España
Podemos exige primarias y Sumar busca un pacto electoral para el 29-N
Podemos quiere elegir en primarias la candidatura del 29-N, mientras Sumar y sus aliados prefieren cerrar primero un acuerdo entre organizaciones.
Podemos exige primarias y Sumar busca un pacto electoral para el 29-N
Resumen
- Podemos propone primarias abiertas los días 14 y 15 de octubre
- Sumar prefiere negociar una candidatura común antes que competir
- El plazo para registrar coaliciones termina el 16 de octubre
Podemos ha colocado las primarias abiertas en el centro de la negociación para recomponer la izquierda alternativa ante las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026. Irene Montero propone celebrarlas los días 14 y 15 de octubre para elegir el liderazgo de una candidatura conjunta y ha confirmado que concurriría al proceso. Movimiento Sumar, en cambio, prefiere resolver candidatos, posiciones y programa mediante un acuerdo entre partidos.
La discrepancia parece técnica, casi burocrática, pero no lo es. En realidad se discute quién manda y cómo se reparte el peso de cada organización dentro de una nueva coalición. Podemos quiere que voten inscritos y simpatizantes; Sumar apuesta por negociar. Y el calendario electoral convierte una diferencia que en otras circunstancias podría prolongarse durante meses en una discusión de apenas unos días.
El adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez ha acelerado todos los movimientos. Las generales se celebrarán el domingo 29-N y la legislación electoral obliga a comunicar las coaliciones durante los diez días siguientes a la convocatoria. Traducido del lenguaje jurídico al político: las formaciones de la izquierda tienen hasta el 16 de octubre para decidir si comparten papeleta y bajo qué fórmula.
Las primarias que propone Podemos tienen fecha: 14 y 15 de octubre
Irene Montero lanzó su propuesta inmediatamente después de conocerse el adelanto electoral. Podemos plantea unas primarias abiertas los días 14 y 15 de octubre, justo antes de que expire el plazo para registrar las coaliciones.
La fórmula permitiría elegir al candidato o candidata y, según el planteamiento de los morados, ordenar también el peso político de las distintas fuerzas dentro de una eventual candidatura común. Podemos llega además con una posición mucho más definida que sus posibles socios: Montero ya había anunciado en septiembre su voluntad de optar a la Presidencia del Gobierno mediante unas primarias abiertas más allá de la militancia de su partido.
No es un detalle menor. Mientras Podemos tiene nombre y mecanismo, el espacio que gira alrededor de Sumar continúa definiendo su arquitectura después de años de desgaste, desencuentros y cambios de liderazgo.
La propuesta morada funciona así como una invitación y, a la vez, como una evidente forma de presión. Celebrar las primarias significaría que el reparto de poder dejaría de negociarse únicamente entre direcciones. Rechazarlas permite al Frente Amplio conservar la negociación interna como vía principal. Dos métodos y una vieja discusión de fondo.
Sumar responde: mejor acordar que competir
La posición más clara desde Movimiento Sumar la ha expresado su co-coordinadora y portavoz parlamentaria, Verónica Barbero. Su planteamiento es que resulta preferible alcanzar un acuerdo entre las organizaciones antes que abrir otra competición interna. Las primarias no se presentan como una línea roja, pero Sumar considera que el método que viene trabajando es otro: diálogo, consenso y pacto entre partidos.
Eso no significa que Sumar haya cerrado la puerta a Podemos. Al contrario: el espacio ha reiterado que existe margen para negociar una candidatura unitaria. Lo que rechaza es convertir las primarias planteadas por Podemos en el mecanismo previo que ordene por sí solo toda la confluencia.
Izquierda Unida y los Comuns han mostrado una posición también orientada hacia la negociación entre organizaciones. Ambos prefieren que las propuestas se discutan dentro de una mesa común y no mediante un intercambio público de condiciones. El matiz importa porque el llamado Frente Amplio tampoco es una pieza monolítica.
Frente Amplio intenta ordenar un espacio con demasiadas piezas
Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns trabajan alrededor de una nueva fórmula denominada Frente Amplio, concebida para presentarse a las generales del 29-N y reconstruir un espacio que llega a las elecciones sin el liderazgo que ejerció Yolanda Díaz en 2023.
La idea que cobra fuerza es una candidatura más coral, con varios liderazgos territoriales en lugar de una única figura que monopolice el proyecto. Ahí aparecen nombres como Mónica García y Ada Colau, aunque la composición definitiva sigue abierta.
Más Madrid ya ha defendido que debe encabezar la candidatura en Madrid, apoyándose en su implantación autonómica. Izquierda Unida también reivindica el peso de sus cuadros. Los Comuns mantienen su propia fuerza en Cataluña. Y Movimiento Sumar intenta coser el conjunto. La metáfora textil viene bastante bien: hay tela, agujas y demasiadas manos sujetando el hilo.
En ese escenario aterriza Podemos reclamando primarias conjuntas.
El problema consiste en que el debate Podemos-Sumar ya no reproduce exactamente el esquema de 2023. El espacio ha cambiado. Sumar intenta transformarse en Frente Amplio, los partidos territoriales reclaman mayor autonomía y Podemos llega después de haber roto políticamente con la coalición que compartió en las últimas generales.
Uno de los nombres con más fuerza es el de Mónica García. Más Madrid ha reclamado protagonismo en las listas madrileñas y la ministra de Sanidad aparece entre las figuras con mayor peso para asumir responsabilidades electorales.
También aparece Ada Colau entre las posibilidades manejadas por el nuevo espacio, mientras dirigentes de IU y los Comuns defienden fórmulas de liderazgo compartido. El objetivo sería evitar una repetición exacta del modelo de 2023 y reflejar mejor la diversidad territorial de la coalición.
Podemos propone justo lo contrario en cuanto al procedimiento: que esa incógnita no se despeje únicamente mediante una negociación entre organizaciones, sino mediante una votación abierta.
Ahí está el verdadero choque. No tanto Irene Montero frente a un nombre concreto —porque Frente Amplio todavía no ha cerrado uno— como primarias frente a pacto.
El calendario convierte la negociación en una carrera corta
La convocatoria electoral fija las elecciones para el domingo 29 de noviembre. La campaña comenzará el 13 de noviembre y terminará el día 27.
Mucho antes llegará la fecha decisiva para esta negociación. La legislación electoral establece que las coaliciones deben comunicarse dentro de los diez días posteriores a la convocatoria. El margen termina el 16 de octubre.
Podemos plantea votar el 14 y el 15. Es decir, prácticamente sobre la campana.
Después llegará la presentación de candidaturas. Hay algo paradójico en el calendario: Frente Amplio tenía previsto presentar públicamente su proyecto y sus principales nombres el 17 de octubre, cuando el plazo para formalizar una eventual coalición ya habrá terminado. Eso obliga a separar dos decisiones que políticamente parecen una sola: primero habrá que determinar quién va con quién; después podrá escenificarse quién encabeza qué.
No hay demasiado espacio para prolongar las conversaciones. El calendario electoral se ha convertido, de hecho, en uno de los principales actores de la negociación.
La fragmentación puede costar escaños, no solo titulares
La discusión sobre las primarias entre Podemos y Sumar tendría menos trascendencia si España eligiera a sus diputados mediante una circunscripción única. No ocurre así. Los 350 escaños del Congreso se distribuyen provincia por provincia y, en las circunscripciones pequeñas y medianas, dividir el voto puede dejar a una fuerza sin representación aunque obtenga decenas de miles de papeletas.
Por eso la unidad tiene un componente matemático además de político.
En Madrid o Barcelona una candidatura separada puede superar con mayor facilidad el umbral efectivo para conseguir diputados. En provincias que reparten tres, cuatro o cinco escaños, la fragmentación castiga mucho más. Unos pocos puntos separados entre dos listas pueden traducirse en ningún diputado para una de ellas y facilitar que el último escaño termine en manos de otra candidatura.
Las encuestas añaden presión. La izquierda situada más allá del PSOE llega a la convocatoria debilitada y el bloque formado por PP y Vox parte con ventaja en buena parte de los sondeos publicados al inicio del periodo electoral. Separarse, por tanto, no sería únicamente una declaración ideológica. Tendría consecuencias muy concretas en el Congreso.
Podemos y Sumar ya compartieron candidatura en 2023 pese a mantener profundas diferencias internas. Aquella convivencia acabó deteriorándose hasta la salida de los diputados de Podemos del grupo parlamentario de Sumar. Tres años después, ambos espacios vuelven a encontrarse ante la misma aritmética electoral, pero con menos confianza acumulada.
Del reparto de puestos al modelo de izquierda
Reducir el conflicto a una batalla por las listas sería demasiado cómodo. Claro que los puestos importan —en política suelen importar muchísimo, aunque se pronuncie la palabra «programa» con solemnidad—, pero existen también diferencias sobre el modelo de organización y la estrategia.
Podemos ha apostado durante los últimos años por recuperar autonomía política y un discurso más confrontativo. Sumar y sus aliados defienden una estructura más descentralizada y pactada entre organizaciones, con especial peso de las fuerzas territoriales.
También está por definir el programa común. Vivienda, salarios, política exterior y servicios públicos, además de la futura relación con el PSOE, forman parte de una negociación que no termina al colocar un nombre en lo alto de la papeleta.
La vivienda tiene especial peso después de que la crisis inmobiliaria haya marcado la recta final de la legislatura y el propio adelanto electoral. Las organizaciones de Frente Amplio intentan situarla como uno de los grandes ejes de campaña, mientras Podemos mantiene un discurso especialmente duro contra propietarios empresariales, fondos y especulación inmobiliaria.
En los grandes asuntos existen zonas amplias de coincidencia. La dificultad vuelve a estar en quién decide, cómo se decide y qué fuerza conserva cada sigla.
El 16 de octubre dibuja la frontera real
Las primarias propuestas por Podemos han obligado a Sumar y al resto del Frente Amplio a definir una posición antes de lo que probablemente habrían deseado. Irene Montero dispone de candidatura y procedimiento; sus posibles socios tienen una coalición en construcción y prefieren resolver el liderazgo mediante negociación.
Por ahora, la unidad sigue abierta, pero las primarias no están acordadas. Movimiento Sumar prefiere el consenso entre organizaciones; IU reclama que las propuestas se negocien en una mesa común y Podemos mantiene su convocatoria para los días 14 y 15 de octubre como fórmula para ordenar una eventual confluencia.
El 29 de noviembre queda todavía lejos para el elector. Para los partidos, no. La fecha que pesa de verdad en estas horas es el 16 de octubre. Para entonces deberá saberse si Podemos y Frente Amplio vuelven a compartir papeleta o si la izquierda alternativa regresa a las urnas dividida, esta vez con un calendario que ha convertido cada día de negociación en una pieza decisiva.
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