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Macron reúne a los servicios de inteligencia antes de otra protesta

Macron reúne a los servicios de inteligencia por los fallos del 17 de octubre y Francia prepara un gran despliegue para la protesta del sábado.

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Un serio Macron

Imagen: Nebojša Tejić / Dominio público.

Resumen

  • Macron reúne a todos los servicios de inteligencia tras los disturbios
  • Francia prepara un dispositivo masivo para la protesta del sábado 24
  • El Gobierno admite fallos de previsión y refuerza la seguridad

Emmanuel Macron ha convocado este jueves en el Palacio del Elíseo una reunión de seguridad con todos los servicios de inteligencia franceses después de los graves disturbios registrados durante las manifestaciones del 17 de octubre. El encuentro llega bajo una presión evidente: el Gobierno prepara una nueva jornada de movilizaciones para este sábado 24 y quiere evitar que se repitan los fallos de previsión y coordinación que dejaron imágenes de saqueos, incendios y fuerzas de seguridad desbordadas en varias ciudades.

El presidente francés, recién regresado de una gira por el golfo Pérsico, ha reclamado firmeza ante la situación y ha advertido de que “la mano no debe temblar en la cúspide del Estado”. La frase resume el clima en París. Hay malestar social, críticas políticas y un aparato de seguridad obligado a demostrar que ha aprendido algo de un 17 de octubre que terminó mucho peor de lo previsto.

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El 17 de octubre dejó al descubierto fallos de seguridad

Las protestas reunieron a una multitud muy superior a la esperada por el Ejecutivo. El Gobierno situó la participación en torno a 550.000 personas, mientras los organizadores elevaron la cifra por encima de las 800.000. Solo en París participaron alrededor de 110.000 personas. Las previsiones oficiales manejadas durante los días anteriores habían quedado muy por debajo de semejante volumen.

Buena parte de las marchas transcurrió pacíficamente, pero los incidentes terminaron monopolizando la jornada. Hubo saqueos, incendios y ataques contra edificios públicos en ciudades como París, Marsella, Lyon, Lille o Limoges. En esta última localidad ardió el histórico Ayuntamiento, mientras que en Marsella varias personas irrumpieron en la sede municipal y provocaron daños.

La dificultad no estuvo solamente en contener a grupos violentos. El propio Gobierno terminó admitiendo errores de anticipación. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, reconoció posteriormente que las fuerzas de seguridad perdieron el control en algunas grandes ciudades y que los efectivos desplegados resultaron insuficientes ante la dimensión de los disturbios.

Una movilización mucho mayor de lo previsto

La protesta juntó a estudiantes, trabajadores, jubilados, empleados públicos y antiguos participantes del movimiento de los chalecos amarillos, con reivindicaciones que iban desde el coste de la vida hasta los salarios, los servicios públicos o las condiciones educativas. Esa mezcla convirtió la movilización en un fenómeno difícil de encajar en las estructuras tradicionales de una manifestación convocada y controlada por una única organización.

También aparecieron grupos pequeños y extremadamente móviles que actuaron al margen de las marchas. Ahí estuvo uno de los mayores problemas para la policía: un dispositivo demasiado estático frente a personas capaces de desplazarse rápidamente entre diferentes puntos de las ciudades. El Ejecutivo ha atribuido parte de los episodios violentos a grupos de ultraizquierda y delincuentes, aunque ha insistido en distinguirlos del grueso de los manifestantes.

Macron reclama explicaciones a los servicios de inteligencia

La cita del Elíseo pretende reconstruir qué ocurrió antes y durante el 17 de octubre: qué información manejaban los servicios, cómo se calcularon los riesgos y por qué las previsiones quedaron tan lejos de la realidad. La cuestión resulta especialmente delicada porque el problema no fue únicamente policial. También hubo fallos en la evaluación previa de la participación y de la capacidad de actuación de los grupos violentos.

Macron ya había pedido transparencia sobre esas deficiencias y rechazó la dimisión presentada por Laurent Nuñez, alegando la necesidad de mantener la continuidad del mando de las fuerzas de seguridad en plena crisis. El ministro permanece así al frente de un dispositivo que será examinado con lupa el próximo sábado.

Nuñez tiene previsto presentar este jueves los detalles del nuevo operativo. Al mismo tiempo, el primer ministro, Sébastien Lecornu, recibirá en Matignon a representantes de los partidos políticos junto al ministro del Interior, el titular de Justicia, Gérald Darmanin, responsables de inteligencia y mandos de las fuerzas de seguridad. Lecornu ha prometido información transparente sobre los problemas registrados durante las manifestaciones.

Francia prepara un dispositivo masivo para el 24 de octubre

El Ejecutivo ha dejado claro que la respuesta del sábado será muy diferente. Francia prepara un dispositivo de seguridad masivo, diseñado para ganar movilidad y capacidad de reacción frente a los grupos dispersos que complicaron la actuación policial durante la protesta anterior.

Las autoridades contemplan restricciones o prohibiciones de determinadas concentraciones cuando existan riesgos serios para el orden público. También se pretende alejar los recorridos más sensibles de edificios institucionales y grandes zonas comerciales, precisamente dos de los principales objetivos de los saqueos y destrozos registrados el fin de semana anterior.

Sentinelle, unidades de élite y blindados Centaure

Entre las principales novedades figura el despliegue de militares de la operación Sentinelle. No estarán destinados al control directo de las manifestaciones, sino a labores estáticas de vigilancia y protección de edificios y lugares sensibles. La intención es liberar policías y gendarmes para que puedan concentrarse en tareas de orden público.

También está prevista la movilización de unidades especializadas como RAID, BRI y GIGN, junto a helicópteros, vehículos blindados Centaure y cañones de agua. Es una fotografía bastante elocuente del nivel de preocupación. El objetivo declarado es disponer de fuerzas mucho más rápidas para responder a grupos pequeños que puedan separarse de las manifestaciones y desplazarse por los centros urbanos.

El cambio de doctrina importa tanto como el número de efectivos. El Gobierno considera que el despliegue del 17 de octubre fue demasiado rígido y poco móvil. Para el sábado se pretende exactamente lo contrario: unidades capaces de intervenir con rapidez sin dejar desprotegidos los edificios públicos, estaciones, comercios y otros puntos considerados sensibles.

El pulso social sigue vivo pese a los disturbios

El endurecimiento de la seguridad no hace desaparecer las causas de las protestas. El malestar por el encarecimiento del coste de la vida, los servicios públicos y la situación de muchos estudiantes continúa alimentando las movilizaciones. Los chalecos amarillos han convocado una nueva jornada para el 24 de octubre, presentada como un segundo acto después de las grandes concentraciones del sábado anterior.

Ese matiz es fundamental. Una cosa son los saqueos y los ataques contra edificios; otra, una protesta social que reunió a cientos de miles de personas. Macron intenta caminar entre ambas realidades: defender el derecho a manifestarse y, al mismo tiempo, proyectar una imagen de autoridad frente a quienes aprovechen las marchas para provocar disturbios.

El presidente ha descartado por el momento recurrir al estado de emergencia, mientras el Gobierno combina medidas policiales con reuniones políticas, sindicales y territoriales. El primer ministro también tiene previsto recibir a los alcaldes de París, Lyon y Marsella, tres de las ciudades más castigadas por los incidentes.

La crisis también entra de lleno en la batalla política

La gestión de los disturbios se ha convertido rápidamente en munición electoral. Francia se aproxima a las presidenciales de 2027 y cada error de seguridad adquiere una dimensión mucho mayor. Marine Le Pen y Jordan Bardella, las principales figuras de Agrupación Nacional, no acudirán personalmente a la reunión política convocada por Lecornu, aunque su formación estará representada.

Tampoco participarán sus principales dirigentes en el caso de Horizontes, la formación del exprimer ministro Édouard Philippe, ni del Movimiento Demócrata de François Bayrou. Las ausencias retratan una escena política bastante fragmentada: todos reclaman explicaciones al Gobierno, pero no todos quieren aparecer sentados alrededor de su mesa.

Macron necesita demostrar que el Estado puede recuperar el control sin convertir la respuesta a los disturbios en una criminalización general de las protestas. Es un equilibrio incómodo. Más aún cuando la seguridad pública ya ocupa un lugar central en el debate político francés y los adversarios del presidente observan cada movimiento del Elíseo.

El sábado pondrá a prueba al Estado francés

La reunión con los servicios de inteligencia va mucho más allá de revisar informes. El 17 de octubre expuso una grieta en la capacidad del Estado para anticipar una protesta masiva y adaptarse a grupos violentos muy móviles. El nuevo despliegue pretende corregir precisamente esa vulnerabilidad.

El 24 de octubre mostrará si las lecciones han llegado a tiempo. Francia tendrá más efectivos disponibles, militares protegiendo puntos sensibles, unidades de élite preparadas y una doctrina policial basada en mayor movilidad. También tendrá de nuevo miles de ciudadanos en la calle. La verdadera prueba será mantener el orden sin confundir protesta y violencia, una distinción sencilla sobre el papel y bastante menos cómoda cuando empiezan los disturbios.

Macron busca firmeza, previsión y control después de una semana que ha dejado al Gobierno contra las cuerdas en materia de seguridad. El sábado dirá si el nuevo dispositivo consigue evitar otro desbordamiento o si los fallos del 17 de octubre fueron algo más profundo que un mal cálculo policial.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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