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Netanyahu planteó a Trump retomar la guerra con Irán antes de votar

Netanyahu abordó con Trump la posibilidad de nuevos ataques contra Irán. Israel niega una ofensiva inmediata mientras mantiene la presión militar.

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Netanyahu planteó a Trump

Por The White House / Joyce N. Boghosian - Flickr, Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • Netanyahu habló con Trump sobre retomar los ataques contra Irán
  • Israel niega que exista una decisión inmediata para lanzar una ofensiva
  • Las elecciones y el programa nuclear iraní elevan la tensión regional

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habló la semana pasada con Donald Trump sobre la posibilidad de reactivar los ataques contra Irán, según una información difundida por la televisión israelí Channel 12. El planteamiento habría llegado en un momento especialmente sensible: Israel celebra elecciones el 27 de octubre y Estados Unidos afronta sus comicios legislativos de mitad de mandato el 3 de noviembre.

La conversación no equivale, sin embargo, a una decisión de volver a bombardear Irán. La oficina de Netanyahu ha negado que el primer ministro esté presionando a Trump para lanzar una ofensiva antes de las elecciones y, según la misma información israelí, responsables de seguridad no han detectado un cambio reciente en la evaluación sobre Irán que justifique una operación conjunta en las próximas semanas. La fotografía, de momento, es más incómoda que definitiva: la opción militar sigue sobre la mesa, pero no hay una orden pública para ejecutarla.

Netanyahu habría invocado nuevos movimientos nucleares de Irán

Channel 12 sostiene que funcionarios estadounidenses quedaron sorprendidos por el interés mostrado por Netanyahu en volver a atacar Irán antes de las elecciones. Entre las razones expuestas por el jefe del Gobierno israelí estarían unos supuestos nuevos pasos iraníes en el terreno nuclear considerados preocupantes por Israel. El informe, no obstante, no concreta cuáles serían esos movimientos ni aporta públicamente una nueva evaluación de inteligencia que permita medir su alcance.

Ese matiz importa. El programa nuclear iraní lleva años instalado en el centro de la disputa entre Teherán, Israel y Estados Unidos, pero entre advertir de un riesgo y acreditar una aceleración militar inmediata hay un trecho considerable. Irán ha defendido su derecho al enriquecimiento de uranio, mientras Washington exige una reducción sustancial de esa capacidad dentro de cualquier acuerdo que permita rebajar la tensión. El Organismo Internacional de Energía Atómica no había encontrado pruebas de un programa activo de fabricación de armas nucleares, aunque la acumulación previa de uranio enriquecido al 60% y las limitaciones al acceso de los inspectores han mantenido encendidas todas las alarmas.

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Trump dejó preparar, pero no prometió atacar

La versión difundida en Israel dibuja una conversación deliberadamente ambigua. Una fuente estadounidense citada por Channel 12 asegura que Netanyahu abordó varias veces la posibilidad de retomar los ataques y que Trump le transmitió que podía seguir preparándose, pero sin comprometerse a autorizar una operación.

La diferencia no es pequeña. Preparar escenarios militares forma parte de la rutina de cualquier crisis de esta magnitud; activarlos significa abrir otra pantalla. Y Trump, que rara vez convierte la previsibilidad en una virtud presidencial, ha dejado mensajes contradictorios en cuestión de días.

El 8 de octubre afirmó públicamente que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Cinco días después, preguntado por sus próximos movimientos, aseguró que Washington tomaría una decisión sobre Irán “muy pronto”. Entretanto, el Pentágono había ordenado al Mando Central estadounidense completar preparativos para una eventual reanudación de operaciones de gran escala.

Las elecciones añaden una capa explosiva

La posible ofensiva aparece atravesada por un calendario político difícil de ignorar. Israel votará el 27 de octubre. Estados Unidos lo hará una semana después. Cualquier ataque importante contra Irán antes de esas fechas tendría consecuencias militares, económicas y, naturalmente, electorales.

Según Channel 12, el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, habría advertido de que una reanudación de los combates antes de los comicios israelíes podría incluso obligar a aplazarlos si Irán responde con una oleada de misiles. Una guerra nunca cabe del todo en una urna, aunque a veces la política insista en meterla dentro.

La oficina del primer ministro rechaza precisamente esa lectura. Niega que Netanyahu pretenda iniciar una guerra contra Irán para llegar a las elecciones en posición de ventaja y sostiene que mantiene contactos habituales con Trump y su equipo. Al mismo tiempo, fuentes citadas por medios israelíes aseguran que Netanyahu ha explicado a responsables de seguridad que fue Trump quien abrió inicialmente la discusión sobre una posible reanudación de los ataques. Dos versiones, un mismo teléfono y una zona gris bastante amplia.

Israel y Estados Unidos mantienen preparados sus ejércitos

Aunque falte una decisión política, la preparación militar continúa. Las Fuerzas de Defensa de Israel y el Mando Central de Estados Unidos permanecen en un nivel elevado de disponibilidad, según las informaciones publicadas en los últimos días.

Washington ha contemplado escenarios que incluirían ataques de gran escala sobre infraestructuras energéticas, instalaciones estratégicas y objetivos nucleares iraníes. Eso no significa que esos planes vayan a ejecutarse: los estados mayores trabajan con opciones que muchas veces terminan archivadas. Pero demuestra que el escenario de una nueva escalada no está escrito únicamente en discursos.

Irán, por su parte, ha advertido de que una nueva ofensiva encontraría una respuesta más dura. La tensión se extiende mucho más allá de sus instalaciones nucleares. El estrecho de Ormuz continúa convertido en una arteria vulnerable para el comercio energético mundial y los incidentes sobre el transporte marítimo se han intensificado durante octubre, introduciendo petróleo, inflación y seguridad naval en una ecuación ya suficientemente cargada.

El estrecho de Ormuz convierte una ofensiva en un problema mundial

El conflicto con Irán posee una característica que hace temblar rápidamente mercados muy alejados de Oriente Próximo: su capacidad para alterar el tránsito por el estrecho de Ormuz, paso esencial para una parte sustancial del petróleo y del gas que circulan por mar.

Los ataques y restricciones sobre la navegación han aumentado la presión sobre Washington. El coste de la guerra también pesa dentro de Estados Unidos, donde el encarecimiento de la energía se ha convertido en un problema político en vísperas de las elecciones legislativas. Trump intenta proyectar simultáneamente dos mensajes que no siempre casan bien: presión máxima contra Teherán y promesa de evitar una escalada inmediata.

En Israel el cálculo tampoco es sencillo. Una nueva ofensiva podría reforzar la imagen de determinación de Netanyahu entre una parte del electorado, pero una respuesta iraní con misiles, daños sobre ciudades o una movilización prolongada podría producir exactamente el efecto contrario. La guerra tiene esa mala costumbre: empieza con planes y acaba modificándolos.

El frente nuclear sigue bloqueando cualquier acuerdo

Detrás de toda la discusión permanece el mismo asunto que lleva años contaminando las relaciones con Teherán. Estados Unidos exige garantías fuertes sobre el programa nuclear iraní; Irán se resiste a abandonar el enriquecimiento de uranio y considera esa capacidad un derecho soberano.

Las negociaciones indirectas han continuado sin cerrar las diferencias esenciales. Washington reclama una reducción verificable de la capacidad de enriquecimiento. Teherán, mientras tanto, ha rechazado renunciar por completo a esa tecnología y mantiene sus propias exigencias sobre sanciones y seguridad.

La falta de confianza hace el resto. Incluso cuando se abre una vía diplomática, ambos bandos siguen preparando la alternativa militar. En Oriente Próximo, a veces la mesa de negociación y la pista de despegue están demasiado cerca.

Una conversación que devuelve la guerra al primer plano

Lo conocido hasta ahora no permite afirmar que Netanyahu y Trump hayan acordado un nuevo ataque contra Irán. Sí permite afirmar algo más concreto: la posibilidad ha sido discutida al máximo nivel, los preparativos militares siguen activos y el calendario electoral ha entrado directamente en la conversación.

Netanyahu vincula el riesgo a los movimientos nucleares iraníes; su oficina niega que esté presionando para atacar antes de las elecciones. Trump había prometido no ordenar una ofensiva antes del 3 de noviembre, pero apenas unos días después volvió a anunciar una decisión próxima sobre Irán. Esa contradicción mantiene abierto el escenario.

No hay, por tanto, una nueva guerra oficialmente decidida. Hay algo menos rotundo y quizá más inquietante: gobiernos preparándose para que pueda ocurrir, mientras diplomacia, urnas, petróleo y misiles comparten la misma mesa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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