Mundo
El PMA deja sin ayuda a 500.000 gazatíes por falta de financiación
El Programa Mundial de Alimentos reduce su cobertura en Gaza de 1,6 a 1,1 millones de personas y recorta raciones, efectivo y comidas calientes.
Imagen: Ashraf Amra / UNRWA / CC BY-SA 3.0 IGO.
Resumen
- El PMA dejará sin ayuda mensual a 500.000 personas en Gaza
- La cobertura caerá de 1,6 millones a 1,1 millones de beneficiarios
- También bajarán las raciones, el efectivo y las comidas calientes
Medio millón de personas en Gaza dejarán de recibir la ayuda alimentaria mensual del Programa Mundial de Alimentos por la falta de financiación de sus operaciones. El organismo de Naciones Unidas reducirá de 1,6 millones a 1,1 millones el número de personas atendidas cada mes, un tijeretazo que llega cuando alrededor de dos tercios de la población de la Franja todavía afrontan niveles graves de inseguridad alimentaria.
El ajuste no consiste únicamente en borrar medio millón de nombres del programa. Las raciones de comida se reducen a la mitad, las transferencias de efectivo destinadas a decenas de miles de familias pierden valor y los comedores comunitarios también servirán menos platos. En un territorio donde buena parte de los hogares depende de la asistencia exterior para comer con cierta regularidad, hablar de recortes presupuestarios deja de sonar a contabilidad en cuanto se abre una despensa.
El Programa Mundial de Alimentos, conocido internacionalmente por las siglas WFP y en español como PMA, sostiene que el problema inmediato no es que hayan desaparecido las necesidades ni, en este momento concreto, una incapacidad absoluta para introducir alimentos. El motivo señalado por la organización es más prosaico: no hay fondos suficientes para mantener el nivel de asistencia desplegado hasta ahora.
La ayuda baja de 1,6 millones a 1,1 millones de personas
La reducción anunciada este 19 de octubre implica dejar fuera del programa mensual a aproximadamente 500.000 palestinos vulnerables. El PMA había alcanzado a cerca de 1,6 millones de personas al mes desde el alto el fuego de octubre de 2025 mediante paquetes de alimentos, harina, comidas preparadas y transferencias económicas.
Con el nuevo esquema, la cobertura mensual queda limitada a unos 1,1 millones de beneficiarios. El organismo deberá concentrar unos recursos cada vez más estrechos en la población que considera más expuesta, una elección que en términos administrativos se denomina priorización y que, sobre el terreno, significa decidir qué familias siguen dentro de la red y cuáles dejan de estarlo.
La situación alimentaria, mientras tanto, dista mucho de haberse normalizado. Los últimos cálculos manejados por el PMA sitúan en aproximadamente 1,4 millones de personas, dos tercios de los habitantes de Gaza, a quienes sufren inseguridad alimentaria aguda en nivel de crisis o peor. Unas 200.000 se encuentran en condiciones de emergencia.
La mejora registrada después del alto el fuego permitió alejar los peores escenarios de hambre, pero esa recuperación se apoyó precisamente en una gran entrada de ayuda humanitaria. El Programa Mundial de Alimentos lleva meses advirtiendo de que los avances son frágiles porque ni los medios de vida, ni la producción local, ni los mercados han recuperado todavía una autonomía suficiente para sustituir esa asistencia.
Menos comida, menos efectivo y menos platos calientes
El recorte se notará también dentro de la ayuda que permanece. Las raciones alimentarias se reducen a la mitad. Familias que recibían dos paquetes pasarán a disponer de uno y también disminuirá la cantidad de harina entregada, según los detalles facilitados por el organismo.
Las transferencias monetarias constituyen otro de los pilares de la respuesta humanitaria. En Gaza resulta habitual distribuir dinero mediante monederos electrónicos ante la escasez de efectivo físico y la debilidad del sistema económico. El PMA prevé reducir un 40% el valor de esa ayuda para unas 75.000 familias.
Hay otro termómetro quizá más gráfico. Los comedores apoyados por el organismo pasarán de distribuir alrededor de 250.000 comidas calientes diarias a unas 150.000. En determinadas zonas difíciles de alcanzar, algunas familias que recibían una comida preparada cada día pasarán a obtenerla cada dos jornadas.
No es un detalle menor. Una comida cocinada resuelve algo que un saco de harina por sí solo no siempre resuelve: hace falta agua, combustible, utensilios y un lugar adecuado para cocinar. Gaza continúa teniendo cientos de miles de desplazados y familias instaladas en refugios improvisados, edificios dañados o alojamientos sin servicios básicos.
Comprar alimentos tampoco garantiza poder comer bien
Que vuelvan a encontrarse productos en determinados comercios no significa que todas las familias puedan pagarlos ni que exista una dieta mínimamente equilibrada. El seguimiento de los mercados sitúa a una parte importante de los hogares sin capacidad económica para adquirir alimentos básicos debido a unos precios que siguen siendo demasiado altos para muchos ingresos familiares.
Residentes sobre el terreno describen una paradoja bastante cruda: pueden encontrarse refrescos, aperitivos o dulces mientras productos como huevos, carne de pollo y otros alimentos nutritivos resultan caros o difíciles de conseguir. La existencia de mercancía, por sí sola, no reconstruye el poder adquisitivo de una población con niveles enormes de desempleo y dependencia humanitaria.
El PMA necesita 450 millones de dólares para seis meses
El agujero financiero explica el recorte. El Programa Mundial de Alimentos calcula que necesita urgentemente unos 450 millones de dólares durante los próximos seis meses para sostener sus operaciones esenciales en Gaza y Cisjordania.
El problema trasciende Gaza. Las agencias humanitarias compiten por recursos en un escenario internacional saturado de emergencias, desde Sudán hasta Yemen, mientras varios grandes donantes han reducido sus aportaciones. El PMA ha reconocido una cierta fatiga de los donantes y una acumulación de crisis que obliga a repartir recursos insuficientes entre necesidades crecientes.
La expresión puede sonar administrativa, incluso cómoda desde un despacho. Sobre el terreno tiene otra traducción. Menos dinero significa menos comida, paquetes más pequeños, menos transferencias, cocinas que producen menos platos y hogares expulsados directamente de los programas.
El hambre había retrocedido gracias a la propia ayuda
Aquí aparece uno de los puntos más delicados. Las condiciones alimentarias de Gaza han mejorado respecto a los momentos más extremos de la guerra, pero Naciones Unidas atribuye una parte decisiva de esa evolución a la asistencia humanitaria sostenida y al aumento del tráfico comercial, no a una recuperación estructural de la economía de la Franja.
Los análisis manejados por el PMA mantienen a alrededor de 1,4 millones de habitantes en niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda. La organización había advertido, además, de que una caída prolongada de la asistencia podría poner en peligro los avances conseguidos desde el alto el fuego.
Dicho de otro modo: reducir la ayuda porque la situación ha mejorado sería una cosa. Reducirla porque falta dinero mientras sigue siendo necesaria es otra bastante distinta.
Gaza sigue dependiendo de la ayuda tras el alto el fuego
El alto el fuego alcanzado en octubre de 2025 permitió ampliar el acceso humanitario y aliviar algunas de las condiciones más extremas, pero la reconstrucción sigue avanzando con enorme lentitud. Viviendas destruidas, redes de agua dañadas, desplazamiento masivo y falta de empleo mantienen a buena parte de la población atrapada en una economía de emergencia.
Las condiciones siguen marcadas por la falta de vivienda adecuada, servicios básicos, seguridad y estabilidad. A ello se suma la llegada de otro invierno, especialmente problemática para familias que continúan viviendo en tiendas, refugios improvisados o estructuras dañadas.
Las autoridades israelíes sostienen, por su parte, que la ayuda humanitaria sigue entrando en Gaza y que existen alimentos disponibles en los mercados. El propio PMA introduce un matiz importante: sus actuales recortes no se deben principalmente a que no pueda introducir comida, sino a la escasez presupuestaria. Al mismo tiempo, la organización mantiene que determinadas restricciones a la entrada de materiales, herramientas y otros bienes siguen dificultando una recuperación más amplia.
Son dos planos distintos que a menudo se mezclan. Una cosa es que haya alimentos dentro de Gaza; otra, que las familias tengan dinero, ingresos y acceso suficiente para adquirirlos. Y otra más, que las agencias internacionales dispongan de presupuesto para sostener a quienes no pueden hacerlo por sus propios medios.
La ayuda humanitaria afronta su prueba más incómoda
El recorte del Programa Mundial de Alimentos llega justo cuando la situación parecía haber abandonado sus episodios más extremos. Esa aparente mejoría es precisamente lo que convierte la decisión en un riesgo: una parte considerable de los avances alimentarios depende todavía de una maquinaria humanitaria financiada desde el exterior.
Medio millón de personas perderán la asistencia mensual, pero la cifra no describe por completo el alcance de la decisión. Quienes permanezcan dentro recibirán en muchos casos menos alimentos o menos dinero, mientras los comedores comunitarios reducen su capacidad. No se trata, pues, de una única poda, sino de varias superpuestas.
El PMA reclama que la comunidad internacional no aparte la mirada de Gaza justo en esta fase. Sobre el terreno, la reconstrucción todavía no ha sustituido a la emergencia y el mercado todavía no ha sustituido a la ayuda. La diferencia entre ambas cosas se mide en cientos de miles de familias.
El invierno llega con menos margen para las familias
Gaza entra en los meses fríos con una situación menos extrema que en algunos momentos anteriores, pero sostenida sobre equilibrios muy débiles. 1,4 millones de personas continúan afrontando inseguridad alimentaria aguda y la organización que proporciona una parte sustancial de sus alimentos acaba de anunciar que debe hacer más con bastante menos.
El dato que resume la noticia es sencillo y bastante incómodo: el Programa Mundial de Alimentos no está retirando asistencia a 500.000 personas porque hayan dejado de necesitarla. La retira porque no dispone de financiación suficiente para mantenerla. Y en Gaza, después de años de guerra, desplazamientos y destrucción económica, esa diferencia no es semántica. Es la comida que llega o deja de llegar a una casa.
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