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Francia suma 61 detenidos tras disturbios en París, Lyon y Marsella
Francia vive una jornada de protestas con 61 detenidos en París, incidentes en Lyon y Marsella y bloqueos vinculados al malestar social en el país.
Imagen: Aurelio Cárdenas / CC BY 4.0.
Resumen
- París registra 61 detenidos tras dos marchas no autorizadas
- También hubo incidentes y bloqueos en Lyon y Marsella
- Estudiantes, sindicatos y chalecos amarillos alimentan la protesta
Francia afronta este sábado 17 de octubre una nueva jornada de fuerte tensión social, con protestas y bloqueos repartidos por el país y un primer balance de 61 detenidos en París a media mañana. La Policía ha dispersado dos marchas no autorizadas en la capital, mientras se han registrado incidentes y cortes de tráfico en Lyon y Marsella. Veintiuna de las detenciones están relacionadas con una acción contra la sede de CNews.
La movilización mezcla reivindicaciones que llevan semanas fermentando: el malestar de los estudiantes por las condiciones de los centros educativos, la protesta contra el coste de la vida, el deterioro de los servicios públicos y el regreso a las calles de sectores vinculados a los chalecos amarillos. Sindicatos, estudiantes, trabajadores, agricultores y otros colectivos han convergido en una jornada que el Gobierno francés esperaba con un despliegue policial considerable.
Dos marchas no autorizadas y 61 detenidos en París
La mañana comenzó con varios focos de movilización antes incluso de que arrancara la principal manifestación prevista en París. Uno de los grupos, formado por alrededor de un centenar de personas, se concentró cerca de la Gare du Nord y avanzó hacia la rue du Faubourg Saint-Denis. Otro grupo, también de alrededor de un centenar de participantes y compuesto principalmente por estudiantes de secundaria, inició una marcha desde la rue de Rennes.
Ambos recorridos carecían de autorización y fueron dispersados por las fuerzas de seguridad. A las 11.00, la Prefectura de Policía contabilizaba 61 detenciones y 589 controles preventivos. Las imágenes difundidas durante la mañana mostraban intervenciones policiales en distintos puntos de la capital y el uso de gas lacrimógeno en la plaza de la República, uno de los grandes centros de concentración de la jornada.
El centro de París estaba especialmente blindado. Las autoridades habían prohibido concentraciones no declaradas en áreas sensibles, entre ellas los alrededores del Elíseo, Matignon y los Campos Elíseos, así como otros puntos institucionales y turísticos. Varias estaciones de metro también fueron cerradas por petición policial. La capital francesa amaneció, en cierto modo, con la persiana a medio bajar: comercios protegidos, controles en estaciones y agentes en los principales cruces.
El ataque a CNews deja 21 arrestados
Uno de los episodios más relevantes de la mañana se produjo ante la sede parisina de CNews, la cadena conservadora propiedad del grupo vinculado al empresario Vincent Bolloré. Cerca de un centenar de personas encapuchadas bloquearon hacia las 7.00 el acceso al aparcamiento del edificio, que también alberga dependencias de Europe 1.
Según la Prefectura de Policía, hubo lanzamiento de objetos, cristales rotos y barreras derribadas. La intervención policial acabó con 21 personas detenidas. La emisora condenó los hechos y defendió la libertad de los periodistas para trabajar sin intimidaciones ni violencia.
El episodio introduce otra capa en una protesta ya de por sí heterogénea. Algunos grupos participantes habían señalado previamente a determinados medios de comunicación, acusándolos de actuar como aparatos de propaganda. Una cosa es la crítica política o mediática, por feroz que sea; otra bastante distinta es arrojar objetos contra una redacción. La libertad de prensa no cambia de valor según guste más o menos la línea editorial de quien tiene los cristales delante.
Lyon dispersa grupos y vigila la refinería de Feyzin
Los incidentes no se limitaron a París. En Lyon, las fuerzas de seguridad dispersaron a un grupo de unas 40 personas que trataba de dificultar la circulación cerca de un puente sobre el Ródano. También fue desalojado otro pequeño grupo en las inmediaciones de la refinería de Feyzin, una infraestructura especialmente sensible en una jornada marcada precisamente por los llamamientos a bloquear carreteras, depósitos y puntos estratégicos.
Durante la mañana hubo movimientos de manifestantes en diferentes zonas de la ciudad, aunque la situación presentaba intensidades muy distintas según el lugar. Las autoridades habían preparado un dispositivo policial importante ante el temor de que pequeñas concentraciones móviles intentaran cortar vías principales antes de unirse a manifestaciones mayores.
En Rennes también se registró un bloqueo con contenedores y palés cerca de un centro comercial. Son acciones de pequeña escala consideradas relevantes por la Policía porque permiten interrumpir rápidamente la circulación con pocos participantes, una de las tácticas que ya caracterizó las primeras etapas del movimiento de los chalecos amarillos en 2018.
Contenedores y patinetes bloquean una avenida de Marsella
En Marsella, manifestantes cortaron temporalmente el boulevard du Prado utilizando contenedores y patinetes. Las unidades antidisturbios de la CRS terminaron despejando la vía y también se registraron contenedores incendiados durante las protestas.
En conjunto, los bloqueos detectados durante las primeras horas fueron menos numerosos de lo que algunas convocatorias en redes sociales habían hecho prever. La peculiaridad del 17 de octubre está precisamente ahí: no existe una única protesta con una organización central fácilmente identificable, sino muchas movilizaciones superpuestas.
Una web vinculada a las convocatorias contabilizaba más de 1.700 posibles acciones repartidas entre rotondas, puentes, estaciones, carreteras, refinerías, depósitos petrolíferos y centros urbanos, aunque una convocatoria anunciada en internet no equivale necesariamente a una protesta realmente ejecutada.
Estudiantes y chalecos amarillos mezclan sus protestas
La movilización nacional no surge de la nada. Las protestas comenzaron semanas atrás entre estudiantes de secundaria, especialmente en centros de zonas desfavorecidas de la periferia parisina, con quejas por la falta de profesores, el estado de las instalaciones y los recursos educativos. Poco a poco, el movimiento amplió su repertorio de reivindicaciones y conectó con un descontento social mucho más extenso.
El sábado han acudido también simpatizantes de los chalecos amarillos, sindicatos y colectivos que protestan contra los precios, los salarios insuficientes y el deterioro de los servicios públicos. La CGT respaldó la movilización reclamando mejores salarios y pensiones, precios más bajos y protección para los servicios públicos.
La comparación con 2018 resulta inevitable, aunque conviene no confundir fotografía y película. Los chalecos amarillos nacieron entonces alrededor del rechazo a los impuestos sobre el combustible y acabaron convirtiéndose en una revuelta mucho más amplia contra el coste de la vida y las desigualdades. Ocho años después reaparece el chaleco fluorescente, pero el escenario político y social es distinto: estudiantes, sindicatos y colectivos diversos llegan con reclamaciones propias y sin una dirección común.
El Gobierno francés teme que la protesta derive en violencia
El presidente Emmanuel Macron había pedido calma en la víspera y defendido el derecho constitucional a manifestarse, al mismo tiempo que reclamaba respeto a las personas y los bienes. El Ejecutivo temía que grupos violentos aprovecharan las concentraciones para provocar disturbios.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, había anticipado decenas de manifestaciones y cientos de acciones en el conjunto del país. El dispositivo policial llega además bajo una presión considerable: la actuación de las fuerzas de seguridad durante las protestas estudiantiles de las últimas semanas ha desatado críticas por las graves heridas sufridas por algunos jóvenes.
Un adolescente de 15 años perdió una mano tras recoger una granada policial, y se han abierto investigaciones sobre posibles casos de violencia policial. No es un detalle menor. La jornada enfrenta dos exigencias democráticas que nunca resultan cómodas cuando las calles se calientan: proteger el derecho de manifestación y evitar que la violencia, venga de donde venga, convierta ese derecho en otra cosa. Francia conoce bien esa frontera. A veces demasiado bien.
Una protesta que mide el pulso de Francia
El balance de 61 detenidos corresponde únicamente a las primeras horas y se produce antes del desarrollo completo de las principales marchas previstas para la tarde. La concentración parisina debía partir de la plaza de la República, mientras en numerosas ciudades francesas se preparaban manifestaciones, concentraciones y bloqueos con una participación difícil de calcular de antemano.
Más allá de los disturbios de París, Lyon o Marsella, el 17 de octubre funciona como termómetro de un malestar que ya ha dejado de ser exclusivamente estudiantil. Poder adquisitivo, educación, servicios públicos, desigualdad, combustible y desconfianza política aparecen mezclados en una misma calle, aunque no necesariamente bajo una misma bandera.
Y ese quizá sea el dato político de fondo. Francia vuelve a encontrarse con una protesta difícil de encajar en las estructuras tradicionales, surgida parcialmente en redes sociales y capaz de reunir durante unas horas a colectivos muy diferentes. Todavía es pronto para saber si esa mezcla cristalizará en un movimiento duradero. Lo que sí ha quedado claro desde primera hora es que el descontento social ha vuelto a ocupar las plazas, las carreteras y, una vez más, la agenda política francesa.
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