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ONU alerta de que 41 millones sufren hambre severa en África oriental

La ONU sitúa en casi 41 millones las personas con hambre severa en África oriental, una crisis que El Niño puede empeorar en los próximos meses.

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hambre severa en África oriental

Resumen

  • 41 millones de personas sufren hambre severa en África oriental
  • El Niño puede agravar inundaciones, cultivos perdidos y desplazamientos
  • 9,7 millones de menores de cinco años padecen desnutrición aguda

Casi 41 millones de personas afrontan niveles elevados de hambre en África oriental y la situación amenaza con empeorar durante los próximos meses. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios sitúa en 40,9 millones la población que se encuentra en fase de crisis alimentaria o en niveles todavía más graves, frente a los 40,5 millones contabilizados en el trimestre anterior.

No es solo una estadística gigantesca, de esas que terminan por perder escala a fuerza de ceros. Más de 208.000 personas están ya en el nivel catastrófico de hambre, el máximo de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria, una situación asociada a carencias extremas de alimentos y riesgo de hambruna. Y sobre ese terreno, castigado por conflictos, sequías, desplazamientos y precios elevados, empieza a proyectarse otra sombra: El Niño.

El hambre vuelve a crecer en África oriental

Los datos del tercer trimestre de 2026 muestran un deterioro que puede parecer pequeño en términos porcentuales —400.000 personas más que en el trimestre anterior— pero que, trasladado a la vida cotidiana, equivale a una ciudad entera incorporándose en apenas unos meses a la población que no tiene garantizado algo tan elemental como comer.

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OCHA atribuye este empeoramiento a una mezcla persistente de conflictos armados, sequía, desplazamientos, enfermedades y encarecimiento de los alimentos y el combustible. A todo ello se añade un problema menos visible, pero decisivo: falta dinero para sostener la respuesta humanitaria. A estas alturas del año solo se ha recibido alrededor del 39 % de la financiación requerida para África oriental.

Sudán, Sudán del Sur, Somalia y Kenia figuran entre los países más golpeados por la inseguridad alimentaria. En la región ugandesa de Karamoja, uno de los territorios históricamente más vulnerables del noreste del país, se han registrado incluso al menos 16 muertes relacionadas con la escasez de alimentos.

Casi diez millones de niños necesitan tratamiento

La infancia concentra una de las cifras más duras. Alrededor de 9,7 millones de menores de cinco años padecen desnutrición aguda y necesitan tratamiento; entre ellos, unos 2,3 millones sufren desnutrición aguda grave.

Aquí el hambre deja de ser únicamente falta de comida. La desnutrición infantil debilita las defensas, aumenta la vulnerabilidad frente a infecciones y puede alterar el desarrollo físico y cognitivo. Cuando coinciden diarreas, agua contaminada, sarampión o cólera, una dieta insuficiente convierte enfermedades tratables en amenazas mucho más serias.

El Niño puede convertir las lluvias en otro golpe

El fenómeno de El Niño amenaza con añadir presión sobre una región que lleva años encadenando crisis climáticas. En el Cuerno de África puede favorecer lluvias superiores a lo habitual durante determinados periodos. Sobre el papel podría parecer una tregua después de años de sequía. En la práctica, demasiada agua y demasiado deprisa también destruyen.

Las precipitaciones intensas pueden provocar inundaciones y deslizamientos, arrasar cultivos, matar ganado, cortar carreteras y aislar mercados. También contaminan fuentes de agua y facilitan la expansión de enfermedades. El clima, en otras palabras, no pulsa un interruptor entre sequía y prosperidad: una comunidad exhausta por meses sin lluvia puede perder en una semana de inundaciones lo poco que logró conservar.

Somalia muestra con claridad el riesgo. Las previsiones para los próximos meses apuntan a millones de personas en fase de crisis alimentaria o peor y a amplias zonas expuestas a inundaciones, pérdidas agrícolas y nuevos desplazamientos. Para quienes viven del ganado o de pequeñas explotaciones familiares, una carretera cortada o una cosecha anegada puede significar quedarse sin ingresos y, poco después, sin alimentos.

Guerra, desplazamiento y hambre se alimentan entre sí

La crisis alimentaria no puede separarse del mapa político de la región. África oriental acumulaba durante el tercer trimestre unos 16,5 millones de desplazados internos, personas que han abandonado sus hogares sin cruzar una frontera, además de 6,1 millones de refugiados y solicitantes de asilo.

En Etiopía, la reactivación de enfrentamientos entre fuerzas federales y grupos rebeldes ha generado nuevos desplazamientos y necesidades humanitarias. Burundi ha recibido población que huye del conflicto en la República Democrática del Congo, mientras Yibuti afronta llegadas procedentes de Yemen. Cada desplazamiento suele significar lo mismo en términos alimentarios: campos abandonados, empleos perdidos, ganado atrás y familias que pasan a depender parcial o totalmente de ayuda externa.

La agricultura y la ganadería tienen un peso enorme en buena parte de estas economías rurales. Una carretera inundada, una cosecha perdida o un rebaño debilitado no son daños aislados; afectan al mercado local, reducen los ingresos y encarecen los alimentos. La crisis acaba retroalimentándose.

Cólera, sarampión y mpox añaden presión

El deterioro tampoco se limita a la alimentación. Entre enero y septiembre de 2026 se notificaron en África oriental casi 23.000 casos de cólera, 2.255 infecciones de sarampión y cerca de 670 casos de mpox, según el balance de Naciones Unidas.

Son cifras especialmente preocupantes allí donde los sistemas sanitarios tienen poca capacidad, faltan medicamentos o las familias deben recorrer largas distancias para llegar a un centro de salud. El cólera, muy ligado al acceso deficiente a agua segura y saneamiento, puede extenderse con rapidez después de grandes inundaciones. Y justamente esas lluvias son uno de los riesgos que más inquietan en los próximos meses.

Somalia entra en los meses más delicados

Entre octubre y diciembre llega la temporada de lluvias Deyr en Somalia. Las previsiones apuntan a precipitaciones intensas, con especial riesgo para las comunidades agrícolas y ganaderas situadas junto a los ríos. Las inundaciones pueden destruir cosechas y animales, interrumpir mercados y provocar nuevos movimientos de población.

El problema es que esa amenaza llega después de temporadas agrícolas débiles. Muchos hogares han consumido reservas, vendido bienes o reducido comidas para resistir. Hay poco colchón. Una familia que ha perdido ganado durante la sequía no recupera su capacidad económica simplemente porque vuelva a llover. La vulnerabilidad acumulada pesa tanto como el propio fenómeno meteorológico.

Menos financiación justo cuando aumenta la necesidad

La otra variable crítica está lejos de los campos africanos. Los programas humanitarios trabajan con una financiación muy inferior a la solicitada y los recortes de varios donantes representan un obstáculo importante para mantener la respuesta. Con apenas el 39 % de los recursos requeridos cubiertos, las agencias deben decidir dónde concentran alimentos, tratamientos nutricionales, atención sanitaria o asistencia a desplazados.

Ese déficit coincide con el momento menos oportuno. Los organismos humanitarios llevan meses advirtiendo de que los fenómenos climáticos extremos pueden intensificar sequías e inundaciones en distintas partes de África y empujar a millones de personas que ya viven al límite hacia situaciones todavía más graves.

Una crisis que llega debilitada a la temporada de lluvias

Los 40,9 millones de personas con hambre en niveles de crisis o superiores no describen una emergencia futura. La emergencia ya está ahí. El Niño puede agravarla, pero llega a una región en la que la guerra, los desplazamientos, los alimentos caros, las enfermedades y años de impactos climáticos han ido erosionando las reservas familiares.

El dato que quizá mejor explica la fragilidad es también uno de los más incómodos: 208.000 personas están en la categoría catastrófica de hambre y 9,7 millones de niños pequeños necesitan tratamiento por desnutrición aguda. Con las lluvias fuertes como amenaza y la respuesta internacional financiada muy por debajo de lo necesario, África oriental afronta los próximos meses con muy poco margen para absorber otro golpe.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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