Mundo
Flávio Bolsonaro vence a Lula y se acerca a la Presidencia de Brasil
Flávio Bolsonaro quedó por delante de Lula con el 47,03% y encara la segunda vuelta con ventaja, mientras Lula intenta recuperar terreno perdido.
Foto: Carlos Moura / Agência Senado, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con el 47,03% de los votos
- Lula quedó segundo con el 45,16% y necesita remontar en el duelo final
- La segunda vuelta del 25 de octubre decidirá una elección muy ajustada
El resultado brasileño tiene una primera lectura bastante contundente: Flávio Bolsonaro puede ganar la Presidencia de Brasil. El senador y primogénito de Jair Bolsonaro terminó la primera vuelta por delante de Luiz Inácio Lula da Silva, con el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% del presidente. La distancia fue pequeña, 1,87 puntos, pero políticamente enorme: Lula pasó de aspirar a controlar la elección a entrar en la segunda vuelta del 25 de octubre persiguiendo a su rival.
No se trata únicamente de que Bolsonaro haya conservado el voto de la derecha. Flávio consiguió ensancharlo en territorios donde su padre había encontrado techo en 2022, mientras Lula perdió fuerza en buena parte del mapa. Hay desgaste del Gobierno, preocupación económica, inseguridad, antipetismo, una derecha mucho más cohesionada y, también, una campaña de Lula que llegó al tramo decisivo con problemas para conectar con algunos segmentos jóvenes y femeninos. El apellido Bolsonaro hizo el resto: lejos de desaparecer tras la caída política y judicial del expresidente, volvió a funcionar como una marca electoral de enorme potencia.
Flávio Bolsonaro no se limitó a heredar el voto de su padre
Ese quizá sea el dato más interesante de toda la elección. Era relativamente sencillo imaginar que Flávio Bolsonaro conservaría una parte importante del electorado que votó a Jair Bolsonaro en 2022. Lo menos evidente era que pudiera mejorar su implantación territorial y convertir esa herencia política en una candidatura capaz de terminar la primera vuelta por delante del presidente.
Lo hizo. Flávio conquistó centenares de municipios que cuatro años antes habían dado mayoría a Lula, con avances especialmente importantes en estados como Minas Gerais, Rio Grande do Sul, Paraná y São Paulo. No es una simple anécdota cartográfica: cuando tantos municipios cambian de color a la vez, el mapa empieza a contar una historia política distinta.
También resulta llamativo que Flávio haya conseguido presentarse ante una parte del electorado como Bolsonaro sin ser exactamente Jair Bolsonaro. Conserva el apellido, la maquinaria, los votantes más fieles y el discurso contra el PT, pero llega sin haber ocupado antes la Presidencia. Esa combinación permite convertir la nostalgia bolsonarista en algo parecido a una candidatura de renovación. Una pirueta política bastante eficaz.
El expresidente, pese a estar apartado personalmente de la competición electoral, continúa ejerciendo una influencia evidente sobre la derecha brasileña. Y las elecciones legislativas reforzaron esa impresión: el Partido Liberal salió fortalecido, especialmente en el Senado, dando al bolsonarismo una estructura institucional mucho más poderosa que la de una mera candidatura presidencial.
Lula perdió votos en casi todo Brasil
Hay otra manera, quizá más reveladora, de explicar la victoria de Flávio Bolsonaro: mirar lo ocurrido con Lula. El presidente obtuvo menos votos que en la primera vuelta de 2022 y redujo su porcentaje del 48,43% de entonces al 45,16%. El retroceso apareció en buena parte del territorio brasileño.
Eso importa porque Lula no sufrió un derrumbe localizado, fácil de atribuir a una crisis regional. La pérdida de terreno fue mucho más amplia. Cedió espacio en el Sur y el Sudeste, encontró mayores dificultades en zonas agrícolas y también retrocedió, aunque de forma más limitada, en algunos bastiones sociales que históricamente han sostenido al Partido de los Trabajadores.
Incluso allí donde las políticas sociales continúan siendo decisivas, el vínculo entre prestación pública y fidelidad electoral parece menos automático. El Bolsa Família sigue siendo una baza formidable para Lula, especialmente en el Nordeste, pero una ayuda consolidada termina percibiéndose con el tiempo como un derecho y no como un favor político. Y los derechos, por definición, cambian menos votos que los favores.
São Paulo y Minas Gerais explican buena parte del golpe
El comportamiento de los grandes estados ayuda a entender la magnitud del resultado. En São Paulo, el mayor colegio electoral del país, Flávio obtuvo una ventaja amplia sobre Lula. El presidente resistió mejor en la capital paulista, pero el interior empujó con claridad al candidato del PL.
Minas Gerais resulta todavía más simbólico. El estado suele funcionar como una pequeña maqueta electoral de Brasil y Lula había conseguido imponerse allí en 2022. Esta vez el bolsonarismo recuperó terreno con rapidez. Cuando una elección nacional se mueve por menos de dos puntos, cambios relativamente pequeños en São Paulo, Minas o Rio Grande do Sul pesan toneladas.
Economía, seguridad y desgaste erosionaron a Lula
Brasil llega a esta segunda vuelta con una economía que no puede reducirse a la caricatura de que todo va mal. Pero las elecciones rara vez se votan leyendo una hoja de cálculo macroeconómica. Se votan también en el supermercado, al pagar una deuda o al comprobar cuánto queda en la cuenta corriente a mitad de mes. El malestar económico cotidiano puede pesar más que una batería de indicadores favorables.
La inflación, el elevado endeudamiento de muchos hogares, las dudas sobre las cuentas públicas y la seguridad estuvieron entre las preocupaciones que acompañaron la campaña. El Gobierno llegaba, además, con un desgaste apreciable y con una parte relevante del electorado evaluando negativamente la gestión de Lula.
Ahí Flávio encontró terreno fértil. No necesitaba convencer al votante de que Brasil se encontraba al borde del abismo; le bastaba con convertir la elección en un plebiscito sobre otros cuatro años de Lula.
El antipetismo continúa siendo una de las energías políticas más resistentes de Brasil. Sobrevivió a Jair Bolsonaro, a sus derrotas, a sus problemas judiciales y a las propias contradicciones de la derecha. A veces cambia de traje. Rara vez desaparece.
El voto útil dejó a Bolsonaro muy cerca de la mayoría
Los números explican por qué Flávio parte con una posición favorable. Ya tiene el 47,03% de los votos válidos. Los candidatos eliminados reúnen una bolsa electoral mucho menor y parte de ese electorado se sitúa ideológicamente más cerca de la derecha que del PT.
Ronaldo Caiado, que había criticado con dureza a Flávio durante la primera vuelta, terminó respaldándolo. También llegó apoyo desde otros espacios conservadores. Son porcentajes que sobre el papel parecen modestos, pero en una elección decidida por márgenes tan estrechos cada punto vale una fortuna.
Augusto Cury, tercero en la primera vuelta, no convirtió automáticamente a sus votantes en patrimonio de ninguno de los dos finalistas. Esa bolsa puede repartirse, abstenerse o votar en blanco. El comportamiento de esos electores será importante, pero no es siquiera el mayor territorio por conquistar.
Ahí aparecen los más de 33 millones de brasileños que no acudieron a votar en la primera vuelta. La abstención superó el 21% y ofrece a ambos candidatos un depósito electoral enorme, mucho mayor que la suma de los apoyos obtenidos por las candidaturas menores.
Flávio puede ganar, pero Lula conserva una salida
Sí, Flávio Bolsonaro puede ganar de verdad. No como hipótesis remota ni como ejercicio demoscópico: después de la primera vuelta, su victoria es un escenario plenamente plausible. Parte con unos 2,2 millones de votos de ventaja sobre Lula y se encuentra a menos de tres puntos de la mayoría absoluta.
Las encuestas previas ya describían un país prácticamente partido por la mitad, aunque varias colocaban a Lula por delante. Las urnas introdujeron una sorpresa: Flávio rindió mejor de lo esperado y llegó primero. Eso da impulso a su campaña y obliga al PT a revisar mensajes, movilización y prioridades para el tramo definitivo.
La ventaja de Bolsonaro consiste en que necesita crecer menos. Lula debe recuperar la distancia que le separa de su adversario y después superarlo. Flávio comienza rozando la mayoría absoluta y cuenta con el apoyo de buena parte de los sectores conservadores que quedaron fuera de la segunda vuelta.
Pero las segundas vueltas no son una simple suma escolar de votos. Cambia la participación, cambia la agenda, cambian los miedos y cambia incluso la lógica del voto. Parte del electorado que escogió candidatos menores puede considerar a Bolsonaro demasiado radical; otra parte puede ver a Lula como un presidente desgastado. Y millones de abstencionistas pueden reaparecer.
Lula conserva fortalezas muy serias: una enorme implantación en el Nordeste, el aparato territorial del PT, las políticas sociales asociadas a sus gobiernos y una experiencia electoral difícil de igualar. Su campaña necesita recuperar especialmente a jóvenes, mujeres, moderados y ciudadanos que no votaron en la primera vuelta.
Flávio afronta el problema contrario. Haber rozado el 50% crea impulso, pero también significa que buena parte de su espacio político ya está movilizado. Su reto consiste en salir del núcleo bolsonarista sin provocar que ese mismo núcleo crea que se ha moderado demasiado. Política brasileña en estado puro: ampliar la tienda sin molestar a quienes llevan años dentro.
Brasil llega al 25 de octubre partido prácticamente por la mitad
La primera vuelta no certificó una resurrección de Jair Bolsonaro como candidato; certificó algo políticamente quizá más importante: el bolsonarismo ha sobrevivido a Jair Bolsonaro.
Flávio ha conseguido transformar el apellido familiar en una candidatura competitiva, mejorar posiciones en buena parte del país y llegar a la segunda vuelta por delante de un presidente en ejercicio. Lula conserva una maquinaria electoral formidable, pero entra en este tramo obligado a remontar una desventaja real.
Por eso el 47,03% no debe interpretarse como una victoria definitiva de Bolsonaro ni como una derrota consumada de Lula. Sí representa una advertencia inequívoca. El candidato del PL está muy cerca de la mayoría absoluta, la derecha se reagruupa alrededor de su candidatura y la posibilidad de que Brasil vuelva a tener un Bolsonaro en la Presidencia es completamente real.
El 25 de octubre decidirá cuál de las dos mitades consigue atraer a ese pequeño Brasil que todavía permanece entre ambas.
-
EspañaCuatro jóvenes agreden a un conductor del tranvía durante el Pilar
-
TecnologíaMuere Richard ‘Levelord’ Gray, el diseñador detrás de Duke Nukem 3D
-
EconomíaVillajoyosa plantea dos años sin nuevas licencias de pisos turísticos
-
MundoVenezuela retoma el diálogo y negocia una reforma electoral clave
-
MundoJapón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente
-
EspañaCayetana Álvarez de Toledo gana peso como número dos del PP por Madrid
-
EstiloCabello en la menopausia: cuidados, color y tratamientos adecuados
-
SaludNavarra registra 305 casos de salmonelosis y alerta por las tortillas
-
CienciaRejuvenecen células de sangre de 80 años y las convierten en neuronas
-
CienciaTres galaxias sin materia oscura refuerzan la idea de que sí existe
-
HistoriaLa Casa de Oldemburgo une a todos los monarcas hereditarios europeos
-
EspañaUna lista única puede arrebatar al PP el control del Senado el 29-N