Economía
Milei eleva a USD 125.000 millones su bazuca ante la corrida de 2027
Milei asegura que Argentina contará con USD 125.000 millones para contener una eventual corrida cambiaria en 2027, aunque el mercado mantiene dudas.
Por President.am, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Milei eleva a USD 125.000 millones su defensa ante una corrida en 2027
- La cifra suma reservas, swaps, futuros, comercio e inversiones previstas
- El mercado duda de cuánto de ese arsenal estaría realmente disponible
Javier Milei ha elevado a USD 125.000 millones el volumen de recursos con el que asegura que Argentina podría afrontar una eventual corrida cambiaria durante 2027, el año de las elecciones presidenciales. La cifra llama la atención por su tamaño, pero también por la velocidad con la que ha crecido: apenas unos días antes, el Gobierno hablaba de una “bazuca” de USD 75.000 millones.
El presidente argentino sostiene que no espera un ataque contra el peso, aunque quiere llegar preparado. “No espero una corrida, pero me preparo”, afirmó Milei. La frase resume bastante bien el momento: la Casa Rosada intenta transmitir fortaleza financiera mientras los inversores miran con lupa las reservas, los vencimientos de deuda y la capacidad real del Banco Central para acumular dólares.
De USD 75.000 millones a 125.000 millones en pocos días
La primera cifra que había puesto sobre la mesa el Gobierno rondaba los USD 75.000 millones. Ese cálculo combinaba diferentes herramientas y fuentes de financiación, no una montaña de billetes disponible en las bóvedas del Banco Central.
Milei explicó que dentro de ese poder de fuego contabiliza unos USD 20.000 millones vinculados a compras de divisas, aproximadamente USD 40.000 millones correspondientes a los swaps con China y Estados Unidos y capacidad de intervención equivalente a unos USD 15.000 millones mediante contratos de dólar futuro. Con esa suma llegaba a los 75.000 millones.
Después amplió la cuenta. Añadió el superávit comercial previsto, los dólares que podrían entrar a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y distintas operaciones de refinanciación de deuda. De ahí surge el nuevo número: USD 125.000 millones.
Hay una diferencia importante, sin embargo. Hablar de “tener” esa cantidad puede llevar a pensar que se trata de reservas líquidas y disponibles inmediatamente. No es exactamente así. Dentro del cálculo aparecen reservas compradas, líneas de swap, financiación futura, contratos financieros, ingresos comerciales todavía por materializarse e inversiones previstas. Son piezas distintas dentro del mismo tablero.
Los USD 125.000 millones no son una caja de efectivo
Ese matiz es fundamental para entender la discusión económica argentina. Un swap de monedas no funciona igual que un dólar de libre disponibilidad en las reservas; una exportación prevista todavía debe producirse y cobrarse; una inversión anunciada mediante el RIGI tampoco entra necesariamente completa ni en el momento en que el Banco Central pueda necesitarla.
Algo parecido ocurre con los futuros. Permiten intervenir sobre las expectativas y reducir la presión inmediata sobre el mercado cambiario, pero no equivalen a dólares físicos acumulados.
El Ejecutivo utiliza, por tanto, una definición amplia de “poder de fuego”. Es legítimo sumar herramientas que podrían servir para contener una crisis, aunque el resultado no debe confundirse con el saldo líquido de las reservas internacionales.
El riesgo país volvió a encender las alarmas
La discusión llega después de que el riesgo país argentino regresara a niveles elevados. A comienzos de octubre alcanzó los 655 puntos básicos, su máximo de 2026, frente a los 402 puntos registrados el 10 de julio. En menos de tres meses había avanzado más de 250 puntos.
El indicador mide, a grandes rasgos, cuánto rendimiento adicional exigen los inversores para prestar dinero a Argentina respecto a la deuda de Estados Unidos. Cuanto más alto es, más caro resulta financiarse en los mercados internacionales.
No todo ese deterioro responde a factores argentinos. Las rentabilidades de los bonos estadounidenses también han subido y el clima financiero global se ha vuelto más exigente. Pero Argentina arrastra un problema propio: los inversores siguen asignando una prima importante al riesgo político, a la historia de impagos y a las dudas sobre qué ocurrirá con el programa económico después de las próximas elecciones.
El Gobierno quiere evitar precisamente que ese temor se transforme en una carrera hacia el dólar.
El gran examen llegará con los vencimientos de 2027
El calendario tampoco es pequeño. Las estimaciones privadas sitúan por encima de USD 21.000 millones los vencimientos relevantes de 2027 entre deuda con bonistas, compromisos con el Fondo Monetario Internacional y BOPREAL. El programa financiero oficial confía en combinar compras del Banco Central, financiación local, organismos internacionales, privatizaciones y otras fuentes de crédito.
Milei insiste en que parte de esos vencimientos podrá refinanciarse. Es decir, no será necesario pagar cada dólar que vence con un dólar procedente de las reservas: determinados acreedores renovarían sus títulos o serían sustituidos por nueva financiación.
Ese es precisamente uno de los pilares de la “bazuca”. Rollover, en la jerga financiera, significa renovar deuda que llega a vencimiento. Si funciona con normalidad, reduce enormemente las necesidades inmediatas de efectivo. Si el mercado se cierra, la película cambia.
Broda calcula un escenario todavía mucho más exigente
El economista Miguel Ángel Broda ha planteado un cálculo bastante más severo. Su estimación sitúa en torno a USD 183.475 millones los recursos necesarios para cubrir un escenario de dolarización mucho más amplio, al incorporar tanto el dinero en pesos en manos privadas como una parte considerable de la deuda pública denominada en moneda local.
La comparación debe manejarse con cuidado. Broda analiza una hipótesis extrema en la que una porción enorme de los pasivos en pesos busca simultáneamente refugio en dólares. No significa que Argentina necesite disponer de 183.000 millones en efectivo, del mismo modo que el cálculo presidencial de 125.000 millones tampoco significa que el Banco Central tenga ese dinero sentado en una cuenta.
Son dos maneras distintas de medir la resistencia del sistema frente a una crisis cambiaria. Y precisamente ahí está el debate.
De los “dólares por las orejas” al escudo electoral
La nueva cifra también contrasta con el mensaje de extraordinaria abundancia de divisas que Milei había lanzado semanas atrás. Tras su paso por Naciones Unidas aseguró que a Argentina los dólares le estaban “saliendo por las orejas” y defendió que el superávit comercial, especialmente apoyado por energía y exportaciones, estaba modificando históricamente la disponibilidad de moneda estadounidense.
No existe necesariamente una contradicción matemática entre ambas afirmaciones. Un país puede generar más dólares mediante exportaciones y, al mismo tiempo, prepararse contra una fuga de capitales. Pero políticamente el contraste resulta evidente: pasar de hablar de una “superabundancia” de divisas a exhibir una defensa de USD 125.000 millones ante una posible corrida indica hasta qué punto las expectativas pesan en la economía argentina.
La palabra “corrida” tiene además una memoria propia en el país. Basta pronunciarla para que aparezcan viejos fantasmas: depósitos retirados, reservas cayendo, tipos de cambio paralelos y ciudadanos intentando adelantarse al siguiente movimiento. El Gobierno conoce bien esa psicología y quiere impedir que la expectativa se convierta en una profecía autocumplida.
El mercado decidirá cuánto vale realmente la “bazuca”
Sobre el papel, USD 125.000 millones impresionan. Lo relevante, sin embargo, será cuánto de ese arsenal puede utilizarse de forma efectiva, en qué plazos y bajo qué condiciones si aumenta la demanda de dólares durante el año electoral.
El Banco Central necesita seguir comprando reservas, el Gobierno deberá refinanciar deuda y las inversiones prometidas tendrán que transformarse en entradas reales de capital. Ahí la retórica deja de contar. Empiezan las transferencias, los vencimientos y las pantallas rojas o verdes del mercado.
Milei asegura que esta vez Argentina llegará preparada. Hace unos días la protección era de USD 75.000 millones; ahora asciende a USD 125.000 millones. La cifra puede funcionar como señal política, como elemento disuasorio y como mensaje a los inversores. Pero una “bazuca” financiera no se mide solo por el número escrito en el lateral. Se mide cuando alguien intenta dispararla.
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