para el 3 de diciembre en Fort Hood, Texas
- Sería el primer fusilamiento militar estadounidense desde 1945
Estados Unidos prepara una escena sin precedente reciente y difícil de separar del enorme debate que ya ha provocado. El Pentágono ha confirmado que la ejecución por fusilamiento de Nidal Malik Hasan, condenado por matar a 13 personas en la base militar de Fort Hood en 2009, será retransmitida en directo por internet el próximo 3 de diciembre.
No será una ejecución cualquiera dentro de la excepcionalidad de la pena capital militar. Si finalmente se lleva a cabo, será la primera ejecución de un militar estadounidense desde 1961 y el primer fusilamiento efectuado por las Fuerzas Armadas desde 1945. Pero el elemento verdaderamente insólito está en otro sitio: el Gobierno pretende permitir que el público contemple la muerte en tiempo real, algo sin precedente conocido en una ejecución legal estadounidense retransmitida por streaming.
Hegseth quiere que la ejecución pueda verse públicamente
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, había adelantado que pretendía convertir la ejecución en un acto público. Poco después, un funcionario del Pentágono precisó el alcance de esas palabras: habrá una retransmisión en directo y los detalles técnicos se anunciarán más adelante.
Hegseth ha defendido la decisión con un argumento deliberadamente sencillo: que la sociedad pueda contemplar las consecuencias de una matanza de estas características. El planteamiento cambia, sin embargo, la naturaleza habitual de las ejecuciones estadounidenses, celebradas desde hace décadas lejos de una audiencia masiva y bajo estrictos sistemas de acceso para familiares, abogados, periodistas y testigos autorizados.
Una ejecución pública en internet ya no depende del tamaño de una sala de observación. Puede saltar fronteras, quedar grabada, multiplicarse en redes sociales y circular fuera de cualquier control institucional. Ahí empieza una discusión mucho mayor que la elección del fusilamiento como método.
Nidal Hasan será fusilado el 3 de diciembre en Fort Hood
La ejecución está fijada para el jueves 3 de diciembre de 2026, a la una de la tarde, hora central de Estados Unidos, en Fort Hood, Texas. La elección del lugar y del momento tiene una evidente carga simbólica: Hasan cometió allí la matanza y el ataque se produjo también un jueves, alrededor de esa misma franja horaria.
Hasan era mayor del Ejército y psiquiatra militar cuando, el 5 de noviembre de 2009, abrió fuego en el Soldier Readiness Processing Center de Fort Hood. Murieron 13 personas y otras 32 resultaron heridas.
Durante el juicio militar celebrado en 2013, Hasan reconoció esencialmente su responsabilidad en los disparos y fue declarado culpable de asesinato premeditado y tentativa de asesinato. El tribunal lo condenó a muerte. Desde el tiroteo que permitió detenerlo permanece paralizado de cintura para abajo.
Trump autorizó la ejecución por pelotón de fusilamiento
La decisión final recibió la aprobación del presidente Donald Trump, después de una recomendación formulada por Hegseth. El procedimiento escogido será un pelotón de soldados armados con fusiles.
El precedente histórico resulta llamativo. El último miembro de las Fuerzas Armadas estadounidenses ejecutado fue John Bennett, ahorcado en 1961. Para encontrar el último fusilamiento militar hay que retroceder todavía más, hasta 1945, cuando el soldado Eddie Slovik fue ejecutado en Francia por deserción durante la Segunda Guerra Mundial.
Eso convierte el caso Hasan en una anomalía doble: recupera un método que el Ejército estadounidense no emplea desde hace más de ocho décadas y lo coloca, además, ante una potencial audiencia global.
Una ejecución retransmitida abre un territorio desconocido
Estados Unidos abandonó hace décadas el modelo de las ejecuciones convertidas en acontecimientos públicos. La última ejecución pública ampliamente reconocida en el país fue la de Rainey Bethea en Kentucky, en 1936, presenciada por miles de personas.
Desde entonces, el sistema caminó justo en dirección contraria: cámaras fuera, público restringido y una puesta en escena institucional deliberadamente cerrada. La retransmisión de Hasan rompe esa lógica de golpe. La plaza pública del siglo XXI no tiene gradas ni patíbulo; tiene una pantalla conectada a internet.
La decisión ha provocado críticas entre juristas y organizaciones contrarias a la pena de muerte, que plantean dudas sobre la dignidad del condenado, el posible carácter de espectáculo y los límites jurídicos de convertir una ejecución estatal en contenido accesible masivamente.
También existe una cuestión mucho más prosaica y difícil de controlar: una emisión en internet puede ser copiada y redistribuida casi instantáneamente. Lo que el Pentágono emita durante unos minutos podría permanecer durante años en plataformas, redes y canales ajenos al Gobierno estadounidense.
El precedente preocupa fuera de Estados Unidos
La controversia no termina en las fronteras norteamericanas. La posibilidad de que una ejecución real circule libremente por internet plantea problemas a países con normas específicas sobre contenidos violentos y protección de menores.
Nueva Zelanda, especialmente sensible a la difusión digital de violencia extrema desde el atentado contra las mezquitas de Christchurch de 2019, ya ha afrontado públicamente el problema de qué capacidad tendría para impedir el acceso a una retransmisión procedente de Estados Unidos.
La diferencia es incómoda: no se trataría de un vídeo criminal publicado clandestinamente, sino de una emisión promovida por una institución del Estado estadounidense. La tecnología es la misma; el origen, radicalmente distinto.
La ejecución todavía podría retrasarse
La fecha del 3 de diciembre está fijada, pero eso no significa que el calendario sea irreversible. Hasan todavía puede intentar acudir a la justicia federal mediante una petición de habeas corpus, un procedimiento destinado a revisar la legalidad de su detención y determinados aspectos del proceso.
Una impugnación de este tipo podría retrasar considerablemente la ejecución. En Estados Unidos, y particularmente en casos de pena capital, una fecha anunciada no siempre termina siendo una fecha cumplida.
Hasan ha seguido durante años una conducta jurídica poco convencional. En su juicio llegó a representarse a sí mismo y apenas discutió el núcleo factual de la acusación. Esa trayectoria impide saber con certeza hasta dónde utilizará las vías judiciales que aún tiene disponibles.
La pena de muerte vuelve al centro del debate estadounidense
El caso aparece además en un momento de renovada discusión sobre los métodos de ejecución en Estados Unidos. Los problemas para obtener los fármacos utilizados en las inyecciones letales y varios procedimientos fallidos han llevado a recuperar métodos que durante años parecían relegados al pasado.
El pelotón de fusilamiento sigue autorizado en algunos estados y sus defensores sostienen que puede resultar más rápido y técnicamente previsible que una inyección mal ejecutada. Sus críticos responden que esa supuesta eficacia no elimina el problema moral de fondo ni convierte la pena capital en menos irreversible.
En Hasan, ese viejo debate adquiere otra dimensión. No se discute únicamente cómo ejecuta el Estado, sino quién puede mirar mientras lo hace.
Del secreto de la cámara de ejecución al directo mundial
La matanza de Fort Hood dejó 13 muertos, decenas de heridos y una herida profunda dentro del Ejército estadounidense. Nidal Hasan fue condenado a muerte hace más de una década y, salvo intervención judicial, será fusilado en el mismo complejo militar donde cometió los asesinatos.
Lo extraordinario en 2026 no es únicamente que Estados Unidos recupere un fusilamiento militar tras más de 80 años. Es que pretenda colocar una cámara delante.
La retransmisión transforma una decisión penal en algo distinto, difícil todavía de medir: un acto estatal potencialmente visible desde cualquier teléfono del mundo. Entre transparencia, castigo y espectáculo hay fronteras bastante finas. El 3 de diciembre, si el calendario judicial no cambia, Estados Unidos se dispone a cruzar una de ellas.
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