Cultura
El príncipe Harry revela su depresión tras alejarse de la familia real
Harry relata la depresión que sufrió al apartarse de la familia real, su duelo por Diana y el impacto de vivir durante años bajo presión constante.
By E. J. Hersom - This image has been extracted from another file, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
El príncipe Harry revela su depresión tras alejarse de la familia real
Resumen
- Harry dice que sufrió depresión durante unas dos semanas en Canadá
- El príncipe sintió un fuerte bajón al desaparecer la presión constante
- También relata cómo el duelo por Diana condicionó durante años su vida
El príncipe Harry ha revelado que cayó en una depresión durante unas dos semanas después de trasladarse temporalmente a Canadá con Meghan Markle y su hijo Archie a finales de 2019, cuando la pareja buscaba distancia de la presión que rodeaba su vida dentro de la monarquía británica. El duque de Sussex asegura que, pocos días después de abandonar aquel entorno, sufrió una brusca caída de adrenalina y llegó a sentir que no podía desenvolverse con normalidad sin el estrés al que llevaba años acostumbrado.
La confesión aporta una pieza nueva a uno de los periodos más examinados de la historia reciente de la familia real británica. Harry y Meghan todavía no habían formalizado entonces su salida como miembros activos de la Corona: se encontraban en Canadá tomando distancia y pensando qué hacer con su futuro. Semanas después llegaría la ruptura pública con el modelo de vida real que habían llevado hasta entonces. Lo que Harry describe ahora es lo que ocurrió en medio, cuando el ruido se apagó y apareció el derrumbe.
Harry describe una brusca caída de adrenalina en Canadá
El duque de Sussex ha contado su experiencia durante Redefining Grief: Building Resilience Through Loss, una sesión de MasterClass dedicada al duelo en la que conversa con la neurocientífica Mary-Frances O’Connor.
Harry recuerda que se marchó con Meghan y Archie a Canadá buscando espacio frente a un ambiente extremadamente estresante. Una vez allí, explica, su organismo reaccionó de una forma que no esperaba: tras dos o tres días sintió una caída de adrenalina que nunca había experimentado. Su cuerpo, acostumbrado a vivir con el acelerador pisado, pareció quedarse de pronto sin combustible.
Él mismo lo describe de una manera particularmente gráfica: llegó a sentirse “inútil” en casa y creyó que necesitaba estrés para que su cerebro funcionara. Después apareció lo que identifica como una depresión que se prolongó durante aproximadamente dos semanas.
No es una simple anécdota retrospectiva sobre el llamado Megxit. Su relato desplaza el foco desde la pelea institucional —títulos, deberes oficiales, dinero, seguridad, titulares— hacia el impacto personal que, según Harry, tuvo salir de una dinámica sostenida durante años.
La crisis ocurrió antes de la salida definitiva de la familia real
La cronología importa. Harry y Meghan pasaron varias semanas en Canadá a finales de 2019, junto a Archie, alejados de sus compromisos habituales. Fue después de aquella estancia cuando anunciaron, en enero de 2020, su intención de reducir su papel dentro de la familia real.
El acuerdo definitivo con el Palacio de Buckingham acabaría dejando a ambos fuera de las funciones habituales de los miembros trabajadores de la Corona. Más tarde se instalaron en Estados Unidos.
Por eso, la depresión que Harry describe no apareció exactamente una vez consumada toda la separación institucional, sino durante aquel periodo de transición en el que el matrimonio trataba de decidir qué vida quería llevar. Un matiz pequeño en apariencia, pero importante: el colapso llegó al apartarse del entorno que pretendía abandonar, cuando todavía no estaba resuelto qué ocurriría después.
El estrés había terminado convirtiéndose en una forma de funcionar
La imagen que ofrece Harry es paradójica. El estrés del que quería escapar se había convertido, según explica, en una especie de mecanismo de funcionamiento. Cuando desapareció la tensión constante, su cuerpo respondió con una caída abrupta.
El príncipe vincula aquella reacción con una historia emocional mucho más larga, marcada por la muerte de su madre, Diana de Gales, en 1997. Harry tenía 12 años cuando Diana murió en un accidente de tráfico en París.
Durante años, cuenta ahora, aprendió a mantenerse ocupado, avanzar y contener emociones. Su carrera militar —sirvió una década en las Fuerzas Armadas británicas y estuvo destinado dos veces en Afganistán— también formó parte de esa etapa de actividad permanente. Pero correr más rápido que el duelo, viene a decir, no hacía desaparecer el duelo.
Harry vuelve al trauma por la muerte de Diana
La nueva intervención del duque de Sussex va bastante más allá de sus problemas con la institución monárquica. Buena parte de su relato gira alrededor de Diana y de cómo gestionó su muerte siendo todavía un niño.
Harry asegura que durante mucho tiempo estuvo emocionalmente anestesiado. Llegó a sentir culpa ante la posibilidad de ser feliz sin su madre, como si recuperar la alegría pudiera interpretarse, en su cabeza, como una forma de traición.
También ha revelado algo llamativo: hubo un momento en que apenas conseguía recordar la risa de Diana y tenía dificultades para recuperar determinados recuerdos sobre ella. El duelo no se había evaporado; estaba guardado en algún cajón interior, cerrado con demasiadas vueltas de llave. La memoria de su madre seguía allí, pero no siempre resultaba accesible.
El perfume de Diana como llave de los recuerdos
Durante la terapia, uno de los recursos utilizados consistió en recurrir al olor del perfume que empleaba Diana. Harry explica que ese estímulo sensorial le permitió recuperar recuerdos que había mantenido bloqueados.
Es una de las imágenes más poderosas de su relato: no un palacio, ni un uniforme ceremonial ni una portada de tabloide, sino un olor familiar devolviendo fragmentos de memoria. Según ha contado, aquel proceso le ayudó a comprender que no necesitaba permanecer triste para demostrar cuánto había querido a su madre.
La confesión encaja con una conversación pública que Harry mantiene desde hace años sobre terapia, ansiedad, ataques de pánico, duelo y salud mental. Algunas de sus declaraciones han provocado fricciones dentro de la familia real, especialmente cuando han ido acompañadas de críticas directas a la institución; otras pertenecen a un terreno mucho más íntimo y difícil de reducir a la habitual batalla entre Windsor y Sussex.
Meghan, Archie y Lilibet ocupan ahora el centro de su vida
Harry también sitúa a su familia como uno de los elementos que han modificado su forma de vivir. El duque de Sussex ha explicado que intenta no pasar más de diez días separado de Meghan y de sus hijos, Archie y Lilibet, una regla personal con la que busca preservar la vida familiar frente a viajes y compromisos profesionales.
Es casi el reverso de la vida que describe al recordar sus años anteriores: menos obligación institucional, menos exposición ceremonial y un esfuerzo deliberado por fijar límites. No significa que Harry haya abandonado la esfera pública —sigue vinculado a iniciativas como los Juegos Invictus y a proyectos relacionados con la salud mental—, pero sí que su identidad pública ha cambiado sustancialmente desde 2020.
Y ahí está quizá el elemento más revelador de sus últimas declaraciones. Durante años, la discusión sobre la salida de Harry y Meghan se presentó como una guerra alrededor de la Corona: quién perdió qué, quién dijo qué cosa, quién traicionó a quién. La nueva versión del propio Harry introduce algo bastante menos palaciego y mucho más reconocible: cuando finalmente pudo detenerse, descubrió que no sabía vivir sin estar permanentemente en tensión.
De la ruptura con la Corona a una confesión mucho más personal
Seis años después de aquella crisis, Harry reconstruye el episodio desde otro lugar. Ya no habla únicamente del choque con Buckingham ni de las diferencias familiares que acompañaron su salida, sino de lo que asegura que ocurría dentro de él mientras todo aquello sucedía.
Su descripción no convierte aquel periodo en una explicación única de la ruptura con la familia real, ni debería hacerlo. Pero sí ayuda a entender una dimensión que entonces apenas era visible. Detrás del episodio político y mediático había un hombre que, según su propio testimonio, pasó en pocos días de vivir bajo una presión constante a no poder funcionar cuando esa presión desapareció.
El príncipe que quiso escapar del ruido descubrió algo incómodo al llegar el silencio: una parte de su equilibrio dependía precisamente de ese ruido. Y fue entonces, no durante una ceremonia ni frente a las cámaras, cuando llegó el golpe.
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