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María Corina Machado denuncia su exclusión del diálogo sobre Venezuela

María Corina Machado asegura que EEUU la excluye de las conversaciones sobre Venezuela mientras Delcy Rodríguez y parte de la oposición negocian

Publicado

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Corina Machado

Por GaboBracho - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Machado denuncia que EEUU la deja fuera del diálogo sobre Venezuela
  • Washington sostiene que Vente Venezuela sí fue invitado a participar
  • Las elecciones siguen sin fecha mientras avanza la transición política

María Corina Machado ha denunciado que Estados Unidos la ha dejado fuera de las negociaciones políticas sobre el futuro de Venezuela que se celebran en Caracas entre el Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y una representación de la oposición. La dirigente venezolana, Nobel de la Paz de 2025, hizo pública la acusación en una entrevista concedida en Panamá mientras avanza la tercera ronda de conversaciones auspiciadas por Washington.

Hay, sin embargo, una discrepancia importante. El Departamento de Estado estadounidense sostiene que Vente Venezuela, el partido de Machado, fue invitado a participar y afirma que la dirigente puede regresar al país cuando lo desee. Machado mantiene que ella no ha sido incorporada al proceso y asegura que volverá a Venezuela «antes de lo que se imaginan» para movilizar a sus seguidores ante unas futuras elecciones que, por ahora, siguen sin fecha.

La controversia toca el centro mismo de la transición venezolana: no tanto quién aparece en una fotografía alrededor de una mesa, sino quién tiene capacidad real para decidir las reglas del próximo sistema político. Las conversaciones avanzan con Washington como actor decisivo, Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo y una delegación opositora encabezada por Dinorah Figuera, mientras una de las figuras más conocidas y electoralmente relevantes de la oposición permanece fuera.

Machado queda fuera de la tercera ronda de negociación

El tercer ciclo del diálogo comenzó el 14 de octubre en Caracas. Del lado opositor, la negociación está dirigida por Dinorah Figuera, expresidenta de la Asamblea Nacional elegida en 2015; la representación gubernamental está encabezada por Jorge Rodríguez, presidente de la actual Asamblea Nacional y hermano de Delcy Rodríguez. Estados Unidos respalda directamente el proceso.

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La agenda ha ido acercándose a asuntos mucho más delicados que los gestos diplomáticos: garantías políticas, participación de los partidos, reformas institucionales y las condiciones que deberían permitir unas elecciones consideradas libres y creíbles. El Departamento de Estado ha señalado que esta ronda debe seguir construyendo la estructura institucional necesaria para una transición democrática. La fecha de esas elecciones continúa sin fijarse.

Precisamente ahí pesa la ausencia de Machado. No es una dirigente secundaria que protesta desde la periferia. Fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz de 2025 por su defensa de los derechos democráticos en Venezuela y por su apuesta por una transición pacífica desde el autoritarismo hacia la democracia.

Washington y Machado ofrecen versiones distintas

La diferencia entre ambas versiones no es pequeña. Machado sostiene que Estados Unidos no la ha incluido en las conversaciones; Washington replica que su organización política sí recibió una invitación. Formalmente pueden parecer afirmaciones compatibles, pero políticamente describen dos cosas bastante distintas: invitar a un partido no equivale necesariamente a integrar a su principal dirigente en la negociación que diseña la transición.

La propia arquitectura de la mesa deja clara la apuesta estadounidense. Marco Rubio recibió el 9 de octubre a Dinorah Figuera en Washington y expresó su respaldo al proceso, reclamando avances en libertades políticas y reforma electoral. Pocos días después, Estados Unidos levantó las sanciones que pesaban sobre Jorge Rodríguez, precisamente el hombre que dirige la delegación gubernamental. Las piezas se están moviendo, y no precisamente al azar.

La Administración estadounidense parece haber escogido una transición gradual y negociada, apoyada en estructuras todavía vinculadas al chavismo y en reformas institucionales sucesivas. Machado, en cambio, queda en una posición incómoda: posee un enorme capital político, pero no ocupa la silla desde la que se están pactando esas reformas.

Qué ha conseguido hasta ahora el diálogo en Venezuela

Washington presenta las dos primeras rondas como un proceso que ya ha producido resultados concretos. Según el Departamento de Estado, se ha avanzado en la reconstrucción de un Tribunal Supremo más independiente, se ha recuperado el acceso a más de 70 dominios de internet anteriormente bloqueados y se han introducido cambios en legislación utilizada para restringir derechos políticos. Estados Unidos también cifra en más de mil los presos políticos liberados, con nuevas excarcelaciones anunciadas posteriormente.

La reforma del Tribunal Supremo es especialmente sensible. Ese organismo tendrá un papel fundamental ante cualquier disputa electoral futura y su independencia lleva años cuestionada. El proceso de renovación pretende estar terminado antes de finales de año, aunque persisten dudas sobre los procedimientos de selección, los criterios aplicados a los candidatos y el peso que conservará el chavismo en el nuevo entramado judicial.

Es la vieja dificultad venezolana, solo que con decorado nuevo: no basta con convocar elecciones; hay que reconstruir las instituciones que deciden quién puede presentarse, cómo se vota y quién resuelve las impugnaciones. Unas urnas colocadas sobre un suelo institucional torcido no enderezan por sí solas una democracia.

Machado promete volver a Venezuela

Machado intenta ahora trasladar la presión desde la mesa de negociación hacia la calle y hacia una futura competición electoral. Desde Panamá ha reiterado que regresará a Venezuela y que pretende movilizar a sus seguidores. No ha concretado cuándo ni cómo realizará ese retorno.

La promesa tiene una lectura política evidente. Mientras otros dirigentes opositores negocian la reinstitucionalización del país, Machado quiere conservar la iniciativa electoral y su conexión directa con los votantes. Su exclusión puede debilitar su influencia inmediata sobre los acuerdos, pero también le permite distanciarse de un proceso del que todavía se desconoce el resultado final.

Washington sostiene que no impide su regreso. Esa afirmación coloca la cuestión en terreno más complejo: si no existe un obstáculo estadounidense, habrá que comprobar qué garantías políticas, jurídicas y de seguridad acompañarían realmente a Machado cuando intente volver. La diferencia entre poder cruzar una frontera y poder ejercer libremente actividad política sigue siendo bastante considerable.

El petróleo abre otra grieta con la Administración Trump

La entrevista ha revelado también un desencuentro que va más allá de las negociaciones políticas. Machado cargó contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt, vinculado a operaciones petroleras respaldadas por la Administración Trump, y le atribuyó responsabilidades en prácticas de corrupción relacionadas con antiguos contratos públicos del sector eléctrico. Betancourt ha sido objeto durante años de investigaciones y controversias sobre sus negocios en Venezuela.

Machado dejó, no obstante, un matiz relevante: aseguró que un eventual Gobierno suyo respetaría los contratos petroleros que cumplieran con la legislación venezolana. Es decir, su choque no se plantea formalmente contra la inversión estadounidense, sino contra quién se beneficia de ella y bajo qué reglas.

El petróleo vuelve así a mezclarse con la transición política, como suele ocurrir en Venezuela con una puntualidad casi geológica. Estados Unidos ha estrechado su relación económica con el nuevo poder venezolano al mismo tiempo que impulsa reformas institucionales y busca estabilidad política. Para Machado, esa combinación plantea el riesgo de que la estabilidad termine pesando más que una renovación completa del sistema.

Delcy Rodríguez gana espacio mientras se redefine el chavismo

Desde la salida de Nicolás Maduro del poder y su captura por fuerzas estadounidenses en enero, Delcy Rodríguez se ha convertido en la figura central del nuevo equilibrio venezolano. Su Gobierno ha abierto negociaciones con una parte de la oposición, autorizado algunas reformas y prometido elecciones, aunque todavía no existe un calendario definitivo.

Washington ha optado por trabajar con esa estructura en lugar de sustituir inmediatamente al aparato estatal chavista por una dirección opositora. El enfoque busca evitar un vacío de poder y obtener una transición negociada; también ha provocado críticas entre quienes consideran que antiguos dirigentes del régimen conservan demasiado control sobre el proceso.

La reciente retirada de sanciones contra Jorge Rodríguez refuerza esa lectura. Estados Unidos está premiando avances y construyendo interlocutores, incluso cuando proceden del núcleo político que gobernó junto a Maduro. Para Machado, que durante años fue una de las voces más firmes contra aquel sistema, el escenario resulta paradójico: el chavismo cambia de forma, Washington negocia con él y ella observa desde fuera una transición por la que llevaba años reclamando.

Las urnas siguen sin fecha

La denuncia de María Corina Machado coloca una cuestión política sobre la mesa aunque nadie necesite formularla en voz alta: hasta qué punto puede considerarse representativa una transición en la que una de las principales dirigentes de la oposición no participa directamente.

El diálogo ha producido avances institucionales y compromisos concretos, pero todavía falta la prueba decisiva: unas elecciones competitivas, con garantías para todos los partidos, instituciones independientes y un calendario conocido. Mientras esa fecha no exista, la transición venezolana seguirá siendo un edificio en obras.

Machado pretende regresar y disputar ese futuro desde dentro. Delcy Rodríguez conserva el poder ejecutivo, Dinorah Figuera negocia en nombre de un sector opositor y Estados Unidos administra buena parte del ritmo diplomático. Entre todos ellos se está dibujando la Venezuela posterior a Maduro. La gran incógnita es quién habrá escrito las reglas cuando finalmente lleguen las urnas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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