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La República Saharaui sigue en la UA y el Sáhara pendiente en la ONU

La República Árabe Saharaui Democrática es miembro de la Unión Africana desde 1982, mientras el Sáhara Occidental sigue pendiente en Naciones Unidas.

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La República Saharaui

Por Saharauiak - Old man and his camel, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • La RASD es miembro de la Unión Africana desde 1982
  • La ONU mantiene al Sáhara Occidental como territorio no autónomo
  • Marruecos y el Polisario mantienen posiciones opuestas sobre su futuro

La República Árabe Saharaui Democrática, conocida por sus siglas RASD, ocupa una posición política tan singular que parece una contradicción escrita sobre el mapa. Es un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana desde 1982, comparte organización continental con Marruecos y participa en sus instituciones. Sin embargo, no es miembro de Naciones Unidas y la ONU continúa considerando al Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de completar su proceso de descolonización.

Ahí está el núcleo del asunto. La pertenencia de la RASD a la Unión Africana no significa que la soberanía sobre todo el Sáhara Occidental haya quedado jurídicamente resuelta, del mismo modo que su ausencia de la ONU no borra su reconocimiento por distintos Estados. Son dos planos diplomáticos distintos superpuestos sobre el mismo desierto. Y esa geometría política, bastante menos limpia que las fronteras de un atlas, sigue marcando las relaciones entre Marruecos, Argelia y el Frente Polisario medio siglo después de la salida española.

Por qué la República Saharaui es miembro de la Unión Africana

La RASD fue proclamada el 27 de febrero de 1976 por el Frente Polisario, coincidiendo con el final de la presencia española en el territorio. Seis años después, el 22 de febrero de 1982, fue admitida en la entonces Organización para la Unidad Africana, antecesora de la actual Unión Africana. Aquella decisión provocó una crisis diplomática de enorme calado: Marruecos abandonó la organización en 1984 como protesta por la presencia saharaui.

La historia dio otra vuelta en 2017. Rabat regresó a la Unión Africana, pero la RASD no salió. Desde entonces ambos forman parte de la misma organización continental, una convivencia institucional poco habitual entre dos actores que sostienen posiciones incompatibles sobre la soberanía de un mismo territorio. La Unión Africana mantiene a la República Saharaui entre sus Estados miembros y sus representantes participan en reuniones, cumbres y órganos de la organización.

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Este reconocimiento africano constituye uno de los principales activos diplomáticos del Polisario. También explica por qué el conflicto no puede reducirse simplemente a una disputa bilateral entre Rabat y una organización independentista. Existe una estructura estatal saharaui reconocida por una organización internacional regional y respaldada políticamente por varios países, con Argelia como su principal aliado.

La ONU mantiene al Sáhara Occidental pendiente de descolonización

Naciones Unidas emplea otro marco. El Sáhara Occidental figura desde 1963 en la lista de territorios no autónomos de la ONU, cuando todavía era el Sáhara Español. España comunicó en febrero de 1976 el final definitivo de su presencia y declaró que dejaba de asumir responsabilidades internacionales sobre su administración, pero aquello no sacó al territorio de la lista de descolonización.

La diferencia es importante. Naciones Unidas no considera al Sáhara Occidental un Estado independiente integrado como tal en la organización, pero tampoco ha cerrado el expediente reconociendo internacionalmente la soberanía marroquí sobre el territorio. Para la ONU sigue existiendo un proceso político pendiente cuyo desenlace debe ser compatible con el principio de autodeterminación.

Eso permite entender una confusión frecuente. La RASD puede ser un Estado para la Unión Africana y, al mismo tiempo, el Sáhara Occidental puede continuar apareciendo ante Naciones Unidas como territorio no autónomo. Las dos afirmaciones no describen exactamente el mismo reconocimiento jurídico.

La MINURSO y el referéndum que nunca llegó

En 1991 Naciones Unidas creó la MINURSO, la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental. El nombre no deja mucho espacio para la arqueología diplomática: el proyecto original contemplaba un referéndum de autodeterminación tras el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario.

Aquel referéndum nunca se celebró. Las discrepancias sobre quién debía formar parte del censo electoral, las condiciones políticas y la definición de las opciones bloquearon el proceso durante décadas. Mientras tanto, Marruecos consolidó su administración sobre la mayor parte de las zonas pobladas situadas al oeste del muro de arena, mientras el Polisario mantiene posiciones y estructuras en áreas situadas al este.

El Consejo de Seguridad prorrogó en 2025 el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. La cuestión, lejos de haberse archivado, continúa sobre la mesa de Naciones Unidas. El enviado personal del secretario general, Staffan de Mistura, ha mantenido durante 2026 contactos con los actores implicados para intentar reactivar un proceso político que lleva demasiados años funcionando a ralentí.

Marruecos y el Polisario defienden dos salidas incompatibles

Rabat considera el Sáhara Occidental parte de Marruecos y ha convertido su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí en la pieza central de su estrategia internacional. En los últimos años ha conseguido apoyos relevantes para esa fórmula y ha desplegado una intensa campaña diplomática destinada a presentar la autonomía como la opción más viable para terminar con el conflicto.

El Frente Polisario rechaza ese planteamiento porque considera que elimina de antemano la posibilidad de la independencia. Defiende que el pueblo saharaui debe ejercer la autodeterminación mediante un proceso que permita decidir el estatus definitivo del territorio. La RASD es, desde esa perspectiva, la expresión estatal de una independencia proclamada pero todavía discutida internacionalmente.

El choque no es semántico. Es el centro mismo del conflicto: para Marruecos, la negociación debe conducir a una autonomía dentro del reino; para el Polisario, ninguna solución puede ser válida si los saharauis no pueden pronunciarse sobre la independencia. Entre ambas posiciones hay kilómetros de desierto y, políticamente, unos cuantos más.

El papel de Argelia mantiene el conflicto en dimensión regional

Argelia respalda al Frente Polisario y acoge desde hace décadas los campamentos de refugiados saharauis situados alrededor de Tinduf. Rabat sostiene que Argel es un actor central del conflicto y reclama su implicación directa en una solución negociada. Las autoridades argelinas, por su parte, presentan la cuestión fundamentalmente como un problema de descolonización entre Marruecos y el pueblo saharaui.

Esa diferencia ha convertido el Sáhara en uno de los grandes puntos de fricción entre las dos principales potencias del Magreb. Las relaciones entre Argelia y Marruecos están rotas desde 2021 y sus rivalidades abarcan seguridad, influencia regional, energía y alianzas exteriores. El Sáhara no explica por sí solo esa hostilidad, pero atraviesa prácticamente todas sus capas.

Para la RASD, el apoyo argelino es esencial tanto en el plano diplomático como en el humanitario y logístico. Para Marruecos, precisamente esa relación demuestra que el conflicto posee una dimensión regional que no puede resolverse exclusivamente mediante conversaciones con el Polisario. Dos lecturas, otra vez, que apenas se tocan.

España sigue ligada a un territorio que administró hasta 1976

La cuestión tiene una sensibilidad especial en España por razones históricas bastante evidentes. El Sáhara Occidental fue administrado por España hasta 1976 y miles de saharauis mantienen vínculos familiares, documentales y culturales con el país. La retirada española y los acuerdos de Madrid siguen apareciendo medio siglo después en debates jurídicos, políticos y sociales.

Desde 2022, el Gobierno español considera la propuesta marroquí de autonomía la base más seria, realista y creíble para avanzar hacia una solución, un giro que mejoró las relaciones con Rabat y abrió una fuerte crisis diplomática con Argelia. España mantiene, al mismo tiempo, su respaldo formal al proceso auspiciado por Naciones Unidas.

Ese equilibrio explica buena parte de la sensibilidad española ante cualquier movimiento relacionado con el Sáhara. La política exterior intenta combinar la relación estratégica con Marruecos, los vínculos energéticos con Argelia, la legalidad internacional y una memoria colonial que nunca quedó del todo enterrada. El desierto queda lejos de Madrid sobre el mapa; diplomáticamente, no tanto.

Qué significa realmente que exista la República Saharaui

Hablar de la República Árabe Saharaui Democrática exige distinguir entre existencia política, reconocimiento diplomático y soberanía territorial efectiva. La RASD dispone de instituciones, presidente, Gobierno y representación internacional; pertenece a la Unión Africana y ha sido reconocida por diversos países. Pero no es miembro de Naciones Unidas y no ejerce el control sobre la mayor parte de los principales núcleos urbanos del Sáhara Occidental.

Marruecos, por su parte, administra gran parte del territorio y considera irreversible su soberanía, pero el proceso de descolonización de Naciones Unidas permanece abierto. Esa es la pieza que suele perderse cuando el debate se reduce a afirmar simplemente que el Sáhara «es marroquí» o que la independencia saharaui está jurídicamente consumada. Ninguna de esas fórmulas resume por sí sola la situación internacional vigente.

La paradoja, por tanto, no es un error burocrático. Refleja un conflicto que ha ido acumulando capas durante más de cincuenta años: la retirada de España, la guerra, el alto el fuego, el referéndum aplazado, los reconocimientos diplomáticos, la entrada de la RASD en la organización africana, el regreso de Marruecos a esa misma organización y una negociación de la ONU que continúa sin producir un acuerdo definitivo.

Un Estado para África y una descolonización pendiente para la ONU

La situación de la República Saharaui resume mejor que casi cualquier discurso la complejidad del Sáhara Occidental. Para la Unión Africana es uno de sus Estados miembros desde 1982; para Naciones Unidas, el territorio sigue inscrito entre los pendientes de descolonización y su estatus definitivo continúa sin resolverse. Marruecos propone autonomía, el Polisario mantiene la reivindicación independentista y Argelia conserva su respaldo a la causa saharaui.

Medio siglo después de la salida de España, el conflicto continúa atrapado entre hechos consumados sobre el terreno y una solución política que no termina de llegar. La MINURSO permanece desplegada, Naciones Unidas mantiene activo el expediente y la RASD continúa sentada en la Unión Africana junto al mismo Marruecos que rechaza su existencia soberana. Pocas imágenes explican mejor por qué el Sáhara Occidental sigue siendo uno de los grandes asuntos inconclusos del continente africano.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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