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Economía

El 10,6 % de españoles se retrasó al pagar alquiler o hipoteca en 2025

El 10,6 % de los españoles se retrasó en 2025 al pagar alquiler o hipoteca, mientras Murcia y Andalucía registraron las tasas más elevadas del país.

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retrasó al pagar alquiler o hipoteca

Resumen

  • El 10,6 % se retrasó al pagar alquiler o hipoteca durante 2025
  • Murcia y Andalucía registraron las tasas más altas de retrasos
  • El alquiler concentra un riesgo de pobreza mucho mayor que la propiedad

Pagar la vivienda dejó de ser una operación rutinaria para una parte considerable de los hogares españoles. El 10,6 % de la población se retrasó en algún momento en el pago del alquiler o de la hipoteca durante 2025, según el XVI Informe El Estado de la Pobreza, elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística. En términos sencillos: más de uno de cada diez residentes vivió en un hogar que no pudo cumplir a tiempo con uno de sus gastos más básicos.

El problema no golpea por igual en todo el país. Murcia y Andalucía encabezan las comunidades con mayor proporción de población afectada, mientras que los datos dibujan una brecha territorial importante y confirman algo que llevaba tiempo insinuándose en las estadísticas: la vivienda ya no es únicamente un problema para quien intenta comprar un piso. También condiciona, y mucho, la estabilidad económica de quienes ya tienen un techo.

Murcia y Andalucía registran los mayores problemas de pago

La Región de Murcia presenta la proporción más alta entre las comunidades autónomas, con un 14,5 % de población afectada por retrasos en el alquiler o la hipoteca. Muy cerca aparece Andalucía, con un 14,2 %. Canarias alcanza el 12,9 %, mientras que Cantabria y Castilla-La Mancha registran un 12,8 % y Asturias se sitúa en el 12,2 %. Todas superan la media española del 10,6 %.

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Las cifras no significan necesariamente que todos esos hogares hayan dejado de pagar definitivamente o se encuentren ante un procedimiento de desahucio. El indicador mide retrasos provocados por dificultades económicas. Puede tratarse de unas semanas, de una mensualidad que llega tarde o de un periodo de tensión financiera. Precisamente ahí está su valor: funciona como una señal de alarma antes de que el problema sea irreversible.

Cuando una familia empieza a retrasar la vivienda, normalmente ya ha recorrido bastante camino recortando otros gastos. El supermercado, el ocio, la ropa, alguna factura que espera en un cajón. El alquiler o la hipoteca suelen estar entre los últimos pagos que alguien decide aplazar voluntariamente. Llegar tarde al pago de la vivienda es, por eso, un síntoma económico especialmente delicado.

El 7,2 % dedica más del 40 % de sus ingresos a la vivienda

El informe aporta otro dato que ayuda a entender el fenómeno. Un 7,2 % de la población española soporta un gasto elevado en vivienda, es decir, destina más del 40 % de sus ingresos a pagarla. A partir de ese punto, el margen para afrontar cualquier imprevisto se vuelve estrecho: una reparación del coche, una factura eléctrica especialmente alta o un gasto inesperado pueden desordenar las cuentas del mes.

Aquí cambia el mapa. Madrid alcanza un 9,9 % de población sometida a ese elevado esfuerzo económico, seguida de la Comunitat Valenciana, con un 8,5 %; Cataluña, con un 7,8 %, y Castilla y León, con un 7,6 %. Melilla llega al 13,8 %. En el extremo contrario aparecen Navarra, con un 3,5 %; Extremadura, con un 4,2 %; Aragón, con un 4,4 %; Galicia, con un 4,8 %, y País Vasco, con un 4,9 %.

Alquilar expone mucho más a la pobreza

El régimen de tenencia marca una diferencia difícil de ignorar. Entre quienes viven de alquiler a precio de mercado, el 43,6 % se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Entre las personas que residen en una vivienda en propiedad, el porcentaje baja al 19,5 %. La tasa de pobreza es del 32,6 % entre los inquilinos a precio de mercado y del 14,5 % entre los propietarios.

La distancia también aparece en la pobreza severa: afecta al 15,1 % de quienes viven de alquiler a precio de mercado, frente al 5,4 % de quienes tienen una vivienda en propiedad. El informe señala, además, que el 63,9 % de las personas que alquilan tuvo dificultades para llegar a fin de mes. La fotografía es bastante nítida: tener trabajo o ingresos regulares no garantiza necesariamente una economía doméstica holgada cuando una parte elevada del sueldo desaparece con las llaves del piso.

España vive cada vez más de alquiler

Hay también un cambio silencioso de fondo. En 2008, el 80,2 % de la población vivía en una vivienda en propiedad. En 2025 esa proporción había descendido al 73,7 %. Durante el mismo periodo, la población residente en alquiler pasó del 14,3 % al 20,8 %.

No parece una oscilación menor. En menos de dos décadas, España ha ido alejándose del modelo casi monolítico de vivienda en propiedad que durante años distinguió al país de buena parte de Europa. Comprar sigue siendo la opción dominante, sí, pero hay mucha más gente dependiendo del mercado del alquiler y, por tanto, expuesta a sus precios y a la renovación periódica de los contratos.

Ese desplazamiento pesa especialmente entre las personas con menos recursos. La carencia material y social severa alcanza al 17,8 % de quienes viven de alquiler, frente al 5,1 % entre quienes tienen una vivienda en propiedad. No es que el alquiler convierta automáticamente a alguien en pobre; la relación funciona también en la dirección contraria: quien dispone de menos renta tiene muchas menos posibilidades de acumular el ahorro necesario para comprar una casa.

Cuando el alquiler se come más de la mitad de la renta

La diferencia se vuelve todavía más visible entre las personas que ya están bajo el umbral de pobreza. Estos hogares destinan de media más de un tercio de sus ingresos a la vivienda, pero el esfuerzo supera el 50 % cuando viven de alquiler. Dicho de otro modo: más de la mitad del dinero disponible puede desaparecer antes de pagar comida, transporte, suministros, ropa o cualquier otro gasto cotidiano.

Y ahí la aritmética tiene poco misterio. Con 1.000 euros disponibles, gastar más de 500 únicamente en el alquiler deja una economía doméstica extraordinariamente frágil. No hace falta una gran crisis; basta una avería, una subida de suministros o unos días sin trabajar para que las cuentas empiecen a chirriar.

La vivienda se consolida como factor de empobrecimiento

Los retrasos registrados en 2025 encajan en un problema social más amplio. El XVI Informe El Estado de la Pobreza sitúa al 25,7 % de la población española en riesgo de pobreza o exclusión social, unos 12,6 millones de personas. La pobreza severa afecta al 8 %, cerca de 3,9 millones, tomando como referencia ingresos inferiores a unos 680 euros mensuales por unidad de consumo.

La vivienda actúa aquí como amplificador. Una persona puede encontrarse por encima del umbral estadístico de pobreza y, aun así, disponer de muy poco dinero real después de pagar la casa. Es una de las paradojas del actual mercado residencial: dos hogares con ingresos similares pueden tener niveles de vida completamente distintos si uno paga una vivienda asumible y el otro entrega casi medio sueldo cada mes.

De ahí que los porcentajes de retrasos importen más allá de la estadística. El 10,6 % no describe solo impagos puntuales. Señala hasta dónde se ha estrechado el margen financiero de una parte de los hogares españoles. El techo continúa ahí, pero mantenerlo cuesta cada vez más esfuerzo.

Un techo que pesa cada vez más en las cuentas familiares

España sigue siendo mayoritariamente un país de propietarios, pero cada año esa vieja fotografía encaja peor con la realidad de jóvenes, familias con rentas bajas y hogares obligados a permanecer en el alquiler. Al mismo tiempo, más de uno de cada diez españoles pasó por retrasos en el pago de la vivienda durante 2025 y un 7,2 % soportó un gasto residencial superior al 40 % de sus ingresos.

Detrás de esos porcentajes hay una transformación menos vistosa que una grúa o un cartel de “se alquila”, pero bastante más profunda. La vivienda absorbe una parte creciente de la seguridad económica familiar y convierte cualquier contratiempo pequeño en un problema grande. Una mensualidad que llega tarde parece, sobre el papel, apenas una fecha incumplida. Para cientos de miles de hogares es otra cosa: la señal de que las cuentas ya circulan demasiado cerca del borde.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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