Ciencia
La península ibérica gira en sentido horario por la presión de África
La península ibérica gira lentamente en sentido horario por la presión entre África y Eurasia, según un estudio que aclara la deformación tectónica
Resumen
- La península ibérica gira lentamente en el sentido de las agujas del reloj
- El movimiento responde a la presión entre las placas africana y euroasiática
- El estudio ayuda a localizar mejor las zonas donde se acumula tensión tectónica
La península ibérica está girando lentamente en el sentido de las agujas del reloj. No es una metáfora ni significa que España y Portugal estén cambiando de orientación de una forma apreciable a escala humana: hablamos de movimientos minúsculos de la corteza terrestre, medidos durante años mediante satélites, estaciones GNSS y registros de terremotos. El fenómeno está relacionado con la compleja colisión entre África y Eurasia en el Mediterráneo occidental.
La investigación que ha vuelto a colocar este movimiento bajo los focos fue publicada en Gondwana Research en 2026 y está encabezada por Asier Madarieta-Txurruka, investigador de la Universidad del País Vasco. El estudio confirma el giro horario de Iberia y ayuda a explicar por qué ocurre: al oeste del estrecho de Gibraltar, la convergencia africana transmite esfuerzos hacia el suroeste peninsular; más al este, buena parte de esa presión queda absorbida por la compleja corteza del arco de Gibraltar y el dominio de Alborán.
África y Eurasia se acercan varios milímetros cada año
Bajo nuestros pies no hay un suelo inmóvil sino una corteza fragmentada en grandes placas que avanzan, rozan y se deforman a velocidades que harían perder la paciencia a cualquiera. La placa africana y la euroasiática convergen en esta región a un ritmo aproximado de entre cuatro y seis milímetros por año. Parece casi nada. Geológicamente, no lo es.
El problema —o, más exactamente, lo interesante— es que la frontera entre ambas placas no forma una línea limpia que pueda dibujarse con regla. En el Atlántico resulta relativamente reconocible y también lo es hacia Argelia, pero al llegar al sur de la península el límite se convierte en un mosaico tectónico de bloques, fallas, corteza continental adelgazada y estructuras heredadas de millones de años de evolución.
El nuevo análisis distingue cuatro grandes sectores en esa frontera: Atlántico, Gibraltar, Alborán y argelino-balear. Cada uno responde de manera distinta a los esfuerzos. La deformación, dicho de otra manera, no se reparte por igual. Unas zonas absorben parte del empuje; otras lo transmiten. Ahí empieza a entenderse el pequeño giro peninsular.
El estrecho de Gibraltar funciona como una bisagra geológica
Una de las piezas decisivas está alrededor del estrecho. El arco de Gibraltar enlaza las cordilleras Béticas del sur de España con el Rif marroquí y forma parte de una arquitectura geológica extraordinariamente complicada. No es simplemente el lugar donde Europa mira a África desde unos kilómetros de distancia; bajo el mar, la historia es bastante más enrevesada.
Según los resultados del estudio, al este del estrecho la corteza asociada al arco de Gibraltar absorbe parte de la deformación provocada por la convergencia de Eurasia y África. Eso reduce la transmisión de determinados esfuerzos hacia el interior de Iberia. Al oeste ocurre algo distinto: allí la interacción entre las placas es más directa y puede transmitir presión hacia el margen suroccidental de la península.
Ese empuje oblicuo desde el suroeste constituye uno de los mecanismos que pueden favorecer la rotación horaria detectada. La imagen de la península girando como una pieza rígida sobre una mesa tampoco debe tomarse literalmente. La corteza se deforma, existen bloques con comportamientos diferentes y las fuerzas se distribuyen de manera desigual. La geología suele tener esa mala costumbre de estropear las explicaciones demasiado bonitas.
El giro de la península ya había sido detectado antes
El fenómeno, de hecho, no nació con este estudio. Una investigación publicada en 2015 ya había encontrado evidencias claras de una rotación a gran escala en sentido horario respecto a la Eurasia estable mediante una extensa red de observaciones GNSS distribuida por la península y el norte de África. Aquel trabajo estimó una velocidad de rotación cercana a 0,07 grados por millón de años.
La aportación más reciente es otra: combina y mejora los campos de esfuerzos obtenidos a partir de terremotos con mapas de deformación derivados de velocidades GNSS, ofreciendo una imagen más detallada de dónde se concentra esa deformación y de cómo interactúan los distintos dominios de la corteza en el Mediterráneo occidental. No se trata tanto de descubrir que Iberia se mueve como de afinar por qué se mueve así y dónde se acumulan las tensiones.
Un movimiento demasiado lento para verlo, pero no irrelevante
Nada de esto supone que la península vaya a aparecer ligeramente torcida en el mapa dentro de unas décadas. Los instrumentos modernos pueden detectar desplazamientos de apenas milímetros, mientras que los grandes cambios tectónicos necesitan cientos de miles o millones de años.
Hay, además, una diferencia importante entre medir lo que sucede durante unas pocas décadas y reconstruir una evolución geológica que se extiende durante millones de años. Los registros sísmicos precisos se concentran fundamentalmente desde las últimas décadas del siglo XX y las series modernas de posicionamiento satelital arrancan alrededor de 1999. Nuestra ventana de observación es diminuta frente al reloj de las placas tectónicas.
Por eso conviene tomar con prudencia las recreaciones que muestran una futura Iberia pegada al norte de África. La convergencia entre África y Eurasia existe y, mantenida durante periodos geológicos enormes, puede transformar radicalmente el Mediterráneo. Pero extrapolar durante millones de años una velocidad actual supone asumir que las placas seguirán comportándose exactamente igual, algo que la propia historia de la Tierra aconseja no dar por sentado.
El Mediterráneo que conocemos es, en realidad, una fotografía provisional. Antes hubo océanos donde actualmente se levantan montañas y terrenos emergidos donde luego entró el mar. Las Béticas, los Pirineos y buena parte de los relieves peninsulares son precisamente cicatrices de movimientos tectónicos anteriores.
Qué tiene que ver este giro con los terremotos de España
Aquí aparece la consecuencia más útil de la investigación. El interés científico del estudio no consiste en contemplar cómo España da una vuelta lentísima, sino en utilizar los campos de esfuerzos y deformaciones para localizar mejor fallas potencialmente activas y comprender qué estructuras están absorbiendo la presión tectónica.
Hay sectores de la península donde los instrumentos detectan deformación o donde se registran terremotos, pero no siempre está perfectamente identificada la estructura que los produce. Saber hacia dónde se comprime o estira la corteza permite acotar la búsqueda y estudiar después sobre el terreno las fallas, sus desplazamientos y su posible capacidad para generar seísmos.
Esto tampoco significa que cada terremoto ocurrido en España pueda atribuirse al giro horario de Iberia. Un seísmo concreto depende de una falla determinada, de las tensiones acumuladas en ella y de su historia geológica. El movimiento general ofrece el contexto tectónico; no una explicación automática para cualquier sacudida que aparezca en un sismógrafo.
España y Portugal cuentan, además, con la base QAFI, dedicada a recopilar fallas con evidencias de actividad durante el Cuaternario, es decir, durante los últimos 2,6 millones de años. El propio catálogo advierte de que el conocimiento todavía es incompleto y debe actualizarse conforme avanzan los estudios. Entre las zonas donde los investigadores consideran necesario profundizar figuran sectores del oeste de los Pirineos y del entorno Cádiz-Sevilla.
España se mueve, aunque el paisaje parezca inmóvil
La aparente quietud de una montaña o una costa engaña. La península ibérica sigue sometida a las fuerzas que construyeron sus cordilleras y deformaron sus márgenes durante millones de años. África continúa acercándose a Eurasia, el dominio de Alborán se desplaza y el arco de Gibraltar reparte parte de esa presión mediante una combinación de compresión, fallas y desplazamientos laterales.
Los nuevos datos permiten dibujar ese engranaje con una resolución mayor: Iberia gira lentamente en sentido horario, el suroeste recibe parte del empuje tectónico africano y la deformación cambia mucho de un lugar a otro. Es un movimiento microscópico para una vida humana y enorme cuando el calendario deja de medirse en años y empieza a contar millones.
Nada va a desplazarse ante nuestros ojos y tampoco hay motivo para imaginar una península navegando hacia África como una balsa continental. Pero el suelo aparentemente firme sigue moviéndose. Muy despacio, casi con una parsimonia insultante. Y precisamente esa lentitud es la escala natural con la que la Tierra cambia de aspecto.
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