España
Milei llama «dictador» a Sánchez y complica la campaña de PP y Vox
El ataque de Milei contra Sánchez refuerza a Vox, obliga al PP a medir distancias y da al PSOE una figura útil para movilizar a la izquierda.
Imagen: Vox España / CC0.
Resumen
- Milei llama «dictador» a Sánchez y vuelve a agitar la campaña española
- Vox puede capitalizar el choque, mientras el PP queda en una posición incómoda
- El PSOE gana un adversario útil para movilizar a su electorado
Javier Milei ha vuelto a aterrizar en la política española con su herramienta favorita: el lenguaje sin freno. El presidente argentino ha llamado este miércoles «impresentable dictador» a Pedro Sánchez, ha defendido que el liberalismo debe sacar a los socialistas «a patadas» y ha cargado también contra la gestión de la crisis de Ceuta. Todo ello en Madrid, a poco más de un mes de las elecciones generales del 29 de noviembre.
Electoralmente, la irrupción de Milei parece más cómoda para Vox que para el PP. A Santiago Abascal le refuerza un marco ideológico que ya comparte con el argentino; a Alberto Núñez Feijóo, en cambio, puede obligarle a discutir sobre motosierra, pensiones y recortes cuando su interés está en ensanchar el voto hacia electores moderados. Para el conjunto de la derecha no tiene por qué ser un golpe decisivo, pero sí ofrece al PSOE una figura exterior perfecta para intentar movilizar a una izquierda desanimada.
Milei vuelve a colocar a Sánchez en el centro de su discurso
La frase pronunciada por Milei no admite demasiadas interpretaciones diplomáticas. Durante un desayuno informativo en Madrid, el mandatario argentino calificó al presidente español de «impresentable dictador» y volvió a presentar el socialismo como el gran antagonista político del liberalismo.
No es un episodio aislado. La relación entre ambos gobiernos arrastra años de golpes verbales, crisis diplomáticas y reproches personales. Milei nunca se ha reunido con Sánchez desde que llegó a la Casa Rosada y sus viajes a España han tenido una característica bastante peculiar para tratarse del presidente de Argentina: abundancia de encuentros ideológicos y escasez de agenda institucional.
Esta es ya su séptima visita a España desde diciembre de 2023. No hay cita con el rey Felipe VI ni con Sánchez. Tampoco, esta vez, con Santiago Abascal. Milei sí tiene previsto verse con el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, y con responsables de la Fundación Disenso, vinculada al partido.
Ese pequeño detalle tiene bastante política dentro. Abascal convirtió a Milei en una de las grandes estrellas de Europa Viva en 2024. Dos años después, con unas generales en marcha, el líder de Vox ha mantenido su agenda de precampaña fuera de Madrid. Puede ser exactamente lo que dice Vox, una incompatibilidad de horarios, aunque la ausencia de la fotografía resulta llamativa.
Vox gana un referente; el PP hereda una incomodidad
Para Vox, Milei funciona como demostración práctica de un relato que lleva años defendiendo: menos Estado, reducción del gasto público, batalla cultural contra la izquierda, crítica frontal a la inmigración irregular y desprecio por buena parte de las convenciones políticas tradicionales. Su estilo, con motosierra incluida, conecta especialmente bien con una franja de electores jóvenes y enfadados que ya está empujando al partido de Abascal.
Los últimos sondeos privados sitúan a Vox en torno al 19% de estimación de voto, claramente por encima de su resultado de 2023. Hay otro dato todavía más importante: una parte relevante de quienes votaron al PP hace tres años declara ahora su intención de respaldar a Vox. El trasvase en sentido contrario es sensiblemente menor.
Milei puede alimentar precisamente esa corriente. No porque un presidente argentino decida unas elecciones españolas —sería atribuirle un poder casi mágico—, sino porque valida el discurso del ala más dura de la derecha. Para un elector que considera demasiado prudente al PP, escuchar a alguien llamar «dictador» a Sánchez no produce necesariamente rechazo. Puede producir reconocimiento.
Y ahí empieza el problema de Feijóo. El PP necesita a Vox para una mayoría, pero también necesita que Vox no siga creciendo a su costa. Una cosa es llegar a La Moncloa con un socio de 40 diputados y otra hacerlo con uno mucho más fuerte, capaz de exigir ministerios, marcar la agenda y discutir casi cada política importante desde una posición negociadora superior.
La motosierra toca uno de los nervios de la campaña: las pensiones
Hay además un elemento que vuelve esta visita particularmente incómoda. Milei representa internacionalmente la llamada política de la motosierra, basada en fuertes ajustes del gasto público. Y en España acaba de abrirse precisamente un debate sobre la sostenibilidad de las pensiones.
Dirigentes de Vox y del PP han cuestionado en los últimos días la viabilidad futura del sistema, obligando después a ambos partidos a asegurar que las prestaciones estarán garantizadas. En ese contexto, tener a Milei recorriendo Madrid no ayuda demasiado a borrar de la conversación palabras como recorte, ajuste o tijera.
El presidente argentino llega, además, con un historial económico que permite al PSOE construir un mensaje extremadamente sencillo: PP y Vox quieren traer a España el modelo de Milei. Que esa equivalencia sea demasiado gruesa para describir los programas reales importa menos en una campaña electoral que su capacidad para caber en un vídeo de veinte segundos.
No parece casual que el propio PSOE haya recibido al argentino desplegando una lona en Ferraz con el mensaje «Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España», mientras Sánchez ha reivindicado el salario mínimo, las pensiones, los permisos de paternidad y el aborto como señas de identidad de su Gobierno. Milei ha llegado dispuesto a atacar al socialismo y los socialistas, lejos de esconderse, han decidido ponerle focos.
Para Sánchez, Milei puede ser adversario y salvavidas
Ahí reside la paradoja. Milei viene a España ideológicamente cerca de la derecha, pero puede resultar electoralmente funcional para Sánchez.
El PSOE tiene dificultades para movilizar a todo el espacio progresista. El voto situado a su izquierda está fragmentado y las encuestas privadas siguen concediendo una ventaja clara al bloque formado por PP y Vox. Convertir la campaña en una discusión fría sobre gestión económica puede beneficiar a la oposición; convertirla en una batalla entre Estado del bienestar y motosierra ofrece a Sánchez un terreno bastante más cómodo.
Ya ocurrió algo parecido en 2024. Durante la crisis diplomática entre España y Argentina, coincidiendo también con otros acontecimientos políticos, el PSOE mejoró en algunos sondeos mientras el PP retrocedía. Aquello no demuestra una relación causal —las elecciones catalanas y la propia estrategia de Sánchez pesaron al mismo tiempo—, pero dejó una advertencia: polarizar alrededor de Milei no necesariamente perjudica a los socialistas.
Para Vox la ecuación es distinta. La polarización es su combustible natural. Un choque Milei-Sánchez divide el tablero exactamente por la línea que interesa a Abascal: socialismo frente a derecha radical, sin demasiado espacio intermedio. El damnificado potencial vuelve a ser el PP, atrapado entre condenar el tono del argentino y enfadar a parte de su electorado, o abrazarlo demasiado y regalar al PSOE la fotografía que busca.
Qué piensan realmente los españoles de Javier Milei
Aquí conviene separar percepción de ruido en redes sociales. No existe una opinión española uniforme sobre Milei. Los datos disponibles muestran sobre todo una enorme división ideológica.
En la gran crisis bilateral de mayo de 2024, un sondeo encontró que el 37% de los españoles responsabilizaba a ambos gobiernos, mientras otros grupos culpaban principalmente al Ejecutivo español o al argentino. Es decir, ni siquiera tras una escalada diplomática especialmente bronca se produjo un alineamiento automático de la sociedad española con Sánchez.
Otra encuesta de aquella época planteó una elección directa entre Milei y Sánchez y situó al argentino ligeramente por delante. Entre votantes de Vox y PP el respaldo a Milei era especialmente elevado, aunque el dato exige cautela: preferir a Milei frente a Sánchez en una comparación binaria no equivale a valorar positivamente todas sus políticas ni mide por sí solo su popularidad.
El patrón, aun con esas cautelas, resulta bastante claro. Milei despierta una fuerte simpatía en la derecha más ideologizada, especialmente entre los votantes de Vox; también dispone de aceptación en sectores del PP. En la izquierda genera un rechazo igualmente intenso. Entre medias existe una bolsa de ciudadanos que puede compartir su crítica al gasto público y, al mismo tiempo, considerar excesivo su estilo político.
Ese último grupo es el que más debería preocupar al PP. Milei moviliza mejor a los convencidos que a los moderados. Y Feijóo necesita precisamente conservar a los primeros mientras incorpora a los segundos.
El 29-N se juega también dentro de la derecha
Las encuestas privadas dibujan por el momento una situación favorable a PP y Vox. Algunos estudios publicados tras el adelanto electoral sitúan al PP cerca del 32% y a Vox alrededor del 19%. Juntos alcanzarían una mayoría parlamentaria cómoda si esas cifras se mantuvieran en las urnas.
Eso cambia la naturaleza del problema. Milei probablemente no decidirá si existe o no una mayoría social de derechas; la cuestión es cómo se reparte esa mayoría.
Cada votante que pase del PP a Vox no desaparece del bloque conservador, pero modifica la relación de fuerzas dentro de él. Cuanto mayor sea Abascal, menor será la libertad política de Feijóo para gobernar desde posiciones moderadas. Es una aritmética sencilla y bastante menos espectacular que una motosierra, aunque quizá más importante para el día después.
La dirección nacional del PP ha intentado caminar por esa cuerda sin dramatismos. Ha considerado normal una posible reunión de Isabel Díaz Ayuso con Milei por tratarse del presidente de Argentina, una nación hermana, mientras Feijóo no figura en la agenda del mandatario argentino. Proximidad institucional, distancia electoral. Una solución muy de Génova.
Milei beneficia a Vox, pero también puede dar oxígeno al PSOE
El efecto más probable de este nuevo choque no es un vuelco súbito de las elecciones. Las campañas rara vez cambian por una sola declaración y quedan más de cinco semanas hasta las urnas. La economía doméstica, la vivienda, las pensiones, la inmigración y el desgaste del Gobierno pesan bastante más.
Pero Milei introduce una cuña incómoda. Vox puede ganar con su presencia porque habla a su electorado en su mismo idioma político. El PSOE también puede obtener rendimiento convirtiéndolo en símbolo de los recortes que atribuye a una futura mayoría de derechas. El PP es quien tiene menos que ganar con el espectáculo.
Y el insulto a Sánchez intensifica justamente esa dinámica. Llamar «impresentable dictador» al presidente español satisfará a quienes ya consideran a Sánchez el origen de casi todos los males nacionales. Difícilmente persuadirá, en cambio, a un jubilado preocupado por su pensión o a un votante centrista que duda entre PP y PSOE. Ahí, el efecto electoral puede ser mucho más limitado.
Para la derecha española, por tanto, Milei no es tanto una ayuda o un perjuicio como un acelerador de sus contradicciones internas. Cuanto más ruido hace el argentino, más fácil resulta a Vox ocupar el espacio de la ruptura y más complicado se vuelve para el PP presentarse simultáneamente como cambio político y alternativa moderada.
Sánchez lo sabe. Abascal también. Y probablemente por eso ambos pueden encontrar algo aprovechable en la misma visita, mientras Feijóo contempla cómo un invitado llegado de Buenos Aires vuelve a colocar la campaña exactamente en el terreno que menos controla.
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